sábado, 25 de febrero de 2017

UCDM. Libro de Ejercicios. Lección 56

LECCIÓN 56

El repaso de hoy abarca las siguientes ideas:

1. (26) Mis pensamientos de ataque atacan mi invulnerabilidad.


2¿Cómo puedo saber quién soy cuando creo estar sometido a con­tinuos ataques? 3El dolor, la enfermedad, la pérdida, la vejez y la muerte parecen acecharme. 4Todas mis esperanzas, aspiraciones y planes parecen estar a merced de un mundo que no puedo controlar. 5Sin embargo, la seguridad perfecta y la plena realiza­ción constituyen mi verdadera herencia. 6He tratado de despojarme de mi herencia a cambio del mundo que veo. 7Pero Dios la ha salvaguardado para mí. 8Mis pensamientos reales me enseña­rán lo que es mi herencia.

2. (27) Por encima de todo quiero ver.

2Al reconocer que lo que veo es un reflejo de lo que creo ser, me doy cuenta de que mi mayor necesidad es la visión. 3El mundo que veo da testimonio de cuán temerosa es la naturaleza de la imagen que he forjado de mí mismo. 4Si he de recordar quién soy, es esencial que abandone esta imagen de mí mismo. 5A medida que dicha imagen sea reemplazada por la verdad, se me conce­derá la visión. 6Y con esta visión contemplaré al mundo y a mí mismo con caridad y con amor.

3. (28) Por encima de todo quiero ver de otra manera.

2El mundo que veo mantiene en vigor la temerosa imagen que he forjado de mí mismo y garantiza su continuidad. 3Mientras siga viendo el mundo tal como lo veo ahora, la verdad no podrá albo­rear en mi conciencia. 4Dejaré que la puerta que se encuentra detrás de este mundo se abra, para así poder mirar más allá de él al mundo que refleja el Amor de Dios.

4. (29) Dios está en todo lo que veo.

2Tras cada imagen que he forjado, la verdad permanece inmuta­ble. 3Tras cada velo que he corrido sobre la faz del amor, su luz sigue brillando sin menoscabo. 4Más allá de todos mis descabe­llados deseos se encuentra mi voluntad, unida a la Voluntad de mi Padre. 5Dios sigue estando en todas partes y en todas las cosas eternamente. 6Y nosotros, que somos parte de Él, habremos de ver más allá de las apariencias, y reconocer la verdad que yace tras todas ellas.

5. (30) Dios está en todo lo que veo porque Dios está en mi mente.

2En mi propia mente, aunque oculto por mis desquiciados pensa­mientos de separación y ataque, yace el conocimiento de que todo es uno eternamente. 3Yo no he perdido el conocimiento de Quién soy por el hecho de haberlo olvidado. 4Ha sido salvaguardado para mí en la Mente de Dios, Quien no ha abandonado Sus Pensa­mientos. 5Y yo, que me cuento entre ellos, soy uno con ellos y uno con Él.

¿Qué me enseñan estas afirmaciones?



Os dejo una batería de preguntas, a título de ejemplo, que nos pueden ayudar a reflexionar sobre cada uno de los apartados.

Mis pensamientos de ataque atacan mi invulnerabilidad.
  • ¿Cómo podrás lograr la paz, si le das valor a la guerra? ¿Cómo podrás vivir la felicidad, si le das cobijo a la tristeza? ¿Cómo podrás experimentar la unidad, si albergas la creencia de la separación? Atacas, porque te percibes atacado. Perdona, y serás perdonado.
Por encima de todo quiero ver.
  • Cuando tienes apetito…, comes. Cuando estás sediento…, bebes. Cuando deseas ser libre…, te apegas a tus instintos. Cuando tus ojos creen ver…, vives la ilusión del que sueña. Tus necesidades claman ser satisfechas para así convencerte de que eres real, sin embargo, permaneces ciego a tu verdadera realidad. ¿Qué quieres ver tú?
Por encima de todo quiero ver de otra manera.
  • Es mi decisión. Elijo ver la Unidad. Elijo no dar significado al miedo, a la culpa, al castigo. Elijo dar y ser abundante. Elijo dar, no para tener, sino porque es mi condición natural. Elijo Amar y no poseer. Elijo desear y no querer. Elijo ver. Elijo Ser. ¿Cómo vas a ver las cosas en tu presente actual? 
Dios está en todo lo que veo.
  • Veo a Dios en mi hermano y, a través de él, en toda la Filiación. Veo a Dios, en cada amanecer; en cada inspiración y en cada espiración; lo reconozco en cada acto de amor; en cada expresión de gozo, de alegría, de salud, de comprensión, de perdón; lo veo en las miradas; en las palabras; en los escritos; en los símbolos y en la señales; veo a Dios en mí y lo reconozco como mi Creador. ¿Dónde no ves a Dios?
Dios está en todo lo que veo porque Dios está en mi mente.
  • Dios está en mi mente, pues he sido creado a su “imagen”, como una extensión de su Mente; como una emanación de su Pensamiento. Tengo la certeza de que soy Hijo de Dios y que mi heredad, me invita a ocupar su Trono cuando haya alcanzado mi mayoría de edad, cuando junto a mis hermanos de Filiación, hayamos conquistado la condición creadora. La Mente de Dios es Una y mi mente es Una con Dios y con su creación. ¿Ves a Dios en la mente de tu hermano? ¿Ves a Dios en la mente de aquel al que llamas enemigo?

viernes, 24 de febrero de 2017

Principio 24: Los milagros te capacitan para curar a los enfermos...

PRINCIPIO 24

Los milagros te capacitan para curar a los enfermos y resucitar a los muertos porque tanto la enfermedad como la muerte son invenciones tuyas, y, por lo tanto, las puedes abolir. Tú mismo eres un milagro, capaz de crear a semejanza de tu Creador. Todo lo demás no es más que tu propia pesadilla y no existe. Sólo las creaciones de luz son reales.


Si la enfermedad es separación, la decisión de curar y de ser curadores, por lo tanto, es el primer paso en el proceso de reconocer lo que verdaderamente queremos. La curación es señal de que queremos reinstaurar la plenitud, la unidad.

Sírvanos, lo anterior, como introducción para desarrollar de una manera más amplia la idea de la curación, tema que ya tuvimos ocasión de analizar, aunque brevemente, en el Principio 8, en el que veíamos como los milagros curan al suplir una falta.

Existe una preocupación muy compartida en el seno de los estudiantes del Curso, cuando se acercan por primera vez a la idea de la curación desde el punto de vista aportado por los milagros. ¿Cómo debemos actuar cuando nos encontramos enfermos? ¿Debemos utilizar las medicinas o como lo llama el Curso los principios mágicos para curarnos?

El Curso nos responde a esta cuestión de la siguiente manera: 

“Todos los remedios materiales que aceptas como medicamento para los males corporales son re-afirmaciones de principios mági­cos. Éste es el primer paso que nos conduce a la creencia de que el cuerpo es el causante de sus propias enfermedades. El segundo paso en falso es tratar de curarlo por medio de agentes no-creati­vos. Esto no quiere decir, sin embargo, que el uso de tales agentes con propósitos correctivos sea censurable. A veces la enfermedad tiene tan aprisionada a la mente que temporalmente le impide a la persona tener acceso a la Expiación. En ese caso, tal vez sea pru­dente usar un enfoque conciliatorio entre el cuerpo y la mente en el que a algo externo se le adjudica temporalmente la creencia de que puede curar. Esto se debe a que lo que menos puede ayudar al que no está en su mente recta o al enfermo es hacer algo que aumente su miedo. De por sí ya se encuentra en un estado debili­tado debido a éste. Exponerle prematuramente a un milagro podría precipitarle al pánico, lo cual es muy probable que ocu­rriese en aquellos casos en que la percepción invertida ha dado lugar a la creencia de que los milagros son algo temible”. (T-2.IV.4:10)

Bien, queda claro que los medicamentos o magia no es el uso más correcto de la mente, pero si tenemos miedo de usar la mente para curar, no debemos intentar hacerlo.

Curar es una habilidad que se desarrolló después de la separa­ción, antes de la cual era innecesaria. Es temporal al igual que todos los aspectos de la creencia en el tiempo y en el espacio. Mientras el tiempo continúe, no obstante, la curación seguirá siendo necesaria como medio de protección. Esto se debe a que la curación se basa en la caridad, y la caridad es una forma de perci­bir la perfección en otro aun cuando no puedas percibirla en ti mismo.

El Curso en el Capítulo 5 dedicado a la Curación y a la Plenitud, nos advierte en su introducción, que curar es hacer feliz. La razón de ello radica, en que para poder actuar de todo corazón, la verdadera fuerza que nos cura, tenemos que ser felices. Curar o hacer feliz es, por lo tanto, lo mismo que integrar y unificar.

Curar no es crear; es reparar. El Espíritu Santo fomenta la curación mirando más allá de ella hacia lo que los Hijos de Dios eran antes de que la curación fuese necesaria, y hacia lo que serán una vez que hayan sanado.

La Expiación nos confiere el poder de una mente que ha sanado, pero el poder de crear es de Dios. Por lo tanto, aquellos que han sido perdonados deben dedicarse en primer lugar a curar, pues al haber aceptado la idea de la curación, deben compartirla para así conservarla.

Curar es el único tipo de pensamiento en este mundo que se asemeja al Pensamiento de Dios, y por razón de los elementos que ambos tienen en común, el Pensamiento de Dios puede transfe­rirse fácilmente a él. Cuando un hermano se percibe a sí mismo enfermo, se está percibiendo como un ser incompleto, y, por ende, necesitado. Si nosotros también lo percibimos así, lo estamos viendo como si realmente no formase parte del Reino y se encontrase separado de él, con lo cual el Reino queda velado para ambos.
Curar es, por consiguiente, corregir la percepción de nuestro her­mano y la nuestra compartiendo con él el Espíritu Santo.

“La capacidad de curar es la única capacidad que cada persona puede y debe desarrollar si es que se ha de curar. Curar es el medio de comunicación del Espíritu Santo en este mundo, y el único que acepta. No reconoce ningún otro porque no acepta la confusión que el ego tiene entre mente y cuerpo. Las mentes se pueden comunicar, pero no pueden hacer daño. El cuerpo, al servicio del ego, puede hacer daño a otros cuerpos, pero eso no puede ocurrir a no ser que ya se le haya confundido con la mente. Esta situación, no obstante, puede usarse en beneficio de la curación o de la magia, pero debes recordar que la magia siempre implica la creencia de que la curación es algo perjudicial. Esta creencia completamente irracional es su premisa y, por consiguiente, no puede sino proceder irracionalmente.

La curación tan sólo fortalece. La magia siempre procura debi­litar. La curación no percibe nada en el sanador, que todos los demás no compartan con él. La magia ve siempre algo “especial” en el sanador, que él cree que puede ofrecer como regalo aque­llos que no lo tienen. Puede que dicho sanador crea que ese regalo procede de Dios, pero resulta evidente que no entiende a Dios si cree tener algo que los demás no tienen.

El Espíritu Santo no actúa al azar, y toda curación que procede de Él es siempre eficaz. A menos que el sanador cure siempre por mediación Suya los resultados variarán. Sin embargo, la curación en sí es consistente, puesto que sólo la consistencia está libre de conflicto, y sólo los que están libres de conflicto son íntegros. Cuando el sanador admite que hay excepciones, y que unas veces puede curar y otras no, está obviamente aceptando la inconsisten­cia. Está, por lo tanto, en conflicto, y eso es lo que está enseñando. ¿Sería posible que lo que es de Dios no fuese para todos y para siempre? El amor es incapaz de hacer excepciones. Sólo si hay miedo parece tener sentido idea de las excepciones. Las excepciones son amedrentadoras porque las engendra el miedo. La expresión "sanador temeroso" es una contradicción intrínseca y es, por lo tanto, un concepto que sólo para una mente en conflicto podría tener sentido.


El miedo no produce alegría. La curación sí. El miedo siempre hace excepciones. La curación nunca las hace. EI miedo produce disociación porque genera separación. La curación siempre pro­duce armonía porque procede de la integración. Es predecible porque se puede contar con ella. Se puede contar con todo lo que es de Dios porque todo lo que es de Dios es completamente real. Se puede contar con la curación porque la inspira Su Voz, y pro­cede de acuerdo con Sus leyes. Mas si la curación es consistente tu entendimiento acerca de ella no puede ser inconsistente. El entendimiento significa consistencia porque Dios significa consis­tencia. Puesto que ése es Su significado, es también el tuyo. Tu significado no puede estar en desacuerdo con el Suyo porque todo lo que significas y lo único que significas procede de Su signifi­cado y es como el Suyo. Dios no puede estar en desacuerdo Con­sigo Mismo, y tú no puedes estar en desacuerdo con Él. No puedes separar tu Ser de tu Creador, Quien te creó al compartir Su Ser contigo.

El sanador que no ha sanado desea la gratitud de sus herma­nos, pero él no les está agradecido. Ello se debe a que cree que les está dando algo y que no está recibiendo algo igualmente deseable a cambio. Lo que enseña se ve limitado por lo poco que está aprendiendo. Su lección de curación se ve limitada por su propia ingratitud, que es una lección de enfermedad. El verda­dero aprendizaje es constante, y tan vital en su poder de producir cambios que un Hijo de Dios puede reconocer su propio poder en un instante y cambiar el mundo en el siguiente. Ello se debe a que al cambiar de mentalidad, produce un cambio en el instrumento más poderoso que jamás se le haya dado para cambiar. Esto no contradice en modo alguno la inmutabilidad de la mente tal como Dios la creó, pero mientras sigas aprendiendo a través del ego creerás que has efectuado un cambio en ella. Esto te pone en una situación en la que tienes que aprender una lección aparentemente contradictoria: tienes que aprender a cambiar de mentalidad con respecto a tu mente. Sólo así puedes aprender que tu mente es inmutable.

Eso es exactamente lo que estás aprendiendo cuando llevas a cabo una curación. Estás reconociendo que la mente de tu her­mano es inalterable, al darte cuenta de que es imposible que él hubiese podido efectuar un cambio en ella. Así es como percibes al Espíritu Santo en él. El Espíritu Santo en él es el único que nunca cambia Su Mente. Tu hermano tal vez piense que él puede cambiar la suya o, de otro modo, no se percibiría a sí mismo como enfermo. No sabe, por lo tanto, lo que es su Ser. Si sólo ves en él lo inalterable en realidad no lo has cambiado. Al cam­biar de mentalidad acerca de su mente por él, le ayudas a anular el cambio que su ego cree haber efectuado en él”. (T-7.V.3:8)


De la misma manera en que nuestra función en el Cielo es crear, aquí en la tierra es curar. La curación no se puede llevar a cabo en el pasado. Tiene que llevarse a cabo en el presente para así liberar el futuro.

Debemos cambiar la creencia de que el cuerpo puede enfermar. De ello se deriva la afirmación de que no tiene necesidad de que se le cure. El que goce de buena salud o esté enfermo depende enteramente de la forma en que la mente lo percibe y del propósito para el que quiera usarlo.

Para curarnos, debemos desear curarnos. Si tenemos miedo, ya lo hemos adelantado, la curación no podrá tener lugar, de hecho, lo único que se requiere para que se efectúe una curación es que no haya miedo. Los temerosos no se han curado, por lo tanto, no pueden curar. Esto no quiere decir que para que puedas curar tenga que haber desaparecido el conflicto de tu mente para siempre. Pues si así fuese, no habría entonces necesidad de curación. Mas sí quiere decir que, aunque sólo sea por un instante, tienes que amar sin atacar. Un instante es suficiente. Los milagros no están circuns­critos al tiempo.

Antes de finalizar este análisis, vamos a realizar un acercamiento al Libro de Ejercicios y haremos mención a la Lección 137:


LECCIÓN 137
Cuando me curo no soy el único que se cura.

1. La idea de hoy sigue siendo el pensamiento central sobre el que descansa la salvación. 2Pues la curación es lo opuesto a todas las ideas del mundo que tienen que ver con la enfermedad y con los estados de separación. 3Aislarse uno de los demás y rehusar la unión es lo que da lugar a la enfermedad. 4Ésta se convierte en una puerta tras la cual se encierra a un ser separado, y donde se le mantiene aislado y solo.

2. La enfermedad es aislamiento. 2Pues parece mantener a un ser separado del resto, para que sufra lo que los otros no sienten. 3Le otorga al cuerpo poder absoluto para hacer que la separación sea real y mantener a la mente en solitario confinamiento, dividida en pedazos y sujeta por una sólida muralla de carne enfermiza que no puede trascender.

3. El mundo acata las leyes que la enfermedad apoya, pero la curación opera aparte de ellas. 2Es imposible que alguien pueda curarse solo. 3En la enfermedad, él no puede sino estar aparte y separado. 4Mas la curación es el resultado de su decisión de ser uno solo nuevamente, y de aceptar su Ser con todas Sus partes intactas e incólumes. 5En la enfermedad, su Ser aparenta estar desmembrado y desprovisto de la unidad que le da vida. 6Mas la curación se logra al él comprender que el cuerpo no tiene el poder de atacar la universal unicidad del Hijo de Dios.


4. El propósito de la enfermedad es demostrar que las mentiras son verdad. 2Mas la curación demuestra que sólo la verdad es verdad. 3La separación que la enfermedad pretende imponer en realidad jamás ha tenido lugar. 4Curar es meramente aceptar lo que siempre ha sido la simple verdad, lo cual seguirá siendo exactamente como siempre fue. 5No obstante, a los ojos acostum­brados a las ilusiones se les debe mostrar que lo que contemplan es falso. 6Así pues, la curación, que la verdad nunca necesitó, tiene que demostrar que la enfermedad no es real.

5. La curación podría considerarse, por lo tanto, como un anti-sueño que desplaza al sueño de enfermedad en nombre de la verdad, pero no en la verdad en sí. 2Así como el perdón pasa por alto todos los pecados, que nunca se cometieron, la curación desvanece las ilusiones que jamás tuvieron lugar. 3Y así como el mundo real emergerá para ocupar el lugar de lo que nunca suce­dió realmente, la curación ofrecerá restitución para los estados imaginarios e ideas falsas que los sueños han ido tejiendo y con­virtiendo en cuadros de la verdad.

6. Mas no pienses que curar no es algo digno de ser tu función aquí. 2Pues el anti-Cristo se vuelve más poderoso que el Cristo para aquellos que sueñan que el mundo es real. 3El cuerpo parece ser más sólido y más estable que la mente. 4Y el amor se convierte en un sueño, mientras que el miedo continúa siendo la única rea­lidad que puede verse, justificarse y entenderse plenamente.

7. Así como el perdón desvanecerá con su luz todo pecado y el mundo real ocupará el lugar de lo que has fabricado, asimismo la curación reemplazará las fantasías de enfermedad con las que nublas la simple verdad. 2Cuando se haya visto desaparecer la enfermedad, a pesar de todas las leyes que sostienen que es real, todas las preguntas habrán quedado contestadas. 3Y entonces se dejará de valorar y obedecer dichas leyes.

8. La curación es libertad. 2Pues demuestra que los sueños no prevalecerán contra la verdad. 3La curación es algo que se com­parte. 4mediante este atributo demuestra que las leyes que son diferentes de las que sostienen que la enfermedad es inevitable son más poderosas que las leyes enfermizas que sostienen lo contrario. 5La curación es fuerza. 6Pues con su tierna mano se supera la debilidad, y las mentes que estaban amuralladas en un cuerpo quedan liberadas para unirse otras .mentes, y así ser fuertes para siempre.

9. La curación, el perdón y el feliz intercambio del mundo del dolor por uno en el que la tristeza no tiene cabida, son los medios por los que el Espíritu Santo te exhorta a que lo sigas. 2Sus dulces lecciones te enseñan cuán fácilmente puedes alcanzar la salva­ción y cuán poca práctica necesitas para dejar que Sus leyes reemplacen a las que tú promulgaste para mantenerte prisionero de la muerte. 3Su vida se vuelve la tuya propia, al tú extender la poca ayuda que Él te pide para liberarte de todo lo que jamás te causó dolor.

10. Y a medida que te dejas curar, te das cuenta de que junto con­tigo se curan todos los que te rodean, los que te vienen a la mente, aquellos que están en contacto contigo y los que parecen no estarlo. 2Tal vez no los reconozcas a todos, ni comprendas cuán grande es la ofrenda que le haces al mundo cuando permi­tes que la curación venga a ti. 3Mas nunca te curas solo. 4Legiones y legiones de hermanos recibirán el regalo que tú recibes cuando te curas.

11. Los que se han curado se convierten en los instrumentos de la curación. 2Y no transcurre tiempo alguno entre el instante en que son curados y aquel en que toda la gracia de curación les es dada para que ellos a su vez la den. 3Lo que se opone a Dios no existe, y aquel que no lo acepta en su mente se convierte en un refugio donde los que están cansados pueden hallar descanso. 4Pues ahí es donde se otorga la verdad, y ahí es donde todas las ilusiones se llevan ante la verdad.

12. ¿No le ofrecerías refugio a la Voluntad de Dios? 2Pues con ello sólo estarías invitando a tu Ser a estar en su propia casa. 3¿Y podría acaso rechazarse semejante invitación? 4Pide que ocurra lo inevitable y jamás fracasarás. 5La otra opción es pedir que lo que no puede ser, sea, y esto es algo que jamás podrá tener lugar. 6Hoy pedimos que sólo la verdad ocupe nuestras mentes; que los pensamientos de curación vayan en este día desde lo que ya se ha curado a lo que todavía tiene que curarse, conscientes de que ambas cosas ocurrirán al unísono.

UCDM. Libro de Ejercicios. Lección 55

LECCIÓN 55

El repaso de hoy abarca las siguientes ideas:

1. (21) Estoy decidido a ver las cosas de otra manera.

2Lo que ahora veo no son sino signos de enfermedad, desastre y muerte. 3Esto no puede ser lo que Dios creó para Su Hijo bien amado. 4El hecho en sí de que vea tales cosas demuestra que no entiendo a Dios. 5Por lo tanto, tampoco entiendo a Su Hijo. 6Lo que veo me muestra que no sé quién soy. 7Estoy decidido a ver los testigos de la verdad en mí, en vez de aquellos que me mues­tran una ilusión de mí mismo.

2. (22) Lo que veo es una forma de venganza.

2El mundo que veo no es en modo alguno la representación de pensamientos amorosos. 3Es un cuadro en el que todo se ve ata­cado por todo. 4Es cualquier cosa menos un reflejo del Amor de Dios y del amor de Su Hijo. 5Son mis propios pensamientos de ataque los que dan lugar a este cuadro. 6Mis pensamientos amo­rosos me librarán de esta percepción del mundo y me brindarán la paz que Dios dispuso que yo tuviese.

3. (23) Puedo escaparme de este mundo renunciando a los pensa­mientos de ataque.

2En esto, y sólo en esto, radica la salvación. 3Si no albergase pensa­mientos de ataque no podría ver un mundo de ataque. 4A medida que el perdón permita que el amor retorne a mi conciencia, veré un mundo de paz, seguridad y dicha. 5Y esto es lo que elijo ver, en lugar de lo que ahora contemplo.

4. (24) No percibo lo que más me conviene.


2¿Cómo podría reconocer lo que más me conviene si no sé quién soy? 3Lo que yo creo que más me convendría no haría sino atarme aún más al mundo de las ilusiones. 4Estoy dispuesto a seguir al Guía que Dios me ha dado para descubrir qué es lo que más me conviene, reconociendo que no puedo percibirlo por mi cuenta.

5. (25) No sé cuál es el propósito de nada.

2Para mí, el propósito de todas las cosas es probar que las ilusio­nes que abrigo con respecto a mí mismo son reales. 3Para eso es para lo que trato de usar a todo el mundo y todas las cosas. 4Para eso es para lo que creo que es el mundo. 5Por lo tanto, no reco­nozco su verdadero propósito. 6El propósito que le he asignado ha dado lugar a una imagen aterradora del mismo. 7Quiero que mi mente se vuelva receptiva al verdadero propósito del mundo renunciando al que le he asignado, y descubrir la verdad acerca de él.

¿Qué me enseñan estas afirmaciones?



Os dejo una batería de preguntas, a título de ejemplo, que nos pueden ayudar a reflexionar sobre cada uno de los apartados.

Estoy decidido a ver las cosas de otra manera.
  • ¿Por qué te identificas con el sufrimiento, con el dolor, con la enfermedad? ¿Acaso piensas que eres merecedor de ello? ¿Acaso te sientes culpable de tus acciones, de tus elecciones? Tu visión es ilusoria y se recrea en lo temporal…, pero tienes el Poder, y puedes elegir ver de otra manera… ¿A qué esperas para ver la verdad, la unidad, la felicidad, el amor?
Lo que veo es una forma de venganza.
  • Si decides verte separado de los demás, justificarás tus relaciones como una experiencia de ataque y venganza. Si anidas la creencia de que eres un pecador…, abrirás tu puerta para que el miedo y la culpa se asienten en tu interior. ¡Ojalá despiertes de esta pesadilla!...
Puedo escaparme de este mundo renunciando a los pensamientos de ataque.
  • La venganza es tu respuesta al percibir en los demás el ataque que emanas desde tus pensamientos. Deja de castigarte, deja de concebir que el mundo te odia y te persigue. Deja de justificar la condena de tus propios juicios. Abre tu corazón al verdadero Amor; eleva tus pensamientos al plano donde gobierna la Unidad…
No percibo lo que más me conviene.
  • ¿Qué te hace feliz? ¿Qué te aporta alegría? ¿Qué aporta paz a tus sueños? ¿Poder…, afán de riquezas…? ¿Existe felicidad, alegría y paz en tu mente? ¿Existe poder, afán de riquezas en tus pensamientos? ¿Qué es lo que más te conviene?
No sé cuál es el propósito de nada.
  • ¿Te sientes perdido? ¿Te sientes abandonado? ¿Te sientes castigado? ¿Acaso, aún no sabes quién eres? Si lo supieras, no estarías perdido, ni te sentirías abandonado y castigado. Si te ves como un cuerpo… ¿qué poder te atribuyes? Tu vehículo físico, con el que te has identificado, no tiene la capacidad de decidir, ni de elegir… Es tu Mente, desde donde emanan tus elecciones. ¿A qué esperas para saber quién eres?

jueves, 23 de febrero de 2017

¿Cómo educar a un niño Piscis?


Todo los niños al nacer y recibir su primer aliento, rompen en llanto. Un hábitat que les es desconocido, les atemoriza, sin embargo, cuando son acogidos con calor y amor, su pena cesa rápidamente, aceptando con resignación y agrado su nuevo hogar.

Pero esto que le ocurre a la mayoría de los recién nacidos, no es totalmente valido para el niño que nace bajo la tutela del signo Piscis, ya que este, no calmará su llanto con tanta facilidad. Pero, ¿por qué?

Ningún niño es tan influenciable y sensible a la atmósfera exterior como el Piscis. Su psiquismo está aún conectado muy estrechamente con el mundo emocional. Él, se encuentra en la etapa de exteriorización del elemento Agua-Deseo, y será del exterior que recibirá una fuerte seducción que despertará en él, humanos sentimientos de abnegación y compasión, o por lo contrario, se sentirá intimidado y atacado, por lo que su respuesta será la evasión y la huida.

Piscis es un signo que expresa una doble naturaleza. Su trabajo principal es adaptar, acomodar sus propias exigencias emocionales, a la de los demás. Su mayor preocupación es comprender el subjetivo mundo de los sentimientos. Su psicología es muy receptiva, y muy a menudo sentirá en su propia piel, los problemas emotivos de los demás.

Esa preocupación por el dolor ajeno, lo hace frágil en las relaciones, y en muchas ocasiones los padres se quejarán de que su hijo no tiene voluntad de decisión y que todos se aprovechan de él. Es un error pensar así, ya que él se complace en servir a los demás emocionalmente. Si hay alguien enfermo, él se ofrecerá para cuidarle; si alguien sufre una experiencia dolorosa, él le consolará. Estos son aspectos positivos que deben ser potenciados por los padres, y deben hacerlo, reconociendo su capacidad de entrega, no como una debilidad, sino como un rasgo natural de su personalidad.

Ahora bien, podéis caer en la tentación de querer fortalecer su carácter, exigiéndole determinación, protagonismo, individualidad, con ello, lo único que conseguiréis es inhibir su expresión, y entonces, interpretará que no es amado, que es rechazado. Se sentirá atacado, violentado, y en respuesta a ello, escogerá un camino muy habitual en él, la marginación. Querrá liberarse de esa presión exterior. No comprenderá esa falta de amor, de aceptación, y para conseguirlo, buscará mecanismos de escape, de evasión, y lo que en la infancia puede aparecer como una maniobra de defensa, como la timidez, la pereza, el engaño, el disimulo, el sentimentalismo, etc., cuando alcanza la adolescencia, esas mismas energías le llevará a abandonarse en manos de hábitos como la bebida, las drogas, la mediumnidad, y todo tipo de desordenes emotivos.

El Piscis se enamora con suma facilidad, ya que la belleza le seducirá de un modo muy especial. Su hipersensibilidad, junto a su versatilidad, le hará muy inestable en sus relaciones afectivas. La dinámica de su signo, puede llevarle a vivir experiencias dramáticas, ya que le costará ser fiel, durante mucho tiempo, a sus sentimientos.

Para evitar muchos sufrimientos en este sentido, los padres debéis educar las emociones de vuestro hijo, indicándole que es necesario sublimar los sentimientos, de modo, que estos no permanezcan estancados permanentemente, ni en los seres, ni en las cosas.

Por ultimo, indicar que en vuestro hijo existe una atracción innata por indagar en lo oculto, en lo metafísico. No os extrañéis que cuando pequeños sean sonámbulos, o tal vez os diga que habla con las plantas, o que ve imágenes. Ocurre que su hipersensibilidad es tan aguda, que lo hace médium natural, es decir, tiene una especial facilidad para conectar con el mundo invisible. Si este fuese vuestro caso, no os asustéis, ni le llevéis a psicólogos o psiquiatras, lo mejor que podéis hacer por él, es conocer por vosotros mismos el mundo de lo esotérico, y descubriréis que lo supersticioso, lo enigmático, lo oculto, se revela como lo más natural del mundo.

UCDM. Libro de Ejercicios. Lección 54

LECCIÓN 54

El repaso de hoy abarca las siguientes ideas:
  
1. (16) No tengo pensamientos neutros.

2Tener pensamientos neutros es imposible porque todos los pen­samientos tienen poder. 3O bien dan lugar a un mundo falso o bien me conducen al mundo real. 4Pero es imposible que no ten­gan efectos. 5Del mismo modo en que el mundo que veo procede de mis errores de pensamiento, así también el mundo real se alzará ante mis ojos cuando permita que mis errores sean corregi­dos. 6Mis pensamientos no pueden ser simultáneamente verdade­ros y falsos. 7Tienen que ser lo uno o lo otro. 8Lo que veo me muestra si son verdaderos o falsos.

2. (17) No veo cosas neutras.

2Lo que veo da testimonio de lo que pienso. 3Si no pensase no existiría, ya que la vida es pensamiento. 4Permítaseme mirar al mundo que veo como la representación de mi propio estado de ánimo. 5Sé que éste puede cambiar. 6Y sé asimismo que el mundo que veo puede cambiar también.

3. (18) No soy el único que experimenta los efectos de mi manera de ver.

2Si no tengo pensamientos privados, no puedo ver un mundo pri­vado. 3Incluso la descabellada idea de la separación tuvo que compartirse antes de que se pudiese convertir en la base del mundo que veo. 4Sin embargo, cuando se compartió esa idea no se compartió nada. 5Puedo invocar también mis pensamientos reales, los cuales comparto con todo el mundo. 6Así como mis pensamientos de separación invocan pensamientos de separación en otros, mis pensamientos reales despiertan en ellos sus pensa­mientos reales. 7Y el mundo que mis pensamientos reales me muestran alboreará en su visión así como en la mía.

4. (19) No soy el único que experimenta los efectos de mis pensa­mientos.

2No soy el único en nada. 3Todo lo que pienso, digo o hago es una enseñanza para todo el universo. 4Un Hijo de Dios no puede pen­sar, hablar o actuar en vano. 5No puede ser el único en nada. 6Tengo, por lo tanto, el poder de cambiar a todas las mentes junto con la mía porque mío es el poder de Dios.

5. (20) Estoy decidido a ver.

2Puesto que reconozco que la naturaleza de mis pensamientos es que los comparto con todo lo que existe, estoy decidido a ver. 3Veré los testigos que me muestran que la manera de pensar del mundo ha cambiado. 4Veré la prueba de que lo que se ha obrado por mediación mía ha permitido que el amor reemplace al miedo, la risa a las lágrimas y la abundancia a las pérdidas. 5Quiero contemplar el mundo real, y dejar que me enseñe que mi voluntad y la Voluntad de Dios son una.

¿Qué me enseñan estas afirmaciones?

Os dejo una batería de preguntas, a título de ejemplo, que nos pueden ayudar a reflexionar sobre cada uno de los apartados.

No tengo pensamientos neutros.
  • ¿Estás seguro de que lo que te muestra tus pensamientos es real? Estás seguro de que lo que te muestra tus pensamientos no es una ilusión? ¿Eres consciente de que tu mente está emanando permanentemente pensamientos? ¿Recuerdas algún momento en el que hayas dejado de hablar con tu mente? Es imposible tener pensamientos neutros. Tú crees en la dualidad, por esa razón te sientes separado del mundo que te rodea.
No veo cosas neutras.
  • ¿Eres capaz de describir un solo pensamiento que sea neutro? Si así fuese, tú mismo serías neutro y eso es imposible, por el simple hecho de que negaría tu verdadera Existencia. ¿Te alberga la duda al pensar? ¿Piensas que es blanco? ¿Piensas que es negro? La calidad de tu pensamiento participa en tu realidad. Tú decides qué pensar en cada momento. ¿Desaprovecharás ese poder?
No soy el único que experimenta los efectos de mi manera de ver.
  • ¿Acaso crees que la visión que te ofrece tus pensamientos tan sólo afecta tu propia realidad? ¿Acaso crees que tus pensamientos son privados y exclusivos? El verdadero pensamiento comparte la misma realidad, es eterno. El pensamiento erróneo es perecedero y temporal…, está basado en la ilusión de la separación. Niega la verdadera Esencia del Ser y se identifica con la transitoriedad del cuerpo.
No soy el único que experimenta los efectos de mis pensamientos.
  • Todos los Hijos de Dios, hemos sido creados como manifestación expansiva de Dios, nuestro Padre. Somos parte del Todo; somos semejanza de su Pensamiento. Entonces, ¿crees acaso que tu pensamiento al extenderse no influenciará al resto de la Filiación?  
Estoy decidido a ver.
  • Ya conoces cuál es tu poder. ¿Deseas cambiar el mundo? ¿Deseas poner fin a la tristeza, al dolor, al sufrimiento? ¿Qué harás? ¿Seguirás juzgando al mundo, al enemigo, al otro, a tu hermano? ¿Querrás cambiar a los demás, para cambiar tus circunstancias, o cambiarás la manera de verlos?

miércoles, 22 de febrero de 2017

Principio 23: Los milagros reorganizan la percepción y colocan todos los niveles en su debida perspectiva.

PRINCIPIO 23

Los milagros reorganizan la percepción y colocan todos los niveles en su debida perspectiva. Esto cura ya que toda enfermedad es el resultado de una confusión de niveles.


Para entender correctamente la enseñanza que se comparte en este Principio, es necesario aclarar lo que se quiere decir cuando se hace referencia al término “niveles”.

En su sentido más general, el término “nivel” hace referencia a una altura relativa a otra altura; generalmente se toma como punto de referencia una base. Este significado, nos sugiere que para llegar a esa apreciación es preciso percibir y la percepción, como sabemos, surge como consecuencia de la creencia en la separación. Analicemos esta reflexión.

Sabemos, que la conciencia -el nivel de la percepción- fue la primera divi­sión que se introdujo en la mente después de la separación, con­virtiendo a la mente de esta manera en un instrumento preceptor en vez de en un instrumento creador.


Ahora bien, antes de que la separación introdujese las nociones de gra­dos, aspectos e intervalos, la percepción no existía. El espíritu no tiene niveles, y todo conflicto surge como consecuencia del con­cepto de niveles. 

La religión nos ha enseñado que Dios se manifiesta en Su Aspecto Trino: El Padre; El Hijo y El Espíritu Santo. Sin embargo, los Niveles de la Trinidad gozan de Uni­dad, a diferencia de los niveles creados por la separación que no pueden sino estar en conflicto. 

La mente elige dividirse a sí misma cuando elige inven­tar sus propios niveles. Pero no puede separarse completamente del espíritu, ya que de éste es de donde deriva todo su poder para fabricar o para crear. Aun en la creación falsa la mente está afir­mando su Origen, pues, de otro modo, simplemente dejaría de existir. Esto último, no obstante, es imposible, ya que la mente le pertenece al espíritu que Dios creó, y que, por lo tanto, es eterno.

El poder del milagro para ajustar niveles genera la percep­ción correcta que da lugar a la curación, ya que la enfermedad, como bien se recoge en el título de este Principio, no es más que el resultado de una confusión de niveles.

Kenneth Wapnick nos indica con relación a este Principio lo siguiente:

“Los niveles que se están confundiendo son los niveles de la mente y del cuerpo. El ego toma el problema de la culpa en nuestras mentes, que es la verdadera enfermedad, y dice que no es la mente la que está enferma, que es el cuerpo el que está enfermo. Cambia del nivel de la mente al nivel del cuerpo. El milagro regresa el problema adonde comenzó, y afirma que no es el cuerpo el que está enfermo, es la mente la que está enferma. Eso es todo lo que hace el milagro. Regresa el problema adonde radica”.

En el Curso nos enseña que la percepción de niveles surgió tras el error original de que uno puede estar separado de Dios. Veámoslo:

“La única carencia que realmente necesitas corregir es tu sensa­ción de estar separado de Dios. Esa sensación de separación jamás habría surgido si no hubieses distorsionado tu percepción de la verdad, percibiéndote así a ti mismo como alguien necesi­tado. La idea de un orden de necesidades surgió porque, al haber cometido ese error fundamental, ya te habías fragmentado en niveles que comportan diferentes necesidades. A medida que te vas integrando te vuelves uno, y tus necesidades, por ende, se vuelven una. Cuando las necesidades se unifican suscitan una acción unificada porque ello elimina todo conflicto.

La idea de un orden de necesidades, que proviene del error original de que uno puede estar separado de Dios, requiere corrección en su propio nivel antes de que pueda corregirse el error de percibir niveles. No te puedes comportar con eficacia mientras operes en diferentes niveles. Sin embargo, mientras lo hagas, la corrección debe proceder verticalmente, desde abajo hacia arriba. Esto es así porque crees que vives en el espacio, donde conceptos como "arriba" y "abajo" tienen sentido. En última instancia, ni el espacio ni el tiempo tienen ningún sentido. Ambos son meramente creencias”. (T-1.VI.2:5)

Con relación a lo ya reseñado de que la enfermedad es el resultado de una confusión de niveles el Curso nos indica lo siguiente:

“Un paso importante en el plan de la Expiación es deshacer el error en todos los niveles. La enfermedad o "mentalidad-no-recta" es el resultado de una confusión de niveles, pues siempre com­porta la creencia de que lo que está mal en un nivel puede afectar adversamente a otro. Nos hemos referido a los milagros como un medio de corregir la confusión de niveles, ya que todos los errores tienen que corregirse en el mismo nivel en que se originaron. Sólo la mente puede errar. El cuerpo sólo puede actuar equivo­cadamente cuando está respondiendo a un pensamiento falso. El cuerpo no puede crear y la creencia de que puede -error básico- ­da lugar a todos los síntomas físicos”. (T-2.IV.2:6)

Interesante lección la que nos enseña este Principio. Nuestra percepción de la enfermedad está muy identificada con el cuerpo y nos resulta extraña la idea de que la verdadera causa de toda enfermedad se encuentra en la mente. A pesar de esta resistencia, ya se vislumbran en la sociedad nuevos paradigmas que se basan en métodos en los que el cuerpo pasa a ocupar su papel esencial, la de comunicar los mensajes procedentes de la mente. El milagro, sitúa la causa en la mente y el efecto en el cuerpo, lo que pone fin a la falsa percepción de que cuerpo y mente se encuentran separados.