sábado, 4 de marzo de 2017

La Cuaresma (cuarentena): Significado Espiritual del nº 40

Quiero aprovechar, que nos encontramos transitando por tiempo “cuaresmal” para acercarnos al significado espiritual que encierra este evento cósmico.
Como en otras ocasiones, analizaremos el enfoque que nos aporta el saber popular, para ello consultaremos la fuente Wikipedia, y como no puede ser menos, buscaremos el sentido espiritual y esotérico, para lo cual, citaremos las enseñanzas escritas por Kabaleb. Igualmente, haremos valer el conocimiento que nos aporta la numerología, así como el Tarot, para descifrar el significado esotérico del nº 40.

Enseguida el Espíritu le empujó hacia el desierto. 13  Permaneció en él cuarenta días, tentado por Satanás, y moraba entre las fieras, pero los ángeles le servían (Marcos1, 12-13).

Nos relata la crónica sagrada que después de recibir el bautizo, Jesús, ya con la personalidad crística incorporada, fue transportado por el espíritu al «desierto» y sometido a las tentaciones del Diablo. Pasó allí cuarenta días ayunando y, nos dice Marcos, estaba con las bestias salvajes.
En el lenguaje simbólico, las bestias salvajes son nuestros instintos y bajas pasiones.

El trabajo de purificación duró cuarenta días, justo los que dura la Cuaresma. Los estudiantes de angeología saben que cuarenta son los días regidos por cada uno de los nueve coros de ángeles (ya que cada ángel tiene cinco grados de regencia en el zodíaco y hay ocho ángeles por coro (5*8=40)), y que el periodo cuaresmal que va de veinte grados de Acuario a treinta de Piscis, está regido por el coro de ángeles de Yesod, especializado en los trabajos de purificación del cuerpo vital, purificación indispensable para actuar conscientemente en los mundos de arriba y para recibir el mensaje divino que todos los años se desprende del signo de Aries cuando el sol transita por él a partir del 21 de marzo.


Cuarenta días de ayuno dejan el cuerpo «limpio», transmutan integralmente la personalidad y permiten al individuo renacer, cualesquiera que hayan sido los errores que haya podido cometer. Es difícil que una enfermedad subsista después de cuarenta días de ayuno y de ellos sale el Hombre Nuevo.


¿Qué es la Cuaresma?


La Cuaresma: del latín: quadragésima, Cuadragésimo día (antes de la pascua) es el período del tiempo litúrgico (calendario cristiano) destinado por la Iglesia católica, la Iglesia católica ortodoxa y la Iglesia anglicana, además de ciertas Iglesias evangélicas, aunque con inicios y duraciones distintas, para la preparación de la fiesta de Pascua.


Oficialmente, la Cuaresma comienza el miércoles de Ceniza (en el año 2017, el 1 de marzo) y termina justo antes de la "Misa de la Cena del Señor" en la tarde del Jueves Santos. La duración de cuarenta días proviene de varias referencias bíblicas y simboliza la prueba de Jesús al vivir durante 40 días en el desierto previos a su misión pública. También simbolizan los 40 días que duró el diluvio, además de los 40 años de la marcha del pueblo israelita por el desierto y los 400 años que duró la estancia de los judíos en Egipto. A lo largo del tiempo de Cuaresma, los cristianos son llamados a reforzar su fe mediante diversos actos de penitencia y reflexión. La Cuaresma tiene cinco domingos más el Domingo de Ramos (seis en total), en cuyas lecturas los temas de la conversión, el pecado, la penitencia y el perdón, son dominantes. No es un tiempo triste, sino más bien meditativo y recogido. Es, por excelencia, el tiempo de conversión y penitencia del año litúrgico. Por eso, en la misa católica no se canta el “Gloria” al final del acto penitencial (excepto el jueves santo, en la misa de la cena del Señor), ni el “Aleluya” antes del evangelio. El color litúrgico asociado a este período es el morado, asociado al duelo, la penitencia y el sacrificio a excepción del cuarto domingo que se usa el color rosa y el Domingo de Ramos en el que se usa el color rojo referido a la Pasión del Señor.

Son exactamente cuarenta los días que van del Miércoles de Ceniza al Sábado Santo, sin contar los domingos.

La Pascua tiene mucha relación con el calendario agrícola y el tiempo de renovación de la tierra. Para calcular su celebración se toman en cuenta el sol y la luna (sol de primavera y luna llena). En ese sentido, se debe buscar el primer domingo posterior a la primera luna llena de primavera septentrional (Hemisferio Norte). Una vez encontrada la Pascua, son contados cuarenta días atrás para fijar el primer día de la cuaresma, es decir, el correspondiente al llamado "miércoles de ceniza" (los domingos, según se explica arriba, no son tomados en cuenta para hacer este cálculo).

La práctica de la Cuaresma data del siglo IV, cuando se da la tendencia para constituirla en tiempo de penitencia y de renovación para toda la Iglesia, con la práctica del ayuno y de la abstinencia. Conservada con bastante vigor, al menos en un principio, en las iglesias de oriente, la práctica penitencial de la Cuaresma ha sido cada vez más aligerada en occidente, pero debe observarse un espíritu penitencial y de conversión.

Según San León, la Cuaresma es “un retiro colectivo de cuarenta días, durante los cuales la Iglesia, proponiendo a sus fieles el ejemplo de Cristo en su retiro al desierto, se prepara para la celebración de las solemnidades pascuales con la purificación del corazón y una práctica perfecta de la vida cristiana” (Esta definición es deducida del análisis del sermón 42).

Se trataba, por tanto, de un tiempo, introducido por la imitación de Cristo y de Moisés, en el que la comunidad cristiana se esforzaba en realizar una profunda renovación interior. El Catecismo de la Iglesia Católica retoma esta idea y la expresa de la siguiente manera: “La Iglesia se une todos los años, durante los cuarenta días de la Gran Cuaresma, al Misterio de Jesús en el desierto”.

El Miércoles de Ceniza, el anterior al primer domingo de Cuaresma, se realiza el gesto simbólico de la imposición de ceniza en la frente de los fieles católicos. La ceniza representa la destrucción de los errores del año anterior al ser éstos quemados. Mientras el sacerdote impone la ceniza dice una de estas dos expresiones: "Arrepiéntete y cree en el evangelio" (Mc 1,15) o "Acuérdate de que eres polvo y al polvo has de volver" (Gén 3,19)

El Miércoles de Ceniza es el primer día de la Cuaresma en los calendarios litúrgicos católico, protestante y anglicano. Se celebra cuarenta días antes del inicio de Semana Santa, es decir, del Domingo de Ramos. La ceniza es elaborada o extraída de los Ramos benditos de la Semana Santa anterior, es decir, los del Domingo de Ramos, estos se incineran y de ahí sale la Santa Ceniza.
Este día ocurre en diferente fecha cada año, de acuerdo con la fecha móvil de Pascua. Puede acontecer entre el 4 de febrero y el 10 de marzo.

¿Por qué miércoles?
Cuando en el siglo IV, se fijó la duración de la Cuaresma en 40 días, ésta comenzaba 6 semanas antes de la Pascua (Para calcular la fecha de la Pascua se usaba el Computus), en domingo, el llamado domingo de "cuadragésima". Pero en los siglos VI-VII cobró gran importancia el ayuno como práctica cuaresmal. Y aquí surgió un inconveniente: desde los orígenes nunca se ayunó en día domingo por ser "día de fiesta", la celebración del día del Señor. Entonces, se movió el comienzo de la Cuaresma al miércoles previo al primer sábado del mes.

Este día, que es para los católicos día de ayuno y abstinencia, igual que el Viernes Santo, se realiza la imposición de la ceniza a los fieles que asisten a misa. Estas cenizas se elaboran a partir de la quema de los ramos del Domingo de Ramos del año anterior, y son bendecidas y colocadas sobre la cabeza de los fieles como signo de la caducidad de la condición humana; como signo penitencial, ya usado desde el Antiguo Testamento; y como signo de conversión, que debe ser la nota dominante durante toda la Cuaresma.

40 días de purificación y la tentación.

El ayuno de Jesús tuvo lugar en el “desierto” que representa esa tierra sin cultivar que une la personalidad sagrada a la profana, que va del mundo estructurado y material a la región de la Gracia y del Amor. Es una tierra que debe ser cultivada; ese desierto debe convertirse en un camino de rosas. Ello significa, para el discípulo, que esos cuarenta días de ayuno deben transcurrir en un lugar desde el que pueda vivir intensamente la vida espiritual.
Esto debe consistir en asimilar los programas de que son portadores los rostros angélicos, en primer lugar los correspondientes a los ocho ángeles lunares, cuyo domicilio zodiacal se encuentra situado entre los veinte grados de Acuario y treinta grados de Piscis; en segundo lugar los programas de los cuarenta últimos rostros que rigen, a razón de uno por día y que se inician con Yehuiah, el n° 33, primero de los ángeles Potencias de Gueburah.

Los cuarenta días de ayuno no deben transformarse en un tiempo muerto, sino en un periodo muy activo, en el que el alma humana pasa revista a toda su existencia y procede a una reconsideración profunda de sí misma. Para que el Hombre Nuevo pueda nacer, es preciso que sea elaborado, que el discípulo facilite un trabajo, sin perder de vista que es la divinidad interna, la que llevamos dentro, la que trabaja, y sólo cuando ésta se ha movido, la divinidad externa produce las circunstancias que ayudarán la primera a realizar su propósito.

Si el aspirante a los ayunos no dispone de soledad para realizarlos, si tiene que practicarlos en el ajetreo de la vida mundana, con deberes sociales y familiares que cumplir, es mejor que no realice la prueba. Siempre puede entrenarse ayunando ciertos días, como el corredor de fondo, cuando se prepara para la gran prueba. Esta misma preparación le acercará al objetivo, es decir, creará las circunstancias que le permitirán un día realizar su transmutación.

Al final de su ayuno, Jesús recibe la visita del tentador que lo somete a tres tentaciones, una para el cuerpo físico, otra para el cuerpo de deseos y la tercera para el mental. La primera se refería al hambre. Después de cuarenta días sin comer, el tentador sugirió al espíritu de Jesús que convirtiera las piedras en pan; es decir, que utilizara sus poderes espirituales para alterar el orden natural en su propio provecho.
Esta es una prueba que un día u otro ha de presentarse al discípulo: la utilización de sus poderes en su provecho personal. Esa voz interna será acompañada de todas las sutilezas requeridas, a fin de que el discípulo considere justificadas sus proposiciones. Le dirá que para cumplir su misión bien es preciso que se alimente, es decir, que exija de aquellos a quienes destina sus enseñanzas, el dinero necesario para vivir, para organizar la enseñanza y difundirla lo más ampliamente posible. Muchos son los que han cedido a ese tipo de sugerencias y venden hoy sus conocimientos con la excusa, profanamente válida, de que tienen que vivir.

La segunda tentación se refiere a su naturaleza emotiva. El tentador lo transporta a lo alto de la torre del templo de Jerusalén y lo invita a que se arroje de ella, asegurándole que los ángeles acudirían para sostenerle. Es decir, lo estaba invitando a que hiciera una demostración pública de sus poderes, a fin de que quedara patente para todo el mundo que él era un ser fuera de serie y le prestaran obediencia, no por una doctrina y por una actitud coherente con ella, sino por el fenómeno que habían observado.
Esa tentación también la sufrirá el discípulo y son también numerosos los que han sucumbido a ella. Muchos son, en la fauna espiritualista, los que se llaman maestros o profesores, porque dicen haber sido contactados por los extraterrestres, o recibido una misión de un santo, de la Virgen o del mismo Cristo, o aún pretenden ser su reencarnación o la de personajes ilustrísimos. Otros fían su maestría en otro tipo de fenómenos: afirman fabricar oro o lo fabrican realmente, tuercen cucharas, proclaman sus visitas a otros planetas, y un largo, etcétera. Todos ellos han cedido a la tentación de adquirir un prestigio mundano a base de producir fenómenos ante las multitudes asombradas. La auténtica espiritualidad no se manifiesta de esta forma, sino mediante una vida discreta y una obra útil a los demás.

La tercera tentación va dirigida al cuerpo mental. El tentador transporta a Jesús a una montaña muy elevada, desde la cual pueden verse todos los reinos del mundo y se los ofrece si acepta adorarlo, es decir, si adopta los métodos de acción de Satán y no los de Cristo.
Ésta es la prueba del orgullo, del envanecimiento que todo discípulo deberá pasar. El conocimiento aísla, aparta al adepto del mundo y son muchos los que buscan la alta montaña que ponga tierra por medio entre ellos y los habitantes del valle, buscando un saber cada vez más intenso, escalando así una montaña más y más elevada, en lugar de transmitir sus conocimientos a los que viven a niveles inferiores (en comprensión) al suyo. Muchas grandes almas se han perdido en esa montaña desde la cual Satán ofrece todos los reinos del mundo, y también Max Heindel, en unas notas biográficas, refiere cómo los hermanos mayores de la Rosacruz probaron a un candidato a sus enseñanzas, pidiéndole a cambio que las guardara secretas, a lo cual ese candidato accedió, quedando así automáticamente descalificado.

Muchos conocedores de la alta ciencia se reservan información, porque piensan que si la transmiten, los demás sabrían tanto como ellos o, peor aún, siembran sus escritos de errores con la pretensión de que los auténticos adeptos los descubran. Lo importante para ellos es que los que viven en el valle permanezcan en él para poder vivir solos en la montaña. Bien dijo Juan que había venido a “preparar el camino del Señor y allanar sus senderos”. Allanar los senderos ha de ser un trabajo constante del discípulo, y no crear montañas que lo separen de los demás por un abismo de conocimientos inútiles.

Por otra parte, muchos son los que viven mentalmente en la montaña, pero arrastrando un cuerpo emocional que no ha podido escalarla. Con los pensamientos en lo alto y los deseos en el valle, cuando los unos tratan de alcanzar a los otros, ven que el camino les conduce inevitablemente al jardín de las muchachas en flor que el mago Klingsor ha plantado en las últimas rampas del sendero que lleva al castillo de Monsalvat, tal como nos refiere la leyenda de Parsifal, y en ese jardín naufragan todas sus pretensiones, y allí se quedan humillados y confusos.

La aparición del tentador representa un episodio que todo candidato debe ineludiblemente vivir. En efecto, al elevarse hacia los mundos superiores, el aspirante entra en contacto consciente con el Mundo del Deseo, iniciando esa relación, como es natural, por las zonas más bajas de dicho mundo, o sea aquéllas en las que residen los Luciferianos. Se encontrará entonces a su merced y se verá asaltado por ellos y rodeado de su solicitud, siendo objeto de su pretensión de instruirlo. Esos anfitriones harán lo posible para que el huésped se quede a residir allí, para que no “suba” más arriba y le harán ver todas las ventajas que ofrece su mundo. Los Luciferianos atacan siempre al candidato por su vertiente más débil, presentándole las pruebas en las que más fácilmente puede sucumbir.

Habiendo superado las pruebas de Satán, nos dice el texto sagrado, éste se retiró y aparecieron los ángeles para servirle. Este episodio de la vida de Jesús nos refiere el siguiente paso.  Si en el camino de ascenso a los mundos espirituales debemos efectuar un tránsito obligatorio por las regiones inferiores del Mundo del Deseo, si sabemos no detenernos allí, el próximo paso nos conducirá a las regiones superiores de dicho mundo, donde residen los ángeles, y allí nos encontraremos ya en seguridad. Jesús tuvo que vivir todos estos episodios, porque éste es el itinerario obligado para aquellos que emprenden el camino que va de lo humano a lo divino, o sea de la naturaleza de Jesús a la de Cristo.

Referencias del nº 40

El número cuarenta en la mayoría de los casos parece ser usado por Dios para representar un periodo de prueba o juicio.

Cuarenta días:
  • Gén. 7.4: “Porque pasados aún siete días, yo haré llover sobre la tierra cuarenta días y cuarenta noches; y raeré de sobre la faz de la tierra a todo ser viviente que hice”. 
  • Gén. 7.12: “y hubo lluvia sobre la tierra cuarenta días y cuarenta noches”. 
  • Gén. 7.17: “Y fue el diluvio cuarenta días sobre la tierra; y las aguas crecieron, y alzaron el arca, y se elevó sobre la tierra”. 
  • Gén. 8.6: “Sucedió que al cabo de cuarenta días abrió Noé la ventana del arca que había hecho”. 
  • Gén. 50.3: “Y le cumplieron cuarenta días, porque así cumplían los días de los embalsamados, y lo lloraron los egipcios setenta días”. 
  • Ex. 24.18: “Y entró Moisés en medio de la nube, y subió al monte; y estuvo Moisés en el monte cuarenta días y cuarenta noches”. 
  • Ex. 34.28: “Y él estuvo allí con Jehová cuarenta días y cuarenta noches; no comió pan, ni bebió agua; y escribió en tablas las palabras del pacto, los diez mandamientos”. 
  • Deut. 9.9: “Cuando yo subí al monte para recibir las tablas de piedra, las tablas del pacto que Jehová hizo con vosotros, estuve entonces en el monte cuarenta días y cuarenta noches, sin comer pan ni beber agua”. 
  • Deut. 9.11: “Sucedió al fin de los cuarenta días y cuarenta noches, que Jehová me dio las dos tablas de piedra, las tablas del pacto”. 
  • Deut. 9.18: “Y me postré delante de Jehová como antes, cuarenta días y cuarenta noches; no comí pan ni bebí agua, a causa de todo vuestro pecado que habíais cometido haciendo el mal ante los ojos de Jehová para enojarlo”. 
  • Deut. 9.25: “Me postré, pues, delante de Jehová; cuarenta días y cuarenta noches estuve postrado, porque Jehová dijo que os había de destruir”. 
  • Deut. 10.10: “Y yo estuve en el monte como los primeros días, cuarenta días y cuarenta noches; y Jehová también me escuchó esta vez, y no quiso Jehová destruirte”. 
  • Mat. 4.2: “Y después de haber ayunado cuarenta días y cuarenta noches, tuvo hambre”. 
  • Mar. 1.13: “Y estuvo allí en el desierto cuarenta días, y era tentado por Satanás, y estaba con las fieras; y los ángeles le servían”. 
  • Luc. 4.2: “Jesús, lleno del Espíritu Santo, volvió del Jordán, y fue llevado por el Espíritu al desierto por cuarenta días, y era tentado por el diablo. Y no comió nada en aquellos días, pasados los cuales, tuvo hambre”. 
  • Hech. 1.3: “a quienes también, después de haber padecido, se presentó vivo con muchas pruebas indubitables, apareciéndoseles durante cuarenta días y hablándoles acerca del reino de Dios”. 

Cuarenta años:

  • Ex. 16.35: “Así comieron los hijos de Israel maná cuarenta años, hasta que llegaron a tierra habitada; maná comieron hasta que llegaron a los límites de la tierra de Canaán”. 
  • Núm. 14.33: “Y vuestros hijos andarán pastoreando en el desierto cuarenta años, y ellos llevarán vuestras rebeldías, hasta que vuestros cuerpos sean consumidos en el desierto”. 
  • Núm. 32.13: “Y la ira de Jehová se encendió contra Israel, y los hizo andar errantes cuarenta años por el desierto, hasta que fue acabada toda aquella generación que había hecho mal delante de Jehová”. 
  • Deut. 8.2: “Y te acordarás de todo el camino por donde te ha traído Jehová tu Dios estos cuarenta años en el desierto, para afligirte, para probarte, para saber lo que había en tu corazón, si habías de guardar o no sus mandamientos”. 
  • Deut. 29.5: “Y yo os he traído cuarenta años en el desierto; vuestros vestidos no se han envejecido sobre vosotros, ni vuestro calzado se ha envejecido sobre vuestro pie”. 
  • Jos. 5.6: “Porque los hijos de Israel anduvieron por el desierto cuarenta años, hasta que todos los hombres de guerra que habían salido de Egipto fueron consumidos, por cuanto no obedecieron a la voz de Jehová; por lo cual Jehová les juró que no les dejaría ver la tierra de la cual Jehová había jurado a sus padres que nos la daría, tierra que fluye leche y miel”. 
  • 2Sam. 5.4: “Era David de treinta años cuando comenzó a reinar, y reinó cuarenta años”. 
  • 1Rey. 2.11: “Los días que reinó David sobre Israel fueron cuarenta años; siete años reinó en Hebrón, y treinta y tres años reinó en Jerusalén”. 
  • 1Rey. 11.42: “Los días que Salomón reinó en Jerusalén sobre todo Israel fueron cuarenta años”. 
  • Neh. 9.21: “Los sustentaste cuarenta años en el desierto; de ninguna cosa tuvieron necesidad; sus vestidos no se envejecieron, ni se hincharon sus pies”. 
  • Sal 95.10: “Cuarenta años estuve disgustado con la nación,y dije: Pueblo es que divaga de corazón,y no han conocido mis caminos”. 
  • Hech. 7.30: “Pasados cuarenta años, un ángel se le apareció en el desierto del monte Sinaí, en la llama de fuego de una zarza”. 
  • Hech. 7.36: “Este los sacó, habiendo hecho prodigios y señales en tierra de Egipto, y en el Mar Rojo, y en el desierto por cuarenta años”. 
  • Hech. 7.42: “Y Dios se apartó, y los entregó a que rindiesen culto al ejército del cielo; como está escrito en el libro de los profetas:¿Acaso me ofrecisteis víctimas y sacrificios en el desierto por cuarenta años, casa de Israel? 
  • Hech. 13.18: “Y por un tiempo como de cuarenta años los soportó en el desierto”. 
  • Heb. 3.9: “Donde me tentaron vuestros padres; me probaron, y vieron mis obras cuarenta años”. 
  • Heb. 3.17: “¿Y con quiénes estuvo él disgustado cuarenta años? ¿No fue con los que pecaron, cuyos cuerpos cayeron en el desierto”.


Isaac tenía 40 años de edad cuando contrajo matrimonio con Rebeca (Gén. 25:20).
Esaú tenía 40 años de edad cuando contrajo matrimonio con Judit (Gén. 26:34).
Las basas de plata estuvieron en grupos de 40 (Ex. 26:19 & 21).

En Egipto los Faraones eran enterrados 40 días después de su muerte, ese tiempo estaba consagrado a la preparación del difunto para el "Viaje", el alma necesitaba 40 días para la separarse definitivamente de los 3 componentes del ser: cuerpo, alma, espíritu.

Según San Agustín, el número 40 representa la perfección: "Las Leyes fueron dadas en 10 mandamientos, estos han sido predicados en el mundo entero, (en su época estaba compuesto de 4 partes): Oriente, Occidente, Mediodía y aquilón, (10x4=40).

Durante 40 días Buda ayunó antes de comenzar su apostolado.

En el Islam el número 40 también es importante:
  • 40 compañeros.
  • 40 perfectos.
  • El Universo esta sostenido por 40 pilares.
  • 40 columnas soportan la cúpula de la Mezquita de Omar en Jerusalén.
  • En la Edad Media, los musulmanes se depilaban las axilas cada 40 días.
  • En la lengua Persa y Turca al gusano "mil patas" lo llaman "40 patas".
  • No olvidemos el cuento de "Ali Baba y los 40 ladrones".   

Visión de la Numerología

En el número 40 se dan cita dos claves ocultas en la que se asienta las enseñanzas cabalistas:
  • El Sagrado Nombre de Jehová: Yod-He-Vav-He.
  • El Árbol Cabalístico.

El Rostro Divino de Jehová nos revela las 4 fases de todo proceso creador:

1.      Iniciar.
2.      Interiorizar.
3.      Exteriorizar.
4.      Materializar.

Cada una de esas fases está relacionada con los 4 vehículos con los que está dotado el ser humano:

1.      Cuerpo Mental.
2.      Cuerpo de Deseos.
3.      Cuerpo Vital o Etérico.
4.      Cuerpo Físico.

El Árbol Cabalístico, es el esquema donde se recogen los 10 Centros de Conciencia, llamados Séfiras, representando el Gran Cuerpo Divino. El Trabajo Espiritual del ser humano es tomar consciencia de cada uno de esos Centros, lo que nos llevará a la condición de Ser Dioses Creadores.

1.      Kether (Voluntad)
2.      Hochmah (Amor)
3.      Binah (Inteligencia Activa-Ley)
4.      Hesed (Poder-Abundancia Paradisiaca)
5.      Gueburah (Justicia-Rigor)
6.      Tiphereth (Armonía-Consciencia)
7.      Netzah (Belleza)
8.      Hod (Razón)
9.      Yesod (Fundamento-Cristalización)
10.   Malkuth (Materialización)

Cuando unimos el número 4, o lo que es lo mismo, cuando utilizamos todos nuestros vehículos en armonía y utilizamos las Energías Espirituales de cada uno de los 10 Séfiras, obtenemos el número 40, lo que nos aproxima a la idea de que estamos capacitados para emprender una labor creadora, o lo que es lo mismo, llevar al terreno práctico la sabiduría adquirida.

Visión del Tarot

La Letra Hebrea que representa al nº 40 es el Mem y el Arcano del Tarot, es la Muerte.
La regencia astrológica es Capricornio.
Causalmente, el nacimiento de Jesús, se produce bajo la regencia de ese mismo signo. Capricornio es la puerta de entrada al Elemento Tierra, donde la conciencia se oscurece, corriendo el riesgo de perder su conexión con la personalidad espiritual.
El mundo del Mem y el de Capricornio, nos pone a prueba en la medida que nos invita a actuar de acuerdo a las Leyes Divinas. Es el momento iniciático en el que el discípulo debe construir una realidad que sea conforme a las leyes del amor.
El Arcano de la Muerte, encierra ese significado de “muerte de lo espiritual”, pues nos encontramos en el punto más alejado de nuestro “origen”.
Con el 40, seremos tentados, al igual como lo fue Jesús, por las voces del ego, cuya conciencia se basa en la falsa creencia de la separación y la división.
Se hace necesario, una labor purificadora, que como hemos visto, nos lleva a “ayunar” para quedar limpio y así, poder afrontar la más dura de las travesías espirituales.


La vida de Jesús, nos narra el itinerario que ha de recorrer el alma humana para alcanzar el  Reino de los Cielos, la puerta de entrada a su verdadero Hogar. El escenario del Mem, el terrenal, nos permite tomar consciencia de nuestro potencial creador. La clave, tal y como nos la ha enseñado el Maestro, es no quedar apegados a dicho mundo, el cual, es perecedero y transitorio, pues la evolución nos invita a continuar nuestro camino y seguir conquistando nuevos Planos de Consciencia.

UCDM. Libro de Ejercicios. Lección 63

LECCIÓN 63

La luz del mundo le brinda paz a todas las mentes a través de mi perdón.

1. ¡Cuán santo eres tú que tienes el poder de brindar paz a todas las mentes! 2¡Cuán bendito eres que puedes aprender a reconocer los medios por lo que esto se puede lograr a través de ti! 3¿Qué otro propósito podrías tener que pudiese brindarte mayor felici­dad?

2. Ciertamente eres la luz del mundo con semejante función. 2El Hijo de Dios apela a ti para su redención. 3En tus manos está poder concedérsela porque te pertenece. 4No aceptes en su lugar ningún propósito trivial ni ningún deseo insensato; o te olvidarás de tu función y dejarás al Hijo de Dios en el infierno. 5No se te está haciendo una petición vana. 6Se te está pidiendo que aceptes la salvación, para que así la puedas dar.

3. Puesto que reconocemos la importancia de esta función, esta­remos más que dispuestos a recordarla tan a menudo como nos sea posible a lo largo del día. 2Empezaremos el día reconociendo nuestra función y lo concluiremos pensando en ella. 3Repetire­mos lo siguiente tantas veces como nos sea posible en el trans­curso del día:

4La luz del mundo le brinda paz a todas las mentes a través de mi perdón.
5Yo soy el instrumento que Dios ha designado para la salvación del mundo.

4. Si cierras los ojos probablemente te resultará más fácil dejar que acudan a tu mente pensamientos afines, durante el minuto o dos que debes dedicar a reflexionar sobre esto. 2No obstante, no esperes a que se presente tal oportunidad. 3No se debe perder ni una sola ocasión para reforzar la idea de hoy. 4Recuerda que el Hijo de Dios apela a ti para su salvación. 5¿Y quién sino tu Ser es el Hijo de Dios?


¿Qué me enseña esta lección?

El orientar nuestra Voluntad hacia el perdón, es actuar conscientemente en la tarea de materializar la Divinidad. 

Poner fin a la hegemonía del ego, pasa por cambiar nuestras creencias de separación, culpa y temor. Cuando nos sentimos separados, atacamos el mundo exterior, por temor a ser atacado. Es un círculo vicioso al que únicamente podemos poner fin con la práctica del perdón.

Cuando actuamos perdonando, es obvio que, en primer lugar, debemos albergar esa cualidad anímica en nosotros. No podemos dar lo que no tenemos. Al recordar nuestra verdadera identidad, el perdón se manifiesta en nosotros como algo natural, pues ya no nos sentimos culpables de nada, pues en verdad, no hemos pecado, sino que hemos ejercido nuestra capacidad creadora, adquirida por nuestra condición divina, y hemos inventado un mundo temporal e ilusorio, con el cual nos hemos identificado, hasta el punto de que hemos olvidado nuestro verdadero y único origen.

Recordar nuestra verdadera Esencia, debe liberar todas nuestras creencias erróneas arraigadas en nuestro inconsciente y debe liberarnos de nuestras percepciones falsas, de las ilusiones. Debemos recuperar nuestra inocencia y convertirnos como niños, llenos de vitalidad, nobleza y pureza.


Un Curso de Milagros nos dice algo muy importante que debemos tener muy presente:

"Los perdonados son el medio de la Expiación. Al estar infundi­dos por el espíritu, perdonan a su vez. Aquellos que han sido liberados deben unirse para liberar a sus hermanos, pues ése es el plan de la Expiación. Los milagros son el medio a través del cual las mentes que sirven al Espíritu Santo se unen a mí para la salvación o liberación de todas las creaciones de Dios".
Tenemos en nuestras manos la capacidad de colaborar conscientemente en la creación de una gran cadena de perdón, cuyo principal misión no es otra que ayudar al mundo a encontrar el camino de la liberación y de la salvación. Cada vez que hacemos consciente en nuestras vidas el perdón, es decir, practicamos el autoperdón y lo compartimos con los demás, estamos activando nuevos "hacedores de milagros", los cuales multiplicarán esa semilla, hasta que la masa crítica sea tan importante, que permitirá de una manera cuántica todas las mentes vibren en la mente Una.


La salvación no es otra cosa que "mentalidad recta", que aunque no es la Mentalidad-Uno del Espíritu Santo, se debe alcanzar antes de que la Mentalidad-Uno pueda ser reinstaurada. La mentalidad recta conduce automáticamente al siguiente paso, ya que la percepción correcta está completamente exenta de cualquier forma de ataque, y, por lo tanto, la mentalidad errada desaparece.



Ejemplo-Guía: "¿Cómo se alcanza la salvación?



Hasta hace poco, me encontraba entre los que pensaba que para poder salvarme, tenía que renunciar a muchas cosas en el terreno material. Practicaba una religiosidad basada en el temor, en el castigo y en la culpa. Si hago esto..., si como aquello..., si pienso tal cosa..., si deseo aquella otra... múltiples razones para negarme la paz que mi corazón anhelaba. La culpa ha sido, durante mucho tiempo, mi compañera de viaje y os puedo asegurar, que su carga es pesada. Al final, descubrí que ese no era el camino que me llevaría a las puertas de la salvación.

El error fundamental se encontraba en mi mente, pues creía que Dios se encontraba fuera de mi, lo que me inspiraba a realizar gestos y rituales encaminados a ganar su simpatía y su gracia. 

Hoy, tengo la certeza de que la salvación es otra cosa muy distinta y de que todos sus caminos me llevan a un mismo punto, visión que comparto en las palabras de Emilio Carrillo: Dios es yo y yo soy Dios, en la medida de que dejo de ser yo (ego).

Comparto la enseñanza del Curso que me habla de la salvación como "una empresa de colaboración. Nadie puede alcanzar la salvación si se encuentra desvinculado de la Filiación porque al hacer eso se desvinculan de Dios. Es más, Dios acudirá a nosotros sólo en la medida en que ofrezcamos la salvación  a nuestros hermanos. 

Para mi, la salvación ha surgido como consecuencia de haber andado un largo camino de la mano de la condenación. No digo que ese sea el único camino, pero sí ha sido el mio. La condena es el fruto del juicio y el juicio es el pensamiento que surge separado de la mente una, es decir, juzgamos porque nos creemos separados de aquel al que juzgamos.

Para alcanzar la salvación hay que dejar de juzgar, hay que dejar de condenar, o lo que es lo mismo, hay que dejar de juzgarnos y de condenarnos. Permitid que comparta una de mis últimas experiencias con relación al juicio y a la condena.

En una conversación, en el entorno profesional, me encuentro junto a mi jefe debatiendo sobre una situación que nos aporta un clima laboral conflictivo, donde intervienen, principalmente, factores humanos, así como factores de producción.

En el análisis de la situación, me sorprendo de mis propias palabras, cuando expreso que me arrepiento de la decisión tomada en el pasado, decisión que considero no fue la más acertada. Mis palabras concretas fueron: "si pudiese volver al pasado, nunca actuaría como lo hice".
¿Te sientes culpable de lo que decidiste entonces? -fue la pregunta de mi jefe-.
¡Culpable! No culpable no, pero sí frustrado....  Era evidente que estaba protegiéndome del hecho de que pudiera sentir culpa (le tengo tanto respeto...). Pero lo cierto es que detrás de ese sentimiento de frustración existía una pesada carga de culpa.

No tardé en ver el guión de la escena. Ya llevaba tiempo magullando ese sentimiento de frustración al comprobar  que las cosas no marchan como debiera marchar. El estar viviendo una situación permanente de conflicto, me llevaba a sentirme partícipe directo de que fuese así. ¿Cuál fue y cuál había sido mi decisión hasta ese momento? Condenarme por lo que creí haber hecho en el pasado. Como me encontraba en conflicto interior, ese conflicto me lo encontraba personificado en el escenario al que condenaba.

¡Cuan sutil es la culpa! Si no hay paz en nuestro interior, la causa es la culpa, la fiel aliada del miedo.

Yo, al igual que muchos de vosotros, hablo permanentemente con el Espíritu Santo. Le pido lucidez para aquellas situaciones donde percibo oscuridad, donde no veo con nitidez.
Esa luz, con relación a este asunto, ha venido de la mano de la inestimable aportación que está haciendo Emilio Carrillo con sus habituales conferencias. En ese momento, mi Emilio interno conectó, sintonizó con las palabras del Emilio externo y resonó al mensaje que necesita oír para que mi consciencia, en forma de un flash, recibiera la iluminación que me permitiría ver con claridad que todo en nuestra vida encaja como debe de encajar. Podríamos decir, que encaja a la perfección, pero para Emilio, ese sentido profundo que da respuesta al por qué y al para qué, trasciende, si cabe, esa perfección.

Todo en nuestra vida, todo cuanto nos ocurre, es lo mejor que nos puede ocurrir, desde el punto de vista de nuestro proceso evolutivo y conciencial.

Y estoy totalmente de acuerdo, la decisión que tomé en el pasado, era la mejor decisión que sabía tomar entonces. En aquel momento, no veía otra solución y actué desde el amor. Ahora, transcurrido el tiempo, las circunstancias me han llevado a valorar cosas que desconocía y que me han aportado una mayor riqueza desde el punto de vista conciencial.
En ese trayecto, las vivencias experimentadas han tenido un importante peso en mi vida. Siempre me han aportado y sin duda, el ser que soy hoy, es mucho más consciente que el ser que actuó en la ilusión del pasado.

Esa fue la puerta que me ofreció la salvación. Un espacio donde ya no existe el tiempo, ni el espacio. Donde únicamente existe el eterno presente y la permanente presencia del Ser.

Reflexión: ¿Qué efecto tiene el perdón en tu vida?

viernes, 3 de marzo de 2017

"Amarás a tu prójimo como a ti mismo"


EL PRIMER PRECEPTO

28 Se le acercó uno de los escribas que había escuchado la disputa, el cual, viendo cuán bien había respondido, le preguntó: ¿Cuál es el primero de todos los mandamientos? 29 Jesús contestó: El primero es: Escucha, Israel: El Señor, nuestro Dios, es el único Señor, 30 y amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente y con toda tus fuerzas. 31 El segundo es éste: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”. Mayor que éstos no hay mandamiento alguno. 32 Díjole el escriba: Muy bien, Maestro; con razón ha dicho que Él es único y que no hay otro fuera de Él, 33 y que amarle con todo el corazón, con todo el entendimiento y con todas las fuerzas, y amar al prójimo como a sí mismo, es mucho mejor que todos los holocaustos y sacrificios. 34 Viendo Jesús cuán atinadamente había respondido, le dijo: No estás lejos del reino de Dios. Y nadie se atrevió ya más a preguntarle.

Cuando la Nueva Consciencia ocupe las “tierras” del Pensamiento, aquellos que ocupan las tribunas del saber se ponen nerviosos, pues saben reconocer en Ella, una nueva verdad, que aun apoyándose en la anterior que ellos representan, la trasciende. En ese tramo del camino, seremos testigos de un atosigador interrogatorio por parte de los doctores de la Iglesia, hoy doctores de la ciencia, y a niveles internos, nuestra personalidad material, que ataviada con prejuicios y temores, nos lleva a replantearnos nuestras nuevas creencias.

Pero llegará un momento, si hemos sabido dar la respuesta adecuada, que nuestra verdad logrará penetrar en el cuerpo oficializado de los defensores de los antiguos preceptos. Las claves están en no derrocar, ni destruir las verdades antiguas, sino utilizarlas para pronunciarnos en una nueva. Así los escribas, nuestros escribas internos, sabrán reconocer su trabajo, y al mismo tiempo,  reconocerán el alumbramiento de un nuevo impulso.

El primer mandamiento, podríamos considerarlo como el origen, la esencia. ¿Qué opinión tiene nuestro Maestro de ese primer precepto? Muchas veces, hemos visto cómo supuestos representantes de la espiritualidad se han erigidos en maestros y han logrado convencer a muchos buscadores, los cuales les han seguido, sintiéndose identificados con sus palabras. Sin embargo, cuando se les ve actuar, se percibe un comportamiento que da cuerpo a la soberbia, a la altanería y al poder. Cuando se les pregunta, cuál es el primer mandamiento de la ley, ellos proclaman: “Yo soy Dios... y el poder que poseo me permite conseguir cuanto deseo...”

A niveles internos, debemos hacernos esa pregunta, ¿cuál es el primer mandamiento? Nuestra respuesta debe llevarnos al Espíritu Crístico, y a pronunciarnos como Él lo hizo: “El Señor, nuestro Dios, es el único Señor”, y a continuación comprobar que nuestros sentimientos no traicionan estas palabras, pues si seguimos rindiendo culto a Malkuth (personalidad material) en su aspecto perceptivo y sensorial, si seguimos buscando satisfacer nuestras apetencias físicas, estaremos sirviendo igualmente al mundo profano y a su rey, el César.

Cuando nuestro escriba interno reconoce que el amor al prójimo está por encima del sacrificio y del holocausto (conciencia antigua identificada con el dolor), entonces aparece la señal en nuestra consciencia de que el Amor-Cristo, está ocupando el lugar que antes ocupaba Moisés. El cambio se está produciendo. El largo viaje de la Nueva Consciencia por los Planos precedentes, ahora da sus frutos en la antesala del Plano Material. Es toda una victoria. Tan solo nos queda dar el paso final. Qué nuestras  creencias se conviertan en actos, y que el perdón sea una realidad.

A partir de ese momento, los interrogadores ya no tienen papel y desaparecen del escenario.

Servir a Dios y al César, nos está indicando que nuestra mente se está identificando con la dualidad y esa percepción nos mantiene prisionero de una visión separada de nuestra verdadera esencia espiritual. Todos hemos sido creados por Dios; todos hemos formado parte de su Unidad integral. Hemos sido creados a su imagen y semejanza, por lo tanto, somos Seres creadores y portadores de esa Unidad.

Sin embargo, nuestra actual percepción en el mundo material, nos lleva a concebir que estamos separados de nuestra esencia espiritual y separados del resto de la humanidad.

Es por ello, que los “preceptos” más importante que debemos integrar en nuestra consciencia, nos invitan a recuperar ese estado de Unidad. ¿Cómo? Teniendo claro que somos una Unidad con todo lo creado y dando un paso muy importante en el mundo de percepción en el que nos movemos, en especial, en las relaciones, viendo a nuestro prójimo como parte de nosotros, pues ese “prójimo” no se encuentra fuera de nosotros, sino en nosotros mismos. Su papel es estelar en nuestro proceso evolutivo, pues actúan como “espejos” donde podemos identificar esa parte de nuestra conciencia que no conseguimos integrar, esto es, todo aquello, que formando parte de nosotros mismos, se encuentra en nuestra naturaleza inconsciente.

Es por ello, que el Maestro Jesús nos revela de la importancia de “amar al prójimo como a nosotros mismos”. Si no nos amamos, difícilmente podremos amar al otro. Damos lo que tenemos… Vemos fuera de nosotros, lo que somos interiormente. Proyectamos en nuestro mundo, en los demás, aquello que forma parte de nuestro Ser. Si queremos “abundancia”, seamos abundantes. Si queremos “paz y armonía”, seamos pacíficos y armoniosos. Si queremos “salud”, no veamos en nosotros la enfermedad. Si queremos “amor”, seamos amor.

Comparto con vosotros la “exhortación” escrita por Kabaleb referente a las cualidades espirituales que forman parte del Programa Espiritual que nos enseña el Ángel Sitael. No se podría expresar de una manera más bella, la enseñanza que queremos compartir:

“Debéis aprender de vuestros adversarios.
En ellos encontrareis siempre
los más adecuados Maestros.
Ellos os dirán sin contemplaciones
cuáles son vuestras lagunas, vuestros fallos;
os dirán si habéis sido imprudentes, presuntuosos o temerarios.
En ellos no habrá doblez ni hipocresía:
la verdad pura se expresará de sus labios.
Sabréis así como sois en la parte oscura de vuestra esfera,
ahí donde no “Debéis aprender de vuestros adversarios.
En ellos encontrareis siempre
los más adecuados Maestros.
Ellos os dirán sin contemplaciones
cuáles son vuestras lagunas, vuestros fallos;
os dirán si habéis sido imprudentes, presuntuosos o temerarios.
En ellos no habrá doblez ni hipocresía:
la verdad pura se expresará de sus labios.
Sabréis así como sois en la parte oscura de vuestra esfera,
ahí donde no luce jamás el resplandor de la conciencia.
Los enemigos, los adversarios,
son aquellos que os aman con amor desinteresado.
No levantéis vuestra mano contra ellos,
porque cuando desaparezcan,
ya no podréis veros en el espejo que refleja los errores.
Cristo dijo: "ama al enemigo"
Y yo os digo ahora: ¡conservadlo, respetadlo, utilizad sus virtudes!
Tu enemigo te ha sido dado
para que puedas expulsar de tu interior
ese conglomerado de cosas detestables que él expresa.
Contempla hoy mismo, peregrino,
los defectos de tu enemigo
y extírpalos sin más tardanza de tu propio ser,

porque están en ti muy en ti, porque están en ti muy en ti,
aunque pases toda una vida negándolo”.


(Plegarias y Exhortos de los 72 Genios de la Cábala - KABALEB)

UCDM. Libro de Ejercicios. Lección 62

LECCIÓN 62

Perdonar es mi función por ser la luz del mundo.


1. Tu perdón es lo que lleva a este mundo de tinieblas a la luz. 2Tu perdón es lo que te permite reconocer la luz en la que ves. 3El perdón es la demostración de que tú eres la luz del mundo. 4Mediante tu perdón vuelves a recordar la verdad acerca de ti. 5En tu perdón, por lo tanto, reside tu salvación.

2. Las ilusiones que tienes acerca de ti y acerca del mundo son una y la misma. 2Por eso es por lo que todo perdón es un regalo que te haces a ti mismo. 3Tu meta es descubrir quién eres, al haber negado tu Identidad atacando a la creación y a su Creador. 4Ahora estás aprendiendo a recordar la verdad. 5Para ello, el ataque tiene que ser reemplazado por el perdón, de manera que los pensa­mientos de vida puedan reemplazar a los pensamientos de muerte.

3. Recuerda que en todo ataque apelas a tu propia debilidad, mientras que cada vez que perdonas apelas a la fortaleza de Cristo en ti. 2¿Te vas dando cuenta, pues, de lo que el perdón hará por ti? 3Eliminará de tu mente toda sensación de debilidad, de tensión y de fatiga. 4Arrasará con todo vestigio de temor, culpabilidad y dolor. 5Reinstaurará en tu conciencia la invulnerabilidad y el poder que Dios le confirió a Su Hijo.

4. Regocijémonos de poder comenzar y concluir este día practi­cando la idea de hoy, y de usarla tan frecuentemente como nos sea posible en el transcurso del día. 2Ello te ayudará a que pases un día tan feliz como Dios Mismo quiere que tú seas. 3Y ayudará a aquellos que te rodean, así como a aquellos que parecen encon­trarse lejos en el espacio y en el tiempo, a compartir esta felicidad contigo.

5. Tan a menudo como puedas hoy, con los ojos cerrados a ser posible, repite para tus adentros:

2Perdonar es mi función por ser la luz del mundo.
3Cumpliré mi función para así poder ser feliz.

4Dedica entonces uno o dos minutos a reflexionar sobre tu fun­ción, y la felicidad y liberación que te brindará. 5Deja que pensa­mientos afines acudan a ti libremente, pues tu corazón reconocerá estas palabras, y en tu mente se encuentra la conciencia de que son verdad. 6Si te distraes, repite la idea y añade:

7Deseo recordar esto porque quiero ser feliz.

¿Qué me enseña esta lección?

Si lo has experimentado, sabrás de lo que hablo. Cuando verdaderamente pones en práctica el perdón en tu vida, experimentas una sensación de libertad que jamás antes habías sentido. Esa sensación es lo más cercano al sentimiento de felicidad. 

Nos encontrábamos deprimido, disgustado, apenado y triste. A veces, la ira, el orgullo, la vanidad, el miedo, se unían a esa amalgama de emociones para, en definitiva, llevarnos a sentir la privación de la paz.



La visión del perdón es la consecuencia de oír la Voz que habla en nombre de nuestro Padre, la cual nos sugiere el verdadero camino que debemos recorrer para alcanzar la meta que perseguimos, el reencuentro con la paz y con la felicidad.

El perdón habla en nombre del Amor y nos lleva a despertar a la realidad que somos. El perdón se convierte en nuestra función en el mundo temporal, y cuando servimos al Amor, nos convertimos en obradores de milagros, expandiendo nuestro perdón por doquier.

Si lo has experimentado, ya no volverás a elegir el ataque, siempre apostarás por el perdón.

Si lo has experimentado, dejarás de ver en tu hermano el pecado, tan sólo verás su impecabilidad.

Si lo has experimentado, lo consevarás, pues lo habrás recibido, en la medida en que lo hayas dado. Si no lo has compartido, no lo podrás recibir, y no lo podrás conservar.

Ejemplo-Guía: "¿Qué debo hacer para ser feliz?"

Tal vez nos hayamos dado cuenta ya, de que ni el dinero, ni el poder, pueden aportarnos la felicidad. ¿Por qué? Sencillamente, porque son valores efímeros, ilusorios, no basados en la verdadera realidad.

Podemos tener dinero o poder, pero nos sentimos escasos, y es ese estado mental el que nos lleva a buscar más dinero y más poder. Pero esa búsqueda siempre va acompañada del miedo. Sentimos un profundo temor a perder lo que tenemos y para asegurarnos de que esto nos ocurra, invertimos grandes sumas de dinero en asegurar nuestras posesiones. Hagamos lo que hagamos, ese estado nunca nos ofrece la paz, ni la felicidad.

Ni el dinero, ni el poder, pueden asegurarnos la felicidad. No pueden comprar el verdadero amor. No pueden evitar el que nos sintamos solos, aunque estemos rodeados de aduladores. No puede garantizarnos la salud, ni el afecto de un hijo o unos padres. No puede asegurarnos una verdadera amistad, ni puede asegurarnos la lealtad.

Desde los argumentos del ego, defensores del ataque como el mejor método para garantizar la defensa de lo que poseemos, tan solo podemos recibir, lo que damos, esto es, sufrimiento y dolor.

Un Curso de Milagros nos enseña, que es en el perdón donde reside nuestra paz, pues en él radica el fin de la separación y del sueño de peligro y destrucción, de pecado y muerte, de locura y asesinato, así como de aflicción y pérdida. Añade, que éste es el  único "sacrificio" que pide la salvación, y, a cambio de todo ello, gustosamente ofrece paz.

El perdón es la respuesta a cualquier clase de ataque. De esta manera, se cancelan los efectos del ataque, y se responde al odio en nombre del amor.

¿Qué debemos hacer para ser feliz?: Perdonar.

Pero perdonar desde el Espíritu y no desde el ego. El perdón no es piedad, la cual no hace sino tratar de perdonar lo que cree que es verdad. No se puede devolver bondad por maldad, pues el perdón no establece primero que el pecado sea real para luego perdonarlo. Nadie que esté hablando en serio diría: "Hermano, me has herido. Sin embargo, puesto que de los dos yo soy el mejor, te perdono por el dolor que me has ocasionado". Perdonarle y seguir sintiendo dolor es imposible, pues ambas cosas no pueden coexistir. Una niega a la otra y hace que sea falsa.


El perdón elimina lo que se interpone entre tu hermano y tú. El perdón es el deseo de estar unido a él y no separado. ¿De dónde podría proceder la paz sino del perdón? El Cristo en cada uno de nosotros contempla solamente la verdad y no ve ninguna condenación que pudiese necesitar perdón. Él está en paz porque no ve pecado alguno. Esa es nuestra función. Actuando como Cristo, aprenderemos que perdonando completamente, es decir, reconociendo que no hay nada que necesite ser perdonado, quedamos completamente absueltos.

El perdón es la única función que tiene sentido en el tiempo. Es el medio del que el Espíritu Santo se vale para transformar el especialismo de modo que de pecado pase a ser salvación. El perdón es para todos. Mas sólo es com­pleto cuando descansa sobre todos, y toda función que este mundo tenga se completa con él. Entonces el tiempo cesa. No obstante, mientras se esté en el tiempo, es mucho lo que todavía queda por hacer. Y cada uno tiene que hacer lo que se le asignó, pues todo el plan depende de su papel. Cada uno tiene un papel especial en el tiempo, pues eso fue lo que eligió, y, al elegirlo, hizo que fuese así para él. No se le negó su deseo, sino que se modificó la forma del mismo, de manera que redundase en beneficio de su hermano y de él, y se convirtiese de ese modo en un medio para salvar en vez de para llevar a la perdición. (T.25.VI.5:3)

Reflexión: ¿Crees que perdonar te hará feliz?