sábado, 28 de enero de 2017

Principio 15: Todos los días deberían consagrarse a los milagros.

 PRINCIPIO 15

Todos los días deberían consagrarse a los milagros. El propósito del tiempo es que aprendas a usarlo de forma constructiva. El tiempo es, por lo tanto, un recurso de enseñanza y un medio para alcanzar un fin. El tiempo cesará cuando ya no sea útil para facilitar el aprendizaje.


“Básicamente, este principio expone la meta fundamental del Curso, que es ayudarnos a que pasemos cada hora del día, todos los días de nuestras vidas, en una continua contemplación de todas las cosas como el Espíritu Santo nos pide que las contemplemos. Esto quiere decir que continuamente veamos todo lo que ocurre en nuestras vidas como lecciones que Él quiere que aprendamos que cada cosa que ocurre es una oportunidad de aprendizaje si nos aprovechamos de la misma. Así, todo lo que confrontamos debemos verlo como una oportunidad de escoger el agravio del ego o el milagro del Espíritu Santo”.

He querido compartir las palabras de Kenneth Wapnick como introducción a este artículo, en el que vamos a reflexionar sobre la utilidad del tiempo, que aun siendo una ilusión, se puede utilizar como un recurso de enseñanza y como el medio que ha de llevarnos a comprender que el tiempo no es real. Como bien establece este Principio, el final del tiempo llegará cuando ya no sea útil para nuestro aprendizaje.

¿Cómo debemos vivir el día a día?

No somos conscientes de ello, pero cada día, cada hora y cada minuto, e incluso cada segundo, estamos decidiendo entre el ego y el Espíritu Santo.  Cuando nuestra mente elige en favor de la culpa­bilidad, entonces servimos al ego; cuando la elección es a favor de la inocencia, servimos al Espíritu Santo. Como bien señala el Curso, “de lo único que disponemos es del poder de decisión”.

Las Lecciones del Libro de Ejercicios son de gran ayuda para entrenar nuestra mente y para señalar, de forma metódica, la orientación que debemos dar a nuestros pensamientos para que vayan, progresivamente, desvinculándose de su apego al ego y promoviendo el despertar dentro del sueño.
Mi experiencia sobre este particular, es que al tratarse de una técnica de entrenamiento, los resultados obtenidos estarán proporcionalmente relacionados con el esfuerzo realizado, es decir, con la perseverancia y concentración dedicada.

Existe una oración en el Libro de Ejercicios que define hacia dónde debemos orientar nuestra voluntad cada día:

“Padre mío, permanece en mi mente desde el momento en que me despierte, y derrama Tu luz sobre mí todo el día. Que cada minuto sea una oportunidad más de estar Contigo. Y que no me olvide de darte las gracias cada hora por haber estado conmigo y porque siempre estás ahí presto a escucharme y a contestarme cuando te llamo. Y al llegar la noche, que todos mis pensamientos sigan siendo acerca de Ti y de Tu Amor. que duerma en la confianza de que estoy a salvo, seguro de Tu cuidado felizmente consciente de que soy Tu Hijo”. (L.pII.232.1)

Es bien cierto que vivir en el “mundanal ruido”, nos distrae en el objetivo propuesto, pero a pesar de ello, es muy importante recordar, que es muy posible escuchar la Voz de Dios durante todo el día sin que ello interrumpa para nada nuestras actividades normales. La parte de nuestra mente donde reside la verdad está en constante comunica­ción con Dios, tanto si somos conscientes de ello como si no. Es la otra parte de nuestra mente la que opera en el mundo y la que obedece sus leyes. Ésa es la parte que está constantemente distraída, y que es desorganizada y sumamente insegura. (L.pI.49.1)

El ego cree saber cómo resolver sus problemas, sus conflictos, pues necesita tener la convicción de que él dirige su vida. Pero aquel que ha fabricado un mundo ilusorio y erróneo, no puede mas que aportar soluciones ilusorias y erróneas, con lo cual, el único y verdadero problema no se soluciona jamás.

La Lección 242 del Libro de Ejercicios, nos insta a que no tratemos de dirigir la vida por nuestra cuenta, ya que al reconocer que no entendemos el mundo, tratar de dirigirlo es una locura. Al mismo tiempo, reconoce, que hay Alguien que sí sabe lo que más nos conviene, el cual se alegra de tomar por nosotros, únicamente, aquellas decisiones que nos conducen a Dios.
Debemos pues, poner en Sus manos todas las decisiones y todos los temas del día, teniendo la total certeza de que Él –Espíritu Santo-, conoce el camino que nos conducirá a Dios.

Y así, ponemos este día en Tus Manos. Venimos con mentes comple­tamente receptivas. No pedimos nada que creamos desear. Concédenos tan sólo lo que Tú deseas que recibamos. Tú conoces nuestros deseos y necesidades. Y nos concederás todo lo que sea necesario para ayudarnos a encontrar el camino que nos lleva hasta Ti. (L.pII.242.2)

Recomiendo repasar el contenido del Capítulo 30 del Texto, el cual está dedicado a las reglas para tomar decisiones. Se trata de una metodología que nos ayuda a orientar nuestra actitud a lo largo del día.

Me gustaría terminar con dos oraciones extraídas del Libro de Ejercicios, que sin duda nos serán de inspiración:

Quiero pasar este día Contigo, Padre mío, tal como Tú has dispuesto que deben ser todos mis días. Y lo que he de experimentar no tiene nada que ver con el tiempo. El júbilo que me invade no se puede medir en días u horas, pues le llega a Tu Hijo desde el Cielo. Este día será Tu dulce recordatorio de que Te recuerde, la afable llamada que le haces a Tu santo Hijo, la señal de que se me ha concedido Tu gracia y de que es Tu Voluntad que yo me libere hoy”. (L.pII.310.1:2)


Padre, al despertar hoy los milagros corrigen mi percepción de todas las cosas. Y así comienza el día que voy a compartir Contigo tal como compartiré la eternidad, pues el tiempo se ha hecho a un lado hoy. No ando en pos de cosas temporales, por lo tanto, ni siquiera las veré. Lo que hoy busco trasciende todas las leyes del tiempo, así como las cosas que se perciben en él. Quiero olvidarme de todo excepto de Tu Amor. Quiero morar en Ti y no saber nada de ninguna otra ley que no sea Tu ley del amor. Quiero encontrar la paz que Tú creaste para Tu Hijo, y olvidarme, conforme contemplo Tu gloria y la mía, de todos los absurdos juguetes que fabriqué”. (L.pII.346.1:2)

martes, 24 de enero de 2017

Principio 14: Los milagros dan fe de la verdad.

PRINCIPIO 14

Los milagros dan fe de la verdad. Son convincentes porque proceden de la convicción. Sin convicción degeneran en magia, que es insensata, y, por lo tanto, destructiva; o más bien, el uso no creativo de la mente.

Quiero dedicar este artículo al término “verdad”. La afirmación expresada en este Principio, “Los milagros dan fe de la verdad”, me lleva a cuestionarme si la visión que tenemos de la verdad es compartida o, por lo contrario, cada uno es dueño de su verdad.

De las afirmaciones que nos define el diccionario de la Real Academia Española y que a continuación expongo, me quedo con la que determina que uno de los significados del término verdad es “Realidad”.

1. f. Conformidad de las cosas con el concepto que de ellas forma la mente.
2. f. Conformidad de lo que se dice con lo que se siente o se piensa.
3. f. Propiedad que tiene una cosa de mantenerse siempre la misma sin mutación alguna.
4. f. Juicio o proposición que no se puede negar racionalmente.
5. f. Cualidad de veraz. 
6. f. Expresión clara, sin rebozo ni lisonja, con que a alguien se le corrige o reprende. 
7. f. Realidad (‖ existencia real de algo).

Esta definición no lleva a una cuestión que ya hemos analizado en estos artículos (http://aprendiendouncursodemilagros.blogspot.com.es/2015/01/retomo-la-iniciativa-emprendida-de.html) y que nos obliga a definir, igualmente, el concepto “realidad”.
Para la visión del ego, con la cual nos encontramos identificados, lo real es lo que percibe, es decir, el mundo físico y sus leyes.
Sin embargo, a lo largo de los estudios que estamos realizando sobre Un Curso de Milagros, lo que el ego llama real, es precisamente lo contrario, es decir, lo irreal, lo ilusorio, pues todo lo físico está sujeto al cambio y es temporal, mientras que lo real, en este caso, la verdad, se mantiene siempre la misma sin mutación alguna.

Desde el punto de vista espiritual, desde la visión de la eternidad, la realidad es el mundo del cual procedemos, es decir, del Reino del Padre de cuya Mente hemos sido emanados y donde se encuentra nuestro verdadero hogar.

Por lo tanto, podemos decir, que nos encontramos entre dos tipos de pensamientos, uno que contribuye a la verdad y que tiene la cualidad de extenderla, y otro que contribuye a la ilusión y que tiene la propiedad de multiplicarla.

Tal vez te esté preguntando, al igual que yo, que te gustaría conocer dónde se encuentra la verdad.

Sobre este particular, el Curso nos refiere que la luz de la verdad está en nosotros, allí donde Dios la puso. Mientras que ecuerpo es lo que está fuera de nosotros, y no es lo que nos concierne. Nuestro estado natural, es estar sin un cuerpo. Cuando decimos que la verdad se encuentra en nosotros, lo que realmente estamos diciendo es que debemos reconocernos a nosotros mismos tal como somos.

El mundo fabricado por el ego, es el mundo de  la ilusión, pero para el Hijo de Dios ha supuesto la realización de un deseo, el de querer percibir. En ese estado de percepción, la verdad no tiene lugar, pues la verdad no puede percibir, tan solo se puede conocer. Por lo tanto, el mundo físico no tiene cabida en la verdad, tan solo puede tener sentido y ser real fuera de su presencia.

La verdad corregirá todos los errores de nuestra mente que nos induce a creer que estamos separados de Dios, nuestro Creador. Este es el papel que realiza el milagro, y  esta es la razón por la que da fe de la verdad.
El milagro sitúa a la realidad en el lugar que le corresponde. A la realidad le corresponde estar, únicamente en el espíritu, y el mila­gro reconoce únicamente la verdad. El milagro es siempre la negación de ese error –la separación- y la afirma­ción de la verdad –la unidad con Dios y Su creación-.

Podemos afirmar, que la verdad es la ausencia de ilusiones y las ilusiones, la ausen­cia de la verdad.

Aceptar la verdad es una decisión, una elección, un acto de voluntad. La única decisión posible es reconocerla, pues realmente nos pertenece, al ser una extensión de Dios.

La percepción ha dado lugar al error de la separación. A ese estado le hemos llamado sueño. Pero cuando despertemos, veremos la verdad a nuestro alrededor y en nuestro interior. A partir de ese momento, dejaremos de creer en los sueños, pues estos dejarán de ser reales para nosotros.

Nos dice el Curso, que nuestro punto de partida es la verdad y tenemos que retornar a ese origen.

¿Qué debemos hacer para retornar a la verdad?

Buscar primero el Reino de los Cielos porque ahí es donde las leyes de Dios operan verdaderamente, y no pueden sino operar verdaderamente porque son las leyes de la verdad.

La verdad es la Voluntad de Dios. Si compartimos Su Voluntad estaremos compar­tiendo Su conocimiento. Si negamos que Su Voluntad sea nuestra voluntad, estaremos negando Su Reino y el nuestro.

Sobre este particular, Un Curso de Milagros nos refiere lo siguiente:

“Los milagros están en armonía con la Voluntad de Dios, la cual tú no conoces porque estás confundido con respecto a lo que tú dispones. Esto significa que estás confundido con respecto a lo que eres. Si eres la Voluntad de Dios, y no aceptas Su Voluntad, estás negando la dicha. El milagro es, por lo tanto, una lección acerca de lo que es la dicha. Por tratarse de una lección acerca de cómo compartir es una lección de amor, que es a su vez dicha. Todo milagro es, pues, una lección acerca de lo que es la verdad, y al ofrecer lo que es verdad estás aprendiendo a distinguir entre la dicha y el dolor”. (T.C7.X.8:6)

El mejor modo de aprender la verdad, es enseñar a alguien que la verdad es verdad. La verdad simplemente es. La verdad siempre nos acompaña, pues se encuentra en nuestro interior. No se puede perder, buscar ni encontrar, y a pesar de ello, podemos no reconocerla y pensar que no es real para nosotros.

La verdad nos lleva a recordar, que donde Dios está, allí está Su Hijo.

“Mi verdadera Identidad es tan invulnerable, tan sublime e ino­cente, tan gloriosa y espléndida y tan absolutamente benéfica y libre de culpa, que el Cielo la contempla para que ella lo ilumine. Ella ilumina también al mundo. Mi verdadera Identidad es el regalo que mi Padre me hizo y el que yo a mi vez le hago al mundo. No hay otro regalo, salvo éste, que se puede dar o reci­bir. Mi verdadera identidad y sólo Ella es la realidad. Es el final de las ilusiones. Es la verdad. (L.p1.224.1)

Sabemos que el milagro colapsa la ley del tiempo, haciendo que la causa y el efecto se hagan presente en el ahora. En ese instante, el perdón deshace todo error y la mente errónea se convierte en la mente verdadera.
La verdad, al igual que el milagro, trans­ciende al tiempo en tal medida, que toda ella tiene lugar simultá­neamente. Pues al haber sido creada como una sola, su unicidad es completamente independiente del tiempo.

Esta es mi verdad:
  
Soy tal como Dios me creó.
Su Hijo no puede sufrir.
yo soy Su Hijo.

Recoge este Principio, igualmente, la afirmación de que los milagros sin convicción degeneran en magia, que es insensata, y, por lo tanto, destructiva; o más bien, el uso no creativo de la mente.

“La magia es el uso insensato o mal-creativo de la mente”. (T.C2-V.2:1)

Las enfermedades físicas implican la creencia en la magia. La distorsión que dio lugar a la magia se basa en la creencia de que existe una capacidad creativa en la materia que la mente no puede controlar. Este error puede manifestarse de dos formas: se puede creer que la mente puede crear falsamente en el cuerpo, o que el cuerpo puede crear falsa­mente en la mente. Cuando se comprende que la mente -el único nivel de creación- no puede crear más allá de sí misma, ninguno de esos dos tipos de confusión tiene por qué producirse.

Una de las formas en las que se manifiesta la magia son los medicamentos. Un Curso de Milagros nos refiere respecto a los medicamentos, que son una forma de “hechizo”, pero igualmente advierte, que si se tiene miedo a utilizar la mente para curar, es preferible recurrir a ellos.

Así lo expresa Kenneth Wapnick: “Si usted tiene un dolor de cabeza penetrante y se toma una aspirina, eso puede quitarle el dolor de cabeza, pero no eliminará el dolor de la culpa que lo llevó a producírselo. Por esa razón el Curso dice que use la magia si cree en ella, pero que no crea que ésta resuelve sus problemas”.

lunes, 23 de enero de 2017

¿Cómo educar a un niño Acuario?


¡Hay que ver lo raro que es este niño!, se quejarán los padres del Acuario, angustiados y preocupados al comprobar como el comportamiento de su hijo es extraño, su conducta no es igual a la de otros niños. Tendrán la impresión de que nada de lo que ocurre en el mundo exterior parece alterarle. El, irá a su aire, no respetando ninguna norma. Lo cierto, es que no les faltará razón a esos asombrados padres, cuando describen a su hijo como "raros", pero, también es cierto, que su preocupación no es más que el fruto de su incomprensión hacia la naturaleza del Acuario.
El desconocimiento de las fuerzas que animan a su hijo, le induce a pensar en ocasiones, que la inadaptada criatura, puede estar enferma. Nada más lejos de la realidad. Sufrirán de enfermedades nerviosas, si los padres no hacen algo y pronto, para dejar de atosigarles, pretendiendo hacer de él alguien "normal", con hábitos y costumbres convencionales.


Sabed que vuestro hijo es del “Elemento Aire” y se encuentra en proceso de interioriación, ello, le llevará a percibir internamente un mundo que aún no se ha concebido externamente. Está descubriendo nuevos conceptos de vida, nuevos pensamientos están fluyendo en él y le dictan que la realidad que vive socialmente, en nada se parece a la que él visiona en su mente.
Por lo tanto, no esperéis que vuestro hijo se comporte igual que los demás niños. El viene para marcar un nuevo rumbo en la sociedad, y para ello, deberá adquirir confianza y madurez.


COMPRENSIÓN, AMISTAD, eso os exigirá constantemente. Los padres de un niño Acuario, deben esforzarse por no ser sólo padres, sino también Amigo, y ser Amigo, significa compartir ideas, compartir proyectos, en definitiva, ser amigo significa comprensión. La autoridad dictatorial aplicada a estos niños, es la técnica más desastrosa que podéis ofrecerles. Recordad que es un signo de Aire, trabaja con la razón, con la lógica. No pretended ordenarles cosas sin explicar el sentido de vuestra demanda. El dialogo, ese ha de ser vuestra estrategia educativa.
En una primera etapa, descubriréis pronto que, vuestro hijo, no es un niño egoísta, sin embargo, puede dar muestras de timidez, de represión, de terquedad en el contacto con los demás Esto es así, porque interpretará esa relación como una amenaza para su seguridad. El, se siente muy a gusto "metido" en su mundo interno. Si alguien trata de alterar esa estabilidad, le llevará a replegarse aún más sobre sí mismo. Debéis darle tiempo para que adquiera autoconfianza. Cuando lo haya conseguido, os sorprenderá en el despliegue social que llevará a cabo.

Sabed que ha sido llamado a servir de poste indicador para que otros sigan las nuevas rutas de la evolución. Adquirirá un magnetismo especial que atraerá por afinidad mental a todos cuantos vibren y estén preparados para dar un paso hacia adelante en el proceso evolutivo.
Tendrán el don del discernimiento, de la lógica. Su mente será enérgica, poderosa, pero lenta en una primera fase, y ello, le llevará a dar muchas respuestas que el mundo, que le rodea le demandará.


Vuestro hijo, necesita libertad, si no la encuentra y se le reprime en su primera infancia, tened por seguro, que cuando den comienzo los trabajos de su Cuerpo Emocional, en la adolescencia, sino antes, se os rebelará, os hará frente, y lo hará con las ideas muy fija, justificando su comportamiento. Su espíritu es muy independiente, la única limitación que entiende es su verdad, y la defenderá pese a quien pese. No hagáis de él un ser anárquico y rebelde.

Un ambiente armónico, rodeado de cosas creativas que le suscite el interés por lo trascendente; un espíritu de unidad familiar y unas relaciones fraternales, harán de él, un ser con grandes capacidades creadoras.
Tened cerca de él siempre un buen libro. Rodeadle de música para que preste alas a su espíritu buscador, y sobre todo no perdáis la paciencia, cuando a pesar de no subir dos palmos del suelo y tan sólo balbucee dos palabras seguidas, os esté preguntando, ¿por qué? El niño Acuario, es el niño de los "por qué".

Ya sabéis, está buscando la verdad. Haced lo posible por llevarle por el buen camino, la sociedad está muy necesitada de él.

domingo, 22 de enero de 2017

Principio 13: Los milagros son a la vez comienzos y finales, y así, alteran el orden temporal.

PRINCIPIO 13

Los milagros son a la vez comienzos y finales, y así, alteran el orden temporal. Son siempre afirmaciones de renacimiento que parecen retroceder, pero que en realidad van hacia adelante. Cancelan el pasado en el presente, y así, liberan el futuro.


Debo reconocer, que este Principio se refiere a uno de los temas, metafísicos, que más me ha enseñado el Curso: el enfoque del tiempo y la ley de causa-efecto.

Si desarrollamos una de las aplicaciones de la ley de causación y la teoría de la reencarnación, observamos que las relaciones se basan en la creencia en la deuda, es decir, en la culpabilidad. Volvemos al mundo, una y otra vez, con la intención de cubrir nuestras necesidades, de pagar nuestras deudas, de rectificar la violación de las leyes que hayamos perturbado con nuestro comportamiento en una vida pasada. Es decir, trasladamos a nuestro presente, la carga de “destino” que hemos dejado pendiente y que ahora decidimos retomar para superar lo que en otro momento no superamos. Podríamos decir, que repetimos curso y nos encontramos con las mismas asignaturas que no fuimos capaces de aprobar.

Estamos considerando una situación que forma parte de la ilusión, que forma parte del sueño, pues el mundo físico, y la dimensión espacio-temporal, son fruto de la fabricación de la mente errónea, la cual, como señalábamos en el análisis del anterior Principio, colapsa las ondas existentes en el campo de las infinitas posibilidades convirtiéndola en partículas, la forma básica de la materia. Sin embargo, y a pesar de esta realidad, es necesario que analicemos una de las creencias más arraigadas en el ego, pues en verdad es su ilusoria creación: el tiempo.

Hagamos un breve recorrido sobre la idea del tiempo y analicemos lo que nos dice Un Curso en Milagros.

¿Cómo surge la creencia en el tiempo? 
Tuvo que surgir, tras el acto transgresor de Adán y Eva en el Paraíso Terrenal, lo que llevó a Dios a expulsarle de esa tierra paradisiaca y mandarles al Este del Edén. Esta acción, dio lugar a la creencia en el pecado y a la falsa creencia de la “separación”. Ese tránsito de la consciencia, desde la Unidad a la separatividad, desde la Abundancia a la necesidad, originó la visión lineal de la ley de causa y efecto, es decir, un acto da lugar a un efecto, y este proceso se origina en lo que se ha llamado la secuencia del tiempo.

"Antes de la "separación", que es lo que sig­nifica la "caída", no se carecía de nada. No había necesidades de ninguna clase. Las necesidades surgen debido únicamente a que tú te privas a ti mismo. Actúas de acuerdo con el orden particu­lar de necesidades que tú mismo estableces. Esto, a su vez, depende de la percepción que tienes de lo que eres.

La única carencia que realmente necesitas corregir es tu sensa­ción de estar separado de Dios. Esa sensación de separación jamás habría surgido si no hubieses distorsionado tu percepción de la verdad, percibiéndote así a ti mismo como alguien necesi­tado. La idea de un orden de necesidades surgió porque, al haber cometido ese error fundamental, ya te habías fragmentado en niveles que comportan diferentes necesidades. A medida que te vas integrando te vuelves uno, y tus necesidades, por ende, se vuelven una. Cuando las necesidades se unifican suscitan una acción unificada porque ello elimina todo conflicto.

La idea de un orden de necesidades, que proviene del error original de que uno puede estar separado de Dios, requiere corrección en su propio nivel antes de que pueda corregirse el error de percibir niveles. No te puedes comportar con eficacia mientras operes en diferentes niveles. Sin embargo, mientras lo hagas, la corrección debe proceder verticalmente, desde abajo hacia arriba. Esto es así porque crees que vives en el espacio, donde conceptos como "arriba" y "abajo" tienen sentido. En última instancia, ni el espacio ni el tiempo tienen ningún sentido. Ambos son meramente creencias". (T.C1.VI.1:6)

Podríamos decir que la eternidad es una idea de Dios, mientras que el tiempo es una creencia del ego. El único aspecto del tiempo que es eterno es el ahora.

Nos refiere el Curso que hemos elegido estar en el tiempo en vez de en la eternidad, y, por consiguiente, creemos estar en el tiempo. No nos corresponde estar en el tiempo. Nos corresponde estar únicamente en la eternidad, donde Dios Mismo nos ubicó para siempre. Son los sentimientos de culpabilidad los que perpetúan el tiempo.
En esto consiste la continuidad del ego, la cual le proporciona una falsa sensación de seguridad al creer que no podemos escaparnos de ella.

El Espíritu Santo hace uso del tiempo, pero no cree en, él.

Me pregunto, ¿qué utilidad tiene el tiempo? Dentro del sueño, ¿qué funcionalidad podría aportarnos?

“Tanto el tiempo como la eternidad se encuen­tran en tu mente, y estarán en conflicto hasta que percibas el tiempo exclusivamente como un medio para recuperar la eterni­dad. Tienes que aprender que el tiempo sólo existe para que hagas uso de él, y que nada en el mundo puede eximirte de esa responsabili­dad”. (T.C10.1:2-4)

El tiempo en sí es algo que tú elegiste. Si quie­res recordar la eternidad, debes contemplar sólo lo eterno. Si permites que lo temporal te preocupe, estarás viviendo en el tiempo. Como siempre, tu elección estará determinada por lo que valores. El tiempo y la eternidad no pueden ser ambos rea­les porque se contradicen entre sí. Sólo con que aceptes lo intem­poral como lo único que es real, empezarás a entender lo que es la eternidad y a hacerla tuya”. (T.C10.V.14)

¿Cómo usa el Espíritu Santo en tiempo, dentro del sueño, aun no creyendo en él?

“El Espíritu Santo es invisible, pero puedes ver los resultados de Su Presencia, y por ellos te darás cuenta de que Él está ahí. Es claro que lo que Él te capacita para hacer no es de este mundo, pues los milagros violan todas las leyes de la realidad tal como este mundo la juzga. Las leyes del tiempo y del espacio, del volumen y de la masa son transcendidas, pues lo que el Espíritu Santo te capacita para hacer está claramente más allá de todas ellas. Al percibir Sus resultados, comprenderás dónde debe estar Él, y sabrás por fin lo que Él es.
Los milagros son Sus testigos, y hablan de Su Presencia”. (T.C12.VII.3)
  
Retomando la idea original de este Principio, en el que se refiere que el milagro “cancela el pasado en el presente, y así, libera el futuro”,  lo que realmente nos está revelando es que el milagro nos lleva al estado original en el que aún conservábamos la visión de la inocencia, de la invulnerabilidad, pues carecíamos de todo pensamiento de culpabilidad.

“Sólo me­diante la culpabilidad puedes aferrarte al pasado. Pues la culpa­bilidad determina que serás castigado por lo que has hecho, y, por lo tanto, depende del tiempo unidimensional, que comienza en el pasado y se extiende hasta el futuro. Nadie que crea esto puede entender lo que significa "siempre", y de este modo la culpabilidad le impide apreciar la eternidad. Eres inmortal por­que eres eterno, y "siempre" no puede sino ser ahora. La culpa­bilidad, pues, es una forma de conservar el pasado y el futuro en tu mente para asegurar de este modo la continuidad del ego. Pues si se castiga el pasado, la continuidad del ego queda garan­tizada”. (T. C13.I.8)

El "ahora" no significa nada para el ego. El presente tan sólo le recuerda viejas heridas, y reacciona ante él como si fuera el pasado. El ego no puede tolerar que te liberes del pasado, y aunque el pasado ya pasó, el ego trata de proteger su propia imagen reaccionando como si el pasado todavía estuviese aquí.

Los milagros son a la vez comienzos y finales, y así, alteran el orden temporal, o dicho de otra manera, los milagros son a la vez causa y efecto, lo que significa que el tiempo se colapsa en un instante, y en ese instante el Espíritu Santo, deshace el error basado en la culpa y donde antes hubo antiguos odios, ahora todo es amor.

Así lo expresa Kenneth Wapnick en su obra “Los 50 Principios de los milagros”:

si tenemos un enorme problema de culpa que hemos expresado en cierta área de nuestras relaciones, hay algo que hacemos continuamente que refuerza el odio a nosotros mismos o nuestra creencia en la separación. En el lapso ordinario de tiempo, podría tomarnos diez vidas trascender esto, el regresar una y otra vez hasta que lo hayamos superado. No obstante, si elegimos solucionar este difícil problema, lo que generalmente significa una relación o una situación que el mundo juzga difícil, repleta de dolor, angustia y sufrimiento, y que en realidad podríamos mirar de un modo diferente, lo cual implica entender básicamente que no somos víctimas ni de esta otra persona ni de nosotros mismos, entonces podremos erradicar el problema en una sola vida. Esto es lo que quiere decir el Curso al afirmar que podríamos ahorrar tiempo o que podríamos ahorrar mil años. Eso es lo que significa que el milagro abole el tiempo, o que "altera el orden temporal." No abole el lapso de tiempo en su totalidad; no es eso lo que hace. Lo que sí hace es colapsar la cantidad de tiempo que nos tomaría erradicar el enorme problema de culpa que tenemos”.

Me gustaría terminar este artículo con una aportación extraída del Curso y que nos enseña cómo podemos hacer un uso correcto, dentro del sueño, del tiempo:

“Tú también interpretarás la función del tiempo según interpre­tes tu propia función. Si aceptas que tu función en el mundo del tiempo es curar, harás hincapié únicamente en el aspecto del tiempo en el que la curación puede tener lugar. La curación no se puede llevar a cabo en el pasado. Tiene que llevarse a cabo en el presente para así liberar el futuro. Esta interpretación enlaza el futuro con el presente, y extiende el presente en vez del pasado. Mas si crees que tu función es destruir, perderás de vista al pre­sente y te aferrarás al pasado a fin de asegurar un futuro destruc­tivo. Y el tiempo será tal como tú lo interpretes, pues, de por sí, no es nada”. (T.C13.IV.9)

El tiempo puede liberar así como aprisionar, dependiendo de quién es la interpretación de éste que eliges usar. El pasado, el presente y el futuro no son estados continuos, a no ser que impon­gas continuidad en ellos. Puedes percibirlos como que son conti­nuos, y hacer que lo sean para ti. Pero no te engañes y luego creas que realmente lo son. Pues creer que la realidad es lo que a ti te gustaría que fuese, de acuerdo con el uso que haces de ella, es ilusorio. Quieres destruir la continuidad del tiempo dividiéndolo en pasado, presente y futuro para tus propios fines. Quieres pre­ver el futuro basándote en tus experiencias pasadas, y hacer pla­nes de acuerdo con esas experiencias. Sin embargo, al hacer eso estás alineando el pasado con el futuro, y no estás permitiendo que el milagro, que podría intervenir entre ellos, te libere para que puedas renacer”. (T.C13.VI.4)

El presente existe desde antes de que el tiempo diese comienzo y seguirá existiendo una vez que éste haya cesado. En el presente se encuentran todas las cosas que son eternas, las cuales son una. La continuidad de esas cosas es intemporal y su comunicación jamás puede interrumpirse, pues no están separadas por el pasado. Sólo el pasado puede producir separación, pero el pasado no está en ninguna parte”. (T.C13.VI.6:5)

El ahora es el momento de la salvación, pues en el ahora es cuando te liberas del tiempo.