sábado, 21 de enero de 2017

Principio 12: Los milagros son pensamientos.

PRINCIPIO 12

 Los milagros son pensamientos. Los pensamientos pueden representar el nivel inferior o corporal de experiencia, o el nivel superior o espiritual de experiencia. Uno de ellos da lugar a lo físico, el otro crea lo espiritual.

La afirmación “los milagros son pensamientos”, viene a afirmar el aspecto esencial de lo que somos. Dios nos ha creado a Su Imagen y Semejanza, expandiendo Su Mente. Por lo tanto, nuestra realidad viene definida por la Fuente de la que hemos sido emanados. Nada tiene existencia fuera de nuestras mentes. Podemos concluir diciendo que los milagros son pensamientos porque todo es pensamiento.

La afirmación anterior, podríamos completarla añadiendo que el milagro es el pensamiento que está al servicio del Espíritu Santo y que deshace el pensamiento de separación fabricado por el ego. Esta visión del milagro nos presenta varios conceptos que exigen un análisis más detallado: Crear y fabricar; Expandir y proyectar.

Nos refiere el Texto del curso, que el ego es el aspecto inquisitivo del ser que surgió después de la separación, el cual fue fabricado en vez de creado.

Desde que se produjo la separación ha habido una gran confu­sión entre las palabras "crear" y "fabricar”: Cuando fabricas algo, lo haces como resultado de una sensación específica de carencia o de necesidad.

¿Qué es fabricar?

Veamos lo que nos aporta una rápida consulta al Libro de Ejercicios:

No reconoces que los pensamientos que piensas que piensas no son nada debido a que aparecen como imágenes. Piensas que los piensas, y por eso piensas que los ves. Así es como se forjó tu "manera de ver". Ésta es la función que le has atribuido a los ojos del cuerpo. Eso no es ver. Eso es fabricar imágenes, lo cual ocupa el lugar de la visión, y la reemplaza con ilusiones”. (L.pI.15.1)

Estamos ante un acto de voluntad, protagonizado por el Hijo de Dios, en pleno uso de los Atributos heredados de Su Padre. Nos enseña el curso, que la “La mente es muy activa. Cuando elige estar separada, elige percibir. Hasta ese momento su voluntad es únicamente gozar de conocimiento. Una vez que ha elegido percibir, no puede sino elegir ambigua­mente, y la única forma de escaparse de la ambigüedad es me­diante una percepción clara. La mente retorna a su verdadera función únicamente cuando su voluntad es gozar de conoci­miento. Esto la pone al servicio del espíritu, donde la percepción cambia. La mente elige dividirse a sí misma cuando elige inven­tar sus propios niveles. Pero no puede separarse completamente del espíritu, ya que de éste es de donde deriva todo su poder para fabricar o para crear”.

Cuando la mente decide prestar atención al “campo de las infinitas posibilidades” es capaz de colapsar parte de esas “ondas” hasta tal punto que la convierte en “partículas”, es decir, en materia. Este es el comienzo de la separación y de la percepción. Acabamos de fabricar una realidad ilusoria, en paralelo a la realidad verdadera, protagonizada por el Ser que Somos.

Podríamos concluir diciendo que nosotros fabricamos mediante la proyección, mientras que Dios crea mediante la extensión. Si trasladamos esta afirmación al mundo del sueño, “los pensamientos pueden representar el nivel inferior o corporal de experiencia, o el nivel superior o espiritual de experiencia. Uno de ellos da lugar a lo físico, el otro crea lo espiritual”.

UCDM. Libro de Ejercicios. Lección 21

LECCIÓN 21

Estoy decidido a ver las cosas de otra manera.

1. La idea de hoy es obviamente una continuación y ampliación de la anterior. 2Esta vez, sin embargo, además de aplicar la idea a cualquier situación concreta que pueda surgir, son necesarios también períodos específicos de búsqueda mental. 3Se te exhorta a que lleves a cabo cinco sesiones de práctica de un minuto completo cada una.

2. Inicia las sesiones de práctica repitiendo la idea en tu interior. 2Luego cierra los ojos y busca con minuciosidad en tu mente aquellas situaciones pasadas, presentes o previstas que susciten ira en ti. 3La ira puede manifestarse en cualquier clase de reacción, desde una ligera irritación hasta la furia más desenfrenada. 4El grado de intensidad de la emoción experimentada es irrelevante. 5Te irás dando cuenta cada vez más de que una leve punzada de molestia no es otra cosa que un velo que cubre una intensa furia.

3. Trata, por lo tanto, durante las sesiones de práctica, de no dejar escapar aquellos pensamientos de ira que consideras "insignificantes". 2Recuerda que no reconoces realmente qué es lo que suscita ira en ti, y nada de lo que puedas creer al respecto tiene significado alguno. 3Probablemente te sentirás tentado de emplear más tiempo en ciertas situaciones o personas que en otras, sobre la base falsa de que son más "obvias" 4Esto no es cierto. 5Es meramente un ejemplo de la creencia de que ciertas formas de ataque están más justificadas que otras.

4. Al escudriñar tu mente en busca de todas las formas en que se presentan los pensamientos de ataque, mantén cada uno de ellos presente mientras te dices a ti mismo:

2Estoy decidido a ver a _____ (nombre de la persona] de otra manera.
3Estoy decidido a ver _____ [especifica la situación] de otra manera.

5. Trata de ser tan específico como te sea posible. 2Puede, por ejemplo, que concentres tu ira en una característica determinada de alguna persona en particular, creyendo que la ira se limita a ese aspecto. 3Si tu percepción sufre de esa forma de distorsión, di:

4Estoy decidido a ver [precisa la característica] de [nombre de la persona] de otra manera.


¿Qué me enseña esta lección?

Magnífica lección, que nos lleva a “vernos” en el otro. Cuando proyecto, mi manera de ver las cosas en el otro, y le juzgo de una manera condenatoria, estoy viendo reflejado en él, mi manera de ver las cosas y lo hago porque esa apreciación condenatoria habita en mi interior. Aquello en lo que no creo, no lo veré. Y aquello en lo que creo, es fruto de lo que deseo ver. Por lo tanto, el filtro de nuestros deseos y emociones nos influencia a la hora de ver las cosas, y por ello, a la hora de dar una respuesta a las situaciones que vivimos.

He sido testigo de una experiencia dolorosa de relación basada en el reproche. Mientras que mi acompañante ha proyectado su ira sobre la otra persona a la cual ha juzgado de injusta, yo no he podido tener esa apreciación. Me he preguntado por qué, y la única respuesta se encuentra en que yo no me siento atacado por ese sentimiento de injusticia, mientras que ella sí, por el único motivo de que ella es injusta consigo misma.

Debemos hacer un esfuerzo para ver de manera diferente aquello que percibimos. Para ello, nos ayudará la certeza, la creencia verdadera, de que todos formamos una Unidad. Cuando esta manera de percepción cale en todo nuestro ser, ¿cómo podremos atacar a nuestro hermano? Si lo hacemos, estaremos atacándonos a nosotros mismos.

Si contemplamos nuestro cuerpo físico como un todo orgánico, compuesto por billones de células que se han unido para constituir una máquina saludable, observamos que esa filiación celular mantendrá el equilibrio orgánico mientras que exista en sus relaciones un estado de armonía implícita. Ahora bien, cuando existe un ataque de una parte de las células a otras, entonces, el conflicto celular da origen a la enfermedad.

El cuerpo por sí mismo no tiene la capacidad de favorecer un estado de armonía o desarmonía, ya que responde a los estímulos de la mente y ésta no es otra cosa que el foco a través del cual se comunica el Espíritu. Si la mente no responde a los estímulos de Unidad emitidos por el Espíritu y se manifiesta independiente de Él, se produce una manifestación incoherente que dará lugar a esos desarreglos orgánicos.

La enfermedad es por lo tanto un intento de hacernos consciente de un desorden interno.

Ejemplo-Guía: "Mi cuerpo está enfermo".

Aplicar la Lección a este ejemplo, nos lleva, de entrada, a cambiar la definición del propio ejemplo, pues si elegimos ver las cosas de otra manera, tendré que ver el cuerpo con otra visión distinta a la que habitualmente he tenido, es decir, si expreso que "mi cuerpo está enfermo" le estoy atribuyendo una condición que no tiene, pues el cuerpo no puede enfermar.
La nueva visión me lleva a una nueva creencia, la cual me lleva a expresar que es mi mente donde debo buscar la verdadera del error, del conflicto, aunque nuestros ojos físicos los vea manifestado en el cuerpo como lo que es, un efecto.

Por lo tanto, ya tenemos una aplicación de esta Lección al ejemplo-guía elegido hoy.
A partir de esa nueva visión, escudriñamos nuestra mente para identificar la causa que da origen al trastorno físico. Descubriremos que esa causa siempre tiene un mismo origen, la mente dual que cree ciegamente en la separación. El creernos escindidos de la Unión con Dios, nos lleva a adquirir una identidad separada del Creador y por ende, de todo lo creado. Ese pensamiento se ha convertido, igualmente, en la causa del miedo, como emoción contraria al Amor. 

Sentimos miedo por todo y esto es así, porque nos sentimos separados de nuestro Origen. Al igual que un niño se siente seguro cuando se ve protegido por la presencia de sus padres, el hombre, al sentirse separado de su Creador, siente miedo, principalmente, porque cree que ha desobedecido la Voluntad de su Padre, al cual llega atribuir, la responsabilidad de las cosas "malas" que le ocurre. Se trata de una respuesta instintiva que responde al mandato de "ganarás el pan con el sudor de tu frente", en ese instante ancestral en el que Adán y Eva fuero expulsados del Edén.

Esa separación no es real. Siempre hemos permanecido habitando ese Edén, pero nuestra elección de crear individualmente y de adquirir conciencia, nos llevó a fabricar un "estado" separado al Edén. En este estado, la via de aprendizaje elegido es la percepción y cuando nuestra mente "recapitula" la elección de servir al deseo-causa de la separación, el estado esencial del Amor, que es la armonía, se ve distorsionado dando lugar a un estado de desarmonía y de incoherencia que se manifiesta como la enfermedad.

Una visión nueva de la enfermedad debe llevarnos a interpretarla como una vía de aprendizaje, lo cual siempre es positivo, ya que su efecto debe llevarnos a un proceso evolutivo de nuestra consciencia. La enfermedad no debemos juzgarla como mala y negativa. Esa visión es carente de lucidez, en los términos que estamos explicando, ya que es una visión basada en el miedo, en la culpa y en el castigo redentor.


He de reconocer, que el tema de la salud es de interés compartido por muchos estudiantes de los temas espirituales. Quizás supere en ese supuesto ranking de interés a otros muchos temas. En realidad, esto es una apreciación errónea de la mente que le gusta moverse en el campo de las comparaciones. Ya sabemos que al igual como no hay grados de dificultad en los milagros, tampoco los hay a la hora de valorar aquello que llamamos problemas. La causa de todos los problemas, acabamos de analizarlo. La causa es la elección de nuestra mente de basar sus creencias en la separación y en la falta de Amor.

Cuando escudriñemos nuestra mente, no lo hagamos con la intención de buscar la "causa-culpa", si así lo hacemos, nos descubriremos, a renglón seguido, castigándonos en demanda de "purificarnos". Esto dónde nos lleva. Pues sencillamente a "nacer de nuevo", es decir, a ver las cosas de otra manera, a ver las cosas desde la verdad. Y la verdad nos revela que SOMOS SERES DE LUZ, INOCENTES E IMPECABLES. Nada de lo que podamos hacer nos puede hacer daño, salvo que en nuestra mente creamos que lo puede hacer. En verdad, no tenemos que hacer nada, salvo, expresar nuestros dones y talentos. Nuestra esencia es Amor. Vivámoslo.

Reflexión: Si lo que percibes es el efecto de lo que deseas, ¿qué debes hacer para cambiar tu percepción del dolor, de la infelicidad, etc?

viernes, 20 de enero de 2017

Principio 11: La oración es el vehículo de los milagros.



PRINCIPIO 11

La oración es el vehículo de los milagros. Es el medio de comunicación entre lo creado y el Creador. Por medio de la oración se recibe amor, y por medio de los milagros se expresa amor.



Para mí, la oración siempre ha significado el canal a través del cual hablo con Dios, aunque es bien cierto, que adquiere un matiz muy definido en cuanto se suele utilizar para elevar nuestras peticiones hacia Él.

Existen aspectos, relacionados con este Principio, que me gustaría compartir. Por ejemplo, está la cuestión de las peticiones que elevamos a través de la oración para conseguir beneficios sobre nuestro cuerpo, como por ejemplo la curación de una enfermedad.

Ser coherente con las enseñanzas que estamos estudiando en Un Curso de Milagros, nos llevará a entregar esta creencia en manos del Espíritu Santo, pues está basada en el error de hacer real el cuerpo. Sobre este particular, nos advierte el Texto en el capítulo 30, apartado VIII:

“Toda tentación, por lo tanto, no es más que esto: una plegaria para que el milagro no ejerza influencia sobre algunos sueños, y para que, en vez de ello, mantenga su irrealidad oculta y les otor­gue realidad. El Cielo no responde a tal oración, ni tampoco se te puede conceder un milagro para sanar las apariencias que no te gustan. Has establecido límites. Lo que pides se te concede, pero no por el Dios que no conoce límites. Sólo tú te has limitado a ti mismo”.

Entonces, ¿cómo debemos orar?

La oración es una forma de pedir algo. Es el vehículo de los milagros. Mas la única oración que tiene sentido es la del perdón porque los que han sido perdonados lo tienen todo. Una vez que se ha aceptado el perdón, la oración, en su sentido usual, deja de tener sentido. La oración del perdón no es más que una petición para que puedas reconocer lo que ya posees. (T.C3.V.6)

Mientras continúe habiendo percepción, la oración será necesa­ria. Puesto que la percepción se basa en la escasez, los que perci­ben no han aceptado totalmente la Expiación ni se han entregado a la verdad. La percepción se basa en un estado de separación, así que todo aquel que de alguna manera percibe, tiene necesidad de curación. El estado natural de los que gozan de conocimiento es la comunión, no la oración. (T.C3.V.10)

Como bien recoge la Lección 183 del Libro de Ejercicios, “las palabras son irrelevantes y las peticiones innecesarias cuando el Hijo de Dios invoca el Nombre de su Padre”.

Es desde la visión de la Unidad, del Amor y no desde la separación y el miedo, desde donde debemos elevar nuestro pensamiento. De no ser así, podemos ver frustrado nuestro deseo de que nuestras peticiones nos sean concedidas.

Este es otro de los aspectos que quería tratar con relación a la oración. Cuando pedimos, lo hacemos con la arrogancia del ego, es decir, exigimos ser respondidos y dictamos órdenes a nuestro Padre para que nos atienda complacientemente. Es evidente que cuando actuamos de esta manera, nos sentimos víctimas del temor y del miedo. Veamos lo que nos refiere el Texto con relación a este tema:

Todo aquel que haya tratado alguna vez de usar la oración para pedir algo ha experimentado lo que aparentemente es un fracaso. Esto es cierto no sólo en relación con cosas específicas que pudie­ran ser perjudiciales, sino también en relación con peticiones que están completamente de acuerdo con lo que este curso postula. Esto último, en particular, puede interpretarse incorrectamente como una prueba de que el curso no es sincero en lo que afirma. Tienes que recordar, no obstante, que el curso afirma, y repetidamente, que su propósito es ayudarte a escapar del miedo.

Supongamos, pues, que lo que le pides al Espíritu Santo es lo que realmente deseas, pero aún tienes miedo de ello. Si ese fuese el caso, obtenerlo ya no sería lo que deseas. Por eso es por lo que algunas formas específicas de curación no se logran, aun cuando se haya logrado el estado de curación. Un individuo puede pedir ser curado físicamente porque tiene miedo del daño corporal. Al mismo tiempo, si fuese curado físicamente, la amenaza que ello representaría para su sistema de pensamiento podría causarle mucho más miedo que la manifestación física de su aflicción. En ese caso no estaría pidiendo realmente que se le liberase del miedo, sino de un síntoma que él mismo eligió. Por lo tanto, no estaría pidiendo realmente ser curado.

La Biblia subraya que toda oración recibirá respuesta, y esto es absolutamente cierto. El hecho mismo de que se le haya pedido algo al Espíritu Santo garantiza una respuesta. Es igualmente cierto, no obstante, que ninguna de las respuestas que Él dé incrementará el miedo. Es posible que Su respuesta no sea oída. Es imposible, sin embargo, que se pierda. Hay muchas respues­tas que ya has recibido pero que todavía no has oído. Yo te ase­guro que te están esperando.
Si quieres tener la certeza de que tus oraciones son contestadas, nunca dudes de un Hijo de Dios. No pongas en duda su palabra ni lo confundas, pues la fe que tienes en él es la fe que tienes en ti mismo. (T.C9.II.1-4)


En la obra Psicoterapia y El Canto de la Oración, se expresa una hermosa definición de lo que es la oración: “Unir las mentes en una relación en la cual Cristo pueda entrar”.


Recojo un breve contenido de este hermoso libro que nos ayudará a tener una visión más cercana sobre el verdadero significado de la oración:

La oración debe ser ahora el medio por el cual el Hijo de Dios abandona las metas e intereses separados, y vuelve en sagrada alegría a la verdad de la unión en su Padre y en sí mismo.


Se te ha dicho que le pidas al Espíritu Santo la respuesta a cualquier problema específico, y que recibirás una respuesta específica si esa es tu necesidad. También se te ha dicho que hay un solo problema y una sola respuesta. En la oración, esto no es contradictorio. Aquí hay decisiones que tomar, y tienen que tomarse sean o no ilusiones. No se te puede pedir que aceptes respuestas que se encuentran más allá del nivel de necesidad que puedes reconocer. Por lo tanto, no es la forma de la pregunta lo que importa, ni tampoco la manera como se for mula. La forma de la respuesta, si es dada por Dios, se ajustará a tu necesidad tal como tú la ves. Esto es simplemente un eco de la respuesta de Su Voz. El verdadero sonido es siempre un canto de acción de gracias y de amor. (Aconsejo la lectura de este libro para ampliar la información sobre la oración).


Padre, hoy quiero oír sólo Tu Voz. Vengo a Ti en el más profundo de los silencios para oír Tu Voz y recibir Tu Palabra. No tengo otra ora­ción que ésta: que me des la verdad. la verdad no es sino Tu Volun­tad, que hoy quiero compartir Contigo. (L.pII.254.1)

UCDM. Libro de Ejercicios. Lección 20

LECCIÓN 20
  
Estoy decidido a ver.

1. Hemos tenido hasta ahora una actitud bastante relajada con respecto a nuestras sesiones de práctica. 2Apenas hemos tratado de dirigir el momento en que debes llevarlas a cabo; el esfuerzo requerido por tu parte ha sido mínimo, y ni siquiera se te ha pedido que cooperes o que te intereses activamente en ellas. 3Este enfoque ha sido intencional, y ha sido planeado muy cuidadosamente. 4No hemos perdido de vista lo importante que es invertir completamente tu manera de pensar. 5La salvación del mundo depende de ello. 6Mas no podrás ver si te sientes coaccionado, o si te abandonas al resentimiento y a la oposición.

2. Ésta es la primera vez que intentamos establecer cierta estructura. 2No interpretes esto erróneamente como un intento de querer ejercer presión o fuerza. 3Deseas la salvación. 4Deseas ser feliz. 5Deseas la paz. 6No lo has logrado todavía porque tu mente no tiene ninguna disciplina, y no puedes distinguir entre la dicha y el pesar, el placer y el dolor, o el amor y el miedo. 7Ahora estás aprendiendo a diferenciar unos de otros. 8Y grande en verdad será tu recompensa cuando lo logres.

3. Tu decisión de querer ver es todo lo que requiere la visión. 2Lo que quieres se te concede. 3No cometas el error de creer que el pequeño esfuerzo que se te pide es una indicación de que nuestro objetivo es de poco valor. 4¿Cómo iba a ser la salvación del mundo un propósito trivial? 5¿Y cómo podría salvarse el mundo si no te salvas tú? 6Dios tiene un solo Hijo, y él es la resurrección y la vida. 7Su voluntad se hace porque se le ha dado pleno poder en el Cielo y en la tierra. 8Con tu decisión de querer ver, se te da la visión.

4. Los ejercicios de hoy consisten en que te recuerdes a ti mismo a lo largo del día que quieres ver. 2La idea de hoy implica tácitamente también el reconocimiento de que ahora no ves. 3Por lo tanto, cada vez que repites la idea, estás afirmando que estás decidido a cambiar tu estado actual por uno mejor, por uno que realmente deseas.

5. Repite la idea de hoy lentamente y a conciencia por lo menos dos veces por hora, y trata de hacerlo cada media hora. 2No te desanimes si se te olvida hacerlo, pero esfuérzate al máximo por acordarte. 3Las repeticiones adicionales deben aplicarse a cualquier situación, persona o acontecimiento que te perturbe. 4Pue­des verlos de otra manera, y los verás. 5Verás lo que desees ver. 6Ésta es la verdadera ley de causa y efecto tal como opera en el mundo.


¿Qué me enseña esta lección?

Este ejercicio nos hace conscientes del verdadero poder con el que El Creador nos ha dotado. Verdaderamente somos su Hijo y hemos sido creados a su imagen y semejanza. Cada uno de nosotros tiene el poder de elegir. Si yo decido ver una realidad inspirada por mis emociones, por mi afán de individualidad, fabricaré un mundo de separación e individualidades.

Forjaré esa visión en mi patrón de creencias y daré forma a mi vida en virtud a esa visión. Mis hábitos basados en esas creencias darán lugar a un destino y el círculo quedará cerrado para justificar mi percepción errónea, nacida de un deseo de ver mi propia individualidad.

Sin embargo, esa percepción es irreal, pues al igual como nuestros hijos forman parte de una misma familia, el Hijo de Dios formamos la filiación santa. La Unidad de esa filiación pone en evidencia el error de la creencia del ego en la separación.

Nuestra decisión debe ser ver la realidad y la verdad que permanece olvidada por el sueño del ego.
Pongamos en uso nuestro poder creador y creemos esa visión de filiación y de unidad con Dios. El Amor a través del perdón, es el camino que ha de permitirnos despertar de ese sueño.

En el desarrollo de este ejercicio he puesto en práctica el deseo de ver a mis hermanos tal y como son, Hijos de Dios y no meramente cuerpos materiales. Mi voluntad, mi elección, de ver, me ha llevado a ser consciente de momentos o instantes santos con respecto a esta visión.

En mi elección de ver, la obra de Bruce Lipton, La biología de las creencias, me ha ayudado a adquirir una visión nueva y diferente, a la hora de relacionar el pensamiento con el cuerpo.

Ejemplo-Guía: "El comportamiento de nuestro hijo nos desespera"

En las Lecciones anteriores hemos ido entrenando nuestra mente para favorecer un nuevo aprendizaje. Al igual como ocurre en cualquier proceso de entrenamiento, tenemos que tener presente, que en las primeras fases, es lógico que aparezcan los clásicos síntomas de "agujetas" como consecuencia de que nuestra "musculatura" no está habituada a efectuar ciertos ejercicios. Pero, al poco tiempo, este síntoma desaparece y en su lugar, recibimos con agrado nuevas sensaciones que nos hacen sentir bien con nosotros mismos, pues evidenciamos que el esfuerzo que estamos realizando comienza a dar sus frutos, nos sentimos más ágiles, flexibles y dinámicos, es como si nos sintiésemos más vivos.

Esta analogía, nos ayuda a comprende las sensaciones que hemos ido experimentando a lo largo de estos primeros 19 días. 

Muchos que inician un proceso de entrenamiento, suelen abandonarlo tras unos días de haberlo comenzado. Tal vez, el mantener un compromiso permanente, una actitud de continua actividad, le lleve a replantearse su elección inicial y finalmente deciden abandonar el entrenamiento.

Con la actual Lección, tenemos que tomar una decisión que considero crucial. ¿Por qué? Pues porque tenemos que elegir entre "ver" como hasta ahora lo hemos hecho o por el contrario, aceptamos la invitación que nos traslada esta Lección para ser conscientes de que, por encima de todo, nuestra voluntad es "ver" la verdad.

Podemos contarnos entre los que hemos adquirido todo el saber teórico que nos ofrece este mundo y, sin embargo, continuamos sin ver la verdad que se encuentra más allá de la  percepción del mismo. Con ello quiero decir, que el saber teórico no nos aporta la visión verdadera, salvo que tengamos la firme voluntad de verla.

Eso, ¿dónde nos lleva? Elegir "ver", nos lleva a des-aprender, a des-hacernos de las creencias viejas y nos sitúa en una nueva vibración que nos permite mantenernos alerta cuando nos encontramos con los efectos de nuestros pensamientos.
Si aplicamos esta enseñanza a este ejemplo, cuando nos encontremos ante una situación que antes interpretábamos como conflictiva, ahora nuestra actitud es distinta. Ya no vemos a nuestro hijo separado de nosotros. Ya somos conscientes, de que aquello que interpreta nuestra mente está basado en el pasado, cuando en verdad, no tiene el significado que le habíamos otorgado. Ahora vives el presente como una oportunidad de ver la situación de otra manera. Ahora eliges "VER" la verdad, eliges ver a tu hijo como un Ser Espiritual, inocente e impecable. Esa nueva visión, te ofrecerá paz y felicidad y ese nuevo pensamiento, recuérdalo, sus efectos no lo experimentarás tan sólo tú, sino también tu hijo. 

Ese es el verdadero milagro.

Reflexión: ¿Con qué intensidad deseas ver la realidad?

jueves, 19 de enero de 2017

Principio 10: El milagro se obra por amor.

PRINCIPIO 10
 Cuando se obran milagros con vistas a hacer de ellos un espectáculo para atraer creyentes, es que no se ha comprendido su propósito.


Pensar que el propósito de obrar milagros son sus efectos, es un error, pues la esencia del milagro se encuentra en la causa, es decir, en la corrección de la mente y no en sus consecuencias.

No deja de ser una cuestión muy sutil la que plantea este Principio, pues podemos caer en la tentación de entender el milagros desde su aspecto mágico, lo que propiciará la manifestación del deseo de ser especial y cuando esto ocurre, no podemos evitar el hacer comparaciones, en las que el obrador de milagros se siente superior y más elevado, que la persona a la que dirige el milagro.
 Cuando así actuamos, podemos estar seguros de que es una maniobra del ego, pues el amor nunca hace comparaciones.

“Creerse especial siempre con­lleva hacer comparaciones. Pues se establece al ver una falta en otro; y se perpetúa al buscar y mantener claramente a la vista cuanta falta se pueda encontrar. Esto es lo que persigue el especialismo, y esto es lo que contempla. aquel a quien tu deseo de ser especial así rebaja, habría sido tu salvador si tú no hubieses elegido usarlo como un triste ejemplo de cuán especial eres tú. Frente a la pequeñez que ves en él, tú te yergues alto y señero, irreprochable y honesto, puro e inmaculado. No entiendes que al hacer eso es a ti mismo a quien rebajas”. (T.24.II.2:7)

Como bien expresa Un Curso de Milagros, el deseo de ser especial es el sustituto del amor. ¿Cómo vamos a obrar un milagro si no extendemos nuestro amor? Extender el amor en nuestro hermano es ver la igualdad y la semejanza que existe entre nosotros, pues hemos sido creados de una Misma Mente, la de Dios.
Cuando nos negamos a dar un regalo, por -por insignifi­cante que sea- estamos actuando como si no conociéramos el propósito del amor.

El milagro que se obra desde el especialismo, está carente de amor y por lo tanto no perdurará. Tan solo cuando las mentes se han unido, estamos poniéndonos en manos del Espíritu Santo, y mientras dure ese Estado, la curación permanecerá.

Si en alguna ocasión nos vemos sirviendo al error que da lugar “el deseo de ser especial”, debemos recordar que el perdón pone fin a ese deseo. Lo que realmente debemos perdonar es la ilusión de sentirnos especial, lo que nos permite recuperar la visión de unidad.

En los evangelios, se nos enseña que Jesús pedía a sus discípulos y a aquellos en los que obraba milagros, que no dieran publicidad a su acción. He aquí un par de ejemplos:


“41Y tomando la mano de la muchacha, le dijo: Talita cumi; que es si lo interpretares: Muchacha, a ti te digo: Levántate. 42Y al instante la muchacha se levantó y anduvo; porque tenía doce años. Y estaban atónitos, muy asombrados. 43Y Él les encargó mucho que nadie lo supiese, y mandó que se le diese de comer”. (Marcos 5:41-43)

“32Y le trajeron a uno que era sordo y tartamudo, y le rogaron que pusiera su mano sobre él. 33Y tomándole aparte de la multitud, metió sus dedos en las orejas de él, y escupiendo, tocó su lengua; 34y alzando los ojos al cielo, gimió, y le dijo: Efata; que es: Sé abierto. 35Y al instante sus oídos fueron abiertos, y fue suelta la atadura de su lengua, y hablaba bien. 36Y les mandó que no lo dijesen a nadie; pero cuanto más les mandaba, tanto más y más lo divulgaban. 37Y se maravillaban en gran manera, diciendo: Todo lo ha hecho bien; hace a los sordos oír y a los mudos hablar”. (Marcos 7:32-37)

“9Y partiendo de allí, vino a la sinagoga de ellos: 10Y he aquí había un hombre que tenía seca una mano. Y le preguntaron para poder acusarle, diciendo: ¿Es lícito sanar en sábado? 11Y Él les dijo: ¿Qué hombre habrá de vosotros, que tenga una oveja, y si ésta cayere en un pozo en sábado, no le eche mano, y la levante?12Pues ¿cuánto más vale un hombre que una oveja? Así que es lícito hacer el bien en sábado. 13Entonces dijo a aquel hombre: Extiende tu mano. Y él la extendió, y le fue restaurada sana como la otra. 14Entonces salieron los fariseos y tomaron consejo contra Él, de cómo le matarían.

15Mas sabiéndolo Jesús, se apartó de allí; y grandes multitudes le seguían, y sanaba a todos. 16Y les encargaba rigurosamente que no le diesen a conocer…” (Mateos 12:9-16)

UCDM. Libro de Ejercicios. Lección 19

LECCIÓN 19

No soy el único que experimenta los efectos de mis pensamientos.

1. La idea de hoy es obviamente la razón por la que lo que ves no te afecta a ti solo. 2Notarás que las ideas que presentamos relacionadas con el acto de pensar a veces preceden a las que están relacionadas con la percepción, mientras que en otras ocasiones se invierte ese orden. 3Eso se debe a que el orden en sí no importa. 4El acto de pensar y sus resultados son en realidad simultáneos, ya que causa y efecto no están nunca separados.

2. Hoy volvemos a hacer hincapié en el hecho de que las mentes están unidas. 2Rara vez se acoge bien esta idea al principio, puesto que parece acarrear un enorme sentido de responsabilidad, e incluso puede considerarse como "una invasión de la vida íntima”. 3Sin embargo, es un hecho que no existen pensamientos privados. 4A pesar de tu resistencia inicial a esta idea, ya entenderás que para que la salvación sea posible, esta idea tiene que ser verdad. 5Y la salvación tiene que ser posible porque es la Voluntad de Dios.

3. El minuto de búsqueda mental que se requiere para los ejercicios de hoy debe hacerse con los ojos cerrados. 2Repite primero la idea de hoy y luego escudriña tu mente en busca de aquellos pensamientos que se encuentren en ella en ese momento. 3A medida que examines cada uno de ellos, descríbelo en función del personaje o tema central que contenga, y mientras lo mantienes en la mente, di:

4No soy el único que experimenta los efectos de este pensamiento acerca de ____

4. El requisito de ser lo más imparcial posible al seleccionar los objetos para las sesiones de práctica ya te debe resultar bastante familiar a estas alturas, y de aquí en adelante no se repetirá diariamente, aunque se incluirá de vez en cuando a modo de recordatorio. 2No olvides, sin embargo, que seleccionar los objetos al azar en todas las sesiones de práctica seguirá siendo esencial hasta el final. 3Esta falta de orden en el proceso de selección es lo que hará que finalmente tenga sentido para ti el hecho de que no hay grados de dificultad en los milagros.

5. Además de las aplicaciones de la idea de hoy "según lo dicte la necesidad"; se requieren por lo menos tres sesiones de práctica, aunque el tiempo requerido para las mismas podría acortarse si ello fuese necesario. 2No intentes hacer más de cuatro.


¿Qué me enseña esta lección?

He aquí una de las claves que el ego utiliza en sus relaciones y que, sin embargo, no es consciente de ella: la responsabilidad de la extensión de los pensamientos. Cada vez que emitimos una creencia, un pensamiento compartido, los efectos del mismo afecta igualmente a los demás. Es más, el poder de la palabra, como vehículo utilizado por el pensamiento, es capaz de fabricar una realidad ficticia en la mente de los demás, dando lugar a una cadena de errores compartidos. 

Cuando hablamos, emitimos una energía que el otro capta en forma de impresión, la cual puede quedar a un nivel consciente o inconsciente, pero lo que está claro es que le afectará en su estado anímico.

La relación existente de verdadera filiación hace que cada pensamiento encuentre en los demás un efecto, al igual que en nosotros, pues el otro y yo somos uno. Por lo tanto todo lo que evacuemos sobre los demás, lo estaremos evacuando en nosotros mismos.

El pensamiento del ego, negará, no reconocerá este hecho, pues se siente separado de Dios y del Hijo de Dios, el Hombre.

Será a través del uso correcto del pensamiento, que el hombre deberá percibir correctamente su realidad y abrir el camino de comunicación, a través del Espíritu Santo, hacia el verdadero Conocimiento.

Mientras que el pensamiento esté orientado hacia la satisfacción de las emociones separadoras, navegaremos sin rumbo, sin orientación real. Cuando el pensamiento despierte del sueño de la individualidad y descubra su origen universal y holístico, trabajará para la Unidad y el verdadero Amor.

Ejemplo-Guía: "El comportamiento de nuestro hijo nos desespera"

No nos será difícil recordar alguna escena de nuestra vida, en la que hayamos sido testigo de cómo el uso de las palabras se ha convertido en el detonante que ha provocado que una relación pase a una situación de "alerta máxima", por correr el peligro de terminar desencadenándose un conflicto de dimensiones inimaginables.

Detrás de cada palabra se oculta un pensamiento. Estamos habituados a comprobar los efectos que tienen las palabras cuando la compartimos con los demás, pero no lo estamos tanto, cuando esas palabras nos las dirigimos hacia nosotros mismos. ¿Os resuena lo que digo? Es más, estamos permanentemente hablándonos a nosotros mismos y, lo más importante de esta cuestión es que en la misma medida en que nos hablamos, en el mismo tono en el que conversamos con nosotros mismo, lo hacemos con los demás.

En verdad, no existe diferencia alguna entre el modo de hablarnos a nosotros mismos o hablar a los demás. Ambas, están aportándonos información de nuestro estado mental, aunque no todos comparten esta afirmación, pues cuando sus palabras son hirientes y condenatorias sobre alguna situación, reconocer que el otro se merece nuestro juicio, es más fácil que reconocer que lo que estamos proyectando fuera no es más que una visión negada de nuestro propio yo.

En el ejemplo que estamos analizando, aplicar lo anteriormente dicho, nos ha de llevar a un estado de permanente alerta, pues cuando estamos dando traslado a nuestras palabras, en su contenido, tenemos que saber leer lo que estamos gestando en nuestra mente. Si la actitud de nuestro hijo nos desespera y le criticamos su comportamiento, deberíamos preguntarnos dónde no nos estamos aceptando, dónde se encuentra en nosotros ese pensamiento de rigor, esa exigencia mental.

El uso de la palabra en una experiencia de conflicto de relación es de suma importancia. Según lo que digamos en un momento puntual, podemos suavizar una situación y provocar canales de entendimiento o por lo contrario, podemos despertar a la fiera que hay dormida en cada uno de nosotros.

Reflexión: ¿Y si cada ser humano, tuviese la potestad de conectar su mente con un "campo de información de infinitas posibilidades" donde poder sintonizar con la frecuencia de infinitud de tonos de pensamientos?

miércoles, 18 de enero de 2017

UCDM. Libro de Ejercicios. Lección 18

LECCIÓN 18

No soy el único que experimenta los efectos de mi manera de ver.

1. La idea de hoy es un paso más en el proceso de aprender que los pensamientos que dan lugar a lo que ves nunca son neutros o irrelevantes. 2También hace hincapié en la idea, a la que posteriormente se le dará cada vez mayor importancia, de que las mentes están unidas.

2. La idea de hoy no se refiere tanto a lo que ves como a la manera en que lo ves. 2Por lo tanto, los ejercicios de hoy hacen hincapié en ese aspecto de tu percepción. 3Las tres o cuatro sesiones de práctica que se recomiendan deben hacerse de la siguiente manera:

3. Mira a tu alrededor, y a medida que selecciones los objetos para la aplicación de la idea de hoy tan al azar como sea posible, descansa tu mirada en cada uno de ellos el tiempo suficiente para poder decir:

2No soy el único que experimenta los efectos de mi manera de ver.

3Concluye cada sesión de práctica repitiendo esta afirmación más general:

4No soy el único que experimenta los efectos de mi manera de ver.

5Un minuto, o incluso menos, es suficiente para cada sesión de práctica.


¿Qué me enseña esta lección?

Interesante cuestión que debemos tener en cuenta a la hora de relacionarnos con nuestros hermanos.

Aquello que observo con mi visión, mi pensamiento lo interpreta bajo su prisma y creencias; otra persona, observando la misma cosa, puede tener un punto de vista diferente. Si ambos puntos de vista son verdaderos, es decir, están basados en el Amor, confluirán en un punto en común y respetuoso. Es una apuesta por la libertad.

Ahora bien, si el pensamiento es falso, ocurrirá que darán pie  al enfrentamiento, a la oposición, como un rasgo externo y proyectado de su conciencia de separación. Es una apuesta por la represión, por el odio, por la guerra y la muerte.


La unificación de los pensamientos verdaderos dará lugar a la filiación pacífica y a la paz interna compartida. Hablaremos de respeto, de empatía, de comunión, de expiación, de milagro.

Si importante es saber que todos tenemos la capacidad individual de fabricar pensamientos que son la causa de aquello que percibimos, no menos importante, es tomar consciencia de que esa capacidad "creadora" es la que nos mantiene unidos a la misma Fuente de donde emana: Dios.

Si bien, el entender que somos capaces de tener pensamientos diferentes nos aporta argumentos que justifican nuestra errónea creencia en la separación, no somos siempre conscientes de que estamos olvidando que nuestro juicio está distorsionado por la información recibida desde el nivel de la percepción. Si en vez de dirigir nuestra mirada al mundo externo, la dirigiésemos al mundo interno, descubríamos que nuestras mentes están unidad en la Sagrada Voluntad del Padre, es decir, en el nivel del Espíritu, somos Uno formando parte de una única Filiación y en ese nivel, el único verdadero, no existe la separación.

Como bien determina esta Lección, tenemos que reflexionar no sobre lo que vemos, sino cómo lo vemos. Lo vemos desde la visión dividida que percibe un mundo dividido o lo vemos, desde la visión unificadora que nos lleva a la percepción correcta, y aunque no es el verdadero Conocimiento, sí es la visión más elevada que podemos lograr en el mundo de la ilusión y del sueño.

Ejemplo-Guía: "Mi cuerpo está enfermo"

Se trata de una experiencia muy común en todos nosotros. Nuestro cuerpo nos manda sensaciones de malestar, de desarmonía, con síntomas de alteraciones y en muchas ocasiones acompañado de dolor. Todo ese conjunto de síntomas nos lleva a un estado alterado que nos lleva a interpretar que es el cuerpo el que nos lleva a tener ciertos pensamientos. Por ejemplo, el dolor, pensamos que es provocado por el cuerpo, y establecemos la causa del mismo en las percepciones que recibimos del cuerpo.

Si tuviésemos la capacidad de disociarnos, y adoptar el papel de un observador que está viendo fuera de sí mismo las reacciones del cuerpo, describiríamos una escena en el que el cuerpo es el agente causante de todo lo que estamos sintiendo. Esa es nuestra creencia más arraigada. Esto que acabamos de decir, podría ser comparable, a la idea ancestral que nos ha enseñado que cuando fabricamos nuestro cuerpo (cuando Adán descubrió su desnudez) nos sentimos avergonzado (al sentir que habíamos perdido nuestra pureza e inocencia) y deseó ocultarlo a los ojos de su creador. Ese sentimiento de culpa original se encuentra inscrito en nuestro inconsciente colectivo y nos lleva a olvidar (permanece oculto) que nuestro verdadero Ser ya era antes de "ver", de "percibir" un vehículo físico y material. Ese olvido significa que donde debemos ver la "causa" hemos puesto lo que es el "efecto", es decir, nos hemos identificado con el cuerpo hasta tal punto que nos hemos olvidado de que la verdadera causa se encuentra en otro nivel, en el mental, el vehículo más elevado con el que cuenta nuestro Yo Superior, nuestro Ser Espiritual.

¿Esto dónde nos lleva? Sencillamente, retomemos el papel de observador y corrijamos nuestra visión. Dejemos al cuerpo con sus efectos y dirijamos nuestra mirada a nuestra mente. Busquemos en ella aquellos pensamientos que se expresan desde el dolor. Tal vez descubramos que nos sentimos dolido, muy dolido, por las palabras de alguien que significa mucho para nosotros: un padre, un hijo, un cónyuge, un jefe, un amigo..., o tal vez, y esto es importante conocerlo, ese dolor provenga de nosotros mismos, por un exceso de culpa. No importa de dónde provengan, pues en verdad siempre provienen de un sólo lugar, de nosotros mismos, pues en nuestras relaciones con lo externo, con los demás, lo que estamos haciendo es proyectar nuestros pensamientos internos. Por lo tanto, busquemos, sin carga emocional, es decir, sin juzgarnos condenatoriamente, dónde se encuentra, en nuestra mente, ese dolor.

¿Ya lo hemos encontrado? Importante paso. Pues bien, ahora suéltalo. ¿Para que lo quieres? En verdad, el objetivo de esa búsqueda no era encontrarlo, sino, descubrir que no tiene ningún significado, tal solo el que tú le estás dando. Y si hay dolor, es porque estás teniendo pensamientos de dolor. ¿Por qué? Pues, porque te has condenado, en vez de ver tu inocencia y tu impecabilidad.

¿Os dais cuenta de la importante de lo que significa Re-nacer? ¿Os dais cuenta de la importancia que tiene Des-hacer? ¿Os dais cuenta de la importante, del inmenso poder que tiene el instante, el ahora, el presente?

Este es un Instante Santo. 

Amen.

Reflexión: ¿Por qué las creencias se convierten en fuente de división y separación?