sábado, 10 de diciembre de 2016

Ángeles Sanadores: Aladiah (Dios Propicio)

ALADIAH (Dios Propicio)

Nombre Sagrado: Aleph-Lamed-Daleth-Yod-He.

Lelahel pertenece al Coro de los Querubines, Ángeles al servicio del Séfira Hochmah-Amor.
Por su vinculación sefirótica con la Esfera de Hochmah donde expresa las  cualidades de Binah-Saturno, extrae la condición que le permite ser portador de la Gracia Divina.
Su vinculación numérica -10-, lo relaciona con el Séfira Kether, de donde extrae la Esencia llamada Unidad.

Las aportaciones del Ángel Aladiah, son las siguientes:

  • Curación de enfermedades. Regeneración moral.
  • Inspiración para llevar una empresa a un resultado feliz.
  • El perdón de las malas acciones cometidas (errores).
  • Buenas relaciones sociales, contacto con gente influyente.
  • Protege contra la negligencia y el descuido en la salud y los negocios.

Si analizamos las características de los Centros que intervienen en la Fuerza Angélica llamada Aladiah, comprenderemos las cualidades que le han sido asignadas.
Por un lado Hochmah, que representa el Rostro Amoroso del Padre. En Hochmah, la cualidad de la Unidad adopta los ropajes del Amor Incondicional. Esta es la razón por la que el Amor tiene el don de unificar. En Hochmah, la Luz de Kether-Padre va por dentro, se interioriza y, cuando nuestra naturaleza es capaz de vibrar al unísono con este Centro, nos sentiremos preñado por esa Luz, propiciando la Sabiduría. Hochmah actúa en nuestras vidas, integrando el Fuego y el Agua, esto es, la Luz y las Tinieblas, de modo, que las emociones acepten ser la depositaria de la Luz-Unidad.

Por otro lado, Binah-Saturno, que representa el Centro de la Inteligencia Activa, donde emana toda Ley y Reglamento. Binah es el rostro legislativo de la divinidad. A través de Jehová, nos enseña a comportarnos de acuerdo a las Leyes Cósmicas.
Ya sabemos, que la Humanidad, al hacer uso de su Libre Albedrío, alteró el Programa Divino, lo que le llevó a fabricar una realidad paralela a la establecida por el Creador. Ese proceso llevó a la personalidad mundana –ego- a identificarse con el rigor como vía de aprendizaje y de toma de conciencia. Desde este punto de vista, Binah, aparece como la Ley de Causa y Efecto, la Ley del Karma.

Por último, Kether. Aladiah es el Ángel número 10 y, 10 = 1. Podemos decir, que en esta ocasión, Aladiah es la “puerta” que nos conduce al retorno con la Unidad. El número 10 está vinculado con los 10 Centros que forman el Árbol Cabalístico. En este sentido, estaría relacionado con Malkuth, el Séfira que representa al Mundo Material. El axioma hermético “Cómo arriba es abajo y viceversa”, está representado por esta vinculación Kether-Malkuth, entre Dios y su Creación. Con el 10, podemos decir que Dios se hace tangible a través de la manifestación de la Madre Tierra. Los sabios siempre han dicho que la grandeza de la Obra de Dios la podemos encontrar en un grano de arena.
  
¿A qué llamamos Gracia Divina?

Esta condición se prodiga poco en la naturaleza humana. La naturaleza del hombre se encuentra identificada con el mundo que le rodea y le atribuye la máxima realidad a todo cuanto puede percibir, tocar, medir… Esa identificación le ha llevado a adoptar la creencia de que es, el cuerpo que percibe, negando cualquier vinculación con su verdadero origen espiritual.
El ego o personalidad material, se siente un ser separado de su creador y del resto de la Filiación; se siente culpable por el resultado de sus elecciones y da un significado redentor a la experiencia del dolor, del sufrimiento, de la enfermedad, del castigo.
La Gracia Divina, en cambio, es la visión de que no existe culpa alguna. Es una condición más elevada que el perdón, pues al no ver el pecado, no tiene necesidad de perdonar.
Desde este punto de vista, Aladiah, nos limpia, nos purifica, nos cura, nos eleva, propiciando nuestro retorno a la conciencia de Unidad. Diremos, que cuando Aladiah se manifiesta en nuestras vidas, experimentaremos un verdadero milagro; nos curaremos de una manera sorprendente, inesperada. Es evidente, que para que este hecho se produzca, Aladiah debe encontrar en nuestro interior la morada donde depositar su Gracia Divina, es decir, debe encontrar en nosotros, una voluntad activa por retornar al estado de la Unidad.

Nos refiere Kabaleb a este respecto: “La Gracia de Dios va más allá de la misericordia porque perdona y absuelve sin necesidad de arrepentimiento ni de cambio en nuestra actitud. Es como si Dios, nuestra divinidad interna, después de haber bajado al infierno del mundo material a través de los nueve escalones anteriores, dijera: "tal y como están las cosas, entiendo que mi yo material destroce y aniquile, vamos a hacer como si nada hubiera ocurrido y que todo prosiga sin el paso del pasado”.

Aladiah, nos ofrece una nueva oportunidad para que se produzca el reencuentro con la Luz. No tiene en cuenta nuestros errores, pues no cree en el error. Tan sólo, nos arropa, nos abraza y en ese cálido encuentro, nos susurra dulcemente: “Levántate; eres un Ser Puro y Perfecto. Actúa según tu condición. Eres Hijo de la Luz”
¡Qué la Luz sea contigo!

Si deseas comunicarte con Aladiah, te dejo un enlace donde comparto la Plegaria y Exhorto elaborada, de una manera inspirada, por Kabaleb.


Ángeles Sanadores: Lelahel (Dios Loable)

LELAHEL (Dios Loable)

Nombre Sagrado: Lamed-Lamed-He-Aleph-Lamed:
Lelahel pertenece al Coro de los Serafines, Ángeles al servicio del Séfira Kether.
Por su vinculación sefirótica con la Esfera de Kether, donde expresa las  cualidades de Netzah-Venus, extrae la condición que le permite ser portador de Amor y Armonía.
Su vinculación numérica -6-, le vincula con el Séfira Tiphereth, de donde extrae la Esencia llamada Luz.

Las cualidades del Ángel Lelahel, son las siguientes:

  • Curación de las enfermedades
  • Iluminación espiritual.
  • Renombre y fortuna en las ciencias y las artes.
  • El amor de una persona afortunada.
  • Protección contra la ambición desmesurada y la codicia.
Si analizamos las características de los Centros que intervienen en la Fuerza Angélica llamada Lelahel, comprenderemos las cualidades que le han sido asignadas.
Por un lado Kether, que representa la figura divina del Padre. En Kether Todo es Uno. Es el origen de todo lo creado. Representa el Principio de la Voluntad.

Por otro lado, Tiphereth, que representa el Centro de la Conciencia. Situado en el corazón del Árbol Cabalístico, Tiphereth encierra en sí mismo la enseñanza del Equilibrio. Es la “tierra” donde Kether-Padre se interioriza, de modo que la conciencia es el receptáculo donde habita nuestro Ser Divino. Diremos que la Luz habita en nuestro interior, en nuestra conciencia.
A nivel planetario, Tiphereth está representado por el Sol, y dicho astro, es sinónimo de Vida, de Salud. Podríamos establecer una estrecha relación entre los distintos aspectos referidos: Luz-Conciencia-Equilibrio-Salud. Tiphereth-Sol es el Arquetipo Espiritual de donde emana el Principio de la Salud.

Por último, Netzah, Séfira que  representa el estado llamado Armonía. Esa cualidad se manifiesta como la confluencia de la energía emocional y la mental. La Armonía se expresa como la capacidad para conciliar los Elementos Opuestos, propiciando su entendimiento y comprensión.

¿A qué llamamos Luz?

El término “luz” en hebreo se escribe igual que “fuego”: Aur (אור). Ambos términos, están estrechamente relacionados, pues nos trasladan a los trabajos realizados por Elohim en el Primer Día de la Creación, en el cual El Creador, separó la Luz de las Tinieblas y puso en circulación las Fuerzas Constitutivas del Elemento Fuego. Según la traducción aportada por el magnífico traductor Fabre d´Olivet, al referirse a la luz, nos refiere que se trata del “elemento intelegible”, gracias al cual, lograremos comprender el Designio Divino.
Lelahel llena nuestros espacios internos con ese “elemento inteligible”, con esa luz que iluminará nuestra conciencia, permitiéndonos comprender lo que correcto y lo que no lo es.
Como consecuencia de ese estado de “iluminación”, se desprende un estado de equilibrio y de armonía que se proyectará a través de todos nuestros vehículos: Mental, Emocional y Físico.

Es importante reflexionar sobre este punto pues, si no existe “coherencia” entre estos vehículos, es decir, si nuestra mente va por un lado, nuestras emociones por otros, el cuerpo físico expresará esa incoherencia y lo hará en forma de enfermedad.
Por lo tanto, Lelahel, nos ayudará a tomar conciencia de esta dinámica y nos permitirá “hablar un mismo idioma”, nos llevará a vivificar la Unidad y la Armonía.

Nos refiere Kabaleb a este respecto: “Lelahel actúa en la curación de enfermedades, y lo hace por el procedimiento de la luz. Existe una terapia de la luz que aún no ha sido desarrollada, se sabe lo eficaz que es el sol en la curación de las enfermedades, pero como esta terapia es gratuita, no se suele utilizar. La luz artificial también tiene su utilidad por la noche, para mantener alejado al batallón de las sombras. En la luz se encuentran activas las más altas propiedades curativas, las que proceden directamente del Padre, de Kether, que nos las envía a través de su sexto Rayo”.

No quisiera terminar este análisis, sin prestar atención a un aspecto al que hemos aludido tan sólo de pasada y que considero importante. Al principio, decíamos que Lelahel trabaja en la Esfera de Kether, el Principio de la Voluntad Divina, donde Todo se expresa en la Unidad.
Podríamos decir, que el Principio de la Voluntad, es el don más preciado que hemos heredado de nuestro Creador, tanto es así, que tenemos a nuestra disposición la facultad del Libre Albedrio. Tenemos la capacidad para elegir en todos y cada uno de los momentos de nuestra eterna existencia.
No son solo palabras hermosas. Si somos capaces de comprender el verdadero poder con el que contamos, verdaderamente, y con toda la humildad, tenemos la “última palabra” para decidir si, apostamos por la Unidad o por la división; si apostamos por el Amor o por el egoísmo; si decidimos por la Salud o por la enfermedad.
No importa que cometamos errores. Podemos, en cada nuevo presente, activar nuestra Voluntad-Luz-Conciencia-Armonía-Salud, para actuar de un modo diferente, para ver las cosas de otra manera.
Ya no podemos seguir siendo víctimas y culpar a las circunstancias externas como causantes de nuestras desgracias. Ya sabemos que todo tiene su origen en la mente…
¡Qué la Luz sea contigo!

Si deseas comunicarte con Lelahel, te dejo un enlace donde comparto la Plegaria y Exhorto elaborada, de una manera inspirada, por Kabaleb: 

UCDM. Libro de Ejercicios. Lección 345

LECCIÓN 345

Hoy sólo ofrezco milagros, pues quiero que retornen a mí.



1. Padre, todo milagro es un reflejo de los regalos que me haces a mí, Tu Hijo. 2Y cada uno que concedo retorna a mí, recordándome que la ley del amor, es universal. 3Incluso aquí dicha ley se manifiesta en una forma que se puede reconocer, y cuya eficacia puede verificarse. 4Los milagros que concedo se me devuelven en la forma que más me puede ayudar con los problemas que percibo. 5Padre, en el Cielo es diferente, pues allí no hay necesidades. 6Pero aquí en la tierra, el milagro se parece más a tus regalos que cualquier otro regalo que yo pueda hacer. 7Así pues, déjame hoy hacer solamente este regalo, que al haber nacido del verdadero per­dón, ilumina el camino que debo recorrer para poder recordarte.

2. Que la paz sea con todos los corazones que la buscan. 2La luz ha venido a ofrecer milagros para bendecir a este mundo exhausto. 3Éste hallará descanso hoy, pues nosotros ofreceremos lo que hemos recibido.

¿Qué me enseña esta lección? 

El mejor regalo que puedo compartir con mis hermanos, es la visión de la inocencia. En esa visión, va implícito el acto del perdón, el más elevado gesto de amor que podemos experimentar en el plano material.

Al ver la inocencia en los demás, estoy dando mi propia impecabilidad, lo que propiciará que reciba de retorno, una respuesta libre de juicios y condenas.

Es la Ley del Amor: recibimos lo que damos. 

La visión de la Inocencia, hace posible el estado de conciencia de unión con nuestro Creador. Es imposible sentirse culpable y ser Uno con Dios, pues el propio sentimiento de culpa nos priva de esa visión. La culpa es el efecto, la consecuencia de sentirnos pecadores, y el pecado es una fabricación, una creencia errónea de que estamos separados de Dios.

Ser Inocentes nos permite gozar de la Paz de Dios. En ese estado de Paz, nuestra condición natural, podemos extenderla a nuestro alrededor y el efecto que conseguiremos, será el milagro.

Cuando dejamos de gozar de ese estado, cuando nos dejamos llevar por los conflictos y problemas del mundo material, perdemos la capacidad para compartir nuestra luz, pues nos encontramos en un momento de oscuridad. Esa identificación de la mente, nos impide dar testimonio del amor, el vehículo del milagro, y al no poder darlo, tampoco podremos gozar de la experiencia de recibirlo.

Si queremos recibir el regalo que acompaña al acto de Amar, debemos estar en Paz con nosotros mismos, es decir, debemos sentirnos parte Una con Dios.

Amén

Ejemplo-Guía: "No podemos recibir, lo que no damos y no podemos dar, lo que no tenemos"

Parece un juego de palabras, pero si reflexionamos sobre su mensaje, descubriremos, que no es posible dar, si no tenemos, lo que significa que partimos, desde el inicio, desde la condición de tener. Pero ese "tener", cuando lo vemos con los ojos del espíritu, con la Visión Crística y con la Mente Recta, está revelando el estado innato del Ser.

Dios es Eternidad y es Presencia. Dios está, por lo tanto, en todo lo que vemos. Dios Es. El Hijo de Dios, creado a Su Imagen y Semejanza, adquiere esa misma condición, por lo que podemos decir, que somo Dioses en potencia, luego somos Eternidad y Presencia. El Hijo de Dios, Es.

En esa afirmación va implícita la idea de que tanto Dios como Su Creación, el Hijo de Dios, son expresiones de Abundancia, de Plenitud. Es desde este sentido, que podemos afirmar que el Hijo de Dios, lo es Todo.

Si no fuese así, no podría dar nada. Pero siendo Todo, puede darlo Todo. La falta de conciencia de lo que realmente somos, y la identificación con el mundo de la ilusión, cambia las leyes del Amor, por las leyes del miedo, lo que significa que nos creemos seres escasos y necesitados. Desde esta visión limitada y errónea, albergamos la creencia de que perdemos cuando damos. Para no perder, atacamos.

Ayer, tuve ocasión de ver una película de ciencia ficción, titulada "In Time", cuyo guión nos enseña mucho sobre la dinámica de dar-recibir. No me voy a extender en ello, pero os aconsejo que la veáis, os gustará.

El dar favorece el recibir, lo que significa, que cada vez que damos, ese impulso basado en la ley del amor, despierta nuestra adormecida conciencia y no revela el milagro de que somos seres inocentes, invulnerables a cualquier ataque procedente del mundo material. La base de esta afirmación se sustenta con la verdad de que no somos el cuerpo con el que estamos identificados.

viernes, 9 de diciembre de 2016

UCDM. Libro de Ejercicios. Lección 344

LECCIÓN 344

Hoy aprendo la ley del amor: que lo que le doy a mi hermano es el regalo que me hago a mí mismo.



1. Ésa es Tu ley, Padre mío, no la mía. 2Al no comprender lo que signifi­caba dar, procuré quedarme con lo que deseaba sólo para mí. 3Y cuando contemplé el tesoro que creía tener, encontré un lugar vacío en el que nunca hubo nada, en el no hay nada ahora y en el que nada habrá jamás. 4¿Quién puede compartir un sueño? 5¿Y qué puede ofrecerme una ilu­sión? 6Pero aquel a quien perdone me agasajará con regalos mucho más valiosos que cualquier cosa que haya en la tierra. 7Permite que mis her­manos redimidos llenen mis arcas con los tesoros del Cielo, que son los únicos que son reales. 8Así se cumple la ley del amor. 9Y así es como Tu Hijo se eleva y regresa a Ti.

2. ¡Qué cerca nos encontramos unos de otros en nuestro camino hacia Dios! 2¡Qué cerca está Él de nosotros! 3¡Qué cerca el final del sueño del pecado y la redención del Hijo de Dios!


¿Qué me enseña esta lección? 


Cuando el Hijo de Dios eligió hacer uso de los Atributos Divinos con los que había sido creado, y dirigió su atención al mundo exterior y tridimensional, abrió una nueva vía de aprendizaje. Sustituyó la vía directa por la percepción.

La Unidad con Dios, nos alimentaba y no sentíamos necesidad, pues su alimento era eterno.

La identificación con el mundo de la percepción, con el mundo material, nos llevó a buscar el alimento por nosotros mismos (ganar el pan con el sudor de la frente), pero ese alimento, al estar regido por las leyes de la temporalidad, no nos saciaba permanentemente, lo que nos llevaba a tener que recolectar nuevos alimentos.

Esa dinámica, provocó el sentimiento de pertenencia. La cosecha de mi trabajo es mía, forma parte de mi identidad, hasta tal punto esto es así, que comenzamos a creer que somos aquello que poseemos: un cuerpo; un hogar; unos alimentos; poder; pertenencias e ídolos a los que damos un gran valor.

Con la creencia de la pertenencia, surgió uno de los errores que más daño hace a la consciencia: cuando doy, pierdo.

La condición natural del Hijo de Dios es dar, expandirse. Esa es la herencia legada por su Creador, pues el Hijo de Dios es la expansión de la Mente de Dios. Por lo tanto, cuando damos, estamos llevando a cabo la Voluntad de nuestro Padre y estamos creando. Mientras que cuando nos quedamos estancado en el acto de poseer para no perder, estamos actuando contrariamente al orden universal y aquello que guardamos con tanto celo, acabará convirtiéndose en un obstáculo para el desarrollo de nuestra consciencia.

El despertar de la consciencia al Ser que Somos, ha de llevarnos, ineludiblemente, a la visión de la Unidad. Es desde este punto de vista, que comprenderemos que cuando damos a los demás, realmente, nos estamos dando a nosotros mismos.

Ejemplo-Guía: "La práctica de dar sin perder"

Indudablemente, con la teoría no se aprende. Con la teoría no se experimenta. El aprendizaje se completa con la toma de conciencia, y para ello, qué mejor uso podemos dar a este mundo que el de utilizarlo como laboratorio donde hacer tangible nuestros descubrimientos.

Tal vez seamos reacios a aceptar la afirmación que nos hace esta Lección y no estemos seguros de que dar sea recibir. Para argumentar a favor de nuestras dudas, nos diremos, que cuando damos lo que tenemos, lo perdemos, si a cambio no le ponemos la condición de nos sea devuelto. Alcanzado este nivel de la reflexión, me he preguntado: ¿acaso tengo alguna experiencia en la que haya dado desde el corazón y no haya recibido? Sinceramente, no he encontrado ninguna respuesta, pues no recuerdo haber dado con esa actitud de entrega incondicional. Siempre he dado con condicionamiento, pues es la ley que rige este mundo, al menos así me lo han enseñado.

Pero, puedo aportar una visión diferente cuando sigo buscando en mi vida aspectos en los que aquello que de, no esté condicionado en recibir. Y en esta ocasión sí he encontrado una experiencia que puedo compartir con todos vosotros sin otro ánimo de aportar mi conciencia sobre el tema que estamos analizando.

Desde hace años, estoy entregado a una labor de difusión del conocimiento. Podríamos decir, que comparto de manera desinteresada el conocimiento teórico y práctico que voy adquiriendo en mi vida. Lo hago de manera desinteresado por elección y convencimiento de que debo hacerlo así. No entro en otras valoraciones, si es la mejor manera de hacerlo o podría hacerlo de otra manera. Lo hago como me sale del corazón y ello me hace feliz. Doy sin esperar nada a cambio (al principio, inconscientemente, buscaba reconocimiento). Cuando estoy compartiendo, como es este instante, se que tan solo soy un canal, un instrumento, un mensajero. Muchas veces, tengo que releer lo que he escrito pues no era consciente del mensaje que estaba transmitiendo. Compartir, para mi, es un acto de expansión de mi mismo y cuando lo hago, tengo la conciencia de que lo hago para mi mismo y en esa visión, veo el rostro de Cristo a través de mis hermanos. ¿Acaso puedo pedir más de lo que estoy recibiendo?

Tengo la certeza, de que cada uno de nosotros tiene sus propios dones y talentos. Si cada uno de nosotros expandiese esos dones y talentos, el mundo se beneficiaría de todo lo que cada uno de sus habitantes puede aportar. ¿Podemos imaginarnos un mundo así? Podemos comenzar por nuestro mundo interno, dejando de dar valor al sacrificio, al sufrimiento y apostando por aquello que amamos, siempre desde el amor.

jueves, 8 de diciembre de 2016

Los Ángeles Sanadores: Presentación

La lectura de las obras “Los Ángeles al alcance de todos” y “Los Dioses Internos”, escritas por Kabaleb y por su hija Soleika Llop, nos permite acercarnos de una manera inspirada al conocimiento de los Ángeles y su estrecha relación con la Humanidad.

He tenido la fortuna de acceder a las enseñanzas impartidas por su autor y, sinceramente, su contenido cambió mi vida. Desde entonces, no puedo evitar sentirme “heredero” de sus enseñanzas, lo que me ha inspirado a continuar su labor difusora, profundizando en mucho de los temas por él iniciados y transmitidos.

En esta ocasión, mi propósito es presentar un breve estudio de los Ángeles especializados en los Programas de Curación. No es mi intención hacer una exposición sobre los Ángeles. Para ello, invito al lector a leer las obras referidas, pues en ellas encontrará una información sobre las Entidades Espirituales, difícil de mejorar.

Las Enseñanzas nos revelan que el Ser Supremo cuando emprendió su Obra Creadora, contó con la ayuda de Entidades Espirituales. Estas criaturas divinas pertenecían a la Oleada de Vida Angélica.
A nivel macrocósmico, el “guión cósmico” llevó a los Ángeles a protagonizar el papel de “guías-cuidadores” de una Oleada de Vida inferior a la suya, la Humana. Su misión consiste en ayudar a los hombres y en proporcionarles el conocimiento necesario para que comprendan el funcionamiento de la maquinaria cósmica.

Como bien expresa Soleika: En términos coloquiales, se les puede considerar como unos "operarios" divinos,   encargados de transmitir a la Tierra los designios del cielo, porque la divinidad no puede llegar a establecer contacto con sus infinitas creaciones si no es a través de los Ángeles”.

Conocemos, gracias a las enseñanzas cabalísticas, que Elohim, creó el Sistema Solar con el material “prestado” por los Zodiacales: El Fuego; el Agua; el Aire y la Tierra. De la labor conjunta de Elohim y los Zodiacales, quedó instituido el “escenario” donde se desarrollaría el “Gran Proceso Creador”. Esas Esencias Espirituales impregnarían Todo lo Manifestado, y se constituirían en diferentes Estados de Conciencia.
Los Ángeles se repartieron a lo largo de ese marco constituido por los Zodiacales y se especializaron en las enseñanzas implícitas en cada uno de los Cuatro Elementos.

Dichas enseñanzas han dado lugar a "Programas" específicos. Cada uno de ellos son lecciones que debemos aprender para formar nuestro pensamiento, para educar y dominar nuestros sentimientos y producir en nosotros un determinado comportamiento,  resultante de la información intelectual y de la educación, emocional recibidas.

La Divinidad, para facilitarnos la asimilación de su “alimento espiritual”, lo desmenuzó en 72 “raciones”, asignando a cada Ángel una parte de su enseñanza.

¿Por qué fueron 72?

El número 72, es un número sagrado y nos revela las cualidades encerradas en el nombre de Jehová, el Rostro Creador de la Divinidad.
Jehová en hebreo se escribe Yod-He-Vav-He.  Las letras hebreas tenían asignado tanto un fonema, como un número, así al sumar las letras YHVH éstas suman veintiséis (10-5-6-5 = 26). Sin embargo en varias fuentes talmúdicas tempranas, se menciona que al desplegar en extensión el Tetragrámaton se encuentra el nombre Divino de 72 letras, conocido como Shem ha-Mephorash . Una de las maneras de derivar el número 72 a partir del YHVH, la más simple, es recurrir al Tetrakys, el símbolo atribuido a la
divinidad en la escuela pitagórica, que consistía en un triángulo equilátero que se trazaba con diez puntos. Así en la cúspide se colocaba el Yod, en el segundo nivel el Yod-He; en el tercero el Yod-He-Vav, y en el último nivel el nombre completo Yod-He-Vav-He. Al sumar los valores de las diez letras dibujadas la suma daba setenta y dos.

Los Caldeos, un pueblo que desarrolló la astrología, tenían una base sexagesimal en su sistema de numeración y dividían la esfera zodiacal en 360 grados, los cuáles se repartían entre los doce signos astrológicos. Cada signo se podía a su vez dividir en tres decanatos y cada decanato en dos partes de cinco grados. Lo cual daba 72 subdivisiones.

Los místicos judíos eran muy dados a reflexionar profundamente en la Biblia y notaron que tres versículos consecutivos del Éxodo -19,20,21- estaban formados por 72 letras, lo que no podía ser de ninguna manera una casualidad. Así que llegaron a la conclusión de que en esos versículos se encontraban escondidos los nombres de Dios.
Para determinar cuáles eran éstos, colocaron las letras del primero de izquierda a derecha, la siguiente de derecha a izquierda y la última como al principio. Así obtuvieron 72 nombres de tres letras atribuidos a Dios.

Bien, alcanzado este punto, podemos determinar, que Dios ha puesto a nuestra disposición unas enseñanzas, recogidas en 72 asignaturas y un sistema de aprendizaje, delegado en manos de los Ángeles, cuyo objetivo es permitirnos adquirir el Conocimiento de las Leyes Divina. No olvidemos que somos "dioses en formación".

De estos 72 Programas-Asignaturas, seleccionaré aquellos que están relacionados con la curación.

Tal vez, el lector, se esté preguntando ¿Pueden curar los Ángeles? Y si es afirmativa la respuesta, ¿cómo nos curan?

Antes de pasar directamente a dar una respuesta a esta cuestión, me gustaría compartir algunas reflexiones relacionadas con la enfermedad, extraídas de “Un Curso de Milagros”:
  • Toda enfermedad es el resultado de una confusión de niveles.
  • La enfermedad es una forma de búsqueda externa.
  • Percibir el cuerpo como una entidad separada no puede sino fomentar la enfermedad, ya que ello no es verdad.
  • Toda clase de enfermedad, e incluso la muerte, son expresiones físicas del miedo a despertar.
  • La enfermedad, no obstante, no es algo que se ori­gine en el cuerpo, sino en la mente. Toda forma de enfermedad es un signo de que la mente está dividida y de que no está acep­tando un propósito unificado.
  • Cuando un hermano está enfermo es porque no está pidiendo paz, y, por lo tanto, no sabe que ya dispone de ella. Aceptar la paz es negar lo ilusorio, y la enfermedad es una ilusión.
  • Inventaste al dios de la enfermedad, y al inventarlo te capacitaste para oírle. Pues si ves al dios de la enfermedad en alguna parte, lo has aceptado.
  • Los ritos del dios de la enfermedad son extraños y muy estric­tos. En ellos la alegría está prohibida, pues la depresión es la señal de tu lealtad a él.
  • No percibas en la enfermedad más que una súplica de amor, y ofrécele a tu hermano lo que él cree que no se puede ofrecer a sí mismo. Sea cuál sea la enfermedad, no hay más que un remedio. Alcanzarás la plenitud a medida que restaures la plenitud de otros, pues percibir en la enfermedad una petición de salud es reconocer en el odio una súplica de amor.
  • El cuerpo no puede curarse porque no puede causarse enfer­medades a sí mismo. No tiene necesidad de que se le cure. El que goce de buena salud o esté enfermo depende enteramente de la forma en que la mente lo percibe y del propósito para el que quiera usarlo.
  • Toda enfermedad tiene su origen en la separación. Cuando se niega la separación, la enfermedad desaparece.
  • Al pecado y a la enfermedad se les considera causa y consecuencia respectivamente, en una relación que se mantiene oculta de la conciencia a fin de mantenerla excluida de la luz de la razón.
  • La curación es el efecto de mentes que se unen, tal como la enfermedad es la consecuencia de mentes que se separan.
  • La enfermedad no es sino la ira que se ha descargado contra el cuerpo para que sufra.

Nadie puede quedar indiferente, tras haber reflexionado sobre lo expuesto. “El cuerpo no puede curarse porque no puede causarse enfermedades a sí mismo”.
Elijo esta frase, pero podría elegir cualquier otra para enfatizar una cuestión que considero crucial: “La enfermedad, no es algo que se ori­gine en el cuerpo, sino en la mente”. Y esto ocurre, porque nuestra mente está dividida e identificada con la separación. Si nos sentimos separados de Dios, si violamos la Ley del Amor…, entonces, como bien recogió Carl Jung: “La enfermedad es el esfuerzo que hace la naturaleza para curar al hombre”. Podríamos añadirle: “…para curar la mente del hombre”.

Sí, los Ángeles pueden curar. Pero no podrán hacerlo, si no le permitimos hacerlo. Nos ayudarán a sanar, en la medida en que le permitamos “enseñarnos” a sanarnos. Ellos no pueden alterar nuestro libre albedrío. Su cometido es guiarnos y transmitirnos las enseñanzas divinas.

Ya hemos visto, como la enfermedad es el resultado de los errores causados por nuestra manera de pensar. Si las enseñanzas transmitidas por los Ángeles no las asimilamos y las integramos en nuestra conciencia, éstas, resbalarán y adoptarán la condición de asignatura pendiente. Cuando no somos capaces de aprender por la vía del amor, esa misma enseñanza se nos administrará por la vía del rigor. Es nuestra elección de aprendizaje y no un castigo divino.
La enfermedad, lleva implícita ese código de asignatura pendiente. Tendremos que repetir curso y a base de mucha “repetición”, se consigue despertar la conciencia.

Por lo tanto, el papel de los Ángeles con relación a la curación, se resume en “inspirarnos” para que nuestra mente sea capaz de captar el mensaje divino de primera mano. Cuando estamos identificados con la enfermedad, la mejor petición que podemos dirigir a los Ángeles, es que nos “iluminen” a la hora de proyectar nuestros pensamientos, de modo que éstos sean portadores de rectitud, unidad y equilibrio, ingredientes que suelen faltar, cuando se manifiesta la enfermedad.

De los 72 Rostros Angélicos, he seleccionado a 17 Ángeles expertos en sanación:

Lelahel (6)
Aladiah (10)
Melahel (23)

Seheiah (28)
Omael (30)
Vasariah (32)

Rehael (39)

Ieiazel (40)

Sealiah (45)

Hahasiah (51)

Yeialel (58)

Mitzrael (60)

Umabel (61)

Anauel (63)

Manakel (66)

Habuhiah (68)


Mumiah (72)





Continuará...

Cuento para Sagitario: "Un Espíritu Benefactor - Final"


Era la voz zocarrona del Señor de los Errores. Estaba alli, junto a ella, pero estaba tan cautivadoramente atrapada por aquella experiencia, que no se había dado cuenta de su presencia.
  • Tú debes ser el Señor de los Errores, ¿no es cierto? -En ningún momento Tatiana sintió miedo alguno, todo lo contrario, en su pecho ardía un fuego abrasador, fruto de su indignación por aquella injusta situación-. ¿Cómo puedes destruir los sueños y las nobles esperanzas de los Hombres?, ¿es que acaso careces de corazón?
  • Corazón, dices. Veo que eres aún muy inocente. ¿Acaso no sabes, que el mundo me ha creado? ¿Por qué no pides cuentas a ellos, tal vez comprendas mejor tu propio error? -le contestó enfurecido el malvado Error-.
  • No trates de confundirme, no puedo creer que los Hombres te hayan creado. Demuéstramelo.

Aquel reto fue muy impulsivo y muy bien recibido por el Señor de los Errores. Se diría que estaba deseando poder llevar a cabo algún plan y aquella invitación le venía muy bien, pues asi justificaría su obra final, vencer cara a cara, a la única arma que aún temia, el poder del idealismo.
  • Está bien, te complaceré. Sígueme…
Tatiana siguió al Señor Error a una prudente distancia. Por mucho que lo intentaba no podía alejar de su mente, la imagen de todos aquellos niños que se iban a quedar sin vivir, una vez más, el mágico espiritu de la Navidad. Aquel sentimiento le dio una poderosa fuerza interior. Una profunda fe estimulaba su espíritu benefactor y se dijo que estaba dispuesta a poner fin a aquella trágica situación, de una vez por todas.
  • Bueno, ya hemos llegado -le advirtió en tono triunfante el Señor de los Errores-. Aquí está mi obra. Muy pronto, el mundo entero, conocerá la magia del Pais de los Errores. Todos se encontrarán como en su casa,  pues como comprobarás por ti misma, cada piedra, cada grano de arena, utilizado para construir este pueblo, está hecho de un gran error. Mi papel es fácil, me dedico a mantener unido todo este material y vivo con la preocupación de no poder acabar esta magna obra. Pero ahora, tú me ayudarás a conseguirlo. Tú eres el último eslabón. Cuando venza a tu idealismo, entonces el mundo sucumbirá por su propia destrucción. ¡Ja, Ja, Ja! –reía cruelmente aquel infernal ser, pero a Tatiana, nada de aquello la hacía sucumbir. Estaba decidida a vencer y así se lo hizo saber-.
  • Dime, ¿qué prueba me tienes preparada? - le retó osadamente la joven-.
  • Veo que vas comprendiendo. Eres muy lista, inocente, pero lista y valiente. Bien, ya que estás preparada, ¿para qué demorarlo más? Tu prueba consiste en enfrentarte con las 7 Quimeras del Error. Si consigues triunfar, cosa que no harás, serás tú la que hayas vencido, y entonces, todo volverá a su normalidad, me habrías destruido para siempre jamás. No te deseo suerte, pues no la tendrás. ¡Ja, Ja. Ja! -y con estas sarcásticas palabras, Señor Error, desapareció-.
Ante sí, Tatiana contempló un paisaje tétrico, oscuro y maloliente. Apenas si podía respirar sin dificultad. Se le antojó que algo muy cerca de allí se estaba quemando y despedía un fuerte hedor a azufre, por no decir a podrido.

A pesar de aquellas dificultades, Tatiana decidió continuar su camino y cruzar aquella espesa niebla que apenas la dejaba ver más allá de sus propios pasos. Anduvo durante un buen rato, y poco a poco fue desapareciendo aquella atmósfera irritante.
Un poco más allá, descubrió que la niebla era menos densa y se acercó hacia aquel lugar y justo cuando iba llegando, una vasta voz se dirigió a ella.

  • Vamos, acércate. Ya era hora, ¿no? Llevamos mucho esperándote y no estamos acostumbrados a tener tantas contemplaciones.
Aquel tono dominante y soberbio, indicó a Tatiana que se encontraba justo donde ella deseaba, en la boca del lobo. Todo estaba por decidir aún, pero ella estaba segura de si misma y de su victoria.
  • Siento mucho haberme retrasado, pero con tanta niebla no he podido venir antes. Os pido perdón -le dijo amablemente Tatiana-.
  • Quimera Soberbia
    ¡Ja, Ja, Ja! Os pido perdón. Tienes modales de señoritona –dijo una voz fríamente-. No trates de burlarte de nosotras. ¿Acaso pretendes hacernos creer que no te damos miedo?
  • Mentiría si os dijera que sí os tengo miedo, pero no acostumbro a mentir. La mentira no es buena compañera, pues muy pronto se vuelve nuestra enemiga y cuando menos te lo esperas te descubre, dejándote por embustera. No, no creo que sea buena compañera. Pero si tanto os complace...
  • Sí, si, tienes razón. Yo, hace mucho… - dijo exaltadamente una de aquellas quimeras, pero no pudo continuar pues de nuevo aquella voz amenazante se lo impidió-.
  • ¡Callate! Insensata, y guárdate tu opinión. Cuando te pidamos que hables, entonces lo haces. ¿Está claro? Bueno –siguió hablando la misma Quimera-, antes que nada te presentaré a mis hermanas, las Quimeras del Error. Yo soy la Soberbia. Estas que están a mi izquierda, son la Avaricia, la Ira y esta otra, que acabo de callar, es la inestable Envidia. A mi derecha están la Gula y la Lujuria, y frente a mí, se encuentra la más pequeña de todas, la Pereza. A todas nosotras deberás soportar. Intentaremos ganar tu respeto y te aseguro, que cuando salgas de aquí, serás una más entre nosotras.
Quimera Avaricia
Las 7 Quimeras se sentaron unas junto a las otras, y guardaron silencio, hasta que fue la Avaricia, la que tomó la palabra.
  • Tatiana, dime, si fueses rica y un día un ladrón te robase, ¿qué harias, te vengarías, le denunciarías? ¿Qué harías?
  • Tener riquezas no es ninguna virtud, es más se puede tener mucho dinero y carecer de amor o de salud, y entonces, pocas son las alegrías que puede ofrecerte el dinero. Le aseguro que el que roba es más desgraciado que el rico, no tan sólo porque carece de dinero, sino por algo más grave, porque carece de Amor. Es por ello que para que no robe más, le daría mi amor, en forma de dinero, pero también le pediría perdón, por no haberme dado cuenta antes de la pobreza de amor que tenía.
Tatiana hablaba con fIrmeza, con calor. Un calor que llegó a penetrar en el alma de la Quimera Avaricia, hasta tal punto que dos gruesas lágrimas cubrieron su rostro y fue la magia de ese sentimiento, la que permitIó que la Avaricia se transformara en una joven reina.
  • Gracias por liberarme de los grilletes de esas gruesas cadenas. Permíteme, que te recompense por tu ayuda. Soy la reina Inteligencia. Pídeme cuanto quieras -le dijo aquella virtuosa dama-.
  • Tan sólo os pido, señora, que la verdadera justicia reine en el mundo –le contestó Tatiana muy complacida-.
  • Así será -y diciendo esto, desapareció como por arte de magia-.
  • No seas tan orgullosa – exclamó otra de las Quimeras-, aún te quedan seis Quimeras. Veamos, ¿qué harías tú, si descubrieras que tu mejor amiga te critica hablando mal de ti al resto de tus compañeras? –de este modo la Soberbia la ponía a prueba-.
  • Pues la verdad es que no me gustaría –dijo con franqueza la joven Tatiana-.
  • Lo ves, lo ves, eres arrogante y orgullosa.
El júbilo de la Quimera Soberbia casi dejó sorda a sus hermanas. Se sentia victoriosa, pero…
  • …pero, también es verdad que no me preocuparía por mí -intervino de nuevo Tatiana -, sino por ella, pues procuro ser con mis amigos muy sincera y no puedo esperar de ellos algo que no me merezca. Así que si creen de mí  algo que no soy, no tardarán mucho en descubrir que todo era una broma. Debes saber Quimera Soberbia, que cada uno recoje lo que siembra.
Quimera Gula
Con estas palabras no pudo resistir la Soberbia su derrota, y transfigurando su rostro, dejó de ser una fea Quimera para convertirse en una majestuosa reina.
  • Enhorabuena, joven Tatiana. Debo agradecerte tu ayuda. Ahora por fin soy de nuevo libre y podré de nuevo volver a mi reino. Soy la reina Armonía. Pídeme cuanto quieras y lo recibirás como recompensa.
  • Siendo así, mi deseo es que la humildad genere Paz en la Tierra.
  • Así será -y diciendo esto se despidió, desapareciendo como su hermana la reina Inteligencla-.
  • Cuánto poder tienes -le dijo la Quimera Gula, acariciándola con dulzura-, si yo fuera tú, desearía gobernar la tierra. Con tanto poder, todo podrías conseguirlo. ¡Qué feliz serías!
La Quimera Gula estaba poniendo a prueba el temple de Tatiana, quien por unos segundos sintió una extraña sensación, un cosquilleo tentador. Pero hasta su mente llegó la imagen triste de los niños que iban a quedar sin poder disfrutar de la navidad  y esto la hizo volver en si, y le respondió:
  • Quimera Ira
    Tienes razón, Quimera Gula. Es tentador el tener poder, con él puedes conquistar pueblos, riquezas, montañas y tantas cosas más, pero no es tan poderoso como para devolver la alegría a un corazón destrozado por la falta de ilusión. Yo no quiero ese poder tan vano, y me conformaría con poder compartir y disfrutar la felicidad de ese niño, cuya mayor ilusión no es más que poder estrechar la mano de los Reyes Magos en navidad.
  • Pues así se cumplirá tu generoso deseo. Gracias a tu inocencia he podido librarme de las ataduras de la Gula, y ahora podré volver a mi reino, pues soy la reina Bondad. Dale recuerdos a esos niños y háblales de nuestro encuentro, ellos te lo agradecerán!
  • Así será -respondió emocionada Tatiana, pues comprendió que aquellas Quimeras habían sido víctimas, todas ellas de un olvido fatal, se habían olvidado de amar-.
  • Estoy indignada -gritó de repente la Quimera Ira-, tanto hablar de amor y de bondad, y nadie hace nada por poner fin al mal. Tú que eres tan valiente, ¿por qué no te enfrentas a ese fuerte rival?
  • Quimera Envidia
    Comprendo tu desdicha, Quimera Ira, Comprendo que nadie quiera ser tu compañera. Tu mal genio y tu ingratitud, pocos la comprenden. Pero un día descubrí que el coraje nada tiene que ver con la violencia, pero la violencia sí tiene mucho que ver con ser cobarde. Cuanto más miedo se tiene, más violencia se demuestra. En cambio hay que tener coraje para aguantar la violencia ajena. El mal genera males peores, es por ello que hay que dejar que el mal agote sus fuerzas, entonces podremos vencerle con la fuerza inversa, el bien.
  • Gracias, amiga Tatiana por tu acto de nobleza. Yo quise, cobardemente, herirte con mi rabia, y en cambio me has permitido encontrar de nuevo mi estima, el valor que un día perdiera. Ahora volveré a mi reino, pues soy la reina Justiciera. Pero antes de marcharme, pídeme cuanto quieras.
  • Si en tus manos está cumplir este deseo, haz que el valor impregne la tierra.
  • Así será -y diciendo esto desapareció-.
  • Ya tan sólo quedais vosotras tres. Dime Quimera de la Lujuria, ¿qué tienes que ofrecerme?, ó tú, Quimera de la Envidia, ¿qué tienes que proponerme? –le dijo Tatiana a las Quimeras restantes-.
  • Unamos nuestras fuerzas, hermanas -dijo la Quimera Pereza-, así podremos vencerla.
  • Veo que eres hermosa. Nunca había visto una,flor tan bella -le dijo la Quimera Lujuria-.
  • Quimera Pereza
    La verdad es que sí conozco a alguíen más bella. Es tanta su hermosura que hasta las ninfas sienten admiración por ella -dijo la Quimera Envidia-.
  • ¿Es verdad, eso? –preguntó sarcásticamente la Quimera Pereza-. Debes sentirte muy desgraciada por ello, ¿verdad Tatíana? Pero no te preocupes, no merece la pena pensar en ello. ¿Acaso te vas a molestar en averiguarlo? Haz lo que yo siempre digo, si no soy una cosa me la imagino.
  • ¿Acaso es tan importante ser hermosa? ¿No son bellas las flores de los jardines ó las aves del bosque, y no por ello sienten envidia? ¿Acaso se mira el risueñor en el estanque para imaginarse más risueño? No, amigas mias. No es esa la belleza que a mí me interesa. La belleza que conozco, no luce hermosos cabellos, ni relucientes ornamentos. Es más sublime y, sin embargo, todos tienen acceso a ella. No alimenta envidias, porque todo el que la posee, la comparte. No hace falta imaginarla, porque su presencia es real. No levanta falsos testimonios, porque está por encima del juicio. Esa belleza todo el mundo la puede encontrar, tan sólo hay que estar dispuesto a ello, estar dispuesto a Amar.
Las tres Quimeras, al unísono transfiguraron sus rostros y fue la Quimera Envidia la que hablando en nombre de las tres, se dirigió a la joven Tatiana.
  • Quimera Lujuria
    Debo agradecerte, en nombre de mis hermanas y en el mío propio, tu generosa ayuda. Sin tu colaboración nunca hubiésemos conseguido superar nuestra propia oscuridad. Ahora volveremos a nuestros respectivos reinos. Mis hermanas son la reina Belleza y la reina Imaginación. Yo soy la reina Verdad. Quisiéramos recompensarte por tus favores, y para ello te rogamos que pidas cuanto desees y se te concederá.
  • Gracias por vuestra generosidad majestades. Si esa es vuestra voluntad, os pediría que veláseis para siempre para que este pueblo, al que llaman Fantasilandia, no muera jamás. Así cada habitante de la tierra podrá crear a su alrededor belleza, podrá imaginar y podrá sobre todo creer en algo muy importante y que tantas veces ponemos en duda, la Verdad.
  • Pues que tus deseos se cumplan por siempre jamás y asi será –y diciendo esto, las tres reinas partieron en sus corceles etéreos, poniendo rumbo a sus respectivos reinos-.
  • ¡Tatiana, Tatiana…!
Mucho le costó al espiritu de Tatiana, en aquella nueva mañana, volver a su cuerpo físico. Aquel tono le recordó, por unos momentos, la vocecilla de su amigo Don Fantasía y ello la hizo saltar de la cama bruscamente, pero no pudo evitar una pequeña decepción, no se trataba de Don Fantasía, sino de doña realidad, pues su madre un tanto enfadada la reñía por su pereza.
  • Vamos Tatiana, si no te das prisa llegarás tarde al colegio. Tus amigas, seguro que estarán esperándote, siempre te esperan.
Tatiana apenas si la oía, no porque no quisiera hacerlo, sino porque trataba, afanosamente, de poner  en claro todo cuanto le había sucedido en las últimas horas. Se preguntaba, ¿había tenido un sueño ó todo había sido real?
Pero con la rapidez de un rayo, su mente se iluminó y recordando a Don Fantasía, se dijo:
  • Todo en esta vida era fantasía, ya nunca más lo pondría en duda.
Como guiada por un presentimiento, Tatiana, miró al cielo. No esperaba descubrir qué tal tiempo hacía. Su esperanza era otra bien distinta. Tenía fe, en ver de nuevo a Don Fantasía y a sus amigas las reinas, con las que tan extrañas experiencias había compartido.
Cuando ya se disponia a bajar su mirada, sin perder por ello su esperanza, escuchó una llamada lejana.
  • Tatiana, Tatiana...
En esta ocasión sí era aquella voz conocida, se trataba sin duda de su amigo Don Fantasía.
Miró rápidamente hacia el cielo y no pudo evitar gritar de alegría y admiración. Era él, su amigo, y junto a él, 7 reinas a cual más hermosa, que guiadas por una reluciente Estrella, seguían la estela de tres majestuosos Reyes, a los que reconoció, sin dificultad, como los tres Reyes Magos de Oriente.
Tatiana comprendió que aquello era una despedida, pero también sabía, que siempre permanecerían en su corazón.



FIN