sábado, 14 de enero de 2017

Principio 7: Todo el mundo tiene derecho a los milagros, pero antes es necesario una purificación.

PRINCIPIO 7

Todo el mundo tiene derecho a los milagros, pero antes es necesario una purificación.


La afirmación de este Principio, viene a confirmar cuál es nuestra verdadera identidad.

Cuando se hace referencia a los milagros, no se está refiriendo a la magia con la que se encuentra identificado el ego y con la que ha fabricado todo un repertorio de hechos ilusorios con los que trata de hacer frente al mundo demente en el que sueña estar.

Es necesario tener claro que cuando el Curso hace alusión al milagro establece su procedencia en la condición divina de la que somos portadores. Ser Hijo de Dios, creado a Su Imagen y Semejanza, nos convierte en legítimo herederos de Sus Atributos y de su Condición. El milagro forma parte de esa Condición y esa es la razón por la que tenemos derecho a él.

En cambio, no podemos llamar milagro, a las prácticas mágicas utilizadas por el ego, pues, mientras que el milagro corrige la causa, el error mental, la magia trata de corregir los efectos, el cuerpo o la forma. Pero, como ya sabemos, el objetivo que persigue el ego de corregir el efecto, el cuerpo o la forma, no es real, pues el cuerpo no existe. Tan sólo existe la mente, y lo  que hay que corregir es la falsa identificación de la mente con el cuerpo, con la separación.

Como bien expresa Kenneth Wapnick, “un milagro no es abrir el Mar Rojo o caminar sobre el agua; el milagro es cambiar de la percepción del ego a la percepción del Espíritu Santo”.

El derecho a los milagros quedó establecido en la creación del Hijo de Dios y está garantizado por las leyes del Padre. Con esto queremos decir, que el milagro es un derecho de todos y no de unos cuantos. Muchas religiones restringen este “derecho” a unos cuantos, a los que eleva a la condición de santos. La única condición que debemos “recordar” es nuestra propia legitimidad espiritual y ponernos al servicio del Espíritu Santo o de Jesús.

Establece este Principio que para dar expresión al milagro tenemos previamente que realizar una purificación. Este mensaje no va dirigido al cuerpo. Ya hemos dicho que no es real. La purificación que debemos llevar a cabo es a nivel de la mente. Debemos purificar nuestros pensamientos, los que mantienen la creencia en el pecado, en la culpa, en la separación. Realmente, la purificación debe ser entendida como una rectificación que debe ser dirigida a la mente, de donde emana toda causa. 
“El milagro no hace nada. 2Lo único que hace es deshacer. 3Y de este modo, cancela la interferencia a lo que se ha hecho. 4No añade nada, sino que simplemente elimina. 5lo que elimina hace mucho que desapareció, pero puesto que se conserva en la memo­ria, sus efectos parecen estar teniendo lugar ahora. 6Hace mucho que este mundo desapareció. 7Los pensamientos que lo origina­ron ya no se encuentran en la mente que los concibió y los amó por un breve lapso de tiempo. 8El milagro no hace sino mostrar que el pasado ya pasó, y que lo que realmente ya pasó no puede tener efectos. 9Recordar la causa de algo tan sólo puede dar lugar a ilusiones de su presencia, pero no puede producir efectos”. (T.C28.1:1-9) 
Si la mente se identifica con lo que percibe, alimentará la creencia en el tiempo, dando valor al pasado, lo que justificará la ley de causa y efecto. La presencia del milagro en nuestra mente, nos librará de esos grilletes que nos mantienen prisionero de la ley del tiempo y que nos hace sentir culpable por nuestras acciones pasadas. El recuerdo del “pecado” es el error original que ha dado lugar al resto de los errores.

UCDM. Libro de Ejercicios. Lección 14

LECCIÓN 14

Dios no creó un mundo sin significado.

1. La idea de hoy es obviamente la razón de que sea imposible que haya un mundo que no tenga significado. 2Lo que Dios no creó no existe. 3Y todo lo que existe, existe tal como Él lo creó. 4El mundo que ves no tiene nada que ver con la realidad. 5Es tu propia obra, y no existe.

2. Los ejercicios de hoy deben practicarse con los ojos cerrados todo el tiempo. 2El período de búsqueda mental debe ser corto, a lo sumo un minuto. 3No lleves a cabo más de tres sesiones de práctica con la idea de hoy a menos que te sientas a gusto haciéndolas  4De ser así, es porque realmente entiendes su propósito.

3. La idea de hoy es un paso más en el proceso de aprender a abandonar los pensamientos que le has adscrito al mundo, y a ver en su lugar la Palabra de Dios. 2Los pasos iniciales de este intercambio, al que verdaderamente se le puede llamar salvación, pueden ser bastante difíciles e incluso dolorosos. 3Algunos de ellos te conducirán directamente al miedo. 4Mas no se te dejará ahí. 5Irás mucho más allá de él, 6pues es hacia la paz y seguridad perfectas adonde nos encaminamos.

4. Piensa, mientras mantienes los ojos cerrados, en todos los horrores del mundo que te vengan a la mente. 2Nombra cada uno de ellos a medida que se te ocurra, e inmediatamente niega su realidad. 3Dios no lo creó, y, por lo tanto, no es real. 4Di, por ejemplo:

5Dios no creó esa guerra, por lo tanto, no es real.
6Dios no creó ese accidente de aviación, por lo tanto, no es real.
7Dios no creó [especifica el desastre], por lo tanto, no es real.

5. Entre los temas adecuados para la aplicación de la idea de hoy se puede incluir, asimismo, todo aquello que temas te pueda ocurrir a ti, o a cualquier persona por la que estés preocupado. 2Nom­bra en cada caso el "desastre" en cuestión muy concretamente. 3No uses términos abstractos. 4Por ejemplo, no digas: "Dios no creó las enfermedades”, sino "Dios no creó el cáncer'; o los ataques cardíacos, o lo que sea que te cause temor.

6. Eso que estás contemplando es tu repertorio personal de horrores. 2Esas cosas son parte del mundo que ves. 3Algunas de ellas son ilusiones que compartes con los demás, y otras son parte de tu infierno personal. 4Eso no importa. 5Lo que Dios no creó sólo puede estar en tu propia mente, separada de la Suya. 6Por lo tanto, no tiene significado. 7En reconocimiento de este hecho, concluye las sesiones de práctica repitiendo la idea de hoy:

8Dios no creó un mundo sin significado.

7. Por supuesto, la idea de hoy puede aplicarse, aparte de las sesiones de práctica, a cualquier cosa que te perturbe a lo largo del día. 2Sé muy específico al aplicarla. 3Di:

4Dios no creó un mundo sin significado.
5No creó [especifica la situación que te esté perturbando], por lo tanto, no es real.

¿Qué me enseña esta lección?

Ante las experiencias que percibimos, inevitablemente, emitimos un juicio acompañado de una emoción. Ante un accidente, nuestra mente “separada”, nos lleva a disociarnos de lo vivido, interpretando que no va con nosotros, si lo ocurrido es a otro. Ahora bien, si el accidente nos afecta directamente, entonces el juicio de valor que hacemos y la emoción despertada nos llevará al sufrimiento. Ambas experiencias son las mismas y sin embargo, dependiendo de donde tengamos nuestro “tesoro”, nuestro corazón,  así lo viviremos de un modo u otro.

Si nuestra consciencia es sensible al sentimiento de compasión, entonces, ese accidente que sufre el otro, puede despertar emociones solidarias y hacemos el sufrimiento nuestro. Pensamos que ese tipo de emoción nos acerca al amor.

Sin embargo, ambas respuestas están fundamentadas en una percepción errónea de nuestra verdadera identidad. Esa percepción basada en la creencia del ego, de separación, de que todo lo que nos ocurre es fruto de la casualidad y de que no existe una relación causa y efecto, se convierte en una negación de nuestra verdadera esencia divina.

Dios es perfecto y no cree en el sufrimiento. Nosotros somos sus Hijos en quien tiene su complacencia y también somos perfectos. Dios no ha creado el mundo que el ego percibe, por lo que todo lo que el ego percibe no tiene significado para Dios, luego, tampoco debe tenerlo para nosotros.

El ego cree en todo cuanto le ocurre porque lo ha fabricado él. Pero el ego no es una creación de Dios, es temporal y por lo tanto es irreal.

No necesitamos las guerras, el hambre, la enfermedad, el dolor y el sufrimiento. Todos estos hechos son fruto de la mente errada y de la percepción errónea basada en la separación del Ser. Si creemos en la guerra estaremos permitiendo su manifestación. Si creemos en la enfermedad estaremos adorando al dios de la enfermedad. Son vías de sufrimiento para el ego y, sin embargo, adora a los ídolos que la mantienen en su mente.

Ejemplo-Guía: ¿Por qué Dios no evita mis desgracias?

Me pregunto si sería casualidad que ayer mismo tuviese la oportunidad de ver la película titulada "Como Dios", protagonizada por Jim Carrey y Morgan Freeman. La cito, porque su guión nos lleva a pensar sobre la enseñanza recogida en esta Lección. Si no la habéis visto, os la recomiendo. ¡Ah!, es evidente que no fue por casualidad, sino por causalidad.

¿Quién no ha pensado en alguna ocasión que Dios es el único culpable de lo que nos pasa? Si lo que experimentamos es dramático, siempre existe ese pensamiento condenatorio, que trata de convencernos de que lo que nos ha ocurrido es como consecuencia de nuestras malas acciones. El poder que ejerce la culpa sobre nuestro inconsciente es tan fuerte que nos lleva a pensar en ideas demenciales. 

Por otro lado, siempre buscamos la alianza con Dios, en un intento de ganar su Gracia, y así recibir su ayuda providencial para que logremos todos nuestros deseos. Podríamos decir, que le pedimos un "tráfico de influencia" para hacer realidad nuestros propósitos. Cuando las circunstancias vividas no nos lleva a gozar de esa "prestación", nos limitamos  a emitir juicios, como los que realiza el protagonista de la película referida, que nos lleva a negar la existencia del Creador.

Dios no puede evitar nuestras desgracias, por una sencilla razón, Él no ve nuestras desgracias, pues no cree en el juicio que nos lleva a considerar lo que nosotros llamamos desgracias. Dios no ha creado el mundo que nosotros sí vemos, y lo vemos, porque es nuestra fabricación y creemos en él. Dios es perfecto y sus creaciones lo son también.

Tú y yo, somos sus Hijos y gozamos de esa perfección cuando nuestra mente es Una con Él. Todas las creaciones realizadas por el Hijo de Dios separadas de la Fuente del Padre, no son creaciones, sino proyecciones y dan lugar a un mundo ilusorio e irreal, donde ya no imperan las Leyes de Dios, ni su Poder Creador, el Amor, sino que impera las leyes del ego, y el poder del miedo.

Te propongo una cuestión: ¿Qué crees que es más real una piedra, a la cual puedes tocar y percibir, o un pensamiento?

Te propongo un ejercicio, que tal vez nos pueda ayudar a encontrar la respuesta a esa cuestión.

Tienes a tu disposición una caja llena de fichas, semejantes a las fichas de los legos, con la cual puedes diseñar cualquier forma que te propongas. Para hacerlo fácil el ejercicio, te propongo que hagas una figura cuadrada.
Bien, cuando la tengas hecha, habrás terminado el ejercicio y podrás percibir el resultado de tu trabajo. Estás satisfecho con él, pues es la réplica exacta de lo que tu mente te ha enseñado que es un cuadrado. Llegado este punto, dirías que es tu realidad más tangible.

Pero ¿qué pasaría, si esa figura se destruye? De hecho, puede ocurrir, la piedra más resistente, también es posible destruirla. Para poder construirla de nuevo, necesitarías recurrir nuevamente a tu mente, pues en ese nivel, aún permanece. Por lo tanto, podríamos concluir, que el pensamiento es más real que la estructura edificada y que cualquier piedra por muy dura que esta sea.

Si Dios, que es Perfecto, hubiese creado un mundo imperfecto, dejaría de ser perfecto. Por otro lado, si Dios, que es Perfecto, hubiese creado un mundo erróneo, lo único que tendría que hacer es corregirlo. Pero esto no pasa, debido a la razón ya expuesta, no es su creación y además, ¿cómo corregir algo que no es real, que no existe en la mente del que lo ha creado?

La mejor petición que podemos elevar a Dios es que nos ilumine para poder recordar la verdad, de la cual nos hemos olvidado. Es necesario de que esa petición emane de nuestra voluntad, pues Él no puede influir en nuestro libre albedrío. En verdad, lo único que Dios aguarda es que pongamos nuestra voluntad a su servicio. Su Infinita Gracia está aguardando ese instante en el que nos entregamos a Su Voluntad. En nuestro olvido, hemos dejado de creer en que somos seres de luz, libres de toda limitación, sanos, perfectos y abundantes.

Reflexión: ¿Cuál crees que es el significado de la creación de Dios?

viernes, 13 de enero de 2017

Principio 6: Los milagros son naturales. Cuando no ocurren, es que algo anda mal.

PRINCIPIO 6

Los milagros son naturales. Cuando no ocurren, es que algo anda mal.


Cuando hemos analizado el Principio 5, advertíamos una de las condiciones del milagro, veíamos que el milagro debe ser un hábito y debe realizarse involuntariamente. Advertíamos, igualmente, que no deben ser controlados conscientemente, pues al estar nuestra conciencia identificada con el ego –error-, lo utilizaríamos para dar continuidad a la ilusión, a lo irreal.

El Principio 6, nos introduce una condición en la línea ya trazada, los milagros son naturales. Con ello, está ahondando en la idea de su procedencia, en su cualidad divina: el milagro significa vida y Dios es el dador de la vida. El milagro encuentra su Fuente en el Amor y Dios es Quien dispensa ese Amor a través de su creación: el Hijo de Dios.

Lo natural simboliza la cualidad esencial y característica de la cual proviene. Podemos decir, que los milagros son naturales pues su Fuente es el Amor y el Amor procede de Dios.

El ego o pensamiento de separación, no puede realizar el milagro pues no encuentra su “causa” en Dios. Es más, la manifestación del milagro, al corregir ese error primigenio, el error de creernos separados de Dios, pone fin a su ilusión y por lo tanto pone fin a su ficticia existencia.

Para realizar un milagro, debemos previamente recibirlo, y con ello debemos entender, que debemos “recordar” nuestra condición natural, nuestra condición divina, nuestro linaje espiritual. Aún permaneciendo en el sueño, debemos desear los beneficios del milagro, pues como ya hemos dicho en otra ocasión, tenemos derecho a él. Desde el sueño, en el que permanecemos dormidos, no sabemos qué es lo que tenemos que hacer para dar expresión al milagro, pero sí podemos pedir a la Voz que habla por Dios, al Espíritu Santo, que nos permita despertar dentro del sueño, que nos permita abrir los ojos y comprobar que ya no vivimos una pesadilla, que podemos dirigir la fuerza de nuestra mente y elegir cómo interpretar las escenas que forman parte de nuestro sueño; podemos elegir tener sueños felices.

Ese despertar, nos llevará a recordar lo que somos realmente y ese será el milagro que el Espíritu Santo nos ofrece para que lo compartamos con el mundo. En la acción de dar, en la medida en que extendemos nuestra condición natural y amorosa, nos permitirá retener  esa condición, la cual crecerá abundantemente, al recibir el fértil riego de las aguas de nuestro amor y el cálido sol de nuestra consciencia.

Cuando en nuestro sueño, observamos que nos encontramos experimentando pesadillas, cuando nos sentimos víctimas del dolor, del castigo, del miedo, de la tristeza, de la enfermedad, de la muerte, de las pérdidas y de la escasez, entonces es que las cosas no van bien, es decir, estamos dejando que nuestro ego reparta sus cartas y nos mantenga atrapado en el juego de la ilusión. En ese juego, el milagro no puede manifestarse, pues no puede utilizarse su fuente para engalanar una personalidad que se cree enemigo del Creador.

Podemos pensar que estamos despiertos dentro del sueño. Hemos recibido la llamada del Espíritu Santo en nuestra mente y nos ha llevado a ver que hemos alimentado el error de creer que estamos separados. Un peligro acecha al soñador en este punto del camino, el deseo de ser especial. Sí, acaba de descubrir que el ser un obrador de milagros se hace sentir bien. Es quizás lo que añoraba dentro del sueño, incluso, se siente feliz, pues ahora podrá ser un benefactor para los demás, salvar sus vidas, guiar sus caminos, curar sus enfermedades. En este punto, puede olvidar que sigue soñando, y sin embargo, su estado de iluminación le lleve a pensar que no lo está.

A pesar de ese estado “ilusorio” de elevación, el soñador iluminado no se ha percatado de que sigue viendo el conflicto, el dolor, la escasez, la enfermedad, el cuerpo, y con ello, lo está haciendo real. Identificarse con estos guiones del sueño, nos está indicando que “algo anda mal” y cuando intentemos realizar los milagros veremos que no se ven realizados, es decir, vemos que nuestro deseo de aliviar el dolor del otro no ha surtido efecto. Lo que estamos haciendo es olvidando que esa situación no es real, pero la estamos haciendo real.

Estamos aquí, únicamente, para ser útiles… debemos entender ese sentido de la utilidad, como el deseo de hacer la Voluntad del Padre. Pongamos en manos del que habla por su Voz todos nuestros asuntos y dejemos que Él, guie nuestros pasos allí donde debamos extender nuestro Amor, es decir, hacer real el milagro.

UCDM. Libro de Ejercicios. Lección 13

LECCIÓN 13

Un mundo sin significado engendra temor.

1. La idea de hoy es realmente una variación de la anterior, excepto que es más específica en cuanto a la emoción suscitada. 2De hecho, un mundo sin significado es imposible. 3Lo que no tiene significado no existe. 4Sin embargo, de eso no se deduce que tú no puedas pensar que percibes algo que no tiene significado. 5Por el contrario, eres especialmente propenso a pensar que sí lo percibes.

2. El reconocimiento de esa falta de significado produce una aguda ansiedad en todos los que se perciben como separados. 2Representa una situación en la que Dios y el ego se "desafían" entre sí con respecto a qué significado ha de escribirse en el espacio vacío provisto por dicha falta. 3El ego se abalanza frenéticamente para establecer allí sus propias ideas, temeroso de que, de otro modo, el vacío pueda ser utilizado para demostrar su propia impotencia e irrealidad. 4Y solamente en esto está en lo cierto.

3. Es esencial, por lo tanto, que aprendas a reconocer lo que no tiene significado y a aceptarlo sin temor. 2Si tienes miedo, no podrás por menos que dotar al mundo con atributos que no posee, y abarrotarlo con imágenes que no existen. 3Para el ego, las ilusiones son dispositivos de seguridad, como deben serlo también para ti que te equiparas con él.

4. Los ejercicios de hoy, que deben hacerse unas tres o cuatro veces, sin que excedan un minuto cada vez, han de practicarse de manera ligeramente distinta de los anteriores. 2Repite la idea de hoy para tus adentros con los ojos cerrados. 3Luego abre los ojos y mira lentamente a tu alrededor mientras dices:

4Estoy contemplando un mundo que no tiene significado.

5Repite esta afirmación para tus adentros mientras miras a tu alrededor. 6Luego cierra los ojos y concluye con:

7Un mundo que no tiene significado engendra temor porque creo que estoy compitiendo con Dios.

5. Tal vez te resulte difícil evitar resistirte, en una forma u otra, a esta última afirmación. 2Sea cual fuere la forma en que se manifieste dicha resistencia, recuérdate a ti mismo que en realidad tienes miedo de esa clase de pensamiento debido a la "venganza" del "enemigo”. 3No se espera que a estas alturas creas esta afirmación  y probablemente la descartarás por considerarla absurda. 4Observa cuidadosamente, no obstante, cualquier señal de temor patente o encubierto que dicha afirmación pueda suscitar.

6. Ésta es la primera vez que intentamos exponer una relación explícita de causa y efecto de una clase que aún eres muy inexperto en reconocer. 2No te enfrasques en esa última afirmación, y no trates ni siquiera de pensar en ella, excepto durante las sesiones de práctica. 3Eso es suficiente por ahora.

¿Qué me enseña esta lección?

El ego cree en el mundo que ha fabricado. Ello significa que aquello que considero real es en lo que creo. Sin embargo, el ego elige a través de su pensamiento qué cosa tiene o no tiene significado. Cuando decide que el mundo espiritual carece de significado por el solo hecho de no percibirlo, está apostando por el error. Está proyectando el mayor de sus temores, pues piensa que está compitiendo con Dios, cuando realmente está negando su existencia.

Cuando decido ver que aquello que estoy percibiendo carece de significado, estoy decidiendo que es irreal, por ser temporal. 

Aquello que es real es eterno. Estoy reconociendo que lo único real es mi propio Ser.


Mientras que dure la percepción del ego, se creerá en la separación y en la negación del verdadero Ser.

Cuando percibimos que el mundo que percibimos no es real, nos produce temor, pues no sabemos cómo interpretar la información que recibimos por la vía de los sentidos. El ego, siente un profundo pavor al pensar que el mundo que ha fabricado es contrario a la Voluntad de Dios y opta por competir con el Creador, dando significado a sus proyecciones. Ese significado ilusorio es lo que sustenta su identidad.

Carecer del significado de los valores, nos produce temor, pues pensamos que aquello que nos rodea nos hará daño. Juzgando lo malo podemos alejarnos de ello. Juzgando lo bueno nos sentimos protegidos y felices. Sin embargo, olvidamos que al dar vida a lo bueno, estamos potenciando su opuesto, lo malo, el aspecto rechazado.


Es por ello que debemos ver el mundo sin significado, sin juicio. El único juicio es el juicio final, la expiación, es decir, des-hacer el error del juicio dual, para asentarnos en la visión de la Unidad.

Ejemplo-Guía: Mi cuerpo está enfermo.

El ego nunca va admitir que el cuerpo con el que se encuentra identificado, carece de significado, pues si lo hiciese, estaría aceptando que no es real, que es una ilusión y su existencia no tendría razón de ser. Es más, defenderá con todas sus estrategias la creencia de que el cuerpo y su vía de aprendizaje a través de la percepción, son la única identidad verdadera, pues se puede palpar y experimentar.

Desde su punto de vista, no le falta razón, pues su verdad está cimentada en el Pensamiento Original que ha dado lugar al error, al que hemos llamado "pecado", al creernos separados de Dios, mejor dicho, al creernos expulsados de la Morada de Dios. El ego cree en el cuerpo pues de él depende su existencia. Por lo tanto, encontrará argumentos para justificar que el cuerpo puede enfermar y defenderá que será el estado del que goce el cuerpo, el que afectará nuestro estado mental.

Aplicando la enseñanza de esta Lección, obtenemos una nueva visión.

La enfermedad, desde el puno de vista de UCDM, carece de significado, pues está fundamentada en la valoración de unos efectos procedentes de la percepción. Si no es real, si carece de significado, podemos preguntarnos desde la perspectiva del ego, ¿por qué siento dolor? ¿por qué sufro? Detrás de ese pensamiento, hallaremos el miedo, el temor, de reconocer que en verdad esa creencia en el sufrimiento del cuerpo no tenga significado, pues de ser así, si todo fuese una proyección, una ilusión basada en la mente que cree en la separación, entonces el ego se desvanecería.

Si el ego defiende su creencia en el mundo que proyecta, sin duda está proclamando que sus creencias se oponen a la Verdad de Dios. Esto hay que entenderlo como una necesidad de ir adquiriendo una visión diferente. Podemos sentir el dolor del cuerpo, pero no atribuirle la culpa de lo que estamos percibiendo, sino ver, que el cuerpo está manifestando una instrucción de la mente. Ello nos permitirá, en un primer término, establecer dónde se encuentra la verdadera causa de todo efecto.

Posteriormente, daremos un paso más y nos centraremos en observar a nuestra mente, al objeto de determinar a quién está sirviendo, a la lección del miedo o a la lección del amor. En ese encuentro con nuestra mente, descubriremos que el dolor emana desde el pensamiento, el cual, lo hacemos visible en el cuerpo. Por ejemplo, hemos tenido un conflicto con nuestro jefe y sus palabras nos han causado un profundo dolor. Al cabo de un tiempo, nuestro estómago se reciente mostrándonos síntomas de dolor. Podemos ir al médico y nos recetará algún medicamento que puede aliviar esos síntomas, pero si verdaderamente queremos restablecer su estado de armonía, es en nuestra mente dónde debemos descubrir la razón por la que nos hemos sentido dolidos. Al final de esa búsqueda, siempre nos encontraremos con una emoción, el miedo, la cual adoptará múltiples rostros.

Cuando hayamos adquirido práctica en el uso de esa visión, estaremos preparados para dar un nuevo paso y aplicar, en su totalidad, la enseñanza que nos aporta esta Lección. Desde esa visión, cualquier efecto procedente del mundo físico, cualquier experiencia que percibamos, no le daremos significado desde la mente del ego, sino que le daremos el único significado que podemos darle en este nivel, una vivencia de amor.

Reflexión: ¿Te has planteado alguna vez, que el significado que das a las cosas está condicionado por la fuerza de tus deseos? 

jueves, 12 de enero de 2017

UCDM. Libro de Ejercicios. Lección 12

LECCIÓN 12

Estoy disgustado porque veo un mundo que no tiene significado.

1. La importancia de esta idea radica en el hecho de que contiene la corrección de una importante distorsión perceptual. 2Piensas que lo que te disgusta es un mundo aterrador o un mundo triste; un mundo violento o un mundo demente. 3Todos esos atributos se los otorgas tú. 4El mundo de por sí no tiene significado.

2. Estos ejercicios deben hacerse con los ojos abiertos. 2 Mira a tu alrededor, está vez muy lentamente. 3Trata de seguir un ritmo tal, que el lento pasar de tu mirada de una cosa a otra sea a intervalos de tiempo bastante similares. 4No permitas que el lapso de tiempo empleado para pasar de una cosa a otra sea ostensiblemente más corto o más largo; trata, en cambio, de mantener un compás medido y parejo a lo largo de todo el ejercicio. 5Lo que veas no importa. 6Te enseñas esto a medida que le prestas la misma atención y le dedicas el mismo tiempo a cualquier cosa sobre la que tu mirada se pose. 7Éste es uno de los pasos iniciales en el proceso de aprender a conferirles a todas las cosas el mismo valor.

3. A medida que mires a tu alrededor, di para tus adentros:

2Creo ver un mundo temible, un mundo hostil, un mundo peligroso, un mundo triste, un mundo perverso, un mundo enloquecido,

y así sucesivamente, usando cualquier término descriptivo que se te ocurra. 3Si se te ocurren términos que parecen ser positivos en vez de negativos, inclúyelos también. 4Podrías pensar, por ejemplo, en "un mundo bueno" o en "un mundo agradable". 5Si se te ocurren términos de esa índole úsalos junto con los demás. 6Es posible que aún no entiendas por qué esos adjetivos "buenos" forman parte de estos ejercicios, pero recuerda que un "mundo bueno" implica uno "malo; y uno "agradable" implica uno "desagradable”. 7Todos los términos que te vengan a la mente son adecuados para los ejercicios de hoy. 8Su aparente valor no importa.

4. Asegúrate, al aplicar la idea de hoy, de no alterar la duración de los intervalos de tiempo entre lo que piensas que es agradable y lo que piensas que es desagradable. 2Para los efectos de estos ejercicios, no hay diferencia alguna entre una cosa y otra. 3Al final de la sesión de práctica, añade:

4Pero estoy disgustado porque veo un mundo que no tiene significado.

5. Lo que carece de significado no es ni bueno ni malo. 2¿Por qué, entonces, habría de disgustarte un mundo que no tiene signifi­cado? 3Si pudieses aceptar al mundo como algo que carece de significado y dejar que en lugar de lo que tú crees la verdad se escribiese en él por ti, ello te llenaría de una felicidad indescriptible. 4Pero precisamente porque carece de significado te sientes impulsado a escribir en él lo que tú quisieras que fuese. 5Eso es lo que ves en él. 6Eso es lo que en verdad no tiene significado. 7Bajo tus palabras está escrita la Palabra de Dios. 8La verdad te disgusta ahora, pero cuando tus palabras hayan sido borradas, verás la Suya. 9Ese es, en última instancia, el propósito de estos ejercicios.

6. Tres o cuatro sesiones de práctica con la idea de hoy serán suficientes. 2Dichas sesiones no deben pasar de un minuto. 3Es posible que incluso un minuto te resulte demasiado largo. 4Sus­pende los ejercicios en el momento en que experimentes cualquier tensión.

¿Qué me enseña esta lección?


Si nuestros ojos viesen la verdad, entenderíamos, que la capacidad de ver, de percibir, tiene su origen, su causa, en la mente y esa mente tan sólo serviría al Amor, a la Unidad, a la Voluntad de Dios. 
Dejaríamos de juzgar y condenar. Dejaríamos de atacar, de sufrir, de enfermar, y ello sería así, pues donde existe Amor y Unidad, no hay lugar para el miedo y para la división.

En nuestro estado actual, nuestros ojos no ven la verdad, pues nuestra mente sirve al ego, el principio de la separación. Esta identificación, nos aleja del Estado de Paz y de Felicidad, nuestra condición natural y en cambio, nos sitúa en un estado de permanente disgusto, como consecuencia de juzgar y dar significado a las proyecciones de nuestra mente errada.

Buscamos la verdad, pero con los ojos de la ilusión. Buscamos la felicidad y la paz, pero con un espíritu combativo. Buscamos el amor y la armonía enarbolando banderas partidistas y evocando cánticos de guerra.

¿Qué podemos hacer para dejar de estar disgustados? Sencillamente, como dijera el Maestro Jesús, debemos ser como niños, es decir, debemos tener una actitud de aprender cosas nuevas, ser puros e inocentes en nuestras creencias. Desaprender lo aprendido y estar dispuestos para ver las cosas de otra manera.
Las verdades que hasta ahora nos han guiado, deben ser sustituidas por una nueva verdad. Esa "buena nueva" no ha de provenir de los argumentos del ego, sino que debemos ponernos en manos del Mensajero del Padre, el Espíritu Santo, para que ilumine nuestra mente y le inspire la Verdad del Cielo: Somos Uno con Todo lo Creado.

Para la mente del ego, acostumbrada a basar sus creencias a través de la percepción, no entiende un mundo sin significado y ello le produce una sensación de vacío, de miedo, de falta de referencia y de identificación. 

Podemos caer bajo en el error, si pensamos que al no dar significado al mundo que percibimos, carecemos de valores, esos mismos valores que nos han tratado de inculcar desde pequeño: esto es bueno, esto es malo. La dualidad que percibimos y nos hace sentirnos seguros, ficticiamente, se desvanece al carecer de significado.

Cuando conseguimos acallar la voz de nuestro pensamiento en el razonamiento de que todo tiene un significado, entonces tendremos la evidencia interna de que se produce el acallamiento que nos conduce a la paz interior. Presenciamos la Voz de nuestro Creador que nos habla de la verdadera esencia de la que somos portadores, el Amor.

Ejemplo-Guía: Mi cuerpo está enfermo.

Cuando percibimos que nuestro cuerpo está enfermo, estamos expresando nuestro disgusto a creer ver lo que creemos ver, esto es, vemos un cuerpo que sufre y que nos transmite sentimientos, emociones y sensaciones de dolor. Nuestra mente en ese momento se encuentra totalmente identificada con el cuerpo y sus dolencias y es precisamente esa identificación la que nos lleva a sentirnos profundamente disgustados.

Igualmente, nos podemos sentir disgustados a juzgar que el hecho de que nuestro cuerpo se encuentre en ese estado responde a nuestra culpa, pues pensamos que no hemos sido capaces de controlar nuestra gula, nuestros hábitos perniciosos o porque no hemos atendido a las recomendaciones que nos han hecho nuestros seres más cercanos. La culpa despierta en nosotros una lucha interna que nos priva de la paz y de la alegría para afrontar la situación. Podemos llegar a un estado extremo de culpa y castigar aún más a nuestro cuerpo, pues nuestra mente cree que es la causa de todo nuestras debilidades: "la carne es débil", nos decimos.

Podemos continuar con otras afirmaciones que fluyen como argumentos por nuestra mente y que podrían unirse a las anteriormente descritas. Por ejemplo, podemos defender la creencia de que nuestro cuerpo está enfermo por motivos hereditarios o congénitos. Entonces, posamos la atención en nuestros familiares a los que situamos en el centro de la diana sobre la que descargamos nuestros miedos, nuestros disgustos.

En todas las situaciones estamos permitiendo a nuestra mente a que se esfuerce en dar significado a lo que nos pasa. ¿Alguna razón tendrá que haber? Sí es cierto, existe una causa, pero no debemos buscarla en nuestro cuerpo, el cual tan sólo es un efecto. Debemos dirigir nuestra atención a la mente y entender que los pensamientos que está proyectando están haciendo realidad una situación que es ilusoria y que el estado enfermedad que percibe se encuentra en el nivel de la mente, cuando se cree en la separación.

En el tema que hemos elegido de ejemplo, con relación a la Lección que estamos tratando, debemos tener en consideración a un enfoque muy sutil que muchos pasamos por alto. Me estoy refiriendo a la creencia que argumenta que toda enfermedad física tiene un significa espiritual, es decir, un mensaje para corregir pautas de comportamiento, mentales o emocionales. 

Tenemos que recordar que hasta hace unos días, ni tan siguiera sabíamos que el mundo que percibimos es un sueño. Hemos avanzado un poco, hasta el punto en que, teóricamente, sabemos que somos los soñadores de ese sueño y que tenemos la potestad para soñar sueños felices. Nuestra meta, es salvarnos de la ilusión de ese estado de sueño y nos encontramos caminando hacia las puertas que ha de permitirnos alcanzar nuestro despertar.

En ese viaje nos encontramos, y consciente de ello, podemos decir, que los métodos terapéuticos que se basan en la teoría de que toda enfermedad física tiene un "para qué", es decir, una lección adjunta dirigida a nuestra alma, son como sueños felices que elegimos proyectar dentro del mundo que estamos soñando. Pero sabemos que no es el fin de nuestro camino, sino un tramo más de él. Lo sabemos, porque aún podemos proyectar sueños más felices, en la medida en que dejemos de dar significado a los efectos y prestemos solo atención a las causas. 

Reflexión: ¿Eres capaz de mirar las cosas como si fuesen la primera vez que las ves? ¿Cómo te sientes?

miércoles, 11 de enero de 2017

Principio 5: Los milagros son hábitos, y deben ser involuntarios.

PRINCIPIO 5

Los milagros son hábitos, y deben ser involuntarios. No deben controlarse conscientemente. Los milagros seleccionados conscientemente pueden proceder de un falso asesoramiento.


“Siembra un pensamiento y cosecharás una acción; siembra una acción y cosecharás un hábito; siembra un hábito y cosecharás un carácter; siembra un carácter y cosecharás un destino”



He elegido esta frase a título de introducción, pues me permite desarrollar un aspecto de este quinto Principio que considero importante reflejar. Me estoy refiriendo al término “hábito”.
En la cadena de acciones desde el inicio, con un pensamiento, hasta el destino, observamos que el hábito adquiere protagonismo cuando hemos desarrollado una acción, es decir, hemos llevado el pensamiento a la práctica y la repetición de dicha acción nos lleva a adquirir la habilidad o cualidad adquirida, de tal modo que forma parte de nuestros hábitos cotidianos.

Alcanzado este punto, podríamos hablar de que el hábito se convierte en carácter, esto es, forma parte de nuestra condición. Aplicar esta reflexión en el contexto que nos enseña Un Curso de Milagros, nos lleva a afirmar, que el hábito, al igual que el carácter forman parte de la ilusión del mundo físico, que como sabemos es una creación del ego y no es real.

Cuando este Principio recoge que “los milagros son hábitos”, realmente lo que nos está enseñando es que forma parte de nuestra condición, es decir, de nuestra realidad espiritual. El milagro es amor y nosotros somos Hijos del Amor.

En la Lección 77 del libro de ejercicios, se nos dice que tenemos derecho a los milagros:

1. Tienes derecho a los milagros debido a lo que eres. 2Recibirás milagros debido a lo que Dios es. 3ofrecerás milagros debido a que eres uno con Dios. 4Una vez más, ¡cuán simple es la salva­ción! 5Es sencillamente una afirmación de tu verdadera Identi­dad…
2. Tu derecho a los milagros no se basa en las ilusiones que tienes acerca de ti mismo. 2No depende de ningún poder mágico que te hayas adscrito ni de ninguno de los rituales que has ingeniado. 3Es inherente a la verdad de lo que eres. 4Está implícito en lo que Dios, tu Padre, es. 5Tu derecho a los milagros quedó establecido en tu creación y está garantizado por las leyes de Dios.

Pero nuestra conciencia actual nos mantiene identificado con una realidad que no somos. Estamos dando vida a un sueño  del que ni siquiera somos conscientes de que estamos soñando. Vivimos en el mundo de la ilusión fabricado por nuestra mente. Desde esta percepción, desde esta perspectiva errónea, se hace necesario que encontremos un puente que nos permita cruzar la distancia que separa lo ilusorio de lo verdadero.
Para realizar esa travesía, añorada por el alma, Dios ha expandido una parte de Sí Mismo y le ha permitido formar parte de nuestro sueño. El Espíritu Santo es el mediador entre las ilusiones y la verdad. El objetivo de las enseñanzas del Espíritu Santo es precisamente acabar con los sueños.

Podemos decir que el Espíritu Santo es la Fuente de donde emana el milagro dentro de nuestro sueño. A este respecto, la Lección 106, nos describe lo siguiente:

“El Portador de todos los milagros necesita que tú los recibas primero, para que así te conviertas en el feliz dador de lo que has recibido”.

De esta manera, recibiéndolo, recordaremos dentro del sueño lo que verdaderamente somos, por lo que podemos decir, que el principal objetivo del milagro es favorecer nuestro despertar y hacernos conscientes de que estamos soñando.

Cuando este despertar se produzca, es señal de que estamos preparados para dar los milagros que hemos recibido, aunque sería más correcto decir, que estamos preparados para compartir el milagro que siempre hemos sido, pero que habíamos olvidado.

Este instante, es verdaderamente un instante santo. Cuando hacemos consciente el milagro en nuestra vida, se produce la visión de Cristo. La visión de Cristo es el milagro del que emanan todos los demás milagros. Es su fuente, y aunque permanece con cada milagro que das, sigue siendo tuya. (L-pI.l159.5)

Tal vez hayamos visto ese puente que nos ha de permitir cruzar a la otra orilla, donde lo ilusorio adquiere una identidad real. Tal vez, en ese camino, decidamos hacer uso del milagro y nos dispongamos a compartirlo con los demás. Es frecuente, que en dicha travesía, decidamos resolver los problemas que percibimos desde la perspectiva del ego, esta es, identificándonos con ellos, es decir, queriendo cambiar los efectos, las formas, la vida de los demás. Identificándonos con su dolor, sus penalidades e injusticias. Con ello, lo único que estamos haciendo real es el error y la ilusión, pues no podemos olvidar, que el mundo que percibimos no es real.

La causa del error está en la mente y es en ese nivel donde debemos rectificar.  Pero si nos encontramos identificados con el mundo fabricado por ese error, ¿cómo podremos rectificar? La respuesta es una: no podremos por nosotros mismos. Tenemos que entregar en manos del Espíritu Santo la situación en sí. El conoce la Voluntad de nuestro Padre y conoce la magnitud de nuestros errores.

Cuando este Principio nos enseña que el milagro debe ser un acto involuntario, es esto lo que quiere decir. Debemos dejar de participar en la búsqueda de la solución de aquello que hemos identificado como un problema y pedir al Espíritu Santo, que sea Él, el que nos guíe hasta la solución.

Sobre este particular, Kenneth Wapnick  en su obra “Los 50 principios del milagro” nos dice:

Lo que dice este principio es que no debemos confiar en nuestras propias percepciones y, por lo tanto, no debemos escoger cómo tenemos que reaccionar a lo que percibimos. Eso es lo que quiere decir "los milagros seleccionados conscientemente pueden proceder de un falso asesoramiento". Aquí se usa la palabra "milagro" en el sentido popular de los milagros como cosas que nosotros hacemos. Dice, repito, que no debemos ser nosotros los que escojamos lo que hacemos. Podemos estar frente a alguien que esté sufriendo, y podríamos apresurarnos a hacer algo para sanar o aliviar el sufrimiento de la persona, y eso finalmente puede no ser la acción más amorosa que podamos realizar. Esto podría surgir de la lástima; podría proceder de la culpa; podría proceder de nuestro sufrimiento; podría no emanar del amor. Y así lo que Jesús nos dice aquí es: "No elijan conscientemente lo que será el acto de amor. Déjenme hacerlo por ustedes." Este es un punto muy claro, y muy importante. Una tentación en la que pueden caer muchas personas que trabajan con el Curso, así como personas que están en otros caminos espirituales, es convertirse en benefactores espirituales. Por ejemplo, usted va a traer paz al mundo; usted le va a mostrar la verdad a la gente; usted va a ayudar a mitigar el sufrimiento, etc. Todo lo que hace realmente es hacer el sufrimiento real porque lo está percibiendo afuera. Tampoco se percata de que si lo ve afuera, tiene que ser únicamente porque lo ve dentro de sí mismo. Si usted percibe el dolor en otra persona, y se identifica con el dolor, sólo puede ser porque lo ve en usted mismo. Podría ser un ejemplo de reacción-formación: Siento que soy terrible y, por lo tanto, psicológicamente me defiendo de mi culpa tratando de ayudar a todos los demás, tratando de expiar mi pecado después de haberlo hecho real.

Esto no significa que usted niegue lo que ve. Si alguien se ha roto un brazo y grita de dolor, no quiere decir que usted niegue que esa persona siente dolor y que le vuelva la espalda. Lo que sí significa es que usted cambie su manera de mirar ese dolor. Usted se percata de que el verdadero dolor no procede del cuerpo; el verdadero dolor surge de la creencia en la separación que está en la mente. Si verdaderamente quiere ser un instrumento de curación, usted se une con esa persona, lo cual quiere decir, quizás, que usted se apresure a llevarla al hospital. Pero lo que realmente hace a través de la forma de su conducta es unirse con esa persona, y darse cuenta de que usted está sanando tanto como ella.

El asunto aquí es que esta no es una decisión que debemos hacer por nuestra cuenta. Muchas veces cuando tratamos de ayudar, realmente hacemos otra cosa, que a menudo es una extensión de nuestra propia culpa. La lástima no es una respuesta amorosa, la conmiseración no es una respuesta amorosa. Lo ve a usted distinto a la otra persona. En el Capítulo 16, el Curso establece una distinción entre la falsa y la verdadera empatía (T-16.I). La falsa empatía es identificarse o empatizar con el cuerpo de la otra persona -bien sea que hablemos del cuerpo físico o del cuerpo psicológico- lo cual significa que usted hace débil a esa persona al hacer el cuerpo real. La verdadera empatía es identificarse con la fortaleza de Cristo en la persona, al percatarse de que el pedido de ayuda de esa persona es el suyo y, por lo tanto, ambos están unidos más allá del cuerpo”.