jueves, 16 de febrero de 2017

Acuario y las "Varices"

El signo de Acuario rige sobre la circulación sanguínea, especialmente la que afecta a la zona de las piernas. Cuando en una Carta Astral, el eje Leo-Acuario se encuentra activo por la posición de planetas, debemos prestar especial atención a los problemas de salud que se pueden derivar de dicha relación, entre ello, las varices.

Las varices o várices (singular variz o várice) son dilataciones venosas que se caracterizan por la incapacidad de establecer un retorno eficaz de la sangre al corazón (Insuficiencia venosa). Las más habituales son las de los miembros inferiores.
Se producen por una alteración de las válvulas venosas, dispositivos situados dentro de la luz de la vena en forma de un doble nido de golondrina que permite el flujo unidireccional de la sangre en dirección al retorno cardíaco y, a su vez, impide el reflujo de esta a la periferia (reflujo venoso retrógrado). Las várices se forman cuando las válvulas venosas no cierran bien, entonces la sangre comienza a acumularse en las venas, haciendo que se dilaten.

Desde el punto de vista espiritual, Leo-corazón  representa el arquetipo del Amor. Acuario-piernas, representa el arquetipo de la relación de igualdad. Si nuestro corazón-amor es incapaz de movilizarnos para que establezcamos relaciones de Amistad, de Unidad, entonces esa sangre-amor no retornará a la fuente de la cual a emanado, quedándose estancada en sentimientos que nos mantienen prisioneros de efímeras relaciones, o lo que es lo mismo, el amor incondicional no transciende el ego humano y se queda estancado, provocando rigidez y pesadez en la parte del cuerpo que ha de permitirnos movilizarnos. Esta rigidez es propia del signo Acuario, cuando alimenta la creencia de que más allá de su verdad no existen otras verdades.

Desde el punto de vista de la Biodescodificación, el resentir se traduce de la siguiente manera:
  • Me siento ahogado en esta familia. "Hay demasiadas cosas que limpiar en esta familia". "Estoy fuera de casa". "Estoy atrapado en una situación". "Quiero volver a casa" o "No puedo volver a casa".
Cuando la afección ha producido úlceras varicosas:
  • La vena crece, sobresale. Afecta a la gente que se sienten manchadas, sufren un conflicto de separación y uno de desvalorización".
Para Louise H Hay,  las venas varicosas significan que nos mantenemos en un trabajo o en otro lugar que nos enferma. Las venas pierden su capacidad de transportar alegría. Pregúntese si está marchando en la dirección en que quiere ir.
  • Causa probable: Situación que causa disgusto. Desaliento. Sentimiento de estar sobrecargada y con exceso de trabajo.
  • Nuevo modelo mental: Me encuentro en la verdad y vivo y actúo con alegría. Amo la Vida y circulo libremente.

Para Lisa Bourbeau:
  • Bloqueo Físico: Son causadas por una dilatación excesiva y permanente de una o varias venas, acompañada de una alteración de la pared del vaso sanguíneo.
  • Bloqueo Emocional: La persona que padece de várices es aquella que desea darse más libertad y tiempo libre, pero no sabe cómo hacerlo. Es del tipo que se hace cargo de muchas labores aunque le resulten pesadas y penosas, a causa de que exagera la importancia de sus preocupaciones. Al mismo tiempo le resulta difícil realizarlas con alegría. Puede ser una persona que se obliga a permanecer en una situación que odia. Por otro lado, observa la parte del cuerpo afectada por las várices para saber dónde se sitúa el problema.
  • Bloqueo Mental: Cuanto mayor sea la sensación de pesadez que te aportan las várices, más fuerte es el mensaje que recibes de que la vida te parece pesada y penosa. Es momento de saber que no necesitas estar dirigido por los "tienes que". Puedes permitirte un descanso temporal sin creer que, por ello, no eres una buena persona. La vocecita que siempre te empuja a hacer más o a hacerlo mejor, no es la voz de tu corazón. Deja que éste te dirija; él conoce mejor tus necesidades. Elige lo que quieres y lo que amas.

Para Jacques Martel:

Las varices se sitúan habitualmente en las piernas. Son el resultado de venas hipertrofiadas. Mis piernas me permiten andar por la vida, desplazarme de un lugar a otro. Varices en las piernas demuestran una mala circulación.
  • Así, puedo concluir que el lugar en el cual estoy ya no me conviene o que no me gusta lo que realizo actualmente. Ya no le encuentro alegría. Puede tratarse de una relación afectiva o incluso de un trabajo que se me ha hecho monótono. 
La sangre representa la alegría de vivir y la circulación del amor en mi Universo y mis venas son el medio de locomoción. La sangre en mis venas está en el camino de vuelta hacía el corazón, llevando con ella todo el amor que recibió del Universo.
  • La varicosidad puede indicar que un profundo conflicto emocional está directamente vinculado a la capacidad de amarme y de recibir todo este amor. La dirección que tomo o el suelo en que estoy no me da lo que estoy esperando, en el sentido emocional. Esto bloquea y alborota mi “movimiento emocional”. Tengo la sensación de arrastrar un peso enorme, como el preso que debe arrastrar constantemente su peso. Frecuentemente se trata de un peso financiero, el dinero causándome muchos dolores de cabeza y acechándome la avaricia. En general, tengo más la impresión de subir situaciones que de crearlas. 
Varices en las piernas aparecen frecuentemente durante un embarazo, lo cual demuestra que ciertos temores están vinculados a este estado; como mujer embarazada, tengo miedo de compartir este amor con otra persona, perder mi individualidad en mi nuevo papel de madre. Me siento desbordado y tengo miedo de no realizarlo todo porque tengo tendencia a aumentar los pequeños detalles. Entonces puede producirse el desánimo. Para restablecer esta situación, es importante que aprenda a amar lo que hago. Soy libre de elegir y circular libremente.

Fuentes consultadas: Diccionario de Biodescodificación. El gran diccionario de las dolencias y enfermedades (Jacques Martel). Wikipedia.

miércoles, 15 de febrero de 2017

Los Viajes de Psique (12 y Final)

Poco a poco, se fue alejando cada vez más y más. Y una viva muestra de ello se hacía evidente, puesto que la belleza de aquel valle se fue transformando en un paisaje desértico. Unas tierras áridas y abandonadas que invitaban a despojarse de toda carga pesada.
Aquella visión no amedrentó en ningún momento la segura determinación del intrépido aventurero, y siguió su camino con paso firme y certero. Pero aquel desierto no parecía tener fin. Hasta que súbitamente ocurrió lo que iba a sentenciar la última y gran Iniciación.
Del lejano horizonte y envuelto en los ropajes del éter, una voz celestial pedía ser socorrida. Aquel verbo vivo quedó en manos del viento mensajero, que acurrucó en su lecho aquella acariciadora voz, llevándola hasta los templados oídos de nuestro fiel buscador.
Alguien necesitaba ayuda. Alguien sufría y requería ser consolado. Pero Psique entendió que no era el momento de perder el tiempo con vagas preguntas. Era el momento de actuar y no debía demorarse ni un sólo minuto más.
Hechizado por ese propósito, Psique emprendió la búsqueda de ese desdichado ser que tanta aflicción le acongojaba. Pero no contó el joven y valiente Psique con aquellos obstáculos que se interponían entre él y la víctima que sufría. Una cortina de fuego se elevaba poderosamente impidiéndole continuar. Debía tomar una rápida decisión pues, de lo contrario, cuando llegase sería demasiado tarde.
En ese momento tomó de su alforja las tres Sentencias que había reunido a su paso por las Tierras de Kether, y contagiado por el valor que le inspiró el recuerdo de sus amigos, el Carnero, el León y el Centauro Arquero, Psique se lanzó con osadía y valentía hacia las llamas, con la intención de cruzar entre ellas y cuál fue su sorpresa al comprobar que el poder de aquel fuego nada pudo contra él.
Había vencido aquella primero prueba y, a pesar de haber perdido en aquella aventura las tres Sentencias que había reunido en las Tierras del Fuego, se sentía muy feliz al comprobar que gracias a los esfuerzos realizados, ahora podía dominar los elementos.
La voz suplicante de aquel indefenso ser cada vez era más nítida. Se estaba acercando a ella, pero aún le quedaba por vencer dos obstáculos más. El primero de ellos era el Mar. Una basta extensión de agua se interponía entre el objetivo y su persona. Debía cruzar esas aguas, pues de lo contrario nunca llegaría hasta su meta y guiado por ese deseo, Psique tomó de su alforja las tres Sentencias que había conseguido reunir a su paso por las Tierras Acuosas de Hochmah, y recordó al Cangrejo, al Escorpión y a los Peces, y fue invitado por el ejemplo de éstos, que se sumergió en las profundidades de aquellas oscuras aguas.
Nadó y nadó sin desfallecer, y poco a poco se dio cuenta de que podía permanecer debajo del agua cuanto tiempo quisiese. Ya no tenía necesidad de salir a tomar aire a la superficie. Y aquel descubrimiento le alegró, al tiempo que ganaba la otra orilla de aquel gran mar. Fue una pena que en aquella segunda Iniciación, Psique perdiese las tres Sentencias que celosamente guardaba en su alforja, y que había custodiado desde su paso por Hochmah. Pero aquello no pareció preocuparle mucho, puesto que se sentía muy feliz al poder dominar el segundo de los elementos, el Agua.
Ahora tan sólo le quedaba hacer frente a aquel enfurecido tornado, que con la furia de un ciclón y las fuerzas de un Titán, arrasaba todo cuanto a su paso encontraba. Poco tiempo le quedaba al joven para tomar una decisión, pues ya tenía encima el tornado destructor. Pensó que debía hacer uso de aquellas tres Sentencias que aún guardaba en su alforja. Aquellas Sentencias que reuniera en su encuentro con la sabia Justicia, con el noble Aguador y con los simpáticos Gemelos. Le daba pena tener que desprenderse de ellas, pero debía ayudar a aquel, que suplicaba ser ayudado. El tornado, con toda su furia, ganó la distancia que lo separaba del joven aspirante, el cual, haciéndose fuerte en sus tres Sentencias, consiguió salir ileso de aquella tercera Iniciación.
El viento se había llevado consigo las Sentencias, pero no había podido derrotar a Psique que se sentía agradecido a la ayuda que le habían prestado sus amigos. Había vencido, pero aquello no le importaba en esos momentos. Lo único que le había dado fuerza, era el querer ser útil a la persona que esperaba su ayuda. Pero, curiosamente, ya no oía la voz que momentos antes suplicaba socorro. Miró hacia todos los lados, pero no consiguió encontrar a nadie. Temió que su llegada hubiese sido demasiado tarde y aquel pensamiento le entristeció. Pero una voz le llamó, interrumpiendo aquel pensamiento sombrío.
  • Bienvenido seas Psique, hijo legítimo de Mentor, Rey de la Ciudad Sagrada -de este modo le saludaba aquel hermoso ser-.
  • ¿Quién eres que conoces mi identidad?
Psique aún no había descubierto la virginidad de aquel enviado, que le hablaba, y cuando lo hizo, sus piernas se doblaron, y sus rodillas se posaron en el suelo. Su rostro iluminado por aquella visión, no acababa de salir de su asombro. De su garganta a penas si podía emitir palabra alguna. Allí estaba, ante él, era la Virgen Celestial, la Virgen de las Cosechas. Esplendorosa y bella. Bella como ninguna otra.
  • Perdona mi torpeza sabia Reina, pero no te había reconocido -se disculpó el joven Psique-.
  • No debes disculparte Magno Ser, pues soy yo la que debo arrodillarme ante vuestra Deidad -le contestó dulcemente aquel afable ser-.
  • Cuanto me halagáis bella Reina, pero debéis saber que tan sólo soy un ignorante aspirante que busca desvelar la sabiduría del Gran Arcano -le explicó amablemente Psique-.
  • Acabas de dejar de ser el joven Príncipe que, llamado por la aventura, partiera un día del inmenso reino de Mentor. Hoy es un día glorioso pues, has conseguido la llave que te permitirá conocer los secretos del Gran Arcano. Desde hoy tu sabiduría te elevará, como antes ha elevado a los grandes Maestros del Universo. Con el poder del Gran Arcano podrás ocupar un lugar privilegiado en el trono de Mentor, y como él, crearás nuevos mundos y nuevos universos.
  • Pero no podré hacerlo bella reina, pues me fue confiada la misión de reunir las Doce Sentencias Sagradas, pero mi alforja está vacía, pues las he perdido en la última travesía -le explicó contrariado el joven-.
  • No, sabio Psique. Aquello que de la Luz consigues, también en la oscuridad permanece. Ven, acércate y toma estas Cuatro Espigas. Llévalas siempre contigo, y cuando llegues a la Ciudad Sagrada siembra su semilla en la Gran Comarca de la Nada. Espera tres grandes ciclos y al resurgir del cuarto, tu obra será culminada.
Y así fue, como Psique había adquirido el poder de las Deidades Celestes y el día que retornó a su Padre, éste le recibió con el respeto que se merecía. El que un día fuera un joven Príncipe retornaba como un sabio Rey.
Y cuenta la leyenda, que Psique se rodeó de Siete Sabios Ministros a los que dio a conocer como, Tiphereth, el Sol; Yesod, la Luna; Hesed, Júpiter; Netzah, Venus, Binah, Saturno, Gueburah, Marte, y Hod, Mercurio. Y a éstos, les otorgó poder sobre las Doce Supremas Sentencias, A Marte, le ofreció las moradas de Aries y Escorpio. A Venus, las de Tauro y Libra. A Mercurio, las de Géminis y Virgo. A la Luna, la de Cáncer. Al Sol, la de Leo. A Júpiter, las de Sagitario y Piscis, y a Saturno, las de Capricornio y Acuario. Y desde aquel día, Psique vive feliz y contento, sabiendo que sus Doce Amigos conviven alegremente en su Reino.
FIN

martes, 14 de febrero de 2017

Los Viajes de Psique (11)


Poco a poco, sin ninguna prisa, el joven Iniciado fue penetrando en aquella mágica región. Podía apreciar cómo sus sentidos se iban sensibilizando ante las esencias aromáticas que envolvían su razón, ante tanta gracia, ante tanto bienestar y plenitud.
Psique se separó de su alforja y libre de aquel pesado fardo, quiso compartir aquel remanso de paz que, como el más preciado de los sueños, daba vida a todo aquel lugar. El joven pensaba que sin duda había llegado al paraíso. Todo aquello le recordaba su hogar pues, en él todo vivía impregnado de la más completa felicidad. Pensó que su camino terminaría allí. ¿Qué podría desear más? Tenía todo a su alcance. Tenía alimentos y cobijo. Además la viva naturaleza permitía compartir armoniosamente su vida con la de otros seres que habitaban en paz en aquella rica región.
Cuanta tranquilidad se respiraba en aquella mágica tierra, y así fue como Psique quedó prisionero de una de las iniciaciones más sutiles y difíciles de superar y con la que el aspirante se ha de encontrar. Cegado por tanta abundancia y ensordecido por el melodioso compás con el que la rica naturaleza había mecido las horas de sueño de Psique, el joven y valeroso muchacho era victima de un gran error, un error que a punto estuvo de poner en grave peligro su misión y decimos a punto, puesto que cierto día, cuando el afortunado Psique aún gozaba de la paz del descanso, un extraño visitante vino a interrumpir sus horas de placer.
El mugido de aquel ser, hizo dar un fuerte brinco al sorprendido aventurero, que no pudo evitar el caer rodando por el suelo. Desde aquella postura tan incómoda, elevó su rostro buscando la causa de aquel alboroto, y no pudo más que exclamar con asombro:
  • ¡Caray!, ¿quién eres? A punto he estado de romperme la cabeza por tu culpa -le dijo Psique dirigiéndose a aquel ser de extraña belleza-.
Se trataba de un fornido y corpulento animal. Debía pesar cerca de los 700 kilos, y aquello hacía que sus movimientos fueran lentos y pesados. El pelo de su piel era blanco, un blanco resplandeciente, y en su cabeza se podían apreciar dos cuernos dorados que al contacto con el Sol, despedían luminosos haces de luz. 
  • No debes temer por tu cabeza muchacho -le dijo aquel Sagrado animal-. Tu cabeza es dura como una piedra, pues de lo contrario ya te hubieses marchado de aquí. Sí, sin duda eres testarudo, muy testarudo.
  • No te entiendo, ¿qué quieres decir? -le preguntó un tanto molesto Psique-.
  • Quiero decir, que debes continuar tu camino. No creas que has llegado a tu destino. Aún te queda cruzar estas Tierras, que como habrás experimentado por ti mismo, te ofrecen todo cuanto puedas desear, excepto una cosa... -le dijo aquel ser, intrigando al joven-.
  • Pero, ¿quién eres tú?, y ¿cómo sabes tanto de mí? no creo que sea verdad eso que dices. Yo he llegado al final de mi camino. Este es el paraíso que me estaba esperando. ¿Qué mal me puede ofrecer esta Tierra? -preguntó preocupado Psique-.
  • Yo soy Tauro, el Toro Sagrado. He amamantado con mi leche a Príncipes, que más tarde han llegado a Dioses. Yo les he alimentado con la ambrosía, para que cuando ellos creasen su propio mundo, pudieran criar a sus hijos con el manjar sagrado. No joven buscador, tú aún no has llegado. Esta Tierra de felicidad no es más que una pobre imitación de la felicidad que aún te espera. Aquí podrás gozar y sentirte colmado de paz, pero no podrás crear. Esta tierra ha sido creada para alentar al cansado viajero, para inspirarle la dicha que aún le aguarda. Ve, recoge tu pesada carga y continua tu sendero, pues aún debes atravesar este valle seductor, hasta ganar las Tierras de la Virgen de las Cosechas, donde deberás dar cuenta de cuanto llevas en tu alforja.
Tauro, el Toro Sagrado, era todo un pozo de sabiduría. Y así lo entendió el joven Psique, el cual siguió paso a paso los consejos de su desinteresado amigo. Pero antes de continuar su camino, le preguntó:
  • Dime, sabio Tauro, ¿cuál es tu Sentencia?
  • Observa a tu alrededor muchacho y dime, ¿qué ves? -le invitó el Toro Sagrado-.
  • Veo grandeza, plenitud y belleza. Veo la mano de la sabiduría, que dando vida a la naturaleza, cubre con esplendor esta Tierra -contestó el Iniciado-.
  • Pues lleva contigo esa Verdad y guárdala en tu alforja. ¡Qué el fruto que gratuitamente nos ofrece la sabia naturaleza, sea el alimento que cubre las necesidades del Espíritu Iniciado!. Y ahora continúa tu camino.
Pesadamente y sin prisa alguna, el Toro Sagrado, se despedía del joven Psique, el cual ya no lamentaba abandonar aquellas tentadoras Tierras, en las que tanta dicha había encontrado. Y guiado por el sólo deseo de culminar su obra, Psique aceleró sus pasos pues tenía necesidad de salir cuanto antes de aquellas tierras de placer.

lunes, 13 de febrero de 2017

Los Viajes de Psique (10)

Capítulo IV: "La Morada de Hesed"

Tras tres duras jornadas, Psique se sentía agotado. Aquella alforja, fiel compañera de viaje, había ido ganando peso a cada aventura y ahora suponía una carga considerable para el joven aspirante. A pesar de su cansancio, no quiso retrasar su próximo encuentro en el que esperaba ser huésped de las cálidas Tierras de Hesed, fuente Sagrada del Eterno Poder.

Sumido en un vivaz diálogo consigo mismo, nuestro joven buscador y osado aventurero, no pudo evitar que una vez más fuese víctima de un hecho que lo embriagó de admiración.

El tronar de las reales trompetas del Templo, clamaban a los cuatro vientos la llegada de un viajero, dándole de este modo tan singular, la bienvenida a la tierra donde moran los Sabios Maestros.

Unas enormes puertas labradas en las más preciosas de las maderas, se abrieron al unísono invitándole a entrar. No acababa de creer lo que sus ojos estaban presenciando. Una enorme fortaleza de piedra se levantaba sólidamente ante él. Jamás había contemplado a lo largo de sus anteriores viajes nada parecido. Dejándose guiar por una voz interior en la que quiso reconocer una triple alianza, la del León, el Escorpión y el Aguador, dirigió sus pasos hasta el interior de aquel enorme y gigantesco recinto.

Comprobó a su paso que todo estaba labrado y esculpido en la dura piedra. Sin embargo, aquellas siluetas estaban perfiladas con tanta perfección que resultaba difícil distinguir la realidad de la fantasía.

Poco a poco, nuestro amigo Psique, se fue adentrando en una de las salas de las muchas que se abrían a su paso. Cada vez se sentía más poseído por aquella asombrosa experiencia. Pero lo estaría aún más, cuando en el interior de aquella misteriosa sala, descubrió algo insospechado e inesperado.

  • ¡Eh, amigo Aries!, soy Psique, ¿me recuerdas? -grito, dirigiéndose a la figura esculpida de la sagrada imagen del Carnero-.
Pero nadie le contestó, y sin comprender muy bien la descortesía de su amigo, Psique miró a su alrededor y tuvo que reprimir su alegría, que a punto estuvo de ocasionarle un accidente, puesto que, guiado por aquel extraño y sorprendente descubrimiento, corrió con la intención de fundirse en un sincero abrazo con todos sus amigos, que permanecían allí mismo, en espera de su llegada.

  • Amigo León, Centauro Arquero, cuánta dicha y felicidad. Decidme, ¿qué hacéis en las Tierras de Hesed, tan lejos de vuestras moradas?

Sin dejar de hablar, Psique fue saludando a cada uno de sus amigos, pero no se había dado cuenta aún, por estar cegado por tanta alegría, que estaba siendo víctima de un error. Un error que le abriría el sendero de una nueva iniciación.

Poco a poco su exaltación se fue calmando, y entonces la venda que cubría sus ojos cayó, dejándole frente a frente con la cruel realidad. Comprendió que había confundido aquellas imágenes esculpidas a la perfección en la piedra, con sus amigos, y ante esta visión se entristeció y quedó sumido en un sentimiento nuevo, la pesadumbre, la desolación. Por unos momentos sintió que la vida le faltaba. Miró a un lado y a otro buscando a alguien que le hiciese compañía y pusiera fin a su soledad. Y en toda aquella trama de sensaciones, Psique quedó pensativo.

  • ¿Por qué estarían allí sus amigos? -se preguntaba-. ¿Qué significado tendría aquello?
Con el transcurrir del tiempo, Psique se percató de que su soledad fue desapareciendo.

Viviendo interiormente aquellas experiencias, renovó, una vez más, su espíritu aventurero. Y como recompensa a su paciente espera, nuestro amigo iba a recibir las respuestas a cuantas preguntas le surgieron.

  • Hola, joven Príncipe -le saludó dulcemente el anciano Maestro-.
Psique elevó su mirada y se alegró al ver que aquel lugar estaba habitado -cosa que ya dudaba-. Ganado por la curiosidad, el joven se dispuso a hablar, cuando aquel enigmático personaje, le dijo:

  • No debes preocuparte por cosas que aún desconoces de esta tierra, joven Príncipe. El tiempo transcurre lentamente, pero es paciente y todo en esta tierra tiene su hora.
  • ¿Por qué me llamas Príncipe?, ¿acaso conoces mis raíces?. Si es así, dime, ¿quién soy?, pues al penetrar en estas tierras algo extraño me ha sucedido. Casi no recuerdo cuál es mi designio -preguntó angustiadamente el joven Psique-.
  • En primer lugar debes saber que te encuentras en la morada del sagrado Poder de Hesed, y os llamo Príncipe, porque aquel que es capaz de llegar hasta sus Puertas lleva en sus venas sangre real. En verdad -continuó el sabio anciano-, que aquellos que cruzan las Puertas de Hesed se adentran en la Tierra del Olvido y se oscurece de la conciencia el ideal que hasta aquí lo ha guiado. Sin embargo, existe un motivo, si en verdad tu alforja reúne las Nueve Sentencias Alquímicas, nada deberá preocuparte, pues sabrás hallar el sendero que te llevará a encontrar la verdadera clave de tu Designio.
  • ¿Qué debo hacer sabio anciano para culminar esta obra? -interrogó Psique al Maestro-.
  • Debes encontrar la respuesta joven Príncipe -le contestó el anciano, al tiempo que alejaba sus pasos hacia la oscuridad de aquellas sombras-.
  • La respuesta, ¿qué respuesta? -se apresuró a preguntar Psique-. y desde muy lejos, le oyó decir...
  • La de tus amigos, joven Príncipe. La de tus amigos...

Sentándose en una roca, el aturdido joven se dijo que se encontraba como al principio. Y pensar que pudo haber conocido los misterios de aquel sagrado Templo.

De repente recordó que aún le quedaba por reunir las tres Sentencias de la Tierra de Hesed. Debía encontrarse con la Cabra de la Montaña. Tal vez ella le podría ayudar, y de este modo, Psique, dando un salto de su asiento reanudó su camino.

Anduvo, anduvo sin parar ni un momento. A su paso por aquellas resecas tierras, fue encontrando los restos de huesos, que esparcidos por el árido suelo, hacían de aquel lugar un paisaje desolador. Pero aquello no preocupó al joven iniciante, y para entretenerse en su camino fue cogiendo un hueso de aquí, otro hueso de allá, hasta que poco a poco se dio cuenta que había completado, con todo cuanto había recogido a su paso, la figura de un ser. Tenía piernas, manos y brazos. Una columna vertebral y un esternón. Sin embargo, le faltaba una pieza primordial, el cráneo, ¡no tenía cabeza!.

Debía encontrarlo, ¿pero dónde?, pues allí parecía terminar aquel reguero de huesos. Miró a la lejanía y observó profundamente admirado cómo en el horizonte se elevaba una enorme montaña.

Pero aquella silueta, a pesar de ser borrosa debido a la distancia y al tiempo, se le antojaba perfilada y dando forma a una carabela.

Entusiasmado por aquel nuevo descubrimiento, Psique aceleró el ritmo de sus pasos. Pensaba que, tal vez allí, encontraría la pieza que le faltaba para completar aquel esqueleto que tanta inquietud le había despertado. No tardó en llegar a los pies de aquella misteriosa montaña. Como el joven había apreciado, respondía a la silueta, perfectamente esculpida, de un cráneo, y cuando Psique elevó sus ojos hacia la cima con la intención de observar con detalle aquella obra maestra de la creación, descubrió a un nuevo personaje. Pero en esta ocasión le reconoció sin dificultad.

  • Tú debes ser la Cabra de la Montaña, ¿no es cierto? Yo soy Psique...
Quedó pensativo por unos instantes el joven e intrépido buscador, pues no recordaba su origen. Sin embargo, le dijo:

  • Debes perdonar que no pueda decirte nada más sobre mi identidad, pero no acabo de recordar cuál es mi origen.
  • No te preocupes joven y valeroso Príncipe, pues te ayudaré a encontrar la verdad que yace enterrada en cada una de las piedras, que como ves, dan forma a la Morada de Hesed. Esa verdad te guiará de nuevo hasta tu hogar -le dijo aquel sabio ser, que permanecía erguido en la cima de aquella montaña-.
  • Pero dime, Cabra de la Montaña, ¿qué haces ahí? -preguntó preocupado Psique-.
  • Desde aquí diviso las formas materiales de la vida y les inspiro el ideal de elevación. Si no fuera así, aquel que cubre sus huesos con las carnes de la materia, olvidaría para siempre su primordial origen. Desde aquí les invito a escalar y superar los últimos escollos del sendero. No es fácil ganar la cima de esta montaña. Muchos quedan atrapados a mitad del camino, seducidos por la ambición y el poder, que más tarde degeneran en los más pérfidos vicios. Inténtalo tú, peregrino. Arráncale a la montaña los secretos de tu destino.

Sin demorar por más tiempo aquella aventura, Psique comenzó a escalar la montaña iniciática. A su paso fue encontrando desechos esparcidos de otros muchos, que antes que él lo intentaron. Pero aquello le dio aún fuerza para seguir su camino.

Cuando hubo alcanzado la mitad de su recorrido, una vieja anciana llamó su atención pidiendo a gritos que la ayudase. Psique a pesar de tener que desviarse, decidió acudir a la voz de socorro de aquella desdichada mujer. Al llegar comprobó que la anciana se encontraba al borde de un precipicio a punto de caer, y se apresuró a socorrerla. Con mucho esfuerzo, Psique consiguió salvarla, y cuando comprobó que se encontraba bien, decidió continuar su camino, pero fue entonces, cuando...

  • ¡Oh, joven y apuesto Príncipe, esperad, esperad os lo suplico! Debo recompensar vuestra ayuda -le dijo la anciana queriendo agradecerle lo que había hecho por ella-.
  • No, no me debes nada, noble anciana. No debes preocuparte por mí, pues lo único que pretendo es alcanzar la cima de esta montaña -explicó Psique a la anciana, que pareció recuperarse con asombrosa rapidez-.
  • iOh, no... no lo hagáis!, todos cuantos han querido alcanzar su cima han perecido en su intento. Sin embargo, si os quedáis conmigo, yo os puedo ofrecer algo muy valioso, algo que os dará poder, mucho poder.
Aquel ofrecimiento ganó la curiosidad característica del joven, y ello le llevó a preguntar:

  • ¿Qué tienes que ofrecerme de tanto poder?
  • Este anillo que veis, tiene extraños poderes mágicos. Si invocáis a la imagen que se dibuja en su sello, él te ofrecerá todo cuanto pidáis. Intentadlo -le invitó astutamente la sospechosa anciana-.

Por unos segundos, Psique se sintió tentado por aquella propuesta, pero algo en su interior le avisaba de que no debía hacerlo. Y entonces le dijo a la anciana:

  • Lo siento generosa anciana, pero el camino que he de recorrer debo hacerlo sólo, sin ayuda de nadie. A pesar de todo, te agradezco tu ayuda. Ahora tengo que continuar, adiós...

Y diciendo esto, Psique reanudó de nuevo su camino. Gracias que así lo hizo, pues a su marcha, aquella anciana se transformó en un ser endiabladamente maligno, que indignado por la rabia se convirtió en una llamarada de fuego.

En adelante, Psique no tuvo que enfrentarse a más encuentros que pusieran a prueba su lealtad. Y gracias a ello, alcanzó la cima de la misteriosa montaña, donde estaba esperándole la Cabra Sagrada.

  • ¡Enhorabuena! Has conseguido lo que muy pocos consiguen, salir airoso de la prueba de la ambición. Ahora dime, joven Príncipe, qué quieres saber y te ayudaré a conocer la respuesta -le dijo orgullosamente Capricornio, la Cabra de la Montaña Sagrada-.
  • Dime, ¿por qué están mis amigos esculpidos en la roca? -preguntó muy preocupado el valeroso Psique-.
  • Debes saber joven Príncipe, que cada estación da sus frutos y cada tierra nos ofrece un paisaje y unas costumbres muy distintas. Cuando iniciaste tu osada aventura, partiste con tu alforja desnuda, pero guiado por el Designio que te fue encomendado has penetrado poco a poco en el misterio y secreto del Gran Arcano. En las Tierras de Kether, te impregnaste de Valor y de Vida, en las Acuosas Tierras de Hochmah, te enriqueciste con el valioso tesoro del Amor. En las frías Tierras de Binah, te, embriagaste con el licor del conocimiento, y ahora, en estas Tierras de Sombras, donde Hesed reina con la opulencia y el poder, debes engalanarte con los más hermosos ropajes que podemos ofrecerte, la Sabia Experiencia. Aquí sabrás reconocer, sin necesidad de buscar en tu corazón, ni en tu mente, lo que es verdad y lo que no lo es, pues será tan evidente, que la duda no te poseerá. Es por ello, que tus amigos y mis hermanos, están esculpidos en la piedra. Así el viajero no se olvidará de que todos juntos forman el verdadero poder del Gran Arcano.
Psique siguió con profunda admiración cada una de las palabras de aquel sabio Maestro. Perplejo por tanta sabiduría, nuestro joven protagonista no se dio cuenta de que se encontraba una vez más sumido y ensimismado en una profunda reflexión. Capricornio ya se marchaba, esperando recibir a cuantos peregrinos llamasen a las puertas de la Sagrada Montaña, pero fue interrumpido de nuevo por Psique, el cual le dijo:

  • ¡Espera, espera sabia Cabra! No puedes marcharte sin que antes me hayas dicho cuál es tu Sentencia -le advirtió el joven-.
  • Mi Sentencia es ésta, joven Príncipe: ¡Ve y reúne las piedras más sólidas, aquellas que hayan sido expuestas a los rayos del vivo Sol, y construye con ella el Templo, un Templo que de cobijo a los que como tú, se han forjado como buscadores iniciáticos. Sé pues, el Arquitecto. El Maestro Constructor. El que construye la Verdad en la piedra!

Y diciendo esto, Capricornio se perdió entre las sombras de la Montaña. Su misión había culminado y así lo entendió el incansable buscador, el cual notó cómo su alforja había ganado un considerable aumento de peso, al introducir la Sentencia de la Cabra de la Montaña. Pero no podía desfallecer en esa hora, cuando ya le quedaba un corto trayecto.

Con suma paciencia, Psique abandonó la Montaña y dirigió sus pasos hacia un hermoso valle que se dibujaba como un manto de vivos colores en el horizonte.

domingo, 12 de febrero de 2017

Los Viajes de Psique (9)

Como veréis, nuestro amigo Psique tiene motivos para sumergirse en tan noble tarea de meditación. Sin embargo, sus pies no dejaron de caminar, y sin percatarse de ello, el joven aventurero llegó a las puertas de una Gran Ciudad. Sería la providencia, una vez más, la que generosamente guiara a Psique al encuentro que el destino le reservaba.

Fue aquella discusión la que le haría volver de su mundo interior, y no pudo menos que quedar admirado y no menos sorprendido, ante la escena que gratuitamente contemplaban sus ojos.

Se trataba de dos jóvenes que se debatían, muy enfrascados, en una polémica conversación.

Pero no fue aquello lo que ganó la curiosidad de Psique, sino más bien, el asombroso parecido de ambos. Aquello le impresionó hasta tal punto, que una pregunta llegó a obsesionarle, y buscó afanosamente en su interior una respuesta que acallara aquella inquietud.

·     ¿Existirá algún ser que tenga mí mismo rostro?.

Pero viendo que la respuesta se hacía esperar, pensó que lo mejor sería preguntárselo a aquellos dos jóvenes, y así fue como Psique conocería a Géminis, los Gemelos.

·    ¡Hola, amigos!. Perdonad que interrumpa vuestra animada conversación, pero al veros por primera vez, no he podido evitar quedar admirado, pues al comprobar vuestro parecido, me he preguntado, si existirá algún ser igual a mí mismo.

Aquellos jóvenes enmudecieron, y mientras uno le sonreía amablemente, el otro, menos afectuoso, le dijo:

·    No sabes que es de mala educación escuchar las conversaciones de los demás, y mucho menos interrumpirla.

·    Bueno, perdonad nuevamente, pero creo que me he dejado llevar por el desenfrenado espíritu de Aries, el Carnero. Las ansias a veces me lleva a situaciones que no logro dominar, pero ahora que ya os he pedido perdón, podréis decirme... -intentaba ser comprensivo el joven Psique, pero de nuevo la falta de cortesía de uno de aquellos desconocidos, le interrumpió bruscamente-.

·    No te molestes. Yo no hablo con desconocidos.

·    Es cierto -contestó el joven en tono nervioso-. Pero eso no es problema. Yo soy Psique, hijo legítimo de Mentor, el Rey de la Ciudad Sagrada. ¿Decidme, quiénes sois vosotros?. Aunque creo que os he reconocido. Vosotros debéis ser los Gemelos, que como bien me advirtiera mi Padre, dispensáis la verdad del cielo y de la tierra.

Aquellas palabras parecieron ir contagiadas de un don mágico, hasta el extremo de que los Gemelos quedaron profundamente asombrados. Una viva muestra de ello fue, qué ambos al unísono saludaron, con un cortés gesto de reverencia, al joven Psique.

·    Bienvenido seas, Príncipe de la Luz -exclamaron a una sola voz, los Gemelos-.

·    ¿Por qué me llamáis príncipe de la luz?, y ¿a qué es debido esa exagerada reverencia? -preguntó muy extrañado Psique-.

·    Tan sólo el buscador que es capaz de cruzar las Tierras de Binah y llegar hasta esta comarca, victorioso, es digno de ser llamado Príncipe de la Luz, pues en su alforja se encuentra los elementos necesarios para dar Nombre a la Vida.

Aquella última frase ganó nuevamente el interés de Psique, que dejándose llevar una vez más por su búsqueda, preguntó entusiasmado.

·    ¿Qué es dar Nombre a la Vida?

·    Tan sólo pueden dar Nombre a la Vida aquellos que conocen el contenido de las Sagradas Sentencias -respondió el que tan amablemente le recibiera-.

·    Pero Yo aún no he reunido las Doce -le dijo preocupado Psique-.

·    No debes preocuparte, puesto que para forjar la gran Obra tan sólo necesitarás nueve de Ellas. Pero cuando las obtengas, entonces, joven Príncipe, no olvides una cosa, la Luz creadora puede cubrirse de sombras.

·    Y qué debo hacer para que ello no ocurra? -preguntó el joven muy inquieto-.

·    No desperdicies tu Poder. Ese Poder que has ido acumulando a lo largo de tu ruta. Pues si así lo haces, si dispersas o distraes tu atención, entonces alimentarás a los Señores del Abismo, y desde ese momento, tu creación siempre estará en peligro. Has sabido reconocer nuestra identidad. En efecto, somos los Gemelos y en recompensa te entregaremos nuestra Sentencia.

·    Os estoy muy agradecido, pero antes de hacerlo, podéis contestarme a la pregunta que ya os hice. ¿Existe algún ser con mi mismo rostro?

No, no contestaremos a tu pregunta. Esa respuesta deberás hallarla por ti mismo. Si no lo haces, de nada te valdrá nuestra Sentencia. Obsérvanos y dinos qué ves en nosotros.

·    Veo dos verdades que trabajan conjuntas. Una dicta normas, leyes. Se preocupa por hacer llegar la verdad a todos los seres. Vuela como un veloz pájaro que viaja de un lado a otro anunciando, cuál es el verdadero sendero de la dicha, y en tu camino vas contagiando a todos de modo que conducen sus vidas con franqueza y justicia. En cambio, la otra verdad es mucha más pacífica. Su lenguaje es cálido y creador. Allí donde su verdad en pronunciada, se unen las criaturas vivientes dando vida a un compás de amor. Sí, sin duda ambos forjáis con vuestros rostros la verdad. Pero mientras que uno siembra, la otra recoge. Mientras uno es semilla, el otro es fruto. En verdad os digo, que no encontraré otro rostro igual al mío en esta Tierra, pues cada ser debe andar sus propios senderos, y al final, aunque todos se encuentran, cada uno sabrá aportar una visión distinta.

·    Vemos que en verdad eres digno de ser llamado Príncipe de la Luz. Has encontrado por ti mismo la respuesta que con tanta necesidad buscabas. Ahora recibe esta Sentencia, y recuerda, cuando pienses en nosotros, que a pesar de nuestra dualidad, nuestro Propósito es uno mismo. ¡Proclamar la Verdad y enriquecer a los seres con ese manantial!. Sigue tu sendero hermano y comparte nuestra Sentencia con los seres que encuentres en tu camino. Háblales de nosotros y de cuantas aventuras has encontrado. Vamos continua, pues ellos te aguardan.

Así fue como los Gemelos permitieron al joven Psique reunir la última de las Sentencias, gracias a la cual podría dar Nombre a la Vida. Se sentía preparado y con ánimo para afrontar el último de los viajes. Conocía la verdad de las leyes con que dar Nombre a la Vida, y sabía cómo hacer uso de ese poder. Tan sólo le quedaba afrontar su última y gran Iniciación. Y así lo esperaba, por lo que no demoró más su partida.