sábado, 3 de diciembre de 2016

UCDM. Libro de Ejercicios. Lección 338

LECCIÓN 338

Sólo mis propios pensamientos pueden afectarme.


1. Con este pensamiento basta para dejar que la salvación arribe a todo el mundo. 2Pues es el pensamiento mediante el cual todo el mundo por fin se libera del miedo. 3Ahora cada uno ha aprendido que nadie puede atemorizarlo, y que nada puede amenazar su seguridad. 4No tiene enemigos, y está a salvo de todas las cosas externas. 5Sus pensamientos pueden asustarlo, pero, puesto que son sus propios pensamientos, él tiene el poder de cambiarlos sustituyendo cada pensamiento de miedo por un pensamiento feliz de amor. 6Se crucificó a sí mismo. 7Sin embargo, Dios planeó que Su Hijo bienamado fuese redimido.



2. Padre mío, sólo Tu plan es infalible. 2Todos los demás fracasarán. 3Y tendré pensamientos que me asustarán hasta que aprenda que Tú ya me has dado el único Pensamiento que me conduce a la salvación. Sólo mis propios pensamientos fracasarán, y no me llevarán a ninguna parte. 5Mas el Pensamiento que Tú me diste promete conducirme a mi hogar, porque en él reside la promesa que Tú le hiciste a Tu Hijo.

¿Qué me enseña esta lección? 


Hemos sido creados a Imagen y Semejanza de nuestro Creador, lo que significa que somos portadores, a nivel potencial, de sus mismos Atributos.


Dios nos ha creado expandiendo su Mente, por lo que podemos decir, que somos fruto de su Pensamiento.

En verdad, el Hijo de Dios ha seguido ese mismo patrón creador, en la medida de que todo cuanto ha fabricado en este mundo tridimensional encuentra su origen en el pensamiento.

El arquitecto diseña su futura construcción partiendo de una idea. Esta idea va cobrando fuerza, a medida en que recibe el aporte de la naturaleza emocional, de los deseos. Decimos, me gusta la idea, me enamora el proyecto. De la unión de la idea original y el deseo, surge la proyección en el plano de la configuración del diseño. En esta fase, el proyecto adquiere la condición del anticipo teórico, de lo que será la construcción. 

Alcanzado este punto, podríamos decir, que el creador extiende su pensamiento creando la imagen de lo ideado. Hasta ese momento, la obra aún forma parte de él. Hago esta reflexión, pues me traslada a la visión de lo que le ocurrió al Hijo de Dios, antes de escindirse o sentirse escindido de su Hacedor. La obra, el hijo, aún forma parte de su pensamiento, el cual adquiere la facultad de proyectarse en una imagen (no es una forma tangible), en un diseño.

El arquitecto decide alcanzar el siguiente paso: dar forma material a su idea. Podría haberse conformado con la experiencia aportada por el diseño, pero la construcción le permitirá conocer si lo que imaginó, si lo diseñado es correcto o tiene fallos. Es decir, decide experimentar para confirmar que sus pensamientos eran ciertos.

Esa última decisión, ha sido interpretada por el Hijo de Dios como pecado y con ello, podríamos interpretar que tal decisión le llevó a no conformarse con la enseñanza teórica, sino que apostó por corroborar que la enseñanza era correcta. Es evidente, que no era necesaria tal demostración, pero esa fue la aportación del Hijo de Dios, hacer tangible y al mismo tiempo, temporal, la evidencia de la verdad.

Con todo ello, trato de testimoniar a favor de la afirmación: Todo lo creado a nivel material responde a un pensamiento.

Es nuestra elección que una cuestión nos afecte o no. Es nuestra elección, siempre, ver las cosas de una manera u otra. Yo elijo ver la que me aporte felicidad y alegría.


Ejemplo-Guía: "¿Somos conscientes de que fabricamos nuestra realidad con nuestros pensamientos?

Lo planteo como una pregunta, pues la respuesta nos revelará nuestro nivel de conciencia en lo referente a la implicación en los acontecimientos que nos ocurren, en lo que llamamos vida.

Podemos pensar que las cosas que nos suceden son fruto del azar, de la casualidad. Bajo ningún concepto vamos a admitir, que lo que nos pasa, sobre todo si la experiencia es negativa, es causada por nosotros. Nos diremos, las cosas pasan porque tienen que pasar. Ese es el dibujo que nos muestra el sistema de pensamiento del ego, basado en la percepción y en la separación entre las causas y los efectos.

¿Quién nos obliga a creer una cosa u otra? Me he planteado tantas veces esta cuestión. Es una idea que me llama profundamente la atención, quizás porque siempre he intuido que el ser humano es co-creador del mundo que percibe.

Si fuésemos capaces de mantener, permanentemente, la conciencia despierta, en el sentido de que pudiésemos hacer un seguimiento de los efectos que desencadenan nuestros pensamientos, desde que son emanados hasta que se convierten en experiencia percibida, tal y como lo hace un diseñador o un arquitecto, tal vez entonces, no tendríamos más remedio que reconocer que todos nuestros pensamientos, emociones y sentimientos, tienen un inmenso poder creador que va adoptando diferentes niveles de manifestación. Podríamos decir, que al igual como el edificio es la imagen cristalizada de la idea concebida por un arquitecto, nuestras percepciones, nuestras experiencias, son las manifestaciones proyectadas por nuestra mente.  En este sentido, ya hemos tenido ocasión de ver como vemos aquello que deseamos y deseamos aquello en lo que creemos.

¿De qué nos sirve saber que tenemos plena participación en cada una de las experiencias vividas? ¿Cómo actuaremos siendo conscientes de que solo nuestros pensamientos pueden afectarnos?

¿Nos libraríamos del miedo? ¿Nos libraríamos de la culpa? ¿Dejaríamos de atacar para protegernos? ¿Dejaríamos de sufrir? ¿Dejaríamos de condenar?

Seguro que muchos se identificaréis con la siguiente experiencia:

"M, es el marido de F. M, lleva una vida feliz con su pareja, pero desde hace un tiempo acá, viene observando un comportamiento extraño en ella. En su imaginación, M, no puede evitar que le surja la duda. Lo primero que piensa es que su compañera le está ocultando algo y que todo ese extraño comportamiento, se debe a que lo está engañando.
A M le resulta incómodo tener esos pensamientos, pero no puede evitarlo. Con cada gesto de F, sus dudas se acrecientan. No se atreve a decirle nada por no dar muestra de ser un desaprensivo. En ese momento recuerda que siempre ha defendido que nunca ha sentido celos, pero aquella situación era la evidencia de que estaba ocultando su debilidad emocional. Se siente mal y prefiere evitar esa conversación aclaratoria. Decide finalmente, guardar silencio y seguir recreándose en los pensamientos que cada vez le producían más dolor.
Al día siguiente, F, sorprende a M con una fiesta sorpresa. Durante los últimos días, todos sus extraños gestos, respondían a acciones con el único propósito de preparar la fiesta sorpresa. Cuando M, toma consciencia de que todo cuanto había vivido en los últimos días respondía a una fabricación, a una invención de su mente, decidió tomar buena nota para no volver a vivir un error semejante"

Todos nos enfrentamos, a diario, a los efectos de nuestros pensamientos. En estos momentos, tú y yo, lo estamos haciendo. Si te paras un momento y te centras en lo que piensas, te darás cuenta de ello.

Nuestra mente siempre está activa. Muchos aspectos de su potencial, lo desconocemos. Estamos adiestrándonos en su uso, y mi experiencia me dice, que debo ser muy paciente en ese entrenamiento. Una práctica que me ayuda en los momentos más álgidos, es poner en manos del Espíritu Santo la situación que esté percibiendo para que me ayude a verlo desde la Visión Crística. Con ello lo que estoy haciendo es quitar el protagonismo a la habituada visión del ego, que lucha con toda su artillería para no perder su hegemonía. Es la decisión en la que elijo un compás de silencio.

¿Cómo enseñaríamos a andar a un niño? Dejando que de sus primero pasos. No tardará en mantenerse erguido y en caminar con soltura.

viernes, 2 de diciembre de 2016

UCDM. Libro de Ejercicios. Lección 337

LECCIÓN 337

Mi impecabilidad me protege de todo daño.



1. Mi impecabilidad garantiza mi perfecta paz, mi eterna seguri­dad y mi amor, imperecedero; me mantiene eternamente a salvo de cualquier pensamiento de pérdida y me libera completamente del sufrimiento. 2Mi estado sólo puede ser uno de felicidad, pues eso es lo único que se me da. 3¿Qué debo hacer para saber que todo esto me pertenece? 4Debo aceptar la Expiación para mí mismo, y nada más. 5Dios ha hecho ya todo lo que se tenía que hacer. 6Y lo que tengo que aprender es a no hacer nada por mi cuenta, pues sólo necesito aceptar mi Ser, mi impecabilidad, la cual se creó para mí y ya es mía, para sentir el Amor de Dios protegiéndome de todo daño, para entender que mi Padre ama a Su Hijo y para saber que soy el Hijo que mi Padre ama.

2. Tú que me creaste en la impecabilidad no puedes estar equivocado con respecto a lo que soy. 2Era yo quien estaba equivocado al pensar que había pecado, pero ahora acepto la Expiación para mí mismo. 3Padre, mi sueño termina ahora. 4Amén.



¿Qué me enseña esta lección? 

El camino elegido por el Hijo de Dios, le ha llevado a interpretar que su acto ha sido pecaminoso, hasta tal punto, que ha dado cobijo en su mente a la falsa creencia de que Dios lo ha expulsado del Paraíso creado para él.

Desde ese instante, hasta el presente actual, el alma humana ha ido adquiriendo experiencia a través de su contacto con el mundo de las formas, lo que le ha permitido aprender cómo usar correctamente las energías con las que ha sido creado. Dichas energías se encontraban, inicialmente en estado potencial. El correcto uso del pensamiento y de los sentimientos, es un logro adquirido por la vía del rigor, entendiendo esta vía, como la vía de la "separación" con El Creador.

El tramo final de ese largo recorrido, nos sitúa en disposición de descubrir nuestra individualidad y al mismo tiempo, de reconocer, que la Unidad es la suma de individualidades.

Del mismo modo, ese final de trayecto, nos permite reconocer la realidad que Somos. En este sentido, estamos en condiciones de afirmar que no somos un cuerpo físico y que nuestra identidad no es material y transitoria, sino espiritual y eterna. 

Esa percepción real y verdadera de nuestro ser, nos permite recordar que el pecado ha sido una invención del Hijo de Dios, que en su fase infantil, eligió utilizar los Atributos con los que había sido creado. La evolución trazada por el Hijo de Dios, lo sitúa ante la verdad que ha de permitirle la salvación: Somos Inocentes e Impecables. Uno con Dios.

Podríamos hacer un ejercicio de imaginación y trasladarnos con nuestra mente hacia ese instante previo al acto de separación, cuando formábamos una Unidad con nuestro Creador. En ese estado, nos visualizaríamos formando una Unidad, sin identidad propia e individualizada. Libre de toda limitación; sin corporalidad; eterno; pleno. Rodeado de una inmensa Paz.

Volver a ese Estado, no supone un retroceso, un retorno, pues de serlo, estaría condicionado por el tiempo. Ser Inocente; Ser Impecable, es Ser consciente de que Somos Hijos de Dios, o lo que es lo mismo, Dioses en formación. El matiz diferente se encuentra en el Estado Consciente y ese despertar, se produce, en verdad, en el instante presente y eterno.


Ejemplo-Guía: "La verdad se restituye en ti al tú desearla"

No lo recordamos, pero han sido nuestros deseos los que nos han alejado de la verdad.

La verdad no resplandecerá de nuevo ante nuestra conciencia, hasta que no renovemos nuestras creencias, las cuales nos mantiene identificado con una falsa realidad.

Para abordar el tema de la Lección que estamos analizando, me gustaría compartir el apartado VIII, del Capítulo 20 del Curso, titulado "La visión de la impecabilidad":

1. Al principio, la visión te llegará en forma de atisbos, pero eso bastará para mostrarte lo que se te concede a ti que ves a tu her­mano libre de pecado. 2La verdad se restituye en ti al tú desearla, tal como la perdiste al desear otra cosa. 3Abre las puertas del santo lugar que cerraste al haber valorado ésa "otra cosa", y lo que nunca estuvo perdido regresará calladamente. 4Ha sido sal­vaguardado para ti. 5La visión no sería necesaria si no se hubiese concebido la idea de juzgar. 6Desea ahora que ésta sea eliminada completamente y así se hará.  
2. ¿Deseas conocer tu Identidad? 2¿No intercambiarías gustosa­mente tus dudas por la certeza? 3¿No estarías dispuesto a estar libre de toda aflicción y aprender de nuevo lo que es la dicha? 4Tu relación santa te ofrece todo esto. 5Tal como se te dio, así también se te darán sus efectos. 6Y del mismo modo en que no fuiste tú quien concibió su santo propósito, tampoco fuiste tú quien concibió los medios para lograr su feliz desenlace. 7Regocíjate de poder disponer de lo que es tuyo sólo con pedirlo, y no pienses que tienes que ser tú quien debe concebir los medios o el fin. 8Todo ello se te da a ti que quieres ver a tu hermano libre de pecado. 9Todo ello se te da, y sólo espera a que desees recibirlo. 10La visión se le otorga libremente a todo aquel que pide ver.  
3. La impecabilidad de tu hermano se te muestra en una luz bri­llante, para que la veas con la visión del Espíritu Santo y para que te regocijes con ella junto con Él. 2Pues la paz vendrá a todos aquellos que la pidan de todo corazón y sean sinceros en cuanto al propósito que comparten con el Espíritu Santo, y de un mismo sentir con Él con respecto a lo que es la salvación. 3Estáte dis­puesto, pues, a ver a tu hermano libre de pecado, para que Cristo pueda aparecer ante tu vista y colmarte de felicidad. 4Y no le otorgues ningún valor al cuerpo de tu hermano, el cual no hace sino condenarlo a fantasías de lo que él es. 5Él desea ver su impe­cabilidad, tal como tú deseas ver la tuya. 6Bendice al Hijo de Dios en tu relación, y no veas en él lo que tú has hecho de él. 
4. El Espíritu Santo garantiza que lo que Dios dispuso para ti y te concedió, será tuyo. 2Este es tu propósito ahora, y la visión que hace que sea posible sólo espera a que la recibas. 3Ya dispones de la visión que te permite no ver el cuerpo. 4Y al contemplar a tu hermano verás en él un altar a tu Padre tan santo como el Cielo, refulgiendo con radiante pureza y con el destello de las deslum­brantes azucenas que allí depositaste. 5¿Qué otra cosa podría tener más valor para ti? 6¿Por qué piensas que el cuerpo es un mejor hogar, un albergue más seguro para el Hijo de Dios? 7¿Por qué preferirías ver el cuerpo en vez de la verdad? 8¿Cómo es posible que esa máquina de destrucción sea lo que prefieres y lo que eliges para reemplazar el santo hogar que te ofrece el Espí­ritu Santo, y donde Él morará contigo? 
5. El cuerpo es el signo de la debilidad, de la vulnerabilidad y de la pérdida de poder. 2¿Qué ayuda te puede prestar un salvador así? 3¿Le pedirías ayuda a un desvalido en momentos de angustia y de necesidad? 4¿Es lo infinitamente pequeño la mejor alterna­tiva a la que recurrir en busca de fortaleza? 5Tus juicios parecerán debilitar a tu salvador. 6Mas eres tú quien tiene necesidad de su fortaleza. 7No hay problema, acontecimiento, situación o perple­jidad que la visión no pueda resolver. 8Todo queda redimido cuando se ve a través de la visión. 9Pues no es tu visión, y trae consigo las amadas leyes de Aquel Cuya visión es.  
6. Todo lo que se contempla a través de la visión cae suavemente en su sitio, de acuerdo con las leyes que Su serena y certera mirada le brinda. 2La finalidad de todo lo que Él contempla es siempre indudable: 3Pues servirá a Su propósito, que se verá sin ajuste alguno y perfectamente adaptado al mismo: 4Bajo Su bon­dadosa mirada, lo destructivo se vuelve benigno y el pecado se convierte en una bendición. 5¿Qué poder tienen los ojos del cuerpo para corregir lo que perciben? 6Los ojos del cuerpo se ajustan al pecado, pues son incapaces de pasarlo por alto en nin­guna de sus formas, al verlo por todas partes y en todas las cosas. 7Mira a través de sus ojos, y todo quedará condenado ante ti. 8Y jamás podrás ver todo lo que te podría salvar. 9Tu santa relación, la fuente de tu salvación, queda desprovista de todo significado, y su más santo propósito desposeído de los medios para su con­secución.  
7. Los juicios no son sino juguetes, caprichos, instrumentos insen­satos para jugar al juego fútil de la muerte en tu imaginación: 2La visión, en cambio, enmienda todas las cosas y las pone dulce­mente bajo el tierno dominio de las leyes del Cielo. 3¿Qué pasaría si reconocieses que este mundo es tan sólo una alucinación? 4¿O si realmente entendieses que fuiste tú quien lo inventó? 5¿Y qué pasaría si te dieses cuenta de que los que parecen deambular por él, para pecar y morir, atacar, asesinar y destruirse a sí mismos son totalmente irreales? 6¿Podrías tener fe en lo que ves si acepta­ses esto? 7¿Y lo verías?  
8. Las alucinaciones desaparecen cuando se reconocen como lo que son. 2Ésa es la cura y el remedio: 3No creas en ellas, y desapa­recen. 4Lo único que necesitas reconocer es que todo ello es tu propia fabricación. 5Una vez que aceptas este simple hecho y recuperas el poder que les habías otorgado, te liberas de ellas. 6Pero de esto no hay duda: las alucinaciones tienen un propósito, y cuando dejan de tenerlo, desaparecen: 7La pregunta, por lo tanto, no es nunca si las deseas o no, sino si deseas el propósito que apoyan. 8Este mundo parece tener muchos propósitos, todos ellos diferentes entre sí y con diferentes valores. 9Sin embargo, son todos el mismo. 10Una vez más, no hay grados, sino sólo una aparente jerarquía de valores.
9. Sólo dos propósitos son posibles: 2el pecado y la santidad. 3No existe nada entremedias, y el que elijas determinará lo que veas. 4Pues lo que ves simplemente demuestra cómo has elegido alcan­zar tu objetivo. 5Las alucinaciones sirven para alcanzar el objetivo de la locura. 6Son el medio a través del cual el mundo externo, proyectado desde adentro, se ajusta al pecado y parece dar fe de su realidad. 7Aún sigue siendo cierto, no obstante, que no hay nada afuera. 8Sin embargo, es sobre esta nada donde se lanzan todas las proyecciones. 9Pues es la proyección la que le confiere a la "nada" todo el significado que parece tener. 
10. Lo que carece de significado no puede ser percibido. 2Y el sig­nificado siempre busca dentro de sí para encontrar significado, y luego mira hacia afuera. 3Todo el significado que tú le confieres al mundo externo tiene que reflejar, por lo tanto, lo que viste dentro de ti, o mejor dicho, si es que realmente viste o simplemente emi­tiste un juicio en contra de lo que viste. 4La visión es el medio a través del cual el Espíritu Santo transforma tus pesadillas en sue­ños felices y reemplaza tus dementes alucinaciones -que te muestran las terribles consecuencias de pecados imaginarios- ­por plácidos y reconfortantes paisajes. 5Estos plácidos paisajes y sonidos se ven con agrado y se oyen con alegría. 6Son Sus susti­tutos para todos los aterradores panoramas y pavorosos sonidos que el propósito del ego le trajo a tu horrorizada conciencia. 7Ellos te alejan del pecado y te recuerdan que no es la realidad lo que te asusta, y que los errores que cometiste se pueden corregir.  
11. Cuando hayas contemplado lo que parecía infundir terror y lo hayas visto transformarse en paisajes de paz y hermosura, cuando hayas presenciado escenas de violencia y de muerte y las hayas visto convertirse en serenos panoramas de jardines bajo cielos despejados, con aguas diáfanas, portadoras de vida, que corren felizmente por ellos en arroyuelos danzantes que nunca se secan, ¿qué necesidad habrá de persuadirte para que aceptes el don de la visión? 2Y una vez que la visión se haya alcanzado, ¿quién podría rehusar lo que necesariamente ha de venir des­pués? 3Piensa sólo en esto por un instante: puedes contemplar la santidad que Dios le dio a Su Hijo. 4Y nunca jamás tendrás que pensar que hay algo más que puedas ver.

jueves, 1 de diciembre de 2016

UCDM. Libro de Ejercicios. Lección 336

LECCIÓN 336

El perdón me enseña que todas las mentes están unidas.


1. El perdón es el medio a través del cual a la percepción le llega su fin. 2El conocimiento es restituido una vez que la percepción ha sido transformada y ha dado paso enteramente a lo que por siempre ha de estar más allá de su más elevado alcance. 3Pues las imágenes y los sonidos tan sólo pueden servir, en el mejor de los casos, para evocar el recuerdo que yace tras todos ellos. 4El per­dón elimina las distorsiones y revela el altar a la verdad que se hallaba oculto. 5Sus blancas azucenas refulgen en la mente, y la instan a regresar y a mirar en su interior para encontrar lo que en vano ha buscado afuera. 6Pues ahí, y sólo ahí, se restaura la paz interior, al ser la morada de Dios Mismo.

2. Que el perdón elimine en la quietud mis sueños de separación y de pecado. 2Y que entonces pueda mirar, Padre, en mi interior y descubrir que Tu promesa de que en mí no hay pecado es verdad; que Tu Palabra permanece inalterada en mi mente y que Tu Amor reside todavía en mi corazón.



¿Qué me enseña esta lección? 

Estamos atrapados por el recuerdo de nuestro pasado, un pasado en el que proclamamos un juicio condenatorio sobre nuestro acto volitivo de utilizar nuestra condición creadora con libre albedrío. A ese acto, inmaduro, propio de una conciencia inexperta y aprendiz, le llamamos pecado, pues lo interpretamos como un acto contrario a la Voluntad de nuestro Padre.

A partir de ese juicio condenatorio, decidimos creer que estábamos separados de nuestro Creador, al que habíamos ofendido con nuestra acción creadora. Comer del fruto del árbol prohibido es una alegoría que nos enseña sobre el uso de nuestro poder creador.

Decidir aprender por iniciativa propia, en vez de seguir conectado a la Fuente de nuestra Creación, nos ha llevado a establecer nuestro propio código de aprendizaje, el cual está basado en la necesidad de experimentar a través de la vía de la percepción.

La vía de la percepción está estrechamente relacionada con nuestro pasado, en la medida, que cada estímulo recibido por los órganos sensoriales nos despierta el recuerdo de lo experimentado en las mismas circunstancias. En este sentido, actuar por iniciativa propia nos lleva a creer merecedores del castigo, del sufrimiento, del dolor, pues actuar sin contar con la aprobación de nuestro Padre, nos lleva a creer en la transgresión, en el pecado, y éste tan sólo es redimido por la vía del castigo.

Todo cambia, cuando nuestra mente deja de identificarse con el pecado y con la percepción de la separación. Todo cambia, cuando nuestra mente da cabida al perdón, al Amor. Si perdonamos nuestros errores pasados, quedamos limpios, purificados, recuperamos la inocencia primigenia y con ello, ponemos fin a la vía de aprendizaje a través de la percepción. Cuando actuemos, no alimentaremos la falsa creencia de que estamos violando las Leyes del Creador.

Restituir la visión de la Unidad y de la Impecabilidad es la función del perdón. En verdad, en realidad, lo que estamos haciendo es tomar consciencia de nuestra condición divina. Amén.

Ejemplo-Guía: "Cuando perdonamos, estamos recordando nuestro origen"

Las enseñanzas que nos ofrece el Curso sobre el Perdón nos revela un aspecto que trasciende el significado que se le da, teniendo como referencia el sistema de pensamiento del ego. 

Siempre he participado de la idea, de que perdonar era la respuesta que ofrecemos cuando hemos juzgado un acto incorrecto. Este posicionamiento nos lleva a creer, falsamente, que estamos en un estado de superioridad con respecto al que ha obrado incorrectamente. Ese sentimiento de superioridad, dada por nuestra condición moral, nos lleva a "perdonar" al otro por los errores cometidos.

Cuando obramos de esta manera, lo que realmente estamos haciendo es proyectar nuestra culpa, nuestra condena, externamente, pero en ningún caso significa que la hayamos perdonado internamente, es más, proyectándonos, lo que estamos haciendo es elegir ver en el otro lo que debemos aplicarnos nosotros mismos.

Si se hubiese realizado el trabajo interno de perdonarnos, es decir, si no viésemos nuestras culpas, entonces, las acciones externas no tendrían necesidad de ser perdonadas, pues no las proyectaríamos, lo que significa, que no las vemos, no las deseamos.

Perdonar, no es un acto que deba hacernos sentir superior a los demás. Todo lo contrario, como bien nos enseña el Curso, la visión del Perdón lleva implícita la visión de la inocencia, de la impecabilidad, de la unidad.

Si nuestra percepción verdadera, nos lleva a tomar conciencia de que somos uno, eso es Perdonar, pues reconocemos que formamos parte de la Fuente que nos ha creado.

miércoles, 30 de noviembre de 2016

UCDM. Libro de Ejercicios. Lección 335

LECCIÓN 335

Elijo ver la impecabilidad de mi hermano.


1. Perdonar es una elección. 2Nunca veo a mi hermano tal como es, pues eso está mucho más allá de la percepción. 3Lo que veo en él es simplemente lo que deseo ver, pues eso es lo que quiero que sea verdad. 4A eso es a lo único que respondo, por mucho que parezca que es a los acontecimientos externos. 5Elijo lo que deseo contemplar, y eso, y sólo eso, es lo que veo. 6La impecabilidad de mi hermano me muestra que quiero contemplar la mía propia. 7Y la veré, puesto que he decidido ver a mi hermano en la santa luz de su inocencia.

2. ¿De qué otro modo podría restituírseme Tu recuerdo, sino viendo la inocencia de mi hermano? 2Su santidad me recuerda que él fue creado uno conmigo y semejante a mí. 3En él encuentro mi Ser, y en Tu Hijo encuentro asimismo el recuerdo de Ti.

¿Qué me enseña esta lección? 

¿Hay algo más hermoso, puro y elevado que el perdón? 

Aquellos que hemos sentido el pesado fardo de la culpa sobre nuestras frágiles espaldas, sabemos el alivio que compensa el sincero perdón. 

He creído notar una cierta diferencia entre perdonar y perdonarse. Hubiera apostado, que perdonar a otros, resulta más fácil que perdonarse a uno mismo. Tal vez, esa ilusión se debiera a que es más fácil ver fuera lo que no vemos dentro. 

Hoy tengo la certeza, de que no hay diferencias, pues en la medida en que perdonamos a otros, estamos realmente afirmando que nos hemos perdonado, pues nadie puede dar lo que no tiene.

Cuando vemos la impecabilidad en nuestros hermanos, estamos manifestando al mundo nuestra condición de perdonar. Estamos compartiendo la fuerza del Amor y el gesto más elevado que podemos expresar es no ver el pecado en nosotros, ni en los demás. De este modo, no tendremos ni tan siquiera que perdonar, pues no hay nada que perdonar.

La siguiente cita, define maravillosamente el contenido de esta lección: “lo que el corazón desea, la mente nos lo muestra”, o dicho de otro modo, “lo que veo es lo que deseo ver”.

Realmente somos afortunados. Ser Hijos de Dios, nos aporta la condición de la Plenitud, de la Gracia, de la Abundancia, pero, lo hemos olvidado. Hasta tal punto ha sido así, que nuestra visión separada, característica del sistema de pensamiento del ego, nos lleva a perseguir como máximos objetivos, la compensación de nuestra escasez, de nuestras necesidades y conflictos, de nuestras preocupaciones y miedos.

El logro de la Paz ha de llevarnos a tener la total Certeza de que Somos Seres Espirituales Plenos y Uno, con Dios y con Todo lo Creado. Cuando esta visión forme parte de nuestras creencias, sabremos lo que es la Salvación.

Ejemplo-Guía: "Lo que el corazón desea, la mente nos lo muestra"

Sí, con esta afirmación, quedamos totalmente desarmados. Si lo que veo es lo que deseo ver, ya no puedo seguir ocultándome a mi mismo, que soy el único soñador de mis sueños, el único fabricante de mis experiencias, del mundo que, ilusoriamente, creo ver.

Todo el Curso, con sus enseñanzas, nos llevan a un punto, que el ego considera muy crítico: desaprender lo aprendido, para volver aprender.

Tenemos la creencia de que hemos andado un largo camino, y durante ese trayecto, a pesar de haber andado el camino junto a nuestros hermanos, en ningún momento hemos percibido que entre ellos y nosotros haya podido existir unidad. La percepción del otro, ha despertado nuestros miedos. Ese miedo no requiere de manifestación externa para experimentarlo. Ya se encuentra en nuestra mente, pues ese miedo es ausencia de amor, ausencia de consciencia de unidad. El miedo que proyectamos en el otro, es un miedo inventado por nosotros mismos. Vivir con miedo, ser consciente de que somos los hacedores del miedo, nos hace débiles y por esta razón, preferimos un agente externo que nos incite a su justificación para poder condenarlo fuera.

La afirmación que da título a este ejemplo-guía, debe conducirnos hacia la verdad. Tal vez, podamos sentir la necesidad de no darle credibilidad, pues hacerlo significa que no podemos continuar culpando a los demás de nuestras acciones. Pero si conseguimos trascender ese temor interior a vernos tal y como somos, recordaremos nuestra verdadera identidad, la cual no es otra que ser el Hijo de Dios. ¿Acaso el hijo no es igual que el padre? ¿Acaso no cuenta con su mismo poder creador?

La Lección de hoy, sin duda alguna, nos invita a despojarnos de nuestra falsa identidad. De manos de la creencia en el pecado, dimos credibilidad a la culpa y con ello, a la falsa creencia de que Dios nos expulsó del "Paraíso" y nos "castiga" por nuestros pecados.

Cuando reflexionamos sobre la supuesta sentencia condenatoria de Dios sobre su descendencia, y lo hacemos con una Visión de Impecabilidad, de Amor, nos resulta muy difícil creer que el Ser de donde emana la Esencia Creadora del Amor, se muestre insensible y juzgue a su creación con rigor. Si eres padre, no te resultará difícil llegar a esa evidencia. Yo soy padre de tres hijos y mi limitado corazón es incapaz de juzgar tal condena.

Esta Lección es una invitación a percibir de manera correcta. A sustituir la errónea creencia en que es en el ataque donde encontraremos la salvación. Ver la Impecabilidad en nuestros hermanos, es el reconocimiento de que somos Uno en la Filiación de Dios.

Ver la Impecabilidad en nosotros mismos y por ende, en los demás, es la evidencia de que nuestra mente sirve al Espíritu y de que nuestros pensamientos se encuentran en paz.

martes, 29 de noviembre de 2016

UCDM. Libro de Ejercicios. Lección 334

LECCIÓN 334

Hoy reclamo los regalos que el perdón otorga.



1. No esperaré ni un solo día más para encontrar los tesoros que mi Padre me ofrece. 2Todas las ilusiones son vanas, y los sueños desaparecen incluso a medida que se van tejiendo con pensamien­tos basados en percepciones falsas. 3No dejes que hoy vuelva a aceptar regalos tan míseros. 4La Voz de Dios les ofrece Su paz a todos los que escuchan y eligen seguirlo. 5Esto es lo que elijo hoy. 6Y así, voy en busca de los tesoros que Dios me ha dado.

2. Busco sólo lo eterno. 2Pues Tu Hijo no podría sentirse satisfecho con menos de eso. 3¿Qué otra cosa, entonces, podría brindarle solaz, sino lo que Tú le ofreces a su desconcertada mente y a su atemorizado corazón, a fin de proporcionarle certeza y traerle paz? 4Hoy quiero contemplar a mi hermano sin mancha alguna de pecado en él. 5Eso es lo que Tu Voluntad dispone que yo haga, pues así es como podré contemplar mi propia impe­cabilidad.


¿Qué me enseña esta lección? 


La identificación del Hijo de Dios con el mundo físico, le lleva a aprender por la vía de la experiencia, por la vía del rigor. La Ley de Causa y Efecto, se convierte en el proceso de aprendizaje en el que debemos tomar consciencia de que aquello que vivimos es la consecuencia directa de lo que hemos sembrado.

Esa Ley está inscrita en nuestro interior y, de una manera inconsciente, respondemos a ella, cada vez que justificamos el castigo, el dolor, como la consecuencia directa de nuestros actos.

Si algo nos va mal, si nos encontramos ante una experiencia que interpretamos como conflictiva, buscamos un culpable, y nos decimos: ¿qué has hecho mal para que te ocurra esto? El tiempo es el aliado de la Ley de Causa y Efecto, y esta creencia ha dado lugar a la Ley del Karma.

Pero, este proceder, pertenece al mundo de la ilusión, al mundo de la temporalidad. Hasta que no recuperemos la consciencia de lo que Somos y de quienes Somos, no nos liberaremos de la celda donde permanecemos prisioneros del error.

El perdón es el camino que debemos recorrer para conseguir alcanzar la Salvación. El perdón es la expresión de la verdad que debemos integrar en nuestra consciencia. Cuando perdonamos, hacemos innecesaria la experiencia del rigor para aprender. El perdón abre las puertas al milagro y éste hace innecesario el tiempo para corregir el error, lo hace de inmediato.

El perdón nos indica que hemos decidido no juzgar, no condenar. Con el perdón recuperamos la visión de la inocencia y con ello, gozamos de la Gracia y de la Paz de nuestro Padre.

Ejemplo-Guía: "¿Quieres ser feliz? Entonces, perdona, perdona, perdona..."

Si crees que mereces ser castigado, lo serás. Si crees que puedes sentir dolor, lo sentirás. Si crees que eres un pecador, sentirás culpa. Si sientes culpa, buscarás redención. Si buscas redención, estarás justificando el castigo. Así, se cierra un círculo que te mantiene prisionero de la ilusión, del error, del miedo.

Ninguna medicina, ningún ungüento mágico, nos sanará de esa enfermedad. Tan sólo existe una llave que puede librarnos de esa prisión. Esa llave es el perdón.

Si crees que eres merecedor de ser perdonado, te perdonarás.

Busca en tu vida cualquier experiencia. Contesta a esta pregunta, ¿te ha aportado la felicidad que colma tu sed de paz?

Nos ha podido tocar mil millones de euros en la lotería. Una explosión de alegría nos inundará. Descorcharemos botellas de champán y brindaremos con todo el mundo en honor a nuestra suerte. Pero apenas culmine ese momento de euforia, nos acosará el temor a perder lo que hemos conseguido. Hemos dejado de ser feliz.

En ese pensamiento de pérdida, va implícito el ataque del otro que desea lo que tenemos. Esa imagen recorre nuestra mente y nos atormenta. Invertiremos parte de nuestro premio de asegurar que nadie puede desposeernos de lo que hemos conseguido y viviremos angustiados por el miedo a.....

Es evidente que en ese pensamiento de temor, hay una ausencia total de amor y de perdón. El amor y el perdón tan solo son posibles cuando dejamos de ver separación entre nuestros hermanos.

Si buscas la felicidad, tan solo podremos encontrarla en nuestro interior, en nuestro pensamiento de perdón. Compartir ese regalo, nos otorgará el regalo de la felicidad y de la paz. 

¡Perdona!, y lo comprobarás.

lunes, 28 de noviembre de 2016

UCDM. Libro de Ejercicios. Lección 333

LECCIÓN 333

El perdón pone fin al sueño de conflicto.


1. El conflicto debe ser resuelto. 2Si se quiere escapar de él, no debe evadirse, ignorarse, negarse, encubrirse, verse en otra parte, llamarse por otro nombre u ocultarse mediante cualquier clase de engaños. 3Tiene que verse exactamente como es, allí donde se cree que está, y tiene que verse también la realidad que se le ha otorgado y el propósito que le ha asignado la mente. 4Pues sólo entonces se desmantelan sus defensas y la verdad puede arrojar su luz sobre él según desaparece.

2. Padre, el perdón es la luz que Tú elegiste para que desvaneciese todo conflicto y toda duda, y para que alumbrase el camino que nos lleva de regreso a Ti. 2Ninguna otra luz puede dar fin a nuestro sueño malvado. 3Ninguna otra luz puede salvar al mundo. 4Pues dicha luz es lo único que jamás ha de fallar, ya que es el regalo que le has hecho a Tu Hijo bienamado.


¿Qué me enseña esta lección?

El propio Carl Gustav Jung, se hubiese podido inspirar en el contenido de esta lección para determinar un tratado psicológico orientado a superar el miedo y el conflicto.

Por lo general, cuando algo nos da miedo, tendemos a identificarnos con él y con ello a hacerlo real, pero al mismo tiempo, tratamos de alejarlo de nuestra consciencia y lo reprimimos, mandándolo a nuestro inconsciente. Es allí, donde se almacenan todos nuestros temores, todas nuestras fobias, sin que ejerzamos un control sobre ellas.

Esta lección nos indica que debemos mirar de frente al conflicto, cuando éste ocupe nuestra mente. Es importante reconocer que le estamos dando poder sobre nuestras vidas. Le permitimos paralizarnos, le permitimos que nos prive de la paz, de la alegría, de la felicidad.

Debemos ser conscientes, de que el sentimiento que despierta en nosotros se lo permitimos. Podemos verlo de otra manera y, con ello, estamos tomando el control de nuestra mente.

El conflicto es una interpretación, un juicio, cuyo origen se encuentra en la mente. Nada fuera de nosotros puede hacernos daño. Tan sólo si se lo permitimos. Es nuestra decisión.

Debemos ser los dueños y señores de nuestras vidas. Debemos decidir si servir al mundo de la ilusión y, con ello, al mundo del miedo, o por el contrario, decidimos servir a la verdad, al Ser que Somos y,  con ello, al mundo del Perdón y del Amor.

Todo miedo procede de la falsa creencia en el pecado. Liberémonos de esa limitación y recuperemos nuestra visión inocente. Amemos en cada momento y el conflicto no tendrá cabida en nuestras vidas.

Ejemplo-Guía: "Auto-terapia"

Cuando analizábamos la enseñanza recogida en la Lección 331, veíamos que el conflicto es imposible cuando hacemos que nuestra voluntad y la Voluntad de nuestro Padre vibren al unísono.
Terminábamos nuestra reflexión, diciendo que detrás de cada situación de conflicto descubriremos una total ausencia de Amor, o lo que es lo mismo, descubriremos la ilusión del miedo, que el sistema de pensamiento del ego hace tan real.

Esta Lección, vuelve a abordar el tema del conflicto percibido por el ego y nos aporta un método para resolverlo. No se trata de ocultar su percepción, pues el simple hecho de creer en que podemos ocultarlo denota dos cosas, una que lo hacemos real y otra, que nos produce miedo, temor y culpa.

Las recomendaciones que nos aporta el Curso va en el sentido de hacernos plenamente conscientes de aquello que nos lleva a percibir el conflicto. Para ello, debemos orientar nuestros pensamientos hacia la causa que da origen al mismo. Ello, nos llevará a descubrir que el miedo, así como su efecto, el conflicto, son meros pensamientos que se caracterizan por la ausencia de Amor.
Donde vemos el miedo, es la señal inequívoca de que hemos tomado la decisión de sustituir el amor por ese otro sentimiento.

Parémonos un instante en lo que hemos dicho. No podemos permitir que se quede en un mensaje teórico. Es el momento de practicar esa teoría. 
¿Nos da miedo la oscuridad? No la evites, como has venido haciendo cuando te encontrabas en su presencia. Mírala. Observa tus pensamientos. ¿Quién lo domina?
¿Quién te obliga a pensar de una manera determinada? Hazte consciente de que tú eres el único que puede dar valor a las imágenes  que tu mente te presenta.
Reconocer esto es muy importante, pues nos da la opción de elegir identificarnos con el sueño, con las pesadillas, o reconocer que tan solo estamos soñando.

domingo, 27 de noviembre de 2016

UCDM. Libro de Ejercicios. Lección 332

LECCIÓN 332

El miedo aprisiona al mundo. El perdón lo libera.

1. El ego forja ilusiones. 2La verdad desvanece sus sueños malva­dos con el brillo de su fulgor. 3La verdad nunca ataca. 4Sencilla­mente es. 5Y por medio de su presencia se retira a la mente de las fantasías, y así ésta despierta a lo real. 6El perdón invita a esta presencia a que entre, y a que ocupe el lugar que le corresponde en la mente. 7Sin el perdón, la mente se encuentra encadenada, creyendo en su propia futilidad. 8Mas con el perdón, la luz brilla a través del sueño de tinieblas, ofreciéndole esperanzas y propor­cionándole los medios para que tome conciencia de la libertad que es su herencia.

2. Hoy no queremos volver a aprisionar al mundo. 2El miedo lo man­tiene aprisionado. 3Mas Tu Amor nos ha proporcionado los medios para liberarlo. 4Padre, queremos liberarlo ahora. 5Pues cuando ofrecemos libertad se nos concede a nosotros. 6Y no queremos seguir presos cuando Tú nos ofreces la libertad.


¿Qué me enseña esta lección?

El origen del miedo es el pecado, sin embargo, el pecado no es real, tan solo existe en la mente que, erróneamente, cree en él. Por lo tanto, el miedo, tampoco es real, tan solo existe en la mente que lo hace real.

A lo que el Hijo de Dios ha llamado pecado, es a la creencia de que se encuentra separado de su Creador, como consecuencia de haber dirigido su atención, su voluntad, hacia la dimensión física, con el único propósito de utilizar su poder creador.

Ese acto volitivo de ser “independiente” le ha llevado a dejar de aprender por “vía directa” y elegir aprender a través de la experiencia. Ese tránsito ha sido recogido en la Biblia como la necesidad de “ganar el pan con el sudor de su frente”.

El “pan” es el símbolo del alimento espiritual que enriquece nuestra conciencia. Aprender por la vía de la experiencia, nos conecta con la vía del dolor, en la cual, se justifica el castigo, el sufrimiento, como medidas de aprendizaje por sentirnos pecadores.

Sin embargo, existe una vía liberadora, es la vía del Perdón. Cuando perdonamos, estamos reconociendo que la verdadera naturaleza del hombre es la inocencia. El perdón nos hace recordar que podemos acceder a la verdad por la vía directa, y para conseguirlo, lo único que tenemos que hacer es ver la Unidad que nos mantiene unido a todo lo creado.

Ejemplo.Guía: "El miedo a Amar"

¿Cómo es posible que podamos tener miedo al amor? 

Tan solo para el sistema de pensamiento del ego, nos hace partícipes de la creencia de que podemos tener miedo al amor.
Desde la Visión de Cristo, podemos asegurar que el amor no ve el miedo, por lo tanto, es imposible sentir miedo al amar:

La atracción de la culpabilidad hace que se le tenga miedo al amor, pues el amor nunca se fijaría en la culpabilidad en absoluto. 2La naturaleza del amor es contemplar solamente la verdad ­-donde se ve a sí mismo- y fundirse con ella en santa unión y en compleción. 3De la misma forma en que el amor no puede sino mirar más allá del miedo, así el miedo no puede ver el amor. 4Pues en el amor reside el fin de la culpabilidad tan inequívocamente como que el miedo depende de ella. 5El amor sólo se siente atraí­do por el amor. 6Al pasar por alto completamente a la culpabili­dad, el amor no ve el miedo. 7Al estar totalmente desprovisto de ataque es imposible que pueda temer. 8El miedo se siente atraído por lo que el amor no ve, y ambos creen que lo que el otro ve, no existe. 9El miedo contempla la culpabilidad con la misma devo­ción con la que el amor se contempla a sí mismo. 10Y cada uno de ellos envía sus mensajeros, que retornan con mensajes escritos en el mismo lenguaje que se utilizó al enviarlos. (C.19.IV.i.10)

Para el ego, el miedo amar, llega a convertirse en uno de sus fobias favoritas, hasta tal punto es así, que gran parte del guion de lo que llama "vida" es protagonizado por escenas relacionadas con el miedo a fracasar en el amor. La causa de tanta desdicha debemos buscarla en el miedo a no ser amado. Para evitar experimentar el rechazo y el abandono, el ego despliega una serie de estrategias a cual más demente: el celo, la duda, el juicio, el castigo, etc

Cuando experimentamos una vivencia amorosa, lo que el Curso denomina relaciones especiales, lo hacemos guiado por el miedo, por la creencia en la separación y por compensación de culpa. ¿Cómo para no tener miedo a amar, desde esa perspectiva?

El miedo a perder, inspirado por el deseo de posesión, es el resultado de una mentalidad egoica. Si el Amor es libertad, las experiencias amorosas inspiradas por el ego es lo más alejado de interpretarse como una experiencia liberadora.

Todas las relaciones especiales tienen como meta el pecado, 2pues son tratos que se hacen con la realidad, a la que la aparente unión se adapta. 3No te olvides de esto: hacer tratos es fijar lími­tes, y no podrás sino odiar a cualquier hermano con el que tengas una relación parcial. 4Quizá trates de respetar el trato en nombre de lo que es "justo", exigiendo a veces ser tú el que pague, aun­que lo más frecuente es que se lo exijas al otro. 5Al hacer lo que es ''justo”, pues, tratas de mitigar la culpabilidad que emana del propósito que aceptaste para la relación.(C.21.III.2-5)