sábado, 11 de marzo de 2017

¿Pagamos por los pecados de nuestros padres?


¡Uf…! Vaya un tema delicado, controvertido, cuanto menos. Estoy seguro de ello, no dejará a nadie indiferente. Los vinculados con la religión católica y sean fieles seguidores de su fe, les provocará un debate interno, pues los muchos testimonios que se recogen en los textos sagrados, parecen contradecirse entre ellos. Lo veremos a continuación.

Por otro lado, los Místicos, los que siguen una corriente de conocimiento esotérica, entre los que se encuentran los Cabalistas, abordan este tema con una visión menos dudosa, y concluyen, como veremos, igualmente, con una explicación con base en la teoría de la reencarnación.

Por último,  se trata de un descubrimiento reciente y muy motivante, debo aludir a una metodología cuyo nombre es el “transgeneracional”, la cual está siendo promovida dentro del campo de investigación de la Biodescodificación, por el Instituto Español de Bioneuroemoción (ieBNE), presidido en España por Enric Corbera. Compartiremos su enseñanza.
Comencemos analizando, qué nos aporta la Biblia sobre este tema:

"Yavé es paciente y rico en misericordia. Soportas la falta y el pecado, pero no dejas pasar la falta, porque el pecado de los padres lo castigas en los hijos, en los nietos y en los bisnietos. " (Nm 14, 18)
"Yavé bajó en una nube y se quedó allí junto a él. Moisés entonces invocó el Nombre de Yavé, y El pasó delante de Moisés diciendo con voz fuerte: “Yavé, Yavé es un Dios misericordioso y clemente, tardo a la cólera y rico en amor y en fidelidad. El mantiene su benevolencia por mil generaciones y soporta la falta, la rebeldía y el pecado, pero nunca los deja sin castigo; pues por la falta de los padres pide cuentas a sus hijos y nietos hasta la tercera y la cuarta generación.” " (Ex 34, 5)

Hasta aquí, la cuestión que nos planteamos inicialmente, parece quedar clara. Aunque Yavé es benévolo, alcanzando su benevolencia por mil generaciones y capaz de soportar la falta, la rebeldía, incluso el pecado, sin embargo, “nunca los deja sin castigo”. La falta de los padres será heredada por sus hijos y nietos hasta la tercera y cuarta generación.

Como veremos, cuando nos adentremos en las enseñanzas que nos aporta en su metodología transgeneracional, Enric Corbera, las enfermedades que padecemos, pueden tener su origen en actitudes promovidas por nuestros ancestros, incluso llegando a tercera y cuarta generaciones. Ejemplo, una situación de secretos no revelados por nuestros abuelos, pueden ser la causa que origine una enfermedad en los nietos.

Mi formación en las enseñanzas cabalísticas, me lleva a reflexionar sobre este tema. Cuando he tomado la decisión de exponer las teorías prácticas de Enric Corbera, no lo he hecho caprichosamente, si no guiado por el vivo interés despertado por sus actividades. La metodología de la Biodescodificación, ya es una realidad con peso dentro del campo de la medicina. En Cuba, ya se enseña en la universidad dando lugar a una diplomatura, y en Perú, es tanto el valor que se le está dando, que se está convirtiendo en la medicina oficial. Sudamérica, en su conjunto, se está convirtiendo en la “tierra fértil” donde está creciendo este nuevo Paradigma dentro de la medicina holística.

Por lo tanto, considero, que debo encontrar el modo de integrar, mis conocimientos sobre cábala y las enseñanzas sobre Biodescodificación. En este sentido, debo profundizar en el significado de la Ley del Karma, cuyo fundamento está basada en la Ley de Causa y Efecto o lo que es lo mismo, en términos cabalísticos, el Sagrado Nombre de Dios, Yavé, esto es, Jehová, en hebreo Yod – He – Vav – He.

La Ley de Causa y Efecto, nos enseña que toda semilla está llamada a dar un fruto, y que todo fruto es el resultado final de una semilla. Dicho de otro modo, toda iniciativa, todo acto de nuestra voluntad, generará un efecto y todo efecto es consecuencia de una iniciativa. Por lo tanto, si ese acto primero de nuestra voluntad-iniciativa lo establecemos en nuestros pensamientos, podemos concretar, que aquello que nos encontramos como efecto en forma de circunstancias (frutos) en nuestra vida, es la respuesta a lo que hemos pensado. Lo más importante que debemos aprender de esta Ley, es la responsabilidad que tenemos con nuestras acciones y debemos tomar conciencia, de que lo que nos encontramos fuera responde, inequívocamente, a nuestra cosecha propia.

¿Entonces dónde damos cabida a la teoría de lo transgeneracional? Daremos respuesta a esta cuestión, más adelante, cuando abordemos el punto de vista cabalístico.

Continuemos con las aportaciones de la Biblia:

Sin embargo, si es así, ¿por qué Yavé no habría aplicado esta regla en los israelitas al momento de entrar en la tierra prometida? Los padres pecadores no entraron en ella, pero sí los hijos.

"Allí entrarán los pequeños de ustedes, de los que dijeron que iban a ser presa de sus enemigos; ellos sí entrarán, pues no conocen todavía el bien y el mal. A ellos se la daré, y ellos la poseerán. Pero ustedes vuelvan atrás y partan hacia el desierto del mar Rojo.” " (Dt 1, 35)

Israel fue un pueblo primitivo que creía en la culpa familiar. Pero eso cambió, como expresamente se indica en el Deuteronomio:

"No se matará a los padres por la culpa de sus hijos, ni a los hijos por la de sus padres. Cada cual pagará por su propio pecado." (Dt 24, 18)

Esta orden es cumplida fielmente por Amasías, tal como se cuenta en el segundo libro de los Reyes:

"En cuanto Amasías fue dueño de la situación en su reino, condenó a muerte a sus servidores que habían dado muerte a su padre, pero no condenó a muerte a los hijos de los asesinos de acuerdo a lo que está escrito en el Libro de la Ley de Moisés. Yavé, en efecto, dio este mandato: “Los padres no serán condenados a muerte por los hijos, ni éstos por sus padres; sino que cada cual será condenado a muerte por su propio pecado”. " (2 Re 14, 5-6)

Jesús declara expresamente contra los que viven:

"En verdad les digo: esta generación pagará por todo eso." (Mt 23, 36)

E insiste:

"Por eso, a esta generación se le pedirá cuentas de la sangre de todos los profetas derramada desde la creación del mundo: desde la sangre de Abel, hasta la de Zacarías, que fue asesinado entre el altar y el Santuario. Sí, yo se lo aseguro: la generación presente es la que tendrá que responder." (Lc 11, 50-51)

En resumen, no existe nada parecido a que los hijos responden por los pecados de los padres. Cada uno responde por lo suyo:

"El que planta y el que riega están en la misma situación, y Dios pagará a cada uno según su trabajo." (1 Co 3, 9)

Y dice el profeta:

"Quien debe morir es el que peca; el hijo no carga con el pecado del padre, y el padre no cargará con el pecado del hijo. El mérito del justo le corresponderá sólo a él, y la maldad del malo, sólo a él. " (Ez 18, 20)

Finalmente, Jesús instruye a sus discípulos sobre este tema de la presunta responsabilidad de los hijos por cuenta de los pecados de los padres:

"Al pasar, Jesús vio a un hombre que era ciego de nacimiento. Sus discípulos le preguntaron: “Maestro, ¿quién ha pecado para que esté ciego: él o sus padres?” Jesús respondió: “No es por haber pecado él o sus padres, sino para que unas obras de Dios se hagan en él, y en forma clarísima." (Jn 9, 1-3)

Es evidente, que si era ciego de nacimiento y sus discípulos le preguntaban ¿quién había pecado él o su padre?, de haber sido él, sólo pudo haber “pecado” en otra vida, lo que nos está revelando que se compartía la teoría de la reencarnación y la Ley del Karma.

Aprovecho este pasaje recogido por el evangelista Juan, para adentrarnos en la visión cabalista. Para ello, debo acercarme a las enseñanzas compartidas por Kabaleb, el cual, en su magnífica obra, “Curso de Interpretación Esotérica de los Evangelios”, nos invita a conocer un punto de vista más revelador sobre este pasaje.

En lo referente a la responsabilidad de los padres en las enfermedades de los hijos, Kabaleb, nos recuerda lo recogido en la ciencia esotérica, donde se nos dice que el cuerpo vital (el hombre cuenta con un cuerpo físico, un cuerpo vital-etérico, un cuerpo emocional y un cuerpo mental) nace en los niños a los seis o siete años; el cuerpo emocional entre los doce y los catorce años y el mental, entre los dieciocho y los veintiuno, según se siga el ciclo de Binah-Saturno (72 años) o el de Hochmah-Urano (84 años). Dicha ciencia, nos enseña que los niños se alimentan de los cuerpos superiores de los padres, hasta adquirir los suyos propios. De ahí, la responsabilidad de los padres en lo referente a la salud de los hijos. En la medida, en que los padres tengan desordenes emocionales o mentales, los hijos, son proclives a padecer enfermedades relacionados con esos desordenes.

Ahora bien, que esto sea así, no quiere decir que el Alma del niño no esté vinculado a este efecto, pues si ha reencarnado en el seno de esa familia, no es fruto de la casualidad, sino más bien, de la causalidad, por lo que podemos asegurar, que en otra vida, ese Alma, estuvo asociada a esa familia, aunque no participara en los errores de sus allegados. Nos indica Kabaleb, que el niño que padece enfermedades antes de los catorce años (edad en la que se adquiere el cuerpo emocional) no está pagando un karma propio, es decir, sus enfermedades no son debidas a faltas que él mismo cometió, sino a faltas a las que estuvo asociado.

¡Revelador! Aquí está el punto de encuentro entre las enseñanzas cabalísticas y la metodología del “transgeneracional” que se aplica en Biodescodificación. La física Cuántica, nos refiere, que “la Unidad está en el Todo, y que el Todo está en la Unidad”, lo que se traduce que Todos somos Uno. Nada queda al azar. Nuestras relaciones responden a una necesidad interna individual y al mismo tiempo, colectiva. No estamos separados del mundo que nos rodea; cada respiración es compartida; cada pensamiento encuentra su origen en un Macro Pensamiento Universal, que los esoterista, llaman el Mundo del Pensamiento. El sentimiento de separación es una ilusión alimentada por nuestro propio pensamiento individual, sin embargo, Todos estamos conectados a una misma Fuente, de donde emana toda Energía.

Recuperar el recuerdo de la Unidad perdida, olvidada, es cuestión de tiempo, el que cada uno necesite. Todos y cada uno de nosotros estamos trabajando para llegar a esa misma meta. Unos lo harán antes y otros necesitaremos algo más de tiempo, pero, lo que sí está claro, es que la meta nos aguarda.

Os dejo el enlace de un vídeo donde Enric Corbera comparte la metodología del “transgeneracional” o lo que es lo mismo, la influencia de nuestros antepasados en nuestras vidas: http://www.youtube.com/watch?v=5oaJjIyQhAA

¡Qué lo disfrutéis! ¡Salud!

UCDM. Libro de Ejercicios. Lección 70

LECCIÓN 70

Mi salvación procede de mí.

1. Toda tentación no es más que una variante de la tentación básica de no creer la idea de hoy. 2La salvación parece proceder de cualquier parte excepto de ti. 3Lo mismo se puede decir del origen de la culpabilidad. 4Tú no crees que la culpabilidad y la salvación estén en tu mente y sólo en tu mente. 5Cuando te des cuenta de que la culpabilidad es sólo una invención de la mente, te darás cuenta también de que la culpabilidad y la salvación tienen que encontrarse en el mismo lugar. 6Al entender esto te salvas.

2. El aparente costo de aceptar la idea de hoy es el siguiente: significa que nada externo a ti puede salvarte ni nada externo a ti puede brindarte paz. 2Significa también que nada externo a ti te puede hacer daño, perturbar tu paz o disgustarte en modo alguno. 3La idea de hoy te pone a cargo del universo, donde te corresponde estar por razón de lo que eres. 4No es éste un papel que se pueda aceptar parcialmente. 5Y seguramente habrás comenzado a darte cuenta de que aceptarlo es la salvación.

3. Es probable, no obstante, que aún no esté claro para ti por qué razón reconocer que la culpabilidad está en tu propia mente con­lleva asimismo darte cuenta de que la salvación está allí también. 2Dios no habría puesto el remedio para la enfermedad donde no te pudiese servir de nada. 3Así es como funciona tu mente, pero no la Suya. 4Él quiere que sanes, y por eso mantiene la Fuente de la curación allí donde hay necesidad de curación.

4. Tú has tratado de hacer justamente lo contrario, intentando por todos los medios, no importa cuán distorsionados o extrava­gantes, separar la curación de la enfermedad a la que estaba des­tinada, conservando de este modo la enfermedad. 2Tu propósito ha sido asegurarte de que la curación no tuviese lugar. 3El propó­sito de Dios ha sido asegurarse de que sí tuviese lugar.

5. Nuestra práctica de hoy consiste en darnos cuenta de que la Voluntad de Dios y la nuestra coinciden completamente en esto. 2Dios quiere que sanemos, y nosotros no queremos realmente estar enfermos, pues eso no nos hace felices. 3Al aceptar la idea de hoy, por lo tanto, estamos en realidad de acuerdo con Dios. 4Él no quiere que estemos enfermos. 5Nosotros tampoco. 6Él quiere que nos curemos. 7Nosotros también.

6. Hoy estamos listos para dos sesiones de práctica largas, cada una de las cuales debe tener una duración de diez a quince minu­tos. 2Dejaremos, no obstante, que seas tú quien decida cuándo llevarlas a cabo. 3Seguiremos esta norma en varias de las leccio­nes sucesivas, por lo que una vez más sería mejor que decidieses de antemano la mejor hora para llevar a cabo cada una de las sesiones de práctica y que luego te adhirieses lo más fielmente posible al horario establecido.

7. Empieza estas sesiones de práctica repitiendo la idea de hoy, añadiendo una afirmación en la que se vea expresado tu recono­cimiento de que la salvación no procede de nada externo a ti. 2Podrías, por ejemplo, decir lo siguiente:

3Mi salvación procede de mí. 4No puede proceder de nin­guna otra parte.

5Dedica después varios minutos, con los ojos cerrados, a revisar algunas de las fuentes externas en las que en el pasado buscaste la salvación: en otra gente, en posesiones, en diversas situaciones y acontecimientos, y en conceptos de ti mismo que intentaste con­vertir en realidad. 6Reconoce que la salvación no se encuentra en nada de eso, y dite a ti mismo:

7Mi salvación no puede proceder de ninguna de esas cosas.
8Mi salvación procede de mí, y sólo de mí.

8. Trataremos ahora nuevamente de llegar a la luz en ti, que es donde realmente se encuentra tu salvación. 2No puedes encon­trarla en las nubes que rodean la luz, y es ahí donde la has estado buscando. 3No está ahí. 4Está más allá de las nubes, en la luz que se encuentra tras ellas. 5Recuerda que tienes que atravesar las nubes antes de poder llegar a la luz. 6Pero recuerda también que jamás encontraste nada que fuese duradero o que realmente qui­sieras en los tapices de nubes que te imaginabas.

9. Puesto que todas las ilusiones de salvación te han fallado, segu­ramente no querrás quedarte en las nubes buscando en vano ído­los falsos, cuando te sería tan fácil llegar hasta la luz de la verdadera salvación. 2Trata de ir más allá de las nubes utilizando cualquier medio que te atraiga. 3Si te resulta útil, piensa que te estoy llevando de la mano, y que te estoy guiando. 4Y te aseguro que esto no será una vana fantasía.10. Para las sesiones de prácticas cortas y frecuentes de hoy, recuér­date a ti mismo que la salvación procede de ti y que nada, salvo tus propios pensamientos, puede impedir tu progreso. 2Estás libre de toda interferencia externa. 3Estás a cargo de tu salvación. 4Estás a cargo de la salvación del mundo. 5Di, entonces:

6Mi salvación procede de mí.
7No hay nada externo a mí que me pueda detener.
8En mí se encuentra la salvación del mundo y la mía propia.


¿Qué me enseña esta lección?

Esta afirmación define un hecho que es real, pues toda "causa" se encuentra en mi mente. Tanto la verdad, como el error, encuentran su fuente en ella y nosotros elegimos servir a uno u a otro.

Cuando nos encontramos identificados con la conciencia de separación característica del ego, proyectamos fuera nuestras necesidades internas. De este modo, cuando sentimos miedo, buscamos la protección en los demás; cuando sentimos dolor, sufrimiento o enfermedad, buscamos en el exterior a la persona que sea capaz de calmarnos y curarnos. Pensamos que no existe relación alguna entre esos sentimientos y nuestros pensamientos.

Sin embargo, cuando adoptamos la conciencia de unidad, cuando nos regocijamos en el amor, comprendemos que el verdadero poder reside en nuestro interior.
Conoceremos que la causa de todo cuando se manifiesta en nuestro mundo, responde a la emanación de un pensamiento.

Nuestra salvación se encuentra en la unidad de nuestra mente.

Desde pequeños, nos preparan para que busquemos fuera de nosotros la fuente que ha de alimentarnos, que ha de protegernos, que ha de guiarnos, que ha de aportarnos felicidad y dicha.
Mientras que hemos permanecido en el vientre de nuestra madre, hemos mantenido una comunicación directa con ella. Nos ha alimentado, nos ha protegido, nos ha dado calor, no ha mantenido en un paraíso, aunque no hemos sido consciente de ello. Este estado propio de la fecundación, es una recapitulación del estado en el que nos encontrábamos antes de creernos separados de nuestro Creador.

El nacimiento físico, lo podemos asemejar a ese momento ancestral en el que el Hijo de Dios adquiere la conciencia individual y se desconecta de la comunicación directa que caracteriza el pasaje del Paraíso Terrena. La expulsión alegórica tal y como nos lo describe la Biblia nos ha llevado a creer en que nuestro Creador, nos castiga por haber desobedecido su mandato de no comer del Árbol del Conocimiento del Bien y del Mal.

El recién nacido, desde que es parido por su madre, se enfrenta a un mundo inhóspito en el que requiere recibir una respuesta desde el exterior para calmar sus instintos básicos. Sus necesidades biológicas deben ser satisfechas para garantizar su supervivencia.

La visión del mundo material y esa necesidad de recibir, se postula como una linea vital del pensamiento del ego, y se institucionaliza en nuestro código mental de tal modo que nuestra existencia, en general, y nuestra felicidad, en particular, está en manos de los demás.

Esta Lección viene a recordarnos de que esa creencia es errónea y debe dar paso a una creencia verdadera, la cual, nos despierta a la realidad que somos, un ser espiritual, pleno y permanentemente unido a Su Hacedor, en el Cual, se encuentra su Fuente de Existencia.

Este paso de transición de una conciencia de separación, a una consciencia de unicidad, nos lleva a la conquista de un estado que podemos llamar "endiosamiento" o lo que es lo mismo, la certeza de que somos Dios en formación.

Ejemplo-Guía: ¿A quién hemos cedido el poder de nuestra salvación?

Esta cuestión, que hemos empleado como ejemplo-guía, nos ayudará a tomar conciencia de la enseñanza que nos ofrece esta Lección. Nos permitirá, por un lado, identificar cómo es un hábito adquirido en nuestras vidas, el depositar el poder de que seamos o no felices, en manos de los demás, es decir, comprenderemos la dinámica que nos lleva a sentirnos "víctimas" de aquello que nos sucede en nuestro deambular humano, cuando en realidad, no son los demás los que tienen ese empoderamiento, salvo que nosotros se lo permitamos.

Un ejemplo nos ayudará a entender lo que aportamos.

"Mis padres son muy severos y muy exigentes. Les tengo mucho miedo. Nada de lo que hago les parece bien y siempre me está reprochando lo que hago y diciéndome que no valgo para nada. 
Hago, todo lo posible para ganarme su agradecimiento, para que reconozcan que sí sirvo para muchas cosas. Pero por mucho que lo intento, nunca consigo unas palabras de reconocimiento, ni tan siquiera una sonrisa de aprobación.

Ahora ya soy mayor y tengo edad para enfrentarme a la vida, pero cada vez que me enfrento a unas circunstancias en las que tengo que integrarme en la sociedad, siempre doy un paso atrás pues, en mi interior, tengo miedo a que me rechacen y me recriminen de que soy torpe y estúpido. Cada vez estoy más marginado y me siento más solo".

Se trata de una vivencias, desgraciadamente, muy reconocibles y que sin duda dejan mucho resentimiento en nuestro interior. Podemos apreciar, como desde una primera fase, se nos traslada un código de aprendizaje basado en el desamor, en la separación, en el castigo y en la culpa. Esa amalgama de sentimientos, van calando en nuestra mente hasta tal punto que se convierte en una forma de afrontar la vida. Lo que hago, lo hago, no porque me guste, sino para que le guste a los demás. Así, la felicidad, que es un estado innato del ser, se proyecta sobre el "otro" y le otorgamos el poder de aportarnos respuestas que puedan ser portadoras de felicidad o no.

En nuestro ejemplo, este chico, se ve como una víctima de la educación recibida, pero en verdad, él elige en todo momento adaptar su comportamiento a las exigencias que percibe en el exterior. No voy a entrar en un análisis profundo que nos permitiría comprender el por qué y el para qué, ese chico ha elegido vivir en una familia con unos padres con esas características, pero lo que sí vamos a recalcar es que, en la medida, en que decidamos dejar de ser víctimas, para asumir el verdadero papel de co-creadores, en esa medida, dejaremos de ceder el poder de dirigir nuestras vidas a los demás y nos convertiremos en nuestros propios directores de orquesta.

Dejemos la mente antigua a un lado, sí, esa parte de nuestra mente que nos mantiene ciegos a la realidad. Obsérvate. Cierra los ojos y busca la quietud en el presente. Relaja tu mente y busca en los archivos de tu memoria una anécdota en la que te veas relacionándote con el mundo. No tardarás en identificar una experiencia semejante, pues estamos fabricando, permanentemente, infinidad de ellas.
Observa cómo te sientes cuando recibes de los demás una respuesta. ¿Atacas? ¿Asumes? ¿Aceptas? ¿Afirmas? ¿Niegas? ¿Te reprimes? ¿Te ocultas? ¿Te alegras?

Ahora contesta, ¿quién es el que tiene esas sensaciones? Sí, en efecto, eres tú, siempre eres tú, aunque a veces, muchas veces, te pase inadvertido. Párate aquí, pues este es el momento clave, en el que tomas consciencia de que nadie externo a tí, puede hacer que te sientas de una manera u otra. Siempre, en todos los momentos de tu vida, eres tú, el que decide sentir de una manera u otra.

Puedes estar viendo una película de cine, acompañado de tu amig@, ambos estáis, uno junto al otro, viendo la misma película. Ante una escena en particular, uno de los dos se emociona, pero el otro, no lo hace. Al final de la película, le preguntamos a ambos qué tal le ha parecido el film. Uno se ha metido tanto en el papel del protagonista, que sus ojos brillan como causa de la emoción. El otro, expresa que se ha aburrido de lo lindo. ¿Quién ha tomado la decisión? La vida es como una película. No son las escenas las que nos producen un tipo de sentimiento u otro, somos nosotros los que elegimos ese sentimiento.

La cuestión es, ¿de quién depende tu salvación?

Reflexión: Cuando juzgas, ¿dónde se encuentra la condena, en el acto que percibes o en tu modo de verlo y/o juzgarlo?

viernes, 10 de marzo de 2017

Principio 30. "...los milagros reconocen el espíritu..."

PRINCIPIO 30

Dado que los milagros reconocen el espíritu, ajustan los niveles de percepción y los muestran en su debido lugar. Esto sitúa al espíritu en el centro, desde donde puede comunicarse directamente.

Es imposible no creer en lo que ves, pero es igualmente imposible ver lo que no crees. La percepción se construye sobre la base de la experiencia, y la experiencia conduce a las creencias. La percepción no se estabiliza hasta que las creencias se cimientan. De hecho, pues, lo que ves es lo que crees.
Compartiendo una de las ideas desarrollada en el Curso de Milagros, diremos que la única carencia que realmente necesitamos corregir es nuestra sensación de estar separados de Dios.

Pero, ¿por qué surgió esa sensación de separación?

De hecho, esa sensación de separación jamás habría surgido si no hubiésemos distorsionado la percepción de la verdad, lo cual nos llevó a percibirnos como alguien necesi­tado.

En el Capítulo I del Texto, en el apartado VII, dedicado a las “distorsiones de los impulsos milagrosos”, podemos leer lo siguiente:

“Tus percepciones distorsionadas producen una densa envol­tura alrededor de los impulsos milagrosos, dificultándoles el que lleguen a tu conciencia. La confusión de los impulsos milagrosos con los impulsos físicos es una de las distorsiones básicas de la percepción. Los impulsos físicos son impulsos milagrosos mal canalizados. Todo placer real procede de hacer la Voluntad de Dios. Esto es así porque no hacer Su Voluntad es una negación del Ser. La negación del Ser da lugar a ilusiones, mientras que la corrección del error nos libera del mismo. No te engañes a ti mismo creyendo que puedes relacionarte en paz con Dios o con tus hermanos a través de algo externo.

Criatura de Dios, fuiste creado para crear lo bueno, lo hermoso y lo santo. No te olvides de eso. El Amor de Dios, por un breve período de tiempo, todavía tiene que expresarse de un cuerpo a otro, ya que la visión es aún muy tenue. El mejor uso que puedes hacer del cuerpo es utilizarlo para que te ayude a ampliar tu percepción, de forma que puedas alcanzar la verdadera visión de la que el ojo físico es incapaz.  Aprender a hacer esto es la única utilidad real del cuerpo”. 

Para entrar en materia no está nada mal. Tendremos que ahondar en la idea de la “percepción”, pues como hemos adelantado, se nos representa como el resultado al que ha dado lugar la orientación de nuestra mente dando lugar a un estado de confusión entre niveles o lo que es lo mismo, la dualidad espíritu-cuerpo.

¿Cómo se origina la percepción?

La proyección da lugar a la percepción. Debemos conocer, que la capacidad de extenderse es un aspecto fundamental de Dios que Él le dio a Su Hijo. En el acto de la creación, Dios Se extendió a Sí Mismo a Sus creaciones y les infundió la misma amorosa Volun­tad de crear que Él posee. Fuimos creados plenos y perfectos. Al ser creados a  semejanza de Dios hemos heredado su capacidad creativa. Ningún Hijo de Dios puede perder esa facultad, ya que es inherente a lo que él es, pero podemos usarla de forma inadecuada al proyectar. El uso inadecuado de la extensión -la proyección- tiene lugar cuando creemos  que existe en nosotros alguna carencia o vacuidad, y que podemos suplirla con nuestras propias ideas, en lugar de con la verdad.

Nuestra condición divina nos faculta para que el mundo que vemos se componga de aquello con lo que lo hemos dotado, lo que significa que, es importante para nosotros. Es el testimonio de nuestro estado mental, la imagen externa de una condición interna.

Podemos leer en el Curso, que “tal como el hombre piense, así percibirá”.  En este sentido, la percepción es un resultado, no una causa.

Debemos dedicar una especial atención a lo que acabamos de explicar, ya que la proyección de nuestros pensamientos nos desvelará aquello que se encuentra en nuestra mente, es decir, si emitimos juicios condenatorios sobre el mundo, preguntémonos dónde nos estamos condenando; si contemplamos desastres y catástrofes, preguntémonos dónde se encuentra el caos en nuestro interior. En definitiva, lo que veamos dará testimonio de nuestra elección y nos permitirá reconocer cuál de ellas elegimos. El mundo que vemos tan sólo nos muestra cuánta dicha nos hemos permitido ver en nosotros y aceptar como nuestra. Si esta afirmación es verdad, el poder de dar dicha tiene entonces que encontrarse en nosotros.

La percepción, que es intrínsecamente enjuiciadora, comenzó sólo después de la separa­ción. Desde entonces nadie ha estado seguro de nada. Desde que se produjo la separación ha habido una gran confu­sión entre las palabras "crear" y "fabricar”. La diferencia está en que cuando fabricamos algo, lo hacemos como resultado de una sensación específica de carencia o de necesidad.

Es esencial hacer una clara distinción entre lo que se crea y lo que se fabrica. Toda forma de curación se basa en esta correc­ción fundamental de percepción de niveles.
El poder del milagro para ajustar niveles genera la percep­ción correcta que da lugar a la curación. Hasta que eso no ocurra será imposible entender lo que es la curación. El perdón es un gesto vacío a menos que conlleve corrección. Sin ella, lo que hace es básicamente juzgar, en vez de sanar.

“La percepción entraña selectivi­dad a todo nivel. Es un proceso continuo de aceptación y rechazo, de organización y reorganización, de substitución y cam­bio. Evaluar es un aspecto esencial de la percepción, ya que para poder seleccionar es necesario juzgar.
¿Qué le ocurre a la percepción en ausencia de juicios, o de nada que no sea perfecta igualdad? Percibir se vuelve imposible. La verdad sólo se puede conocer. Toda ella es igualmente verdadera, y, conocer cualquier parte de ella es conocerla en su totalidad. Únicamente la percepción entraña una conciencia parcial. El conocimiento transciende las leyes que gobiernan la percepción porque un conocimiento parcial es imposible. El conocimiento es uno y no tiene partes separadas”.  (T-3.V.7:8)

¿Se puede sanar la percepción sabiendo que es un error de la mente?

Ya en el punto anterior adelantábamos que la curación se basa en una corrección de percepción de niveles y es el poder del milagro el que genera la percepción correcta que da lugar a la curación. De ello se deduce, que podemos hablar de percepción errónea y de percepción verdadera. La primera juzga y la segunda sana.

El perdón es lo que sana la percepción de la separación. Es necesario que percibamos correctamente a nuestro hermano debido a que las mentes han elegido considerarse a sí mismas como entidades separadas.
La percepción se basa en un estado de separación, así que cada vez que de alguna manera percibimos, tendremos necesidad de curación.

¿Cómo debemos entender la percepción verdadera?

La per­cepción verdadera, o percepción inocente, significa que nunca percibimos falsamente y que siempre vemos correctamente. Dicho de una manera más llana, significa que nunca vemos lo que no existe y siempre vemos lo que sí existe.

La percepción es temporal. Al ser un atributo de la creencia en el espacio y en el tiempo, es susceptible de producir miedo o amor. Las percepciones falsas producen miedo y las verdaderas fomentan el amor, mas ninguna de ellas brinda certeza porque toda percepción está sujeta a cambios. Por eso es por lo que la percepción no es conocimiento. La verdadera percepción es la base del conocimiento, pero gozar de conocimiento es la afir­mación de la verdad y esto se encuentra allende cualquier percep­ción.
El milagro, al ser una manera de percibir, no es conocimiento. El primer paso en el proceso de deshacer lo ilusorio es cuestionarlo. El milagro -la res­puesta correcta- lo corrige.
La forma en que percibimos en cualquier momento dado determina nuestro comportamiento, y las acciones sólo pueden ocurrir en el tiempo.

“No se puede hacer demasiado hincapié en el hecho de que corregir la percepción es simplemente un expediente temporal. Dicha corrección es necesaria únicamente porque la percepción falsa es un obstáculo para el conocimiento, mientras que la per­cepción fidedigna es un trampolín hacia él. El valor de la percep­ción correcta reside en la conclusión inevitable de que toda percepción es innecesaria. Esto elimina el obstáculo por com­pleto. Te preguntarás cómo puede ser posible esto mientras parezca que vives en este mundo. Esa es una pregunta razonable. No obstante, tienes que asegurarte de que realmente la entiendes. ¿Quién es el "tú" que vive en este mundo? El espíritu es inmor­tal, y la inmortalidad es un estado permanente. El espíritu es tan verdadero ahora como siempre lo fue y lo será siempre, ya que no entraña cambios de ninguna clase. No es un continuo, ni se puede entender tampoco comparándolo con un opuesto. El conocimiento nunca admite comparaciones. En eso estriba su diferencia principal con respecto a cualquier otra cosa que la mente pueda comprender”. (Cap 4.II.11:13)

La percepción no es conocimiento, pero puede ser transferida al conocimiento, o cru­zar hasta él.  Esta labor de transferencia no la podemos realizar por nosotros mismos, necesitamos ayuda para ello.
Los pensamientos se originan en la mente del pensador, y desde ahí se extienden hacia afuera. Esto es tan cierto del Pensa­miento de Dios como del nuestro. Puesto que nuestra mente está divi­dida, podemos percibir y también pensar. No obstante, la percepción no puede eludir las leyes básicas de la mente. Percibimos desde nuestra mente y proyectamos nuestras percepciones al exterior. Aunque la percepción es irreal, el Espíritu Santo puede usarla provechosamente por el .hecho de que nosotros la concebimos. Él puede inspirarnos­ cualquier percepción y canalizarla hacia Dios.
La fuerza de la percepción correcta es tan grande que pone a la mente en armonía con la Mente de Dios, pues se encuentra al servicio de Su Voz, la cual mora en todos vosotros.

Debemos  tener presente de que somos nosotros los que hemos inventado la percepción, y ésta perdurará mientras la sigamos deseando.

Compartir nuestra percepción con el Espíritu Santo nos enseña a reconocer lo que vemos. Es el reconocimiento de que ninguna cosa que vemos significa nada por sí sola. Ver con Él nos mostrará que todo significado, inclu­yendo el nuestro, no procede de una visión doble, sino de la dulce fusión de todas las cosas en un solo significado, una sola emoción y un solo propósito Dios tiene un solo Propósito, y lo comparte con nosotros. La única visión que el Espíritu Santo nos ofrece brindará esta unicidad a nuestra mente con una claridad y una luminosidad tan intensas que por nada del mundo dejaríamos de aceptar lo que Dios quiere que tengamos.

En el Capítulo XI del Curso, podemos leer:


Ha habido mucha con­fusión con respecto a lo que significa la percepción, debido a que la palabra se usa con el significado de "conciencia" y también con el de "interpretación de la conciencia". No obstante, no puedes ser consciente sin interpretar, pues lo que percibes es tu propia interpretación.
Este curso es muy claro. Si no lo ves así, es porque estás haciendo interpretaciones contra él, y, por lo tanto, no crees lo que dice. puesto que lo que crees determina tu percepción, no per­cibes el significado del curso y, consecuentemente, no lo aceptas. Con todo, diferentes experiencias conducen a diferentes creen­cias, y a través de éstas, a diferentes percepciones. Pues las per­cepciones se aprenden mediante creencias, y la experiencia ciertamente enseña. Te estoy conduciendo a una nueva clase de experiencia que cada vez estarás menos dispuesto a negar: Aprender de Cristo es fácil, pues percibir con Él no entraña nin­gún esfuerzo. Sus percepciones son tu conciencia natural, y lo único que te fatiga son las distorsiones que introduces en ésta. Deja que sea el Cristo en ti Quien interprete por ti, y no trates de limitar lo que ves con creencias pueriles indignas del Hijo de Dios. Pues hasta que Cristo no sea aceptado completamente, el Hijo de Dios se considerará a sí mismo huérfano”.

¿Se puede percibir el mundo real?

Para dar respuesta a esta cuestión, expondremos parte del contenido recogido en el apartado VII, del Capítulo XI del Curso de Milagros “La condición de la realidad”:

El mundo que tú percibes no pudo haber sido creado por el Padre, pues el mundo no es tal como tú lo ves. Dios creó única­mente lo eterno, y todo lo que tú ves es perecedero. Por lo tanto, tiene que haber otro mundo que no estás viendo. La Biblia habla de un nuevo Cielo y de una nueva tierra, mas esto no puede ser cierto en un sentido literal, pues lo que es eterno no puede volver a ser creado. Percibir de manera diferente es sencillamente perci­bir de nuevo, lo cual implica que antes, o en el ínterin, no estabas percibiendo en absoluto. ¿Cuál es entonces el mundo que le espera a tu percepción cuando finalmente lo veas?
Todo pensamiento amoroso que el Hijo de Dios jamás haya tenido es eterno. Los pensamientos amorosos que su mente per­cibe en este mundo constituyen la única realidad de éste. Siguen siendo percepciones porque él todavía cree estar separado. Mas son eternos porque son amorosos. al ser amorosos son semejantes al Padre, y, por lo tanto, no pueden morir. El mundo real ciertamente se puede percibir. Lo único que ello requiere es que estés dispuesto a no percibir nada más. Pues si percibes tanto el bien como el mal, estarás aceptando lo falso y lo verdadero, y no estarás distinguiendo claramente entre ellos.
El ego tal vez vea algo bueno, pero nunca ve sólo lo bueno. Esa es la razón de que sus percepciones sean tan variables. No rechaza la bondad por completo, pues eso sería inaceptable para ti. Pero siempre añade a lo real algo que no es real, confundiendo así la ilusión con la realidad. Pues las percepciones no pueden ser parcialmente verdaderas. Si crees tanto en la verdad como en la ilusión, no podrás saber cuál de ellas es cierta. Para establecer tu propia autonomía trataste de crear de manera diferente de como crea tu Padre, creyendo que lo que hiciste podía ser distinto de Él. No obstante, todo lo que es verdad es como Él. Percibir única­mente el mundo real te conducirá al Cielo real, ya que te capaci­tará para comprenderlo”.
Soy responsable de lo que veo. Elijo los sentimientos que experimento y decido el objetivo que quiero alcanzar.Y todo lo que parece sucederme yo mismo lo he pedido, y se me concede tal como lo pedí.

UCDM. Libro de Ejercicios. Lección 69

LECCIÓN 69

Mis resentimientos ocultan la luz del mundo en mí.

1. Nadie puede ver lo que tus resentimientos ocultan. 2Debido a que tus resentimientos ocultan la luz del mundo en ti, todo el mundo se halla inmerso en la oscuridad, y tú junto con ellos. 3Pero a medida que el velo de tus resentimientos se descorre, tú te liberas junto con ellos. 4Comparte tu salvación con aquel que se encontraba a tu lado cuando estabas en el infierno. 5Él es tu her­mano en la luz del mundo que os salva a ambos.

2. Intentemos hoy nuevamente llegar a la luz en ti. 2Antes de emprender esto en nuestra sesión de práctica más larga, dedique­mos varios minutos a reflexionar sobre lo que estamos tratando de hacer. 3Estamos intentando literalmente ponernos en contacto con la salvación del mundo. 4Estamos tratando de ver más allá del velo de tinieblas que la mantiene oculta. 5Estamos tratando de descorrer el velo y de ver las lágrimas del Hijo de Dios desa­parecer a la luz del sol.

3. Hoy daremos comienzo a nuestra sesión de práctica más larga plenamente consciente de que esto es así y armado de una firme determinación por llegar hasta aquello que nos es más querido que ninguna otra cosa. 2La salvación es nuestra única necesidad. 3No tenemos ningún otro propósito aquí ni ninguna otra función que desempeñar. 4Aprender lo que es la salvación es nuestra única meta. 5Pongamos fin a la ancestral búsqueda descubriendo la luz en nosotros y poniéndola en alto para que todos aquellos que han estado buscando con nosotros la vean y se regocijen.

4. Y ahora, muy serenamente y con los ojos cerrados, trata de deshacerte de todo el contenido que generalmente ocupa tu con­ciencia. 2Piensa en tu mente como si fuera un círculo inmenso, rodeado por una densa capa de nubes obscuras. 3Lo único que puedes ver son las nubes, pues parece como si te hallaras fuera del círculo y a gran distancia de él.

5. Desde donde te encuentras no ves nada que te indique que detrás de las nubes hay una luz brillante. 2Las nubes parecen ser la única realidad. 3Parece como si fueran lo único que se puede ver. 4Por lo tanto, no tratas de atravesarlas e ir más allá de ellas, lo cual sería la única manera de convencerte realmente de su insus­tancialidad. 5Eso es lo que vamos a intentar hoy.

6. Después de que hayas pensado en cuán importante es para ti y para el mundo lo que estás intentando hacer, trata de alcanzar un estado de perfecta quietud, recordando únicamente la intensidad con la que deseas alcanzar hoy mismo, en este mismo instante, la luz que resplandece en ti. 2Resuélvete a atravesar las nubes. 3Extiende tu mano y, en tu mente, tócalas. 4Apártalas con la mano, y siente como rozan tus mejillas, tu frente y tus ojos a medida que las atraviesas. 5Sigue adelante; las nubes no te pueden detener.

7. Si estás haciendo los ejercicios correctamente, empezarás a sentir como si estuvieses siendo elevado y transportado hacia adelante. 2Tus escasos esfuerzos y tu limitada determinación invocan el poder del universo para que venga en tu ayuda, y el Propio Dios te sacará de las tinieblas y te llevará a la luz. 3Estás actuando de acuerdo con Su Voluntad. 4No puedes fracasar por­que tu voluntad es la Suya.

8. Ten confianza en tu Padre hoy y certeza de que Él te ha oído y te ha contestado. 2Es posible que aún no reconozcas Su respuesta, pero puedes estar seguro de que se te ha dado y de que la recibi­rás. 3Trata de tener presente esta certeza, según intentas atravesar las nubes en dirección a la luz. 4Trata de recordar que por fin estás uniendo tu voluntad a la de Dios. 5Trata de mantener claro en tu mente el pensamiento de que lo que emprendes con Dios no puede sino tener éxito. 6Deja entonces que el poder de Dios obre en ti y a través de ti, para que se haga Su Voluntad y la tuya.

9. En las sesiones de práctica más cortas, que te conviene llevar a cabo tan a menudo como sea posible en vista de la importancia que la idea de hoy tiene para ti así como para tu felicidad, recuér­date a ti mismo que tus resentimientos ocultan la luz del mundo de tu conciencia. 2Recuérdate también que no la estás buscando solo y que sabes dónde encontrarla. 3Di entonces:

4Mis resentimientos ocultan la luz del mundo en mí.
5No puedo ver lo que he ocultado.
6Mas por mi salvación y por la salvación del mundo, deseo que me sea revelado.

7Asegúrate asimismo de decir para tus adentros:

8Si abrigo este resentimiento la luz del mundo quedará velada para mí, si sientes hoy la tentación de abrigar algún resentimiento contra alguien.

¿Qué me enseña esta lección?

El resentimiento es fruto de una falta de amor y de perdón. Tan sólo podemos sentir resentimiento cuando estamos en ego, es decir, cuando estamos identificados con la separación, el dolor, la culpa y el miedo.

Cuando actuamos y somos causas del error, es el precio que debemos pagar por elegir experimentar y aprender.

Debemos tener plena conciencia de que tenemos a nuestra disposición un eterno bálsamo que nos libera del sentimiento de culpa y por ende del resentimiento. Estoy refiriéndome al perdón, como la vía de nuestra salvación.

Actuar libre de resentimiento nos permite expresarnos como agentes de luz y nos convertimos en la luz del mundo; damos testimonio de nuestra divinidad en la tierra.

En la Lección anterior apuntábamos el origen de nuestros resentimiento y establecíamos, lo que podríamos llamar, el "resentimiento original", es decir, el resentimiento hacia nuestro Creador, o lo que es lo mismo, el resentimiento hacia nosotros mismos.

Ese resentimiento se encuentra oculto en nuestro inconsciente, al igual que todos aquellos sentimientos y pensamientos que interpretamos como "indecorosos" a los ojos de Dios.
¿Cómo íbamos a ganarnos la salvación, el perdón de Dios, si reconocemos abiertamente que lo odiamos por no habernos perdonado antes?
De igual modo como Adán ocultó su desnudez -su inocencia- y se ocultó de Dios, tras comer del Árbol del Conocimiento del Bien y del Mal, nosotros mantenemos oculto nuestros "pecados" a los ojos de la conciencia, pues reconocerlos nos produciría un profundo dolor.

Debido a ese mecanismo inconsciente, el hombre, para no hacer consciente sus miedos, sus temores y culpas, decide proyectar su mundo interno al exterior y comienza a percibirse a través de lo externo, a través de los demás. Cada uno de sus hermanos se convierte en un aliado, pues actúa como el espejo donde vemos proyectado nuestro mundo interno. Pero ese efecto, al ser inconsciente, nos lleva a percibir nuestros miedos, nuestros ataque en el otro, y así da comienzo la febril odisea del ser humano.

Pero este cuento no puede tener un final triste, ningún cuento debería tenerlo. Es precisamente, esa mecánica de proyección la que nos permitirá ir más allá de las nubes y descubrir que detrás de ella, se encuentra la Luz. ¿Qué queremos decir con esto? Sencillamente, las nubes, son nuestros aliados, nuestros hermanos. En ellos observamos, vemos proyectado nuestro mundo oculto. Si somos capaces de ir más allá de esa pobre y limitada visión que nos lleva a percibirlos como seres separados de nosotros y en su lugar lo vemos tal y como son, es decir, una parte del Todo, de la Filiación, entonces, veremos con felicidad, que se convierte en la fuente de Luz donde encontraremos la verdad y la salvación. Ellos se convierten en los objetivos donde tendremos la oportunidad de lanzar la fuerza de nuestro perdón.

Ejemplo-Guía: "Descubriendo a nuestros enemigos, es decir, a nuestros salvadores"

Lo hemos elegido. Todavía estamos a tiempo de no complicarnos la vida, de continuar andando el camino que hemos andado hasta ahora. De continuar eligiendo ver la vida a nuestra manera. De tomar las decisiones, sin libertad, sino inspirado por nuestros miedos. De buscar el bien-estar, en vez del Bien-Ser. 

Sí, hemos elegido, ver las cosas de otra manera y estamos aprendiendo cómo hacerlo. ES por lo que nos encontramos en este punto del camino. Si continuamos avanzando, es la señal que Dios espera de nosotros, que el Espíritu Santo, aguarda con paciencia. Significa que ponemos una pequeñas dosis de voluntad, la justa y necesaria, para permitir que nuestro Padre y la Voz que habla por Él, haga el resto por nosotros.

Sí, es eso lo único que se nos ha pedido desde el principio. Que nuestra voluntad se ponga al servicio de la Voluntad de Dios. Él quiere que sea nuestra voluntad la que se haga y está dispuesto a estar, como siempre ha estado, presente en nuestras vidas.

Con este ejercicio, paralelamente al anunciado en la Lección, en la que nuestra mente lleva a cabo el firme propósito de ir más allá de las nubes que nos ocultan la Luz del Mundo, vamos a alcanzar esa Luz, a través de nuestros hermanos. Para ello, tenemos que identificar a aquellos que despiertan en nosotros el resentimiento. Vamos a observarlos y a descubrir qué es lo que más odiamos de él. Diremos, odio su vanidad, su excesivo orgullo. No soporto su arrogancia.
Ahora, busca dentro de ti, con honestidad, con valentía, dónde se encuentra esa "nube" en forma de orgullo, de vanidad, de arrogancia. Si lo haces desde la visión del amor y no desde la visión del juicio, con la plena certeza de que el rostro que rechazas en tu hermano es tu propio rostro oculto, podrás traspasar esos nubarrones oscuros y alcanzarás la luz. Cuando te encuentres en ese estado, darás las gracias a tu hermano y te perdonarás.

La clave de este ejercicio está en no juzgar, ni condenar, ni a tu hermano, ni por supuesto, a ti mismo. El resentimiento ha sido sustituido por el perdón.

Reflexión: Identifica un resentir, ¿cómo te hace sentir? ¿Hay paz en esa emoción?

jueves, 9 de marzo de 2017

¿Existe diferencia entre la Misericordia y la Compasión?

En la práctica diaria, solemos utilizar estos términos para referirnos a una misma situación, sin embargo, si profundizamos en ellos, podremos adquirir una nueva visión que nos permitirá comprender que en verdad, son conceptos distintos, aunque unidos por un lazo en común, el amor.

Comencemos por analizar su significado, tal y como nos lo describen las referencias oficiales académicas de la lengua:

Real Academia de la Lengua Española:

Compasión.
(Del lat. compassĭo, -ōnis).
1. f. Sentimiento de conmiseración y lástima que se tiene hacia quienes sufren penalidades o desgracias.
Misericordia.

(Del lat. misericordĭa).
1. f. Virtud que inclina el ánimo a compadecerse de los trabajos y miserias ajenos.
2. f. Pieza en los asientos de los coros de las iglesias para descansar disimuladamente, medio sentado sobre ella, cuando se debe estar en pie.
3. f. Puñal con que solían ir armados los caballeros de la Edad Media para dar el golpe de gracia al enemigo.
4. f. Rel. Atributo de Dios, en cuya virtud perdona los pecados y miserias de sus criaturas.
5. f. p. us. Porción pequeña de alguna cosa, como la que suele darse de caridad o limosna.

Wikipedia:

La compasión (del latín cumpassio, calco semántico o traducción del vocablo griego συμπάθεια (sympathia), palabra compuesta de συν πάσχω + = συμπάσχω, literalmente "sufrir juntos", "tratar con emociones...", simpatía) es un sentimiento humano que se manifiesta a partir y comprendiendo el sufrimiento de otro ser. Más intensa que la empatía, la compasión es la percepción y comprensión del sufrimiento del otro, y el deseo de aliviar, reducir o eliminar por completo tal sufrimiento.

Contexto cristiano.
Aunque se dice que Pablo de Tarso (El Apóstol Pablo, en el cristianismo) afirmaba que la compasión es "reír con los que ríen y llorar con los que lloran", enlazando el valor de la compasión con la idea de compartir, este versículo enfatiza más bien la virtud de la empatía. El sentimiento de compasión se ha asociado a un sentimiento pasivo de lástima o pena ante la desgracia que nos produce el dolor de otro. Sin embargo, la solidaridad, como positiva actitud de generosidad y cuidado de los demás resulta psicológicamente incomprensible sin el motivo de la compasión.

Misericordia.
Misericordia es la disposición a compadecerse de los trabajos y miserias ajenas. Se manifiesta en amabilidad, asistencia al necesitado, especialmente de perdón y reconciliación. Es más que un sentido de simpatía, es una práctica. En el cristianismo, es uno de los principales atributos divinos.

Basándonos en el significado que aporta la Real Academia Española, observamos aspectos, desde mi punto de vista, significativos. La compasión es un “sentimiento”, mientras que la misericordia es una “virtud” y un “Atributo de Dios”.

En las definiciones aportadas por Wikipedia, podemos observar, igualmente, esas mismas connotaciones, que, a priori, establece una diferencia importante.

La compasión es presentada como un valor, vinculado a un modo de sentir, que trasciende el amor propio y se extiende, se expande, al amor a los demás.

La vinculación que hemos planteado con la cualidad de sentir, nos indica, que estamos tratando un valor de la naturaleza, propiamente, humana. A diferencia de la misericordia, que en su aspecto de atributo divino, nos vincula a una Virtud de Orden Moral, propiamente, de la naturaleza Divina.

Cuando nos acercamos al conocimiento de la Astrología, con el propósito de extraer información sobre las cuestiones que estamos analizando, descubrimos que el valor de la compasión se encuentra vinculado a la dinámica del signo Piscis, el cual se expresa como el canal por donde se expresa la naturaleza emocional en su fase de exteriorización.

Los signos Astrológicos se clasifican en Cuatro Elementos: Fuego, Agua, Aire y Tierra. Dentro de cada uno de estos Elementos, el Estado de la Energía se expresa de diferente manera: En fase de Inicio, en fase de Interiorización y en fase de Exteriorización.

En la fase de inicio, sembramos; en la fase de interiorización, gestamos y en la fase de exteriorización, actuamos.

Si aplicamos estas dinámicas al signo de Piscis y a la compasión, debemos entender, que para que la energía de Agua-Sentimientos-Emociones, alcance la fase de exteriorización, ha debido de ser sembrada –Cáncer- e interiorizada –Escorpio-.

¿Por qué esto es importante saberlo? Sencillamente, nos ayudará a comprender la razón por la cual, unos tenemos desarrollados el valor de la compasión y otros no. Para poder tener ese valor adquirido, es necesario de que hayamos sembrado la semilla de los sentimientos y, muy importante, que nos hayamos amado correctamente a nosotros mismos –Escorpio-, pues, en definitiva, no podemos dar lo que no tenemos, y la compasión, que es Amar a los demás…, hay que añadirle, “como a nosotros mismos”.

El ser compasivo, el que siente en sus carnes el sufrimiento, el dolor, la pena ajena, lo que está haciendo, es anticipándose a la dinámica del próximo signo en la Organización Zodiacal, el signo de Libra, en el cual, el trabajo que debemos realizar, es el de Unificación de los opuestos, es decir, de los demás.

En Piscis despertamos el sentimiento de compasión, lo que significa que somos “sensibles” al sentimiento de los demás. En el signo de Piscis, se expresará la calidad de los sentimientos que hayamos sembrado en Cáncer e interiorizado en Escorpio. Si consultamos la historia de la humanidad, no tendremos dificultad en apreciar, que esos trabajos, a niveles individuales y colectivos, no se han realizado en las mejores condiciones, puesto que lo que se ha expresado por la puerta de Piscis, nos ha llevado al desorden, al caos, al sufrimiento, al dolor, a la enfermedad, etc.

La compasión, se despierta, habitualmente, por la puerta “falsa” de Piscis, es decir, necesitamos ver escenificado el desorden causado por nuestros sentimientos y emociones para tomar consciencia del recto proceder. A través de Piscis, organizamos el mundo de acuerdo a la calidad de nuestros deseos. Si nuestros sentimientos son elevados, estaremos dando forma a un mundo donde imperará la felicidad, la alegría, el amor. Cuando los sentimientos son de baja calidad, estaremos dando forma a un mundo donde imperará la tristeza, la desolación, el pesimismo, la pena, el miedo y el dolor.

La compasión nos hace sensibles y comprensivos con las manifestaciones de sufrimiento de los demás. En verdad, lo que está despertando en nosotros es el mecanismo de perdón de nuestros errores, los mismos, que dieron lugar al efecto externo con el único propósito de despertar nuestra consciencia. La compasión estará activa en nosotros si hemos sido capaces de sustituir el miedo y el pecado, causa original de todos los despropósitos de la vida, por el Amor y el Perdón. Cuando el valor de la compasión forme parte de nuestra consciencia, corregiremos el error de la “separación” y daremos la bienvenida a la Visión de la Unidad. Al sentir el dolor ajeno, nos hacemos uno con él.

Con respecto a la misericordia, me inclino por el significado que nos refiere que estamos ante uno de los Atributos de la Divinidad. Si trasladamos esta información a la Astrología, tenemos que ubicarla dentro de la dinámica de los signos del Elemento Fuego. Diríamos, que en Aries, signo que representa al Padre (Dios), la misericordia se encuentra como un Potencial Divino; en Leo, signo que representa al Hijo (Cristo), la misericordia adquiere la Virtud del Amor, lo que la enviste con el significado del Perdón y, por último, en Sagitario, signo que representa al Espíritu Santo, la misericordia se expresa en su fase de acción, es decir, se aplica en los Preceptos de Orden Moral y en la Ley, de ahí, que cuando se perdona a un reo, a un culpable, se le está aplicando un acto de misericordia.

Vamos a profundizar en la información que nos aporta la Astrología, pues, nos está dando unas claves muy importantes para ayudarnos a comprender el verdadero significado de la misericordia.

Hemos dicho, que la misericordia se gesta en el signo de Leo, donde encontramos la vinculación directa con el Rostro Divino de la Segunda Persona de la Trinidad, El Hijo (Cristo). La figura de Cristo representa el Amor Incondicional. El fundamento de su Enseñanza se basa en el Perdón y vino a sustituir, el antiguo orden en el cual imperaba la Ley del Talión. Con Cristo, nuestro Cuerpo de Deseos, adquiere una vibración más elevada que lo conecta con la capacidad de superar nuestros errores a través del Perdón.

Pero aún existe una Enseñanza más elevada, la que se corresponde con el Padre, y que queda representada por el signo de Aries. En este Arquetipo, la Energía se manifiesta en el Estado de Unidad. Todo es Uno. En este nivel de consciencia, el Perdón, no es necesario, pues no se ve el error; no existe el pecado. Todo es Paz.  Ese es el verdadero significado de la Misericordia, el de reconocer el Estado Eterno de la Inocencia del Hijo de Dios.

Como bien recoge el inspirado cabalista, Kabaleb, en su obra “Los Dios Internos”, si somos ricos en misericordia, seremos incapaces de sentir rencor hacia nuestros enemigos. La actitud misericordiosa va más allá que el simple perdón, porque el perdón se refiere siempre a un hecho concreto que hemos considerado y hemos decidido perdonar. En cambio, la misericordia es un impulso primordial que está ahí y que perdona, por así decirlo, incluso antes de que la ofensa se haya producido. Es el perdón como sistema, como principio, sin tener demasiado en cuenta la ofensa en sí. Pero no hay que entender que misericordia sea cerrar los ojos ante una realidad desagradable dando patente de corso al otro para que siga equivocándose. Esta virtud lleva propiedades activísimas que transforman a su beneficiario, inculcándole esa misma actitud ante la vida. Por ello la misericordia es la vía del progreso rápido, porque suprime el tiempo que se tardaría en vivir el karma que la injuria ha generado y el tiempo que supondría el vengar la afrenta y el que el otro emplearía en vengarse a su vez de la que le hemos inflingido.

Un Curso de Milagros, se pronuncia, igualmente, sobre el atributo más elevado de la divinidad, la misericordia y nos revela:

“Dios ofrece únicamente misericordia. Tus palabras deben reflejar sólo misericordia porque eso es lo que has recibido y eso es lo que deberías dar. La justicia es un expediente temporal, o un intento de enseñarte el significado de la misericordia. Es juzgadora únicamente porque tú eres capaz de cometer injusticias”.

“El Hijo de Dios fue creado del amor, y mora en el amor. La bondad y la misericordia le han acompañado siempre, pues él jamás ha dejado de extender el Amor de  su Padre”.

“Y Dios Se alegra cuando Su Hijo recibe lo que la amorosa justicia sabe que le corresponde. Pues el amor y la justicia no son diferentes. Precisamente por­que son lo mismo la misericordia se encuentra a la derecha de Dios, y le da al Hijo de Dios el poder de perdonarse a sí mismo sus pecados”.

“En este mundo el perdón es el equivalente de lo que en el Cielo es la justicia. El perdón transforma el mundo del pecado en un mundo simple, en el que se puede ver el reflejo de la justicia que emana desde más allá de la puerta tras la cual reside lo que carece de todo límite. No hay nada en el amor ilimitado que pudiese necesitar perdón. Y lo que en el mundo es caridad, más allá de la puerta del Cielo pasa a ser simple justicia. Nadie perdona a menos que haya creído en el pecado y aún crea que hay mucho por lo que él mismo necesita ser perdonado. El perdón se vuelve de esta manera el medio por el que aprende que no ha hecho nada que necesite perdón. El perdón siempre descansa en el que lo concede, hasta que reconoce que ya no lo necesita más. De este modo, se le reinstaura a su verdadera función de crear, que su perdón le ofrece nuevamente”.

Comenzaba este artículo diciendo que en el mundo que vivimos es difícil distinguir entre compasión y misericordia. La razón de ello, se debe a que estamos respondiendo al aspecto de la misericordia que trabaja para las leyes de Jehová, es decir, hablamos de misericordia desde el punto de vista en su aplicación a la justicia y a la liberación de nuestros pecados. En estos términos, cuando la figura del juez, emite su sentencia, decimos que es compasivo o que ha tenido misericordia con el condenado, estableciendo una clara relación entre la culpa (herramienta del ego) y el perdón.

Hemos tenido ocasión de conocer, que la misericordia (atributo divino), a diferencia de la compasión (valor humano), va más allá de la aplicación de un acto de justicia, dicho de otro modo, la misericordia que trabaja en la Esfera de Consciencia Crística y que nos conduce a la Patria del Padre, es la Esencia de la Justicia Divina, y Dios al no ver el pecado, ni la culpa, tan sólo se manifiesta en Su Condición de Amor.

Mientras que en nuestra consciencia nos identifiquemos con las leyes que imperan para el ego, para la creencia en que estamos separados, el pecado y la culpa, nos llevará a implorar misericordia que alivie nuestra necesidad de castigo y, como consecuencia de esa falsa creencia, despertaremos el noble sentimiento de la compasión, en una expresión inconsciente, de reconocer nuestro pecado, escenificado en un contexto de dolor y sufrimiento.

Ese sentimiento compasivo debe ser trascendido, puesto que se corre el peligro de que nos identifiquemos con el mundo del pecado, estableciendo una relación causa-efecto, entre la culpa y el castigo. Esta visión nos llevará a sentir “lástima” y a compadecernos de los demás, actitud, que por lo general, nos lleva a sentirnos víctimas de aquello que nos ocurre. Pero esto es un error más que deberíamos corregir tomando consciencia de la verdadera realidad, somos “inocentes”, somos “impecables”, Somos Hijos de Dios, en un proceso de formación que nos permitirá adquirir plena consciencia de los Atributos con los que la Divinidad, nuestro Padre, nos ha creado.

Os invito a ver las cosas de otra manera; os invito a no ver con los ojos del cuerpo, si no con los ojos de Cristo. Os invito a ser misericordiosos con vosotros mismos, pues es la única manera de ser misericordiosos con los demás.