sábado, 18 de marzo de 2017

UCDM. Libro de Ejercicios. Lección 77

LECCIÓN 77

Tengo derecho a los milagros.

1. Tienes derecho a los milagros debido a lo que eres. 2Recibirás milagros debido a lo que Dios es. 3Y ofrecerás milagros debido a que eres uno con Dios. 4Una vez más, ¡cuán simple es la salva­ción! 5Es sencillamente una afirmación de tu verdadera Identi­dad. 6Esto es lo que celebraremos hoy.

2. Tu derecho a los milagros no se basa en las ilusiones que tienes acerca de ti mismo. 2No depende de ningún poder mágico que te hayas adscrito ni de ninguno de los rituales que has ingeniado. 3Es inherente a la verdad de lo que eres. 4Está implícito en lo que Dios, tu Padre, es. 5Tu derecho a los milagros quedó establecido en tu creación y está garantizado por las leyes de Dios.

3. Hoy reivindicaremos los milagros a los que tienes derecho, pues te pertenecen. 2Se te ha prometido total liberación del mundo que construiste. 3Se te ha asegurado que el Reino de Dios se encuentra dentro de ti y que jamás lo puedes perder. 4No pedi­mos sino lo que en verdad nos pertenece. 5Hoy, sin embargo, nos aseguraremos también de no conformarnos con menos.

4. Comienza las sesiones de práctica más largas de hoy dicién­dote a ti mismo con absoluta certeza que tienes derecho a los milagros. 2Cierra los ojos y recuerda que estás pidiendo única­mente lo que por derecho propio te pertenece. 3Recuérdate tam­bién a ti mismo que los milagros jamás se le quitan a uno para dárselos a otro, y que al reivindicar tus derechos estás haciendo valer los derechos de todo el mundo. 4Los milagros no obedecen las leyes de este mundo. 5Proceden simplemente de las leyes de Dios.

5. Después de esta breve fase introductoria, espera en silencio la ratificación de que se te ha concedido tu petición. 2Has pedido la salvación del mundo así como la tuya. 3Has pedido que se te concedan los medios a través de los cuales se puede lograr esto. 4Es imposible que no se te den garantías al respecto. 5No estás sino pidiendo que se haga la Voluntad de Dios.

6. Al hacer esto, no estás realmente pidiendo nada. 2Estás afir­mando un hecho innegable. 3El Espíritu Santo no puede sino ase­gurarte que se te ha concedido tu petición. 4El hecho de que la aceptases lo confirma. 5Hoy no hay cabida para la duda ni la incertidumbre. 6Estamos haciendo por fin una petición real. 7La respuesta es una simple exposición de un simple hecho. 8Recibirás la ratificación que buscas.

7. Nuestras sesiones de práctica más cortas serán frecuentes, y estarán dedicadas a recordar un simple hecho. 2Repite hoy fre­cuentemente:

3Tengo derecho a los milagros.

4Pídelos cada vez que se presente una situación que los requiera. 5Reconocerás tales situaciones. 6Y como no estás dependiendo de ti mismo para encontrar el milagro, tienes pleno derecho a reci­birlo siempre que lo pidas.

8. Recuerda también que no te debes conformar con nada que no sea la respuesta perfecta. 2Si te asaltan tentaciones, di de inme­diato:

3No intercambiaré milagros por resentimientos.
4Quiero únicamente lo que me pertenece.
5Dios ha establecido mi derecho a los milagros.


¿Qué me enseña esta lección?

Con esta afirmación estoy poniendo en reconocimiento mi identidad verdadera: soy un ser espiritual.

El milagro es la manifestación del Amor y del Perdón y estos atributos se expresan en la conciencia de unidad con todo lo creado.
Cuando expreso que tengo derecho a los milagros, estoy realmente diciendo que soy Hijo de Dios y que mi condición natural es el milagro o lo que es lo mismo, la expresión de la verdad y por tanto, el final del error.

Creer o tener la certeza de que somos merecedores y hacedores de los milagros, revela nuestra condición espiritual y la expresión de un estado de conciencia en la que todos formamos parte Una de la Filiación, y de que, nuestra Voluntad es Una con la de nuestro Padre.

Es la primera referencia que se hace en las Lecciones del Libro de Ejercicios sobre los milagros. Podríamos pensar, que ha sido necesario realizar una preparación previa para afrontar la experiencia vital que nos hará recordar nuestra condición espiritual: ser un hacedor de milagros o lo que dicho de otra manera, utilizando una terminología utilizada en Un Curso de Milagros, ser un  Maestro de Dios.

El Texto del Curso, sin embargo, ya en su Introducción nos informa: "Este es un curso de milagros". Y dedica el Capítulo I a revelarnos el significado de los milagros. En el primer apartado de ese primer Capítulo, se nos habla de los 51 Principios de los milagros. En la siguiente dirección podréis acceder al estudio que he dedicado a estos Principios: http://aprendiendouncursodemilagros.blogspot.com.es/2015/02/no-hay-grados-de-dificultad-en-los.html.

En el Principio 7, el Curso lo dedica al mensaje que se comparte en esta Lección: Todo el mundo tiene derecho a los milagros, pero antes es necesario una purificación.

En el artículo dedicado a este Principio, podemos encontrar lo siguiente:


El derecho a los milagros quedó establecido en la creación del Hijo de Dios y está garantizado por las leyes del Padre. Con esto queremos decir, que el milagro es un derecho de todos y no de unos cuantos. Muchas religiones restringen este “derecho” a unos cuantos, a los que eleva a la condición de santos. La única condición que debemos “recordar” es nuestra propia legitimidad espiritual y ponernos al servicio del Espíritu Santo o de Jesús.

Establece este Principio que para dar expresión al milagro tenemos previamente que realizar una purificación. Este mensaje no va dirigido al cuerpo. Ya hemos dicho que no es real. La purificación que debemos llevar a cabo es a nivel de la mente. Debemos purificar nuestros pensamientos, los que mantienen la creencia en el pecado, en la culpa, en la separación. Realmente, la purificación debe ser entendida como una rectificación que debe ser dirigida a la mente, de donde emana toda causa. 
“El milagro no hace nada. 2Lo único que hace es deshacer. 3Y de este modo, cancela la interferencia a lo que se ha hecho. 4No añade nada, sino que simplemente elimina. 5lo que elimina hace mucho que desapareció, pero puesto que se conserva en la memo­ria, sus efectos parecen estar teniendo lugar ahora. 6Hace mucho que este mundo desapareció. 7Los pensamientos que lo origina­ron ya no se encuentran en la mente que los concibió y los amó por un breve lapso de tiempo. 8El milagro no hace sino mostrar que el pasado ya pasó, y que lo que realmente ya pasó no puede tener efectos. 9Recordar la causa de algo tan sólo puede dar lugar a ilusiones de su presencia, pero no puede producir efectos”. (T.C28.1:1-9) 

Ejemplo-Guía: ¿Qué milagros te ofrecerías...?

No, no es un error de expresión. Digo bien, ¿que milagros te ofrecerías?, pues si no posees aquello que quieres dar, ¿cómo podrás darlo? Nadie puede dar lo que no tiene.

En verdad, la expresión podría ser mejorada. Lo intentaré, con esta otra: ¿qué milagros estás dispuesto a recordar? Ahora me gusta más. La anterior, daba lugar a poder pensar que si no poseemos el milagro no podemos darlo, pero en realidad, la Creación de Dios es un milagro, pues todos los milagros son actos de amor y el Hijo de Dios es una expansión de la Voluntad de Dios. Por lo tanto, está mejor expresado, cuando la invitación nos lleva a re-cordar, esto es, a volver a pasar por el corazón la visión de lo que somos, seres de amor.

El ejercicio de hoy podemos enfocarlo de la siguiente manera. Todos tenemos derecho a gozar de los milagros, pero previamente tenemos que purificar nuestra mente, la única y verdadera causa que nos ha llevado a olvidar lo que somos.
Por lo tanto, tenemos que identificar aquellas creencias, aquellos pensamientos, aquellos sentimientos que están al servicio de la mente errada y que son susceptibles de ser rectificados, esto es, purificados.

Por ejemplo, una experiencia que he vivido recientemente y en la que he tomado consciencia de la sutilidad y habilidad del ego espiritual. Le llamo así, porque sin dejar de ser ego, se viste con ropajes de orden elevado.

Mantengo la creencia en que debo expandir mis conocimientos con los demás. Para ello, utilizo las redes sociales y herramientas que la informática pone a mi disposición, como este blog. La labor que realizo, es totalmente desinteresada. Dedico mi tiempo libre en lo que considero es compartir mis dones y talentos. Hasta ahí, todo bien.
Cada día, al iniciar una nueva publicación, mi mente me lleva a consultar las estadísticas de la página. Lo que parecía, inicialmente, un simple acto de control y seguimiento, poco a poco se convirtió en una "necesidad", la cual, en ocasiones y dependiendo de la información aportada por las estadísticas, tenía un efecto en mi muy cercano a la aprobación y a la desaprobación. El resultado de dicho efecto, me afectaba, aunque no lo hacía consciente.

En la práctica diaria de Un Curso de Milagros y de las Lecciones del Libro de Ejercicios, mi comunicación con el Espíritu Santo es muy activa y un día puse en sus manos esta situación. No tardé en ver claro que detrás de mi iniciativa, noble y elevada de compartir, se escondía la necesidad de recibir compensación afectiva y demostrativa de la labor que estaba realizando. La visión real de la situación me llevó a re-cordar cuál era mi función y mi labor como mensajero. En ningún momento yo soy el mensaje y mi voluntad de servicio me lleva a ser útil como mensajero. Es la expansión de esa voluntad de servicio la que me lleva a sentirme pleno y gozoso, independientemente de los resultados.

Desde que tomé esa decisión, cuando ya no hay expectativas, los resultados que antes perseguía como una necesidad, ahora son una realidad, fluyendo en la abundancia, el sello que caracteriza toda obra, cuando está en sintonía armónica con las Leyes de Dios.

Reflexión: ¿De qué milagro eres consciente?

viernes, 17 de marzo de 2017

Principio 34: Los milagros le devuelven a la mente su plenitud.

PRINCIPIO 34

Los milagros le devuelven a la mente su plenitud. Al expiar su sensación de carencia establecen perfecta protección. La fortaleza del espíritu no da cabida a intromisiones.


He de reconocer, que el tema de debate que nos ofrece este Principio, la plenitud y la carencia, es para mí verdaderamente significativo, pues me resuena de una manera especial, despertando sensaciones y emociones que alimenta mi vinculación con el ego, el miedo.

Seréis muchos los que se identifiquéis conmigo y descubráis vuestro caballo de batalla en la ilusoria emoción del miedo a la escasez, procedente de la falsa creencia en la carencia y en la separación.

El Curso, lo llama la ilusión de las necesidades y lo desarrolla en el Capítulo I, en el apartado VI:

“La idea de carencia implica que crees que estarías mejor en un estado que de alguna manera fuese diferente de aquel en el que ahora te encuentras. Antes de la "separación", que es lo que sig­nifica la "caída", no se carecía de nada. No había necesidades de ninguna clase. Las necesidades surgen debido únicamente a que tú te privas a ti mismo. Actúas de acuerdo con el orden particu­lar de necesidades que tú mismo estableces. Esto, a su vez, depende de la percepción que tienes de lo que eres.
La única carencia que realmente necesitas corregir es tu sensa­ción de estar separado de Dios. Esa sensación de separación jamás habría surgido si no hubieses distorsionado tu percepción de la verdad, percibiéndote así a ti mismo como alguien necesi­tado. La idea de un orden de necesidades surgió porque, al haber cometido ese error fundamental, ya te habías fragmentado en niveles que comportan diferentes necesidades. A medida que te vas integrando te vuelves uno, y tus necesidades, por ende, se vuelven una. Cuando las necesidades se unifican suscitan una acción unificada porque ello elimina todo conflicto”.

Cuando hacemos  algo para remediar lo que percibimos como una insuficiencia, estamos afirmando tácitamente que creemos en la separación.

Cualquier división en la mente conlleva por fuerza el rechazo de una parte de ella misma, y eso es lo que es la creencia en la separación. La plenitud de Dios, que constituye Su paz, no puede ser apreciada salvo por una mente íntegra que reconozca la plenitud de la creación de Dios. Mediante ese reconocimiento, dicha mente conoce a su Creador”. (T.6.II.1:3)

Es curioso, que experimentemos la carencia, la escasez, en el mundo fabricado por el ego, el mundo de la forma, y encontremos la causa de la creencia en la necesidad, precisamente en la división de la mente que da lugar al error de estar separado del Creador. Con esto queremos decir, que mientras pensemos en términos de división, la abundancia que seamos capaces de almacenar será efímera, pues no está sustentada por la fuerza que da cohesión a todo, el amor o lo que es lo mismo, la Unidad.

El secreto de la abundancia (condición natural del Espíritu) se encuentra en la visión de la Unidad, de la Inocencia y de la Impecabilidad.

Dios creó a Sus Hijos extendiendo Su Pensamiento y conser­vando las extensiones de Su Pensamiento en Su Mente. Todos Sus Pensamientos están, por lo tanto, perfectamente unidos den­tro de sí mismos y entre sí. El Espíritu Santo nos capacita para poder percibir esta plenitud ahora. Dios nos creó para que creásemos. No podemos extender Su Reino hasta que no conozcamos la plenitud de éste.

Con relación al párrafo anterior, quisiera hacer referencia a un punto expresado en el Curso que considero relevante de cara a las aportaciones que vamos a hacer sobre el término “plenitud”. Es el siguiente: “Debe observarse con especial atención que Dios tiene solamente un Hijo. Si todas las creaciones de Dios son Hijos Suyos, cada una de ellas tiene que ser parte integral de toda la Filiación. La Filia­ción, en su unicidad, transciende la suma de sus partes. Este hecho, no obstante, queda velado mientras falte una sola de ellas. Por eso es por lo que, en última instancia, el conflicto no se puede resolver hasta que todas las partes de la Filiación hayan retor­nado. Sólo entonces podrá comprenderse lo que, en el verdadero sentido de la palabra, significa la plenitud. Cualquier parte de la Filiación puede creer, en el error o en la incompleción si así lo elige. Sin embargo, si lo hace, estará creyendo en la existencia de algo que no existe. Lo que corrige este error es la Expiación”.

Efectivamente, la plenitud, la abundancia, no es posible mientras que percibamos a nuestros hermanos de filiación separados de nosotros. Comprender este punto, nos permitirá comprender, igualmente, que cuando damos a otro, no perdemos. Dios tiene solamente un Hijo, y aquello que demos a uno de nuestros hermanos, es como si nos lo diésemos a nosotros mismos.

El egoísmo es cosa del ego, pero la plenitud del Ser pertenece al ámbito del espí­ritu porque así es como Dios lo creó.

Nuestra plenitud es ilimitada por­que el estado de ser es infinito. Sin embargo, desconocemos la plenitud de nuestro propio Ser.

Una mente dividida no puede percibir su lle­nura, y necesita que el milagro de su plenitud alboree en ella y la cure. Esto vuelve a despertar la plenitud en dicha mente y al aceptar dicha plenitud se reincorpora al Reino. Cuando apreciamos por completo la llenura de Ser de nuestra mente, el egoísmo se vuelve imposible y la extensión inevitable. El poder de la plenitud es la extensión.

La plenitud es indi­visible, pero no podemos saber de la plenitud que gozamos hasta que no la veamos por todas partes. No podremos entender  lo que es la Plenitud a menos que seamos pleno, y ninguna parte del Hijo puede ser excluida si su deseo es conocer la Plenitud de su Padre.

Lo que el ego da nunca emana de una sensación de abundancia porque él fue engendrado precisa­mente como un sustituto de ésta. Por eso es por lo que el concepto de "obtener" surgió en su sistema de pensamiento. Los apetitos son mecanismos para "obtener" que representan la nece­sidad del ego de ratificarse a sí mismo. Esto es cierto tanto en el caso de los apetitos corporales como en el de las llamadas "necesi­dades más elevadas del ego". El origen de los apetitos corporales no es físico. El ego considera al cuerpo como su hogar, y trata de satisfacerse a sí mismo a través de él. Pero la idea de que eso es posible es una decisión de la mente, que está completamente con­fundida acerca de lo que realmente es posible.

El Curso nos insta a compartir  nuestra abundancia libre­mente y enseñar a nuestros hermanos a conocer  la suya.  A no compartir sus ilusiones de escasez, pues, de lo contrario, nos percibiremos a nosotros mismo como alguien necesitado.

El Espíritu Santo sabe que lo "tenemos" todo y que lo "somos" todo. Cualquier distinción al respecto es significativa solamente cuando la idea de "obtener", que implica carencia, ha sido previa­mente aceptada.

Nuestro Hermano Mayor, Jesús, nos indica a través del Curso: “Aquellos que dan testimonio de mí están expresando, por medio de los mila­gros que obran, que han dejado de creer en la carencia en favor de la abundancia que han aprendido les pertenece”.

La plenitud cura porque es algo propio de la mente. La curación es señal de que quieres reinstaurar la plenitud. Y el hecho de que estés dispuesto ello elo que te permite oír la Voz del Espíritu Santo, Cuyo mensaje es la plenitud.

Todas las capacidades deben entregársele, al Espí­ritu Santo, Quien sabe cómo usarlas debidamente. Las usa exclu­sivamente para curar porque únicamente te conoce en tu plenitud. Al curar aprendes lo que es la plenitud, y al aprender lo que es la plenitud, aprendes a recordar a Dios. Te has olvidado de Él, pero el Espíritu Santo entiende que tu olvido tiene que ser transfor­mado en una forma de recordar.

La Expiación no es el precio de tu plenitud; es, no obstante, el precio de ser consciente de tu plenitud.

UCDM. Libro de Ejercicios. Lección 76

LECCIÓN 76

No me gobiernan otras leyes que las de Dios.

1. Hemos visto antes cuántas cosas absurdas te han parecido ser la salvación. 2Cada una de ellas te ha aprisionado con leyes tan absurdas como ellas mismas. 3Sin embargo, no estás aprisionado por ninguna de esas cosas. 4Mas para comprender que esto es cierto, primero te tienes que dar cuenta de que la salvación no se encuentra en ninguna de ellas. 5Mientras la busques en cosas que no tienen sentido te atarás a ti mismo a leyes que tampoco tienen sentido. 6Y de esta manera, tratarás de probar que la salvación está donde no está.

2. Hoy nos alegraremos de que no puedas probarlo. 2Pues si pudieses, buscarías la salvación eternamente donde no está, y jamás la hallarías. 3La idea de hoy te repite una vez más cuán simple es la salvación. 4Búscala allí donde te espera y allí la halla­rás. 5No la busques en ninguna otra parte, pues no está en nin­guna otra parte.

3. Piensa en la liberación que te brinda el reconocimiento de que no estás atado a las extrañas y enrevesadas leyes que has promul­gado para que te salven. 2Crees realmente que te morirías de hambre a menos que tengas fajos de tiras de papel moneda y montones de discos de metal. 3Crees realmente que una pequeña píldora que te tomes o que cierto fluido inyectado en tus venas con una fina aguja te resguardará de las enfermedades y de la muerte. 4Crees realmente que estás solo a no ser que otro cuerpo esté contigo.

4. La demencia es la que piensa estas cosas. 2Tú las llamas leyes y las anotas bajo diferentes nombres en un extenso catálogo de rituales que no sirven para nada ni tienen ningún propósito. 3Crees que debes obedecer las "leyes" de la medicina, de la econo­mía y de la salud. 4Protege el cuerpo y te salvarás.

5. Eso no son leyes, sino locura. 2EI cuerpo se ve amenazado por la mente que se hace daño a sí misma. 3El cuerpo sufre sólo para que la mente no pueda darse cuenta de que es la víctima de sí misma. 4El sufrimiento corporal es una máscara de la que la mente se vale para ocultar lo que realmente sufre. 5No quiere entender que es su propia enemiga; que se ataca a sí misma y que quiere morir. 6De esto es de lo que tus "leyes" quieren salvar al cuerpo. 7Para esto es para lo que crees ser un cuerpo.

6. No hay más leyes que las de Dios. 2Esto necesita repetirse una y otra vez hasta que te des cuenta de que es aplicable a todo lo que has hecho en oposición a la Voluntad de Dios. 3Tu magia no tiene sentido. 4Lo que pretende salvar no existe. 5Únicamente lo que pretende ocultar te salvará.

7. Las leyes de Dios jamás pueden ser reemplazadas. 2Dedicare­mos el día de hoy a regocijarnos de que así sea. 3No es ésta una verdad que queramos seguir ocultando. 4En lugar de ello nos daremos cuenta de que es una verdad que nos mantiene libres para siempre. 5La magia aprisiona, pero las leyes de Dios liberan. 6La luz ha llegado porque no hay más leyes que las de Él.

8. Comenzaremos hoy las sesiones de práctica más largas con un breve repaso de las diferentes clases de "leyes" que hemos creído necesario acatar. 2Éstas incluyen, por ejemplo, las "leyes" de la nutrición, de la inmunización, de los medicamentos y de la pro­tección del cuerpo en las innumerables maneras en que ésta se lleva a cabo. 3Crees también en las "leyes" de la amistad, de las "buenas" relaciones y de la reciprocidad. 4Puede que hasta incluso creas que hay leyes que regulan lo que es de Dios y lo que es tuyo. 5Muchas "religiones" se han basado en eso. 6Dichas reli­giones no salvan, sino que condenan en nombre del Cielo. 7En cualquier caso, sus leyes no son más extrañas que otras "leyes" que tú crees que debes obedecer para estar a salvo.

9. No hay más leyes que las de Dios. 2Deshecha hoy todas tus insensatas creencias mágicas y mantén la mente en un estado de silenciosa preparación para escuchar la Voz que te dice la verdad. 3Estarás escuchando a Uno que te dice que de acuerdo con las leyes de Dios las pérdidas no existen. 4No se hacen ni se reciben pagos; no se pueden hacer intercambios; 5no hay sustitutos y ninguna cosa es reemplazada por otra. 6Las leyes de Dios dan eternamente sin jamás quitar nada.

10. Escucha a Aquél que te dice esto y date cuenta de cuán insensa­tas son las "leyes" que tú pensabas regían el mundo que creías ver. 2Sigue prestando atención. 3Él te dirá más. 4Te hablará del Amor que tu Padre te profesa, 5de la infinita dicha que te ofrece, 6de la ardiente añoranza que siente por Su único Hijo, creado como Su canal de creación, pero que éste le niega debido a su creencia en el infierno.

11. Abramos hoy los canales de Dios y permitamos que Su Volun­tad se extienda a través de nosotros hasta Él. 2De esa manera es como la creación se expande infinitamente. 3Su Voz nos hablará de esto, así como de los gozos del Cielo, que Sus leyes mantienen por siempre ilimitados. 4Repetiremos la idea de hoy hasta que hayamos escuchado y comprendido que no hay más leyes que las de Dios. 5Después nos diremos a nosotros mismos, a modo de dedicatoria con la cual concluye la sesión de práctica:

6No me gobiernan otras leyes que las de Dios.

12. Repetiremos hoy esta dedicatoria tan a menudo como sea posi­ble; por lo menos cuatro o cinco veces por hora, así como en respuesta a cualquier tentación de sentirnos sujetos a otras leyes a lo largo del día. 2Es nuestra declaración de que estamos a salvo de todo peligro y de toda tiranía. 3Es nuestro reconocimiento de que Dios es nuestro Padre y de que Su Hijo se ha salvado.


¿Qué me enseña esta lección?

Una nueva certeza que ilumina la consciencia cuando se ha producido el despertar y dejamos de estar dormidos a la verdadera realidad.

Mientras que nos encontramos identificados con el ego, nuestro mundo está gobernado por una serie de leyes que tratan de dar sentido a nuestra existencia y de velar para que nuestro comportamiento se ajuste a una realidad constructiva. En verdad, todas estas leyes, tratan de preservar el mundo ilusorio en el que el ego encuentra su identidad. Todo debe responder a un espacio, a un tiempo, a un ritmo organizado que me aporte la percepción de estar viviendo una realidad. Sin embargo, esa realidad, al estar sujeta a la ley del cambio, deja de ser real bajo la visión espiritual del verdadero Ser.

Ese conjunto de leyes, son las falsas creencias que se convierten en el único sustento de la identidad del ego. Sin ellas, no podría subsistir. Es por ello, que nuestra labor en el día de hoy, será examinar nuestras creencias y descubrir su inoperante valor. Ninguna de estas creencias nos conduce a la salvación; ninguna de ellas, nos lleva hasta las puertas de la verdadera felicidad; ninguna de ellas, es capaz de aportarnos un solo instante de paz.

La manifestación de ese conglomerado de leyes, tratan de aportar sentido a la existencia efímera y transitoria del ego; tratan de llevarle a la consecución y al logro ilusorio de la felicidad, cuando en verdad, la única vía de salvación radica en trascender esas leyes y vivir según la única Ley verdadera, la del Amor, la que Dios nos insufla permanentemente.

Mientras que pensemos que la felicidad nos la aporta el bien-estar, por muchas leyes que nos inventemos para asegurar esa creencia, no evitarán que, lo que llamamos bien-estar sea tan efímero que no nos garantiza el permanente estado de dicha y de gozo. Esas sensaciones placenteras, al estar radicadas en lo temporal, no son eternas. 

Tan solo la verdad es real y es eterna. Cuando nuestra felicidad la basamos en la expansión de lo que somos, entonces el gozo y la dicha percibida se llama bien-ser, es decir, la manifestación consciente de nuestra divinidad.

Ejemplo-Guía: ¿Qué leyes rigen tu vida?

Instituimos leyes, para asegurar el poder de nuestras creencias. Todos, sin ser conscientes de ello, vamos por la vida cargados de leyes que condicionan nuestra respuesta.

El origen de esas leyes-creencias, se remontan al génesis de la humanidad, cuando Adan y Eva, fueron expulsados del Paraíso Terrenal y sentenciados a trabajar para ganar el sustento con el sudor de la frente.

Esa primera creencia, se ha convertido en una pesada ley que nos lleva a instituir la "necesidad" en nuestras vidas. Si antes de la expulsión de Paraíso, gozábamos de la Abundancia de nuestro Hacedor, a partir de caer en la seducción de la suculenta tentación de la serpiente, es decir, a partir de comer del Árbol del Conocimiento del Bien y del Mal, nuestra visión comenzó a percibir un mundo en el que los alimentos, esto es, la conciencia había que adquirirla a través de la experiencia. La Abundancia, la Plenitud del Conocimiento, fue sustituido por la escasez, por la necesidad, de adquirir el entendimiento del mundo que habíamos inventado y cuya vía de aprendizaje era la percepción.

Esa creencia-ley nos lleva a establecer como principio de vida, el ataque. Esa elección está basada en el miedo. Cuando obtenemos aquello que deseamos, el miedo hace acto de presencia de forma inmediata y ese temor, por protegerse para que nadie nos quite lo que poseemos, nos lleva a atacar.

Prestemos atención a nuestras vidas. Hagamos un ejercicio de restrospección con el propósito de establecer la relación causa-efecto a lo largo de los años de vivencias. Si logramos identificar el efecto, es decir, si logramos identificar la experiencia, y vamos retrocediendo en el tiempo, veremos como ese efecto está estrechamente relacionada a una causa. Por ejemplo, acabamos de tener una experiencia de conflicto en nuestra relación de pareja. Si nos quedamos con esa visión aislada, juzgaremos la situación y dependiendo de nuestro juicio, condenaremos las decisiones del otro, o condenaremos  las nuestras propias. Sin embargo, si buscamos más atrás, descubriremos que esa experiencia ocurrió porque hace unos días, recibimos una propuesta de un amigo, que nos invitó a acompañarle a una fiesta de despedida. En ese momento, tuviste que elegir, entre rechazar la propuesta, porque ya tenías otro compromiso con tu pareja o aceptarla, porque realmente te apetecía estar una vez más con tus amigos. Decidiste ir a esa fiesta, pero no le dijiste nada a tu pareja, es más le pusiste una excusa para ocultar tus intenciones. Pero, la vida a veces, casi siempre, es nuestra aliada y nos ofrece oportunidades para que tomemos consciencia de cómo debemos hacer las cosas desde la unidad y no desde la separación. Una amiga común de ambos, contó a tu pareja que te había visto en la fiesta y esa información fue el detonante del conflicto.

La relación causa y efecto tratada desde la restrospección nos ayuda a establecer relaciones en el por qué nos ocurren las cosas que nos ocurren. La he puesto de ejemplo, pues para el ejercicio que vamos a proponer, puede ser una técnica que propicie el entendimiento de lo que queremos encontrar: ¿cuáles son las leyes-creencias que gobiernan nuestras vidas?

Tomamos decisiones y muchas de ellas son automáticas. Es como si nuestra mente fuese autómata. Vamos conduciendo, pensando en las muchas cosas que tenemos pendiente. LLegamos a la altura de un semáforo que de inmediato se pone rojo. Sin saber cómo, frenamos, reducimos la marcha y paramos, pero nuestra mente no se ha percatado de los gestos, nuestra mente, sigue pensando en las cosas pendiente.

En la vida, muchas de las decisiones que tomamos son automáticas. Es como si tuviésemos un código interno que nos lleva a decidir cómo actuar. Tan solo, cuando vemos sus efectos, podemos determinar que nuestros actos nos han llevado a una situación feliz o desafortunada. Esas reacciones tienen mucho que ver con las leyes-creencias que hemos adquirido desde muy pequeño y a veces, las que nos afectan colectivamente, desde tiempo ancestrales.

El ejercicio que os propongo, es una invitación a reflexionar sobre la creencia que se encuentra oculta detrás de nuestro comportamiento. Si aplicamos el método de la restrospección, sabremos encontrar la ley que nos condiciona, es decir, la creencia que nos lleva a actuar de una manera u otra. A lo mejor, nos encontramos con creencias que ni tan siquiera somos conscientes de que las tenemos. Por ejemplo, vamos por la calle y observamos que un grupo de personas de raza gitana caminan en sentido contrario al nuestro. Sabemos que nos vamos a cruzar con ellos, pero de forma instantánea, decidimos bajar la acera y cruzar al frente para evitar la presencia del grupo. En ese gesto, se ha puesto de manifiesto una reacción que nos condiciona. La cuestión es: ¿que creencia-ley te ha llevado a tener ese gesto? Si indagas en tu mente, tal vez descubras que cuando eras pequeño, tus padres tuvieron un enfrentamiento con una familia gitana, del cual fuiste testigo, Aun recuerda como tus padres te advertían para que tuvieses muy presente que con los gitanos no hay que tener tratos. Esa fue la causa que originó que tomásemos la decisión de no cruzarnos con el grupo de raza gitana. En verdad, la causa está en la creencia que permitimos convertirla en ley.

Reflexión: ¿Que ley o norma de este mundo te ha llevado a encontrar la salvación?

jueves, 16 de marzo de 2017

UCDM. Libro de Ejercicios. Lección 75

LECCIÓN 75

La luz ha llegado.

1. La luz ha llegado. 2Te has curado y puedes curar. 3La luz ha llegado. 4Te has salvado y puedes salvar. 5Estás en paz y llevas la paz contigo dondequiera que vas. 6Las tinieblas, el conflicto y la muerte han desaparecido. 7La luz ha llegado.

2. Hoy celebramos el feliz desenlace de tu largo sueño de desas­tres. 2Ya no habrá más sueños tenebrosos. 3La luz ha llegado. 4Hoy comienza la era de la luz para ti y para todos los demás. 5Es una nueva era, de la que ha nacido un mundo nuevo. 6Y cuando el viejo pasó de largo, no dejó rastro alguno sobre el nuevo. 7Hoy vemos un mundo diferente porque la luz ha llegado.

3. Nuestros ejercicios de hoy serán ejercicios felices, pues en ellos daremos gracias por la desaparición de lo viejo y el comienzo de lo nuevo. 2Ya no quedan sombras del pasado que puedan nublar nuestra vista y ocultar el mundo que el perdón nos ofrece. 3Hoy aceptaremos el nuevo mundo como lo que deseamos ver. 4Lo que anhelamos se nos concederá. 5Nuestra voluntad es ver la luz; la luz ha llegado.

4. Dedicaremos nuestras sesiones de práctica más largas a ver el mundo que el perdón nos muestra. 2Eso, y sólo eso, es lo que queremos ver. 3Nuestro único propósito hace que la consecución de nuestro objetivo sea inevitable. 4Hoy el mundo real se alza jubiloso ante nosotros para que por fin lo podamos ver. 5Se nos concede la visión ahora que la luz ha llegado.

5. No queremos ver hoy sobre el mundo la sombra del ego. 2Vemos la luz y en ella vemos el reflejo del Cielo extenderse por todo el mundo. 3Comienza las sesiones de práctica más largas dándote a ti mismo las buenas nuevas de tu liberación:

4La luz ha llegado. 5He perdonado al mundo.

6. No te entretengas hoy en el pasado. 2Mantén tu mente comple­tamente receptiva, libre de todas las ideas del pasado y de todo concepto que hayas inventado. 3Hoy has perdonado al mundo. 4Puedes contemplarlo ahora como si nunca antes lo hubieses visto. 5Todavía no sabes qué aspecto tiene. 6Simplemente estás esperando a que se te muestre. 7Mientras esperas, repite varias veces lentamente y con absoluta paciencia:

8La luz ha llegado. 9He perdonado al mundo.

7. Date cuenta de que tu perdón te hace acreedor a la visión. 2Entiende que el Espíritu Santo jamás deja de darles el don de la visión a los que perdonan. 3Confía en que Él no dejará de dártelo a ti ahora. 4Has perdonado al mundo. 5El Espíritu Santo estará contigo mientras observas y esperas. 6Él te mostrará lo que la verdadera visión ve. 7Ésa es Su Voluntad y tú te has unido a Él. 8Espéralo pacientemente. 9Él estará allí. 10La luz ha llegado. 11Has perdonado al mundo.

8. Dile que sabes que no puedes fracasar en tu empeño porque confías en Él. 2Y dite a ti mismo que esperas lleno de certeza poder contemplar el mundo que Él te ha prometido. 3De ahora en adelante verás de otra manera. 4La luz ha llegado hoy. 5Y verás el mundo que se te ha prometido desde los orígenes del tiempo, en el cual el fin del tiempo está garantizado.

9. Las sesiones de práctica más cortas serán asimismo jubilosos recordatorios de tu emancipación. 2Recuérdate a ti mismo cada cuarto de hora aproximadamente que hoy es un día de una cele­bración especial. 3Da gracias por la misericordia y el Amor de Dios. 4Regocíjate de que el perdón tenga el poder de sanar com­pletamente tu vista. 5Confía en que este día será un nuevo comienzo. 6Sin las tinieblas del pasado sobre tus ojos, hoy no podrás sino ver. 7y tu acogida a lo que veas será tal que felizmente extenderás el día de hoy para siempre.
10. Di entonces:

2La luz ha llegado. 3He perdonado al mundo.

4Si te asaltase la tentación, dile a quienquiera que parezca estarte llevando nuevamente a las tinieblas:

5La luz ha llegado. 6Te he perdonado.

11. Dedicamos este día a la serenidad en la que Dios quiere que estés. 2Manténla en la conciencia que tienes de ti mismo y con­témplala en todas partes hoy, según celebramos el comienzo de tu visión y del panorama que ofrece el mundo real, el cual ha venido a reemplazar al mundo que no habías perdonado y que pensabas era real.

¿Qué me enseña esta lección?

El mundo, en el que creemos vivir, es un sueño, pero es tan real para los sentidos, que caemos en la tentación de creer que no lo es, y lo experimentamos dotándole con todo el poder sobre nuestra conciencia.


Desconocemos que somos nosotros los soñadores. Ni las más oscuras de las pesadillas, nos lleva a plantearnos su ilusoria realidad.

Estamos tan habituados a convivir con el dolor, con el sufrimiento, con el sacrificio, con la enfermedad, con las sombras, que llegamos a pensar que ese es el escenario real de nuestra existencia.

A veces, cuando el temor es tan grandes que nos paraliza, deseamos abrir los ojos y salir de esa pesadilla, para respirar aliviado al comprobar que todo ha sido un sueño. Pero esa experiencia nos sigue manteniendo atrapado dentro del sueño, sin que tomemos consciencia de que somos los soñadores.

En ocasiones esta pesadilla se escenifica llevándonos a protagonizar escenas de situaciones límites: guerras, epidemias, desahucios, enfermedades graves, pérdidas de seres queridos, pobreza, hambre, etc

Sí, es tanto el dolor que nos produce, que deseamos despertar para descubrir que todo era un sueño, pero, ese deseo de despertar debe ir acompañado de la verdad, es decir, de que somos nosotros los que fabricamos el sueño. Cada imagen proyectada en él, es el recuerdo de nuestras sombras y todas esas sombras encuentran un origen, una causa, la creencia en el pasado, un pasado en el que decidimos fabricar un mundo diferente al de nuestro Padre; en el que decidimos hacer uso de nuestra Voluntad para aprender por el camino de la individualidad.

A ese acto, le llamamos "pecado", pues interpretamos, erróneamente, que habíamos desobedecido a nuestro Padre, al escindirnos de su Luz.
Desde ese pensamiento original, permanecemos en el sueño y fabricando sombras que nos recuerdan ese ilusorio pasado.

Hoy es un día en el que vamos a celebrar que la Luz ha llegado. hoy es el día en el que perdonamos nuestro pasado, y con ello nos liberamos de las pesadillas que nos han atormentado durante el sueño. Esa Luz, sí produce el verdadero despertar y nos hace conscientes de que somos los soñadores, lo que nos permite elegir, entre tener sueños tenebrosos o sueños felices.

Hoy elijo tener sueños felices, donde la Luz es compartida con el mundo, permitiéndonos comprender que todos es una ilusión y que siguiendo esa Luz, podremos retornar a nuestro verdadero Hogar.

Ejemplo-Guía: ¿Dónde buscas la luz?

El término "luz" en hebreo se escribe "Aur" y significa, igualmente, Fuego. El Elemento Fuego y la Luz, recogen la Esencia primigenia del Creador, la Voluntad. Cuando hablamos de Luz, estamos hablando de la Voluntad de Dios. Ese Principio Activo se encontraba presente cuando Dios llevó a cabo Su Acto Creador, cuya manifestación es la Filiación.

El Hijo de Dios, podemos decir, que el Hijo de la Luz, Hijo del Fuego, Hijo de la Voluntad, lo que significa, que es portador del Principio Inteligible que ha de permitirle Conocer a Su Creador. En este análisis de términos, los cuales comparten la misma Vibración, me gustaría resaltar el papel que juega la voluntad en nuestras decisiones, pues, cada vez que la utilizamos, estamos activando el poder de la luz y el poder del Fuego, es decir, cuando actuamos desde el impulso creador, nuestras creaciones son portadores del principio inteligible que ha de permitirnos conocer nuestra creación, esto es, nos lleva a conocernos en nuestra condición de Dioses en formación.

Sin embargo, como hemos tenido ocasión de conocer a través de esta Lección, así como en otras muchas, el Hijo de Dios, elige sustituir la voluntad por el deseo, elige fabricar, en vez de crear y ese mundo inventado ya no es portador de Luz (entendimiento) sino de oscuridad.

La interpretación realizada por Fabre d´Olivet en su libro “La lengua hebraica restituida”, del Génesis, nos aporta un importante conocimiento sobre los términos Luz y Oscuridad que, no por casualidad, aparecen en los trabajos del primer día de la creación llevado a cabo por Dios: 

"Manifestando su Voluntad, dijo Dios: “La Luz será”, y la Luz (elemento inteligible), fue. Y considerando esta esencia luminosa como buena, determinó una forma de separación entre la Luz y la Oscuridad. Designando El-los Dioses, esta Luz –elemento inteligible- bajo el nombre de Día, manifestación fenoménica universal, y esta Oscuridad, existencia sensible y material, bajo el nombre de Noche, manifestación negativa y mutación (oscilación, movimiento) de las cosas"

He querido introducir este téxto para que nos ayude a comprender el significado de la palabra Oscuridad, la existencia sensible y material. Más adelante, en esa misma obra el autor nos dice sobre la oscuridad, que representa la idea de combate, oposición violenta entre principios contrarios, es decir, nos habla de la dualidad.

Cada vez que ponemos nuestra mente al servicio de la Luz, estamos creando desde la Unidad. Cada vez que ponemos nuestra mente al servicio de la Oscuridad, estamos fabricando desde la dualidad. La Unidad-Luz, nos permitirá gozar de nuestra condición divina. Es la  Luz-Unidad la que nos lleva a poner nuestra voluntad al servicio del Amor. Cuando actuamos desde la Unidad, no vemos el error, tan solo vemos la inocencia, condición natural del Espíritu.

Fijaros bien, donde nos conduce todo lo que estamos analizando. Nos conduce al acto consciente de movilizar nuestra voluntad, es decir, al acto consciente de que Somos Dioses y debemos crear desde la Luz-Unidad.

¿Qué hacemos con el mundo que hemos fabricado? o lo que es lo mismo, ¿qué hacemos con la oscuridad que hemos fabricado?

Si crees que debes hacer algo con ella, la estarás viendo y si la ves, es porque la haces real. El mundo material, no lo olvidemos, es una proyección de nuestra mente, es el fruto de nuestros deseos. Estará ahí mientras que nuestra mente necesite de ese mundo. Pero, podemos vivir en el mundo, sabiendo que no es real, es decir, podemos seguir soñando, sabiendo que somos nosotros los soñadores y por lo tanto, podemos elegir el tipo de sueños que queremos tener.

¿Qué tenemos que hacer para dejar de fabricar oscuridad? Vivir en estado consciente, es decir, vivir en el ahora, y vivir desde la voluntad y no desde el deseo, es decir, vivir dirigiendo nuestra mente hacia la visión de la unidad. Este estado de ser, nos llevará a dejar de juzgar, de condenar, de vivir en el pasado, nos llevará a no dar valor, ni significado a las experiencias que percibimos en el mundo físico. Ya no pretenderemos hacer las cosas inspiradas por nuestros deseos, sino que viviremos la vida desde la aceptación, desde la certeza, de que lo que vivamos forma parte del Plan de Salvación. Ese Plan no tiene una connotación religiosa, ese Plan es la Filiación, es decir, la Creación de Dios.

¿Acaso crees que te puedes salvar solo y ver a tu hermano en el pecado? La salvación es la visión de la Inocencia, la única condición verdadera de lo que Somos.

Reflexión: Hoy dejo de condenar y de condenarme.

miércoles, 15 de marzo de 2017

¿Qué harías si fuese hoy el último día de tu vida?


No es que  me guste el deporte de riesgo, ni llevar las cosas a una situación extrema, pero la vida me enseña, que en tales situaciones, me refiero a situaciones que consideramos “dramáticas”, todos nuestros recursos internos parecen despertar y cuando esto ocurre, nuestra conciencia se enriquece con valores que permanecían en nuestro interior, en espera de ser “llamados a la acción”.
En unos momentos de reflexión, me he preguntado,  ¿cómo actuaría si me quedase tan sólo un día de vida?… ¿qué cosas haría?

Tendría 24 horas, 1440 minutos, 86.400 segundos,  para realizar aquello  que yo considere lo más importante de mi vida. Es cierto que no tendría mucho tiempo para realizar largos viajes, y emular las peripecias que protagonizaron Jack Nicholson y Morgan Freeman en la película “Ahora o nunca”.
Tan sólo un día…

Se me viene a la cabeza que podría emplearlo en pagar las deudas pendientes, las materiales y las espirituales… Las materiales tendré que dejarlas para otra ocasión, quizás para otra vida…, pues si tuviese el dinero suficiente para pagarlas en tan corto plazo de tiempo, hace tiempo que hubiesen dejado de ser deudas, pues no soy persona que le guste deber dinero a nadie…

Sin embargo, las espirituales, esas deudas son otra cosa… Tendría que pedir perdón a todas aquellas personas a las que he ofendido, a las que he hecho daño con mis acciones y omisiones… Tendré que citarme con todos mis enemigos…, entre los que se encuentran también, mis falsos amigos… Si soy capaz de no olvidarme de ninguno de ellos, si soy capaz de reunirlos a todos, les pediré de corazón que me perdonen… Ahora comprendo que la vida, puede resultar muy corta para dejar las cosas pendientes… y no merece la pena “irnos a dormir” cuando el rencor y el odio se apodera de nuestro corazón desvelando nuestros sueños.
Podría resultar interesante esa idea, sin duda mi alma quedaría liberada del peso de la culpa que se origina tras saberse un deudor… Sin embargo, no siento quietud, ese estado de plenitud que aflora en nuestra mente y en nuestro corazón, cuando tenemos la plena certeza de que estamos haciendo las cosas bien. Me falta algo…, y creo saber qué es.

Me gustaría ser agradecido… Recuerdo el refrán: “Es de bien nacido ser agradecido”. Sí, quiero dar gracias a todos los seres que he conocido… A mis amigos y a mis enemigos… A mis seres queridos,  a los que me siento unido por lazos de sangre y a los que me unen lazos del corazón… A todos, quiero dar gracias a Todos, también a aquellos con los que no he tenido el gusto de conocer personalmente, pero que sus palabras, sus gestos, sus experiencias, han aportado contenido a mi vida…  A todos quiero dar gracias por lo que me han dado…
Podría poner fin a mi búsqueda… sentir gratitud por todo cuanto me ha sido dado, parece haber colmado mis necesidades. Habría sabido vivir esa hora, esos minutos, esos segundos, con total plenitud… Sin embargo, algo ha ocurrido en mi vida en el día de hoy, que me ha hecho ver una nueva perspectiva…

Me gustaría ser agradecido… Sí, mi propuesta sigue siendo la misma, pero la orientación de mi gratitud será diferente… Quiero dar gracias a Todos, sí a mis amigos y enemigos, a mis seres queridos y también a los que no he tenido el placer de conocer personalmente. A todos quiero dar gracias, pero no por lo que me han dado, sino por haberme ofrecido la oportunidad de dar…
Quiero agradecerte a tí…, que me des la oportunidad de compartir estas líneas contigo…

La hora, los minutos, los segundo, se han agotado y el día toca a su fin…, no importa, pues se que vendrán otros días y que podré gozar de la oportunidad de vivir cada hora, cada minuto, cada segundo, como si fuesen mi último día: GRACIAS.

UCDM. Libro de Ejercicios. Lección 74

LECCIÓN 74

No hay más voluntad que la de Dios.

1. La idea de hoy se puede considerar como el pensamiento cen­tral hacia el cual se dirigen todos nuestros ejercicios. 2La Volun­tad de Dios es la única Voluntad. 3Cuando hayas reconocido esto, habrás reconocido que tu voluntad es la Suya. 4La creencia de que el conflicto es posible habrá desaparecido. 5La paz habrá reemplazado a la extraña idea de que te atormentan objetivos conflictivos. 6En cuanto que expresión de la Voluntad de Dios, no tienes otro objetivo que el Suyo.

2. La idea de hoy encierra una gran paz, y lo que los ejercicios de hoy se proponen es encontrarla. 2La idea en sí es completamente cierta. 3Por lo tanto, no puede dar lugar a ilusiones. 4Sin ilusio­nes, el conflicto es imposible. 5Tratemos hoy de reconocer esto y de experimentar la paz que este reconocimiento nos brinda.

3. Comienza las sesiones de práctica más largas repitiendo lenta­mente los pensamientos que siguen a continuación varias veces, con la firme determinación de comprender su significado y de retenerlos en la mente:

2No hay más voluntad que la de Dios. 3No puedo estar en conflicto.

4Dedica entonces varios minutos a añadir pensamientos afines, tales como:

5Estoy en paz.
6Nada puede perturbarme. 7Mi voluntad es la de Dios.
8Mi voluntad y la de Dios son una.
9La Voluntad de Dios es que Su Hijo esté en paz.

10Durante esta fase introductoria, asegúrate de hacerle frente en seguida a cualquier pensamiento conflictivo que pueda cruzar tu mente. 11Di de inmediato:

12No hay más voluntad que la de Dios.
13Estos pensamientos conflictivos no significan nada.

4. Si algún asunto parece ser muy difícil de resolver, resérvalo para un examen más detenido. 2Piensa en él brevemente, aunque de manera muy concreta, identificando la persona o personas en cuestión y la situación o situaciones de que se trate, y di para tus adentros:

3No hay más voluntad que la de Dios. 4Yo la com­parto con Él.
5Mis conflictos con respecto a _____ no pueden ser reales.

5. Después de que hayas despejado tu mente de esta manera, cierra los ojos y trata de experimentar la paz a la que tu realidad te da derecho. 2Sumérgete en ella y siente como te va envolviendo. 3Puede que te asalte la tentación de confundir estas prácticas con el ensimismamiento, pero la diferencia entre ambas cosas es fácil de detectar. 4Si estás llevando a cabo el ejercicio correctamente, sentirás una profunda sensación de dicha y mayor agudeza men­tal en vez de somnolencia y enervamiento.

6. La paz se caracteriza por la dicha. 2Cuando experimentes dicha sabrás que has alcanzado la paz. 3Si tienes la sensación de estar cayendo en el ensimismamiento, repite la idea de hoy de inmediato y luego vuelve al ejercicio. 4Haz esto cuantas veces sea necesario. 5Es ciertamente ventajoso negarse a buscar refugio en el ensimismamiento, aun si no llegas a experimentar la paz que andas buscando.

7. En las sesiones más cortas, que hoy se deben llevar a cabo a intervalos regulares previamente determinados, di para tus adentros:

2No hay más voluntad que la de Dios. 3Hoy busco Su paz.

4Trata entonces de hallar lo que buscas. 5Dedicar uno o dos minu­tos cada media hora a hacer este ejercicio -con los ojos cerrados a ser posible- será tiempo bien empleado.


¿Qué me enseña esta lección?

Tomar conciencia de esta verdad nos lleva al autoconocimiento. Hemos recordado lo que habíamos olvidado. Nos reconocemos como Hijos de Dios, creado a Su Imagen y Semejanza. Hoy reclamamos nuestra herencia y exclamamos: ¡Padre, Hágase Tu Voluntad!

Hoy tenemos la certeza, de que no es posible servir a otra propósito que aquel que Dios nos ha encomendado, que aquel para el que hemos sido creados: Expresar la Unidad y el Amor que Somos de una manera Inteligente, expandiendonos a través de nuestros hermanos, con los que formamos una sola Filiación.

Hoy tenemos la certeza, de cuál es nuestra función en este mundo temporal e ilusorio y lo disponemos todo para servir al Plan de Salvación haciendo uso del perdón.

El ego es un triste imitador que pretende ejercer el dominio sobre sí mismo, sin embargo, su voluntad está en manos de la voz de los instintos y de la percepción de los sentidos.

En la medida en que el ego siente miedo y permanece en la creencia de que está separado de Dios, intenta por todos los medios ser dueño de su voluntad, aunque no la utiliza para guiar su vida, sino que se entrega en manos de los deseos, de los sentimientos y de las ilusiones. Este comportamiento, tan sólo trata de suplantar a la verdadera Voluntad del Padre, y nos lleva a experimentar el conflicto, pues sus intereses hacen sobrevivir la ilusión, pues ésta es su único sustento.

¡En tus manos me encomiendo, Padre! Allí donde vaya, Estás conmigo y Tu Presencia me llena de Gozo y de Dicha.

¡Ya no tengo miedo!

Ejemplo-Guía: ¿Qué mundo ha fabricado tu ego que te priva de la felicidad y del gozo?

Sin contestamos esta pregunta desde la honestidad, coincidiremos en lo esencial, el mundo que hemos fabricado, es la copia exacta de nuestros deseos y éstos están basados en el miedo, por lo que no podremos disfrutar del gozo y de la dicha que nuestro ser añora.

Analicemos el mundo que nos rodea. Desde que nacemos nos enseñan que en esta vida nadie te da nada gratis, lo que significa que tenemos que aprender a sobrevivir, que no es lo mismo que vivir.
El sobrevivir lleva implícita una exigencia, trabajar. Si no trabajamos no recibiremos los medios que nos permitirá satisfacer nuestros deseos. Este mandato está tan arraigado en nuestras creencias, que se convierte en el estandar que rige nuestras relaciones y nuestra comunicación con el mundo. 
El mundo de la sobrevivencia, se caracteriza por el deseo de obtener, de poseer, de poder. Pero son precisamente estas características las que se convierten en los obstáculos que nos impedirán ser felices. ¿Por qué? 
Sencillamente, porque esos logros son efímeros y lo son por la sencilla razón de que responde al mundo de la ilusión, el mundo de lo material. Ese mundo está llamado al permanente cambio y esa ley natural se convierte en un castigo para el hombre, que conocedor de esa característica pretende por todos los medios, acumular bienes y poder, para que cuando llegue la fase de las pérdidas, no se vea sin ellos.

La vida, vivida desde el ego, es un permanente tormento donde el miedo es el principal protagonista. Su lema es, no doy para retener. Pero si no se da, no se recibe. Cuando tengo, en vez de ser feliz, tengo miedo de perderlo. En el mundo de los afectos, ocurre igual, persigo el amor de mi vida, pues pienso que me hará feliz. Cuando conquisto ese amor, comienza, igualmente, el miedo a perder lo que he conseguido y considero de mi pertenencia. Podemos decir, que el mundo del sobrevivir, es el mundo del bien-estar. Pero el verdadero mundo es aquel que nos permite vivir, es el mundo del bien-ser.

Desde el mundo del bien-ser, la vida se vive viviendo, es decir, de la más profunda aceptación, fruto de la confianza en la vida. Esto es así, pues reconocemos que la vida, es la Voluntad de Dios. Nosotros somos la vida y por ello, somos la Voluntad de nuestro Creador. Él es nuestro sustento. No existe otra voluntad que la Suya, y esa Voluntad es Su Hijo. Y

Como Hijo de Dios, somos Plenos y Abundantes, Vivimos la vida, desde la expansión, es decir, compartiendo nuestros dones y talentos. Cuando así lo hacemos, esa expansión nos lleva a vivir desde la Unicidad y desde el reconocimiento de que la Voluntad de Dios está presente en cada una de las voluntades de nuestros hermanos.

Ser consciente de esa verdad, llevará a la humanidad, a experimentar el gozo y la felicidad, desde la Unidad.

Reflexión: Si la Voluntad de Dios es que su Hijo esté en paz, ¿por qué no lo conseguimos?