sábado, 26 de noviembre de 2016

¿Cómo educar a un niño Sagitario?


¡Enhorabuena!. Sí, debemos felicitar a los padres cuyo hogar haya sido bendecido con la llegada de un niño nacido bajo el benéfico influjo del rayo sagitariano, ya que es a través de ese signo, por el cual, Dios se complace en utilizarnos como instrumentos para expresar su gracia y bondad.

Cuenta la sabiduría popular, que cada niño al nacer trae consigo un pan debajo del brazo, pero cuando ese niño además es Sagitario, entonces, festejémoslo por todo lo alto, pues a ese elaborado pan, vendrá acompañándole alguno de los valores más escasos y codiciados de nuestros días: la alegría y la felicidad.

Si en nuestras vidas reina la apatía, la tristeza, el pesimismo, la monotonía, la depresión, entonces, es que no hemos tenido la fortuna de recibir la visita de un Sagitario.

Su entusiasmo le llevará a inspirarse en las osadas hazañas de los antiguos descubridores, y pronto le verán animado por su espíritu aventurero, siempre dispuesto a enrolarse en las más atrevidas empresas, aquellas que le han de permitir colonizar "tierras" extranjeras.

Una voz interior, que no llega a comprender, le invita a ir siempre mas allá de sus fronteras naturales, por lo que deben tener presente que la pretensión de mantenerle cerca, es como querer contener en un recipiente cerrado, el relampagueante flash de un rayo. Desde muy pequeño descubriremos en él un vivo interés y un irresistible afán por conocer lo que hay siempre más allá

Sepan que en su hijo se esconde un espíritu sensible a los aspectos filosóficos y espirituales de la vida, por lo que no se sentirá atraído por las cosas comunes que ofrece el mundo material.

Se preocupará por la defensa de lo que es justo y se encolerizará cuando observe que los derechos humanos son ultrajados. Entre la filosofía y la abogacía, su hijo se sentirá como pez en el agua, es por ello que deben esforzarse en educarle de modo que pueda recibir un ejemplar modelo de virtud, pues de lo contrario crecerá en el error y lo que defienda llevará la huella de un orden caduco.

Otro de los aspectos que deben conocer de su hijo es su mal genio. No se trata de una cualidad negativa, ocurre que es portador de un gran potencial energético que lo lleva a salvaguardar lo que está bien de los ataques del mal. Al final de cualquier discusión siempre prevalecerá su bondad por encima del rigor.

Su hijo viene abriendo el camino de una sociedad futura. Está dotado de una inspiración profética que le llevará a percibir y a intuir el devenir de la humanidad. No se preocupen si de sus labios fluyen relatos de sueños extraños o de visiones que hablen de cosas fantásticas.

Sepan que ha sido llamado para inocular en la mente materialista que impera en el hombre, nuevos conceptos de vida. Permitan que su mente se enriquezca con aspectos universales y trascendentales, y verán como se acerca a los principios primordiales y naturales de la creación, donde ha de encontrar la fuente de la purificación.

Cuiden que su apasionado entusiasmo no se desboque, haciendo de él un ser excesivamente tolerante y que no se identifique tan solo con los aspectos placenteros de la vida.

Enséñenle,  que sus sublimes aspiraciones no deben llevarle a olvidar los límites que debe tener toda expansión, llevándole a convertirse en un ser goloso.

Y si cuidan que su optimismo no le lleve a violar el respeto de la Ley, entonces habrán realizado una gran obra, pues permitirán que el mundo, que gime apático y triste, reciba ese impulso vitalizador que ha de curarlo de su depresión, de su estancamiento. Entonces, comenzaremos de nuevo a caminar.

UCDM. Libro de Ejercicios. Lección 331

12. ¿Qué es el ego?

1. El ego no es otra cosa que idolatría; el símbolo de un yo limi­tado y separado, nacido en un cuerpo, condenado a sufrir y a que su vida acabe en la muerte. 2Es la "voluntad" que ve a la Voluntad de Dios como su enemigo, y que adopta una forma en que Ésta es negada. 3El ego es la "prueba" de que la fuerza es débil y el amor temible, la vida en realidad es la muerte y sólo lo que se opone a Dios es verdad.

2. El ego es demente. 2Lleno de miedo, cree alzarse más allá de lo Omnipresente, aparte de la Totalidad y separado de lo Infinito. 3En su demencia cree también haber vencido a Dios Mismo. 4Y desde su terrible autonomía "ve" que la Voluntad de Dios ha sido destruida. 5Sueña con el castigo y tiembla ante las figuras de sus sueños: sus enemigos, que andan tras él queriendo asesinarlo antes de que él pueda proteger su seguridad atacándolos primero.

3. El Hijo de Dios no tiene ego. 2¿Qué puede saber él de la locura o de la muerte de Dios, cuando mora en Él? 3¿Qué puede saber de penas o de sufrimientos, cuando vive en una dicha eterna? 4¿Qué puede saber del miedo o del castigo, del pecado o de la culpabili­dad, del odio o del ataque, cuando lo único que le rodea es paz eterna, por siempre imperturbable y libre de todo conflicto, en la tranquilidad y silencio más profundos?

4. Conocer la realidad significa no ver al ego ni a sus pensamien­tos, sus obras o actos, sus leyes o creencias, sus sueños o esperan­zas, así como tampoco los planes que tiene para su propia salvación y el precio que hay que pagar por creer en él. 2Desde el punto de vista del sufrimiento, el precio que hay que pagar por tener fe en él es tan inmenso que la ofrenda que se hace a diario en su tenebroso santuario es la crucifixión del Hijo de Dios. aY la sangre no puede sino correr ante el altar donde sus enfermizos seguidores se preparan para morir.

5. Una sola azucena de perdón, no obstante, puede transformar la oscuridad en luz y el altar a las ilusiones en el templo a la Vida Misma. 2Y la paz se les restituirá para siempre a las santas mentes que Dios creó como Su Hijo, Su morada, Su dicha y Su amor, completamente Suyas, y completamente unidas a Él.


LECCIÓN 331

El conflicto no existe, pues mi voluntad es la Tuya.


1. Padre, ¡qué absurdo creer que Tu Hijo podía causarse sufrimiento así mismo! 2¿Cómo iba él a poder planear su condenación sin que se le hubiera provisto de un camino seguro que lo condujese a su liberación? 3Me amas, Padre, 4y nunca habrías podido dejarme en la desolación, para morir en un mundo de dolor y crueldad. 5¿Cómo pude jamás pen­sar que el Amor se había abandonado a Sí Mismo? 6No hay otra volun­tad que la Voluntad del Amor. 7El miedo es un sueño, y no tiene una voluntad que pueda estar en conflicto con la Tuya. 8Estar en conflicto es estar dormido; la paz, estar despierto. 9La muerte es una ilusión, y la vida, la verdad eterna. 10Nada se opone a Tu Voluntad. 11El conflicto no existe, pues mi voluntad es la Tuya.


2. El perdón nos muestra que la Voluntad de Dios es una sola y que la compartimos. 2Contemplemos los santos panoramas que hoy nos muestra el perdón, de modo que podamos encontrar la paz de Dios. 3Amén.


¿Qué me enseña esta lección?

La Paz sólo es posible cuando nuestra Voluntad es Amar y Perdonar.

Cualquier otra dirección que demos a nuestra voluntad, si no nos lleva a amar y perdonar, es una voluntad que sirve a la ilusión y al error.

Debemos ser conscientes, que del mismo modo que nuestra mente nos lleva a cometer errores, nos lleva a corregirlos y a perdonarlos. Esta lección es muy importante, pues, en el camino del despertar, podemos encontrarnos que nuestro comportamiento no siempre está a la altura de nuestras pretensiones, y cuando esto ocurre es fácil sucumbir en la tentación de caer en el sentimiento de culpabilidad y en la búsqueda del correctivo que nos libere de ella, del castigo.

Sin apenas darnos cuenta de ello, nos sorprendemos con expresiones como esta: “me he quitado un peso de encima”. Lo que hemos hecho es liberar nuestra consciencia de la culpa, que en realidad se vive como un gran peso.

Cuando nos ponemos al servicio del Espíritu Santo, le solicitamos expiación. Su respuesta nos permite tomar consciencia de la verdad en el momento en el que estamos actuando erróneamente. Ese nivel de percepción verdadera, es la antesala del despertar.

Tomar consciencia del error cuando lo cometemos, ha de llevarnos, no al castigo, sino a la satisfacción de ser consciente de ello, y a continuación, corregirlo y perdonarnos y/o perdonar a los demás.

Una vez despiertos, una vez que sabemos que nos hemos identificado con un profundo sueño, del cual hemos sido los soñadores, tendremos la visión real de que el Hijo de Dios permanece inalterable en el seno de su Creador.

Durante el sueño, olvidamos nuestro origen y caemos en manos de las estrategias del ego. Él nos convencerá de que la única realidad es la que percibe del mundo físico, pero jamás podrá encontrar la paz encontrándose en el centro del conflicto.

Ejemplo-Guía: "¿Qué situaciones son las que vives desde el conflicto?

Retomamos, hoy, la dinámica de adentrarnos en nuestro mundo interior y buscar respuestas que nos ayuden a conocernos. Esta dinámica, siempre es más directa que elegir aprender por la vía del "espejo", es decir, de recibir de los demás aquello que estamos proyectando sobre ellos.

Cada vez que ponemos en manos del ego, nuestras decisiones, debemos esperar que el resultado de las mismas, desemboquen en una experiencia conflictiva. La razón de que esto sea así, nos lo enseña la Lección de hoy. Mientras que pensemos que nuestra voluntad puede negar a la Voluntad de nuestro Padre, estaremos alimentando el conflicto y con ello, la ausencia de Paz.

Pensar en términos de ego, es decir, aplicar el sistema de pensamiento del ego, basado en la creencia de que somos seres separados de los demás y de nuestro creador (pensamos que nos hemos creado a nosotros mismos), nos lleva a dirigir nuestra vida desde la guía de nuestra voluntad. Si sembramos desde la creencia de la separación, del miedo, de la culpa, no podemos esperar que nuestra cosecha, nos aporte felicidad, dicha, plenitud, pues la separación genera luchas; el miedo, dolor y la culpa, sufrimiento.

Se hace evidente, que si no queremos vivir el conflicto, tenemos que alcanzar un nivel de coherencia con la verdad de lo que somos. Ser coherente, significa que nuestra voluntad no es otra que hacer la Voluntad de Dios. Ya hemos dicho en otra ocasión, que la hacer la Voluntad de Dios es ser conscientes de lo que somos: un Ser Espiritual, ilimitado, inocente, impecable y eterno.

Esta Lección nos invita a reflexionar sobre aquellas situaciones que experimentamos desde el conflicto. No tendremos dificultad en comprobar que detrás de cada una de estas situaciones se encuentra una total falta de amor, o lo que es lo mismo, miedo.     

viernes, 25 de noviembre de 2016

UCDM. Libro de Ejercicios. Lección 330


LECCIÓN 330

Hoy no volveré a hacerme daño.


1. Aceptemos hoy que el perdón es nuestra única función. z¿Por qué atacar nuestras mentes y ofrecerles imágenes de dolor? 3¿Por qué enseñarles que son impotentes, cuando Dios les ofrece Su poder y Su Amor y las invita a servirse de lo que ya es suyo? 4La mente que ha llegado a estar dispuesta a aceptar los regalos de Dios ha sido reinstaurada al espíritu, y extiende su libertad y su dicha tal como dispone la Voluntad de Dios unida a la suya pro­pia. 5El Ser que Dios creó no puede pecar, por lo tanto, no puede sufrir. 6Elijamos hoy que Él sea nuestra Identidad, para poder así escapar para siempre de todas las cosas que el sueño de miedo parece ofrecernos.


2. Padre, es imposible hacerle daño a Tu Hijo. 2Y si creemos sufrir, es sólo porque no reconocemos la única Identidad que compartimos Con­tigo. 3Hoy queremos retornar a Ella, a fin de librarnos para siempre de todos nuestros errores y salvarnos de lo que creíamos ser.

¿Qué me enseña esta lección?


¿Quién ha creado el pecado? ¿Quién le ha otorgado tanto poder a esa creencia?

¿Acaso reporta algún beneficio creerse un pecador?


No, no es el cuerpo, la causa que buscamos. El cuerpo está bajo el mandato de la mente. Por lo tanto, el origen de la creencia en el pecado procede de la dirección que le ha otorgado el Hijo de Dios a la mente.

Mientras que existía plena conexión con el Padre, el Hijo de Dios era inconsciente de su individualidad. La adquisición de la identidad individualizada le llevó a adquirir una nueva visión, la separación. Percibir el cuerpo, le lleva a la creencia de que se encuentra separado del resto y de su creador.


A este acto, le asignó la cualidad del pecado y se marcó el firme propósito de recuperar su estado de pureza, para lo cual, renunció a la inocencia, a la felicidad, a la alegría, a la abundancia y cedió su hegemonía a la culpa, al castigo, al dolor, al sufrimiento, a la tristeza y a la enfermedad, a la muerte.

Condenar nos atribuye poder sobre los demás, pero en realidad, es una búsqueda de dominio propio. Nos sentimos culpables por lo que hacemos, pero no por amor a actuar correctamente, sino por miedo. Podríamos considerar nuestras acciones como erróneas, en vez de pecaminosas, pues el error se corrige, mientras que el pecado nos lleva a exigir castigo y sufrimiento.

Soy Hijo de Dios, inocente y puro. No juzgaré mis actos condenatoriamente y no exigiré castigo para tomar consciencia de mis errores. Me perdono y perdono al mundo. Me libero de toda culpa.

Mi mente sirve al Amor y mis ojos ven la Unidad en todo lo creado. 

Ejemplo-Guía: "Una historia real de culpa y dolor"

Resumo brevemente, el sentimiento de una persona que decide compartir su sufrimiento con el único deseo de encontrar comprensión y amor.

"Me encuentro agotada. Hay momentos en los que no deseo vivir por más tiempo la vida que estoy experimentando. No tengo fuerzas para seguir adelante con esta carga".

Madre de familia, que se enfrenta a una experiencia de fracaso en su matrimonio y que sufre muy intensamente al ver que su familia está desecha. Se ve obligada a tener que tomar decisiones que a veces no le aportan paz, pero al mismo tiempo se siente engañada y humillada, lo que la lleva a una lucha interior que la agota.

Esta persona visualiza su vida desde el papel de víctima. No comprende, como ha podido llegar a esta situación, cuando ha ofrecido tanto en su relación. En su mundo interno, mantiene oculto sentimientos de culpa hacia la situación de uno de sus hijos. El recuerdo de un embarazo no deseado y los actos afrontados, a veces inconscientemente, para no desear que esa criatura llegase a este mundo, ahora la atormentan al contemplar las limitaciones con las que nació su hijo. A pesar de estar entregada en cuerpo y alma en la educación y cuidado de ese hijo, no puede evitar sentir un profundo dolor al verse culpable de esa experiencia.

Este alma debe comprender, que entre padres e hijos, entre esposo y esposa, entre hermanos, siempre hay un pacto de amor que los hace cómplices para que cada una de las partes de la relación pueda afrontar el programa que su Ser Divino ha elegido. Con la visión del ego, con la creencia en la separación, esta luz no se percibe. Pero cuando logramos recordar lo que realmente somos, entonces sí abrimos los ojos a la realidad y dejamos de ver la ilusión.

Un nuevo argumento alcanza la mente de esta madre y esa visión le aporta paz. No hay culpa. Nunca la habido, salvo para su creencia en ella.

Esa práctica de perdón, aplicada a la relación de su matrimonio, le permitirá alcanzar, igualmente, el estado de paz deseado. Comprender que los demás son nuestras proyecciones, nos permite verlo como nuestros maestros, pues nos están revelando nuestro mundo interno. Ese pacto de Amor, no pertenece a este mundo. Se elige en el Cielo y su plan consiste en ser útiles, unos a otros, en el inevitable encuentro con el Plan de Salvación.

jueves, 24 de noviembre de 2016

UCDM. Libro de Ejercicios. Lección 329

LECCIÓN 329

He elegido ya lo que Tu Voluntad dispone.



1. Padre, pensé que me había apartado de Tu Voluntad, que la había desafiado, que había violado sus leyes y que había interpuesto otra volun­tad más poderosa que la Tuya. 2En realidad, no obstante, no soy otra cosa que una extensión de Tu Voluntad que se extiende continuamente. 3Eso es lo que soy, y ello jamás ha de cambiar. 4Así como Tú eres Uno, yo soy uno Contigo. 5Eso fue lo que elegí en mi creación, en la que mi voluntad se hizo eternamente una con la Tuya. 6Esa decisión se tomó para siempre. 7No puede cambiar ni oponerse a sí misma. 8Padre, mi voluntad es la Tuya. 9Estoy a salvo, tranquilo y sereno, y gozo de una dicha intermina­ble porque así lo dispone Tu Voluntad.

2. Hoy aceptaremos la unión que existe entre nosotros, y entre nosotros y nuestra Fuente. 2No tenemos otra voluntad que la Suya y todos somos uno porque todos compartimos Su Voluntad. 3A través de Ella reconocemos que somos uno solo. 4A través de Ella encontramos por fin el camino que nos conduce a Dios.




¿Qué me enseña esta lección?

Somos Hijos de Dios, creado a Su Imagen y Semejanza. Somos extensión de la Mente Creadora de Dios y por lo tanto, Somos Uno con Él.

Como fruto de su labor creadora, somos portadores potenciales de sus mismos Atributos. Por lo tanto, tenemos la potestad de utilizar esos dones con plena libertad.

Ser herederos legítimos de Sus Poderes, nos hace Uno con Él, sin embargo, el uso del Libre Albedrío, nos ha llevado a prestar atención y a dirigir nuestra facultad volitiva hacia un estado de la Energía a la que hemos dado la cualidad de la forma.

La identificación del Hijo de Dios con su fabricación, le ha llevado a creer que ese mundo es la realidad. Le ha llevado a creer que su acto, ha sido un acto pecaminoso, indigno a los ojos de Su Padre.

En verdad, la acción del Hijo de Dios, le ha llevado al error de creerse separado de su Esencia, de la Fuente que lo ha creado y, ello, lo ha hundido en la espesa niebla de la culpa.

Mientras que permanece identificado con el cuerpo, con el mundo físico, su voluntad está supeditada a la satisfacción de los deseos, ese impulso que propició la consciencia dual.

“Hágase tu Voluntad en la tierra como en el cielo” Podemos traducirlo: “Permíteme amar la Unidad, vivir en la Unidad, Ser la Unidad”.

 Ejemplo-Guía: "Hágase Tu Voluntad"

 ¿Qué dispone la Voluntad del Padre? 

Estamos habituados a sentir una atracción especial por conocer lo que el destino nos depara. En ocasiones, ese deseo es tan intenso, que decidimos consultar con oráculos sobre este particular. En verdad, nos angustia saber que el destino nos depara un futuro de necesidad, de infelicidad, de enfermedad y calamidades, etc.

Cuestionarnos estas preocupaciones es propio del sistema de pensamiento del ego, pues de este modo mantiene ocupada la mente con pensamientos dirigido hacia la percepción del mundo de la ilusión. En esta visión es obvio que encontramos la presencia del miedo y una total ausencia de amor.

En nuestras oraciones solemos utilizar la expresión "Hágase Tu Voluntad, en la tierra como en el Cielo", y si realmente hemos visionado la realidad, en vez de la ilusión, con esta súplica, lo que estamos pidiendo es que nos permita comprender Su Plan de Salvación y para ello, lo único que tenemos que hacer es reconocer que somos un Ser Espiritual:
1. O bien ves la carne o bien reconoces el espíritu. 2En esto no hay términos medios. 3Si uno de ellos es real, el otro no puede sino ser falso, pues lo que es real niega a su opuesto. 4La visión no ofrece otra opción que ésta. 5Lo que decides al respecto determina todo lo que ves y crees real, así como todo lo que consideras que es verdad. 6De esta elección depende todo tu mundo, pues mediante ella estableces en tu propio sistema de creencias lo que eres: carne o espíritu. 7Si eliges ser carne jamás podrás escaparte del cuerpo al verlo como tu realidad, pues tu decisión reflejará que eso es lo que quieres. 8Pero si eliges el espíritu, el Cielo mismo se inclinará para tocar tus ojos y bendecir tu santa visión a fin de que no veas más el mundo de la carne, salvo para sanar, consolar y bendecir.

2. La salvación es un deshacer. 2Si eliges ver el cuerpo, ves un mundo de separación, de cosas inconexas y de sucesos que no tienen ningún sentido. 3Alguien aparece y luego desaparece al morir; otro es condenado al sufrimiento y a la pérdida. 4Y nadie es exactamente como era un instante antes ni será el mismo. un instante después. 5¿Qué confianza se puede tener ahí donde se percibe tanto cambio? a¿Y qué valía puede tener quien no es más que polvo? 6La salvación es el proceso que deshace todo esto. 7Pues la constancia es lo que ven aquellos cuyos ojos la salvación ha liberado de tener que contemplar el costo que supone conser­var la culpabilidad, ya que en lugar de ello eligieron abando­narla.

3. La salvación no te pide que contemples el espíritu y no percibas el cuerpo. 2Simplemente te pide que ésa sea tu elección. 3Pues puedes ver el cuerpo sin ayuda, pero no sabes cómo contemplar otro mundo aparte de él. 4Tu mundo es lo que la salvación habrá de deshacer, permitiéndote así ver otro que tus ojos jamás habrían podido encontrar. 5Cómo va a lograrse esto no es algo que deba preocuparte. 6No comprendes cómo apareció ante ti lo que ves, 7pues si lo comprendieses, desaparecería. 8El velo de la ignorancia está corrido igualmente sobre lo bueno que sobre lo malo, y se tiene que traspasar para que ambas cosas puedan desaparecer a fin de que la percepción no encuentre ningún lugar donde ocul­tarse. 9¿Cómo se puede hacer esto? 10No se puede hacer en abso­luto. 11Pues ¿qué podría aún quedar por hacer en el universo que Dios creó?

4. Sólo la arrogancia podría hacerte pensar que tienes que allanar el camino que conduce al Cielo. 2Se te han proporcionado los medios para que puedas ver el mundo que reemplazará al que tú inventaste. 3¡Hágase tu voluntad! 4Esto es verdad para siempre tanto en el Cielo como en la tierra, 5independientemente de dónde creas estar o de lo que creas que la verdad acerca de ti mismo debe realmente ser. 6Independientemente también de lo que contem­ples, y de lo que elijas sentir, pensar o desear. 7Pues Dios Mismo ha dicho: "Hágase tu voluntad". 8Y, consecuentemente, se hace.

5. Tú que crees que puedes ver al Hijo de Dios como quisieras que fuese, no olvides que ningún concepto que abrigues de ti mismo puede oponerse a la verdad de lo que eres. 2Erradicar la verdad es imposible. 3Pero cambiar de conceptos no es difícil. 4Una sola visión que se vea claramente y que no se ajuste a la imagen que antes se percibía, hará que el mundo sea diferente para aquellos ojos que hayan aprendido a ver porque el concepto del yo habrá cambiado.

6. ¿Eres invulnerable? 2Entonces el mundo te parece un lugar ino­fensivo. 3¿Perdonas? 4Entonces el mundo es misericordioso, pues le has perdonado sus ofensas, de modo que te contempla tal como tú lo contemplas a él. 5¿Eres un cuerpo? 6Entonces ves en cada hermano un traidor, listo para matar. 7¿Eres espíritu, inmor­tal y sin la más mínima posibilidad de corrupción ni mancha alguna de pecado sobre ti? 8Entonces ves estabilidad en el mundo, pues ahora es absolutamente digno de toda tu confianza: un lugar feliz en donde descansar por un tiempo, en donde no hay nada que temer, sino sólo amar. 9¿Le negarían los puros de corazón la bienvenida a alguien? 10¿Y qué podría herir a los que son verdaderamente inocentes?

7. ¡Hágase tu voluntad, santa criatura de Dios! 2No importa si crees estar en el Cielo o en la tierra. 3Lo que la Voluntad de tu Padre ha dispuesto para ti jamás ha de cambiar. 4La verdad en ti permanece tan radiante como una estrella, tan pura como la luz, tan inocente como el amor mismo. 5Y tú eres digno de que se haga tu voluntad. (C.31.VI.1:7)

miércoles, 23 de noviembre de 2016

UCDM. Libro de Ejercicios. Lección 328

LECCIÓN 328

Elijo estar en segundo lugar para obtener el primero.

1. Lo que parece ser el segundo lugar es en realidad el primero, pues percibimos todo al revés hasta que decidimos escuchar la Voz que habla por Dios. 2Nos parece que sólo podemos alcanzar autonomía si nos esforzamos por estar separados, y que la manera de salvarnos es aislándonos del resto de la creación de Dios. 3No obstante, lo único que podemos derivar de ello es enfermedades, sufrimientos, pérdidas y muerte. 4Esto no es lo que nuestro Padre dispone para nosotros, y no existe otra voluntad que la Suya. 5Unirnos a Su Voluntad es encontrar la nuestra. 6Y, puesto que nuestra voluntad es la Suya, es a Él a Quien debemos acudir para reconocer nuestra voluntad.

2. No hay otra voluntad que la Tuya. 2Y me alegro de que nada que pueda imaginarme contradiga lo que Tú quieres que yo sea. 3Tu Volun­tad es que yo me encuentre completamente a salvo y eternamente en paz. 4Y comparto gustosamente Contigo, Padre mío, esa Voluntad que Tú me otorgaste como parte de mí.


¿Qué me enseña esta lección?

No puedo evitar que mi mente recuerde la parábola recogida por Mateos en su evangelio en la que se nos enseña, que “los últimos serán los primeros y los primeros los últimos”.

Permitid que comparta su contenido. Es una hermosa lección:


En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos esta parábola:



"El Reino de los cielos es semejante a un propietario que, al amanecer, salió a contratar trabajadores para su viña. Después de quedar con ellos en pagarles un denario por día, los mandó a su viña. Salió otra vez a media mañana, vio a unos que estaban ociosos en la plaza y les dijo:


“Vayan también ustedes a mi viña y les pagaré lo que sea justo”.

Salió de nuevo a medio día y a media tarde e hizo la mismo. Por último, salió también al caer la tarde y encontró todavía otros que estaban en la plaza y les dijo:

“¿Por qué han estado aquí todo el día sin trabajar?”

Ellos le respondieron:

“Porque nadie nos ha contratado”.

Él les dijo:

“Vayan también ustedes a mi viña”.

Al atardecer, el dueño de la viña le dijo a su administrador:

“Llama a los trabajadores y págales su jornal, comenzando por los últimos hasta que llegues a los primeros”.

Se acercaron, pues, los que habían llegado al caer la tarde y recibieron un denario cada uno.

Cuando les llegó su turno a los primeros, creyeron que recibirían más; pero también ellos recibieron un denario cada uno. Al recibirlo, comenzaron a reclamarle al propietario, diciéndole:

“Esos que llegaron al último sólo trabajaron una hora y, sin embargo, les pagas lo mismo que a nosotros, que soportamos el peso del día y del calor”.

Pero él respondió a uno de ellos:

“Amigo, yo no te hago ninguna injusticia. ¿Acaso no quedamos en que te pagaría un denario? Toma, pues, lo tuyo y vete. Yo quiero darle al que llegó al último lo mismo que a ti. ¿Qué no puedo hacer con lo mío lo que yo quiero? ¿O vas a tenerme rencor porque yo soy bueno?”

De igual manera, los últimos serán los primeros, y los primeros, los últimos". Mateos, 20. 1-16


Como bien recoge la lección, en el mundo físico, percibimos todo al revés.

En el mundo donde impera la visión de la separación, donde dar es perder, ser el primero se convierte en el primordial propósito, pues alcanzar la primacía es sinónimo de poder y de orgullo. Pero no estaríamos analizando esta singularidad, si no fuese porque, por lo general, para alcanzar ese puesto relevante, no importa los medios que utilizamos para conseguirlo. Vemos al otro como al rival y su oposición es interpretado como un ataque, lo cual nos faculta para defendernos, por supuesto, con un buen ataque.

Pero las cosas son diferentes cuando se produce en nosotros una inversión en nuestros valores. Comenzamos a ver que la separación es un error, portador de sufrimiento, dolor, tristeza, enfermedad y muerte, y en su lugar, sustituimos el miedo por el Amor, lo que nos llevará a ceder el lugar de primogénito a nuestro hermano. Ese acto, está exento de vanidad, tan sólo lo mueve el impulso de dar.

¿Qué valor tiene, desde el punto de vista de la Unidad, ser el primero?

La competitividad pertenece al mundo del ego. En el Reino de los Cielo, ese concepto no tiene valor alguno.

La sociedad, el acto de ceder la primacía al otro se interpreta como un acto de debilidad, de falta de carácter y de personalidad. Nada más lejos de la verdadera realidad.

Ejemplo-Guía: "Ser el primero en el mundo, no es igual, que ser el primero en la eternidad"



Así nos lo presenta el Curso:

"El primero en el tiempo no significa nada, pero el Primero en la eternidad es Dios el Padre, Quien es a la vez Primero y Uno. Más allá del Primero no hay ningún otro, pues no hay ninguna secuencia, ni segundo ni tercero, ni nada excepto el Primero." 
¿Por qué necesitamos ser el primero? ¿Por qué tenemos ese deseo de ser especial?

Podemos leer en el Capítulo 24 del Curso, en el apartado I, que el deseo de ser especial es el sustituto del amor.

1. El amor es extensión. 2Negarte a dar un regalo -por insignifi­cante que sea- es no conocer el propósito del amor. 3El amor lo da todo eternamente. 4Si retienes una sola creencia, una sola ofrenda, el amor desaparece, pues has pedido que un sustituto ocupe su lugar. 5Y ahora la pugna -el substituto de la paz- no puede sino acompañar a la única alternativa que puedes elegir en lugar del amor. 6El que la hayas elegido es lo que le confiere toda la realidad que parece tener.

2. Las creencias nunca se atacarán unas a otras abiertamente, ya que es imposible que se puedan producir desenlaces conflictivos. 2Mas una creencia que no se haya reconocido es una decisión de batallar en secreto, en la que los resultados del conflicto se mantie­nen ocultos y nunca se llevan ante la razón para ver si son sensa­tos o no. 3Y son muchos los resultados insensatos que se han obtenido y muchas las decisiones absurdas que se han tomado que ahora se han convertido en creencias a las que se les ha otor­gado el poder de determinar las decisiones subsiguientes. 4No subestimes el poder que tienen estos guerreros ocultos para des­truir tu paz. 5Pues ésta se encuentra a su merced mientras tu deci­sión de dejarla en sus manos siga en pie. 6Los enemigos secretos de la paz -tu más mínima decisión de elegir el ataque en vez del amor- se encuentran ahí por tu propia elección, sin ser reconoci­dos y prestos a desafiarte a combatir y a llevarte a una violencia mucho más grande de lo que te imaginas. 7No niegues su presen­cia ni sus terribles resultados. 8Lo único que se puede negar es su realidad, no sus consecuencias.

3. La única creencia que se mantiene celosamente oculta y que se defiende aunque no se reconoce, es la fe en ser especial. 2Esto se manifiesta de muchas formas, pero siempre choca con la realidad de la creación de Dios y con la grandeza con la que Él dotó a Su Hijo. 3¿Qué otra cosa podría justificar el ataque? 4¿Quién podría odiar a alguien cuyo Ser es el suyo propio y a Quien conoce? 5Sólo los que se creen especiales pueden tener enemigos, pues creen ser diferentes y no iguales. 6Y cualquier clase de diferencia impone diferentes órdenes de realidad y una ineludible necesi­dad de juzgar.

4. Lo que Dios creó no puede ser atacado, pues no hay nada en el universo que sea diferente de ello. 2Lo que es diferente, sin embargo, exige juicios, y éstos tienen que proceder de alguien que es "mejor", alguien incapaz de ser como aquel a quien con­dena, alguien "superior" a él, y en comparación, inocente. 3Y así, el deseo de ser especial se convierte simultáneamente en un medio y en un fin. 4Pues ser especial no sólo separa, sino que también sirve como base desde la que el ataque contra los que parecen ser "inferiores", es "natural" y "justo". 5Los que se creen especiales se sienten débiles y frágiles debido a las diferencias, pues lo que los hace especiales es su enemigo. 6Sin embargo, ellos lo protegen y lo llaman "amigo". 7Luchan por él contra todo el universo, pues no hay nada en el mundo que sea más valioso para ellos.

5. El deseo de ser especial es el gran dictador de las decisiones erróneas. 2He aquí la gran ilusión de lo que tú eres y de lo que tu hermano es. 3Y he aquí también lo que hace que se ame al cuerpo y se le considere algo que vale la pena conservar. 4Ser especial es una postura que requiere defensa. 5Las ilusiones la pueden atacar y es indudable que lo hacen. 6Pues aquello en lo que tu hermano se tiene que convertir para que tú puedas seguir siendo especial es una ilusión. 7Hay que atacar a aquel que es "peor" que tú, de forma que tu especialismo pueda perpetuarse a costa de su derrota. 8Pues ser especial supone un triunfo, y esa victoria consti­tuye la derrota y humillación de tu hermano. 9¿Cómo puede vivir tu hermano con el fardo de todos tus pecados sobre él? 10¿Y quién, sino tú, es su conquistador?

6. ¿Podrías odiar a tu hermano si fueses igual que él? 2¿Podrías atacarlo si te dieses cuenta de que caminas con él hacia una misma meta? 3¿No harías todo lo posible por ayudarlo a alcan­zarla si percibieses que su triunfo es el tuyo propio? 4Tu deseo de ser especial te convierte en su enemigo; pero en un propósito compartido, eres su amigo. 5Ser especial jamás se puede compar­tir, pues depende de metas que sólo tú puedes alcanzar. 6Y él jamás debe alcanzarlas, pues de otro modo tu meta se vería en peligro. 7¿Qué significado puede tener el amor allí donde el obje­tivo es triunfar? 8¿Y qué decisión puede tomarse en favor de ese objetivo que no acabe perjudicándote?

7. Tu hermano es tu amigo porque su Padre lo creó semejante a ti. 2No hay diferencia alguna entre vosotros. 3Se te ha dado tu hermano para que el amor se pueda extender, no para que se lo niegues. 4Lo que no das, lo pierdes. 5Dios se dio a Sí Mismo a vosotros dos, y recordar esto es el único propósito que compartís ahora. 6Por lo tanto, es el único propósito que tenéis. 7¿Podríais atacaros el uno al otro si decidieseis no permitir que el deseo de ser especial se interpusiese entre vosotros? 8Observa imparcial­mente qué es lo que hace que no aceptes a tu hermano del todo, o qué es lo que te lleva a pensar que quizá os convendría más estar separados. 9¿No es siempre acaso tu creencia de que tu sensación de ser especial se ve menoscabada por vuestra relación? 10¿Y no es éste el "enemigo" que hace que cada uno de vosotros sea una ilusión para el otro?

8. Tu temor a Dios y a tu hermano procede de cada creencia de ser especial que aún no has reconocido. 2Pues exiges que tu hermano se postre ante ella en contra de su voluntad. 3Y Dios Mismo tiene que honrarla o pagar las consecuencias. 4Todo vestigio de malicia, toda punzada de odio y todo deseo de perpetuar la separación nace ahí. 5Pues en este punto el propósito que compartes con tu hermano queda velado de vuestras conciencias. 6Te resistes a aceptar este curso porque te enseña que tú y tu hermano sois igua­les. 7No tenéis ningún propósito que no sea el mismo, ni ninguno que vuestro Padre no comparta con vosotros. 8Pues se ha elimi­nado de vuestra relación todo objetivo de ser especial. 9¿Destrui­rías ahora el objetivo de santidad que el Cielo le confirió a esta relación? 10¿Qué perspectiva puede tener el que se cree especial que no cambie con cada aparente golpe, con cada afrenta, o con cada juicio que se imagina ha sido emitido contra él?

9. Los que se creen especiales se ven obligados a defender las ilusiones contra la verdad, 2pues ¿qué otra cosa es el deseo de ser especial sino un ataque contra la Voluntad de Dios? 3No amas a tu hermano mientras sea eso lo que defiendes en contra suya. 4Esto es lo que él ataca y lo que tú proteges. 5He aquí el motivo de la batalla que libras contra él. 6Aquí él no puede sino ser tu ene­migo, no tu amigo. 7Jamás podrá haber paz entre los que son diferentes. 8Mas él es tu amigo precisamente porque sois lo mismo.

Aplicar esta enseñanza en nuestras vidas, nos lleva a visionar una nueva sociedad, donde la competitividad deje paso a otro tipo de valores, en los que prime los dones y talentos de cada uno, de forma natural. De esta manera, sí podremos compartir lo que somos.
No se trata de atacar los sistemas sociales actuales. Se trata de dirigir nuestra atención a la verdadera causa que nos ha llevado a diseñar un mundo a nuestra medida, me estoy refiriendo a nuestra mente. Es en nuestros pensamientos donde debemos realizar el cambio que queremos ver reflejado en el mundo. Cuando el amor primer por encima de nuestro deseo de ser especiales, dejaremos de ver la separación, dejaremos de percibir la rivalidad, dejaremos de atacar y dejaremos de tener miedo a dar

martes, 22 de noviembre de 2016

UCDM. Libro de Ejercicios. Lección 327

LECCIÓN 327

No necesito más que llamar y Tú me contestarás.



1. No se me pide que acepte la salvación sobre la base de una fe ciega. 2Pues Dios ha prometido que oirá mi llamada y que Él Mismo me contestará. 3Déjame aprender mediante mi experien­cia que esto es verdad, y es indudable que llegaré a tener fe en Él. 4Esa es la fe que no se quebranta y que me llevará cada vez más lejos por la senda que conduce hasta Él. 5Pues así estaré seguro de que Él no me ha abandonado, de que aún me ama y de que sólo espera a que yo lo llame para proporcionarme toda la ayuda que necesite para poder llegar a Él.

2. Padre, te doy las gracias porque sólo con que ponga a prueba Tus promesas jamás tendré la experiencia de que no se cumplen. 2Permíta­seme, por lo tanto, ponerlas a prueba en vez de juzgarlas. 3Tú eres Tu Palabra. 4Tú provees los medios a través de los cuales arriba la convicción, haciendo así que por fin estemos seguros de Tu eterno Amor.


¿Qué me enseña esta lección? 


La duda procede del miedo y el miedo, tiene su origen en la falta de Amor.

El Hijo de Dios, ha olvidado su procedencia, aunque añora los recuerdos de Paz y Felicidad que se convierten en su meta más preciada. 

El hecho de prestar atención al mundo tridimensional donde las formas adoptan una identidad propia, le ha llevado a creer que aquello que percibe a través de los sentidos físicos es totalmente real, es más, cree que es la única realidad posible, lo que le ha llevado a olvidar el origen de su poder creador.

Ha fabricado un mundo al que tiene miedo, pues le hace sentir temeroso de que su Creador, no apruebe su creación, al no haber actuado según la Voluntad del Padre, la cual, siempre nos inspira actuar de acuerdo al Amor, pues es la única Fuerza que nos permitirá crear bajos las leyes de la Eternidad.

Alejado de su Hogar, el Hijo de Dios, fabrica su propio hogar. De sus acciones, recibe la falsa creencia de que es un pecador; se siente el violador de las Leyes Cósmicas. Pero, lo único que ha hecho es obrar en consecuencia a los atributos y poderes con los que ha sido bendecido, utilizándolos inadecuadamente.

Su consciencia se encuentra dormida, temporalmente, identificada con una realidad ilusoria y transitoria. En ese estado de somnolencia, el Hijo de Dios, duda de todo aquello que no forma parte de su percepción sensorial. Lo que no ve, es negado.

Pero llega un día, en el que sentimos que el camino que hemos elegido no nos conduce a la “tierra prometida”. Entonces comprendemos, que el mundo al que le hemos prestado nuestra atención, jamás nos ofrecerá la posibilidad de alcanzar el Estado de Felicidad, de Paz y de Unidad que estamos buscando. 

Es el momento de entregar en manos de nuestro Padre, los asuntos que nos privan de su Paz. Es el momento de elevar hasta Él, nuestra plegaria, y decirle: “Padre, en tus manos me encomiendo. Hágase tu Voluntad”.

Ya no le pediremos que perpetúe la ilusión que nos ofrece el mundo material. Lo único que le pediremos es que nos permita hacer consciente su Presencia en nuestras Vidas. Ello nos permitirá sentir su protección, la Fuerza de su Amor, la cual nos inspirará, en cada momento, cómo debemos actuar.

Ejemplo-Guía: "¿Has perdido la fe en Dios, por que no te ha concedido lo que le has pedido?

Es una experiencia bastante común. Nos hemos acercado a Dios con la esperanza de que arregle nuestros asuntos y hemos elevado nuestras plegarias con esa intención. Cuando la respuesta no ha sido acorde a lo que le hemos pedido, renegamos de Su Presencia y decidimos darle la espalda. Dejamos de creer en Él.

A estas altura de las enseñanzas que estamos estudiando, tenemos información que nos permite comprender, que "A Dios, lo que es de Dios y al César, lo que es del César".

Dios no percibe el mundo que nosotros hemos elegido percibir y hacer real. Luego difícilmente puede interferir a favor de nuestros asuntos mundanos. Pero sí podemos pedirle que nos ayude a percibir este mundo desde la verdad, desde la realidad. Esa es la petición que debe salir de nuestro corazón y debemos tener la total certeza, de que esa llamada sí será contestada.

Hemos aludido a la oración como una vía de comunicación con el Creador. Respecto a la oración, el Curso nos dice:
"La oración es una forma de pedir algo. Es el vehículo de los milagros. Mas la única oración que tiene sentido es la del perdón porque los que han sido perdonados lo tienen todo. Una vez que se ha aceptado el perdón, la oración, en su sentido usual, deja de tener sentido. La oración del perdón no es más que una petición para que puedas reconocer lo que ya posees. Cuando elegiste la percepción en vez del conocimiento, te colocaste en una posición en la que sólo percibiendo milagrosamente podías parecerte a tu Padre. Has perdido el conocimiento de que tú mismo eres un milagro de Dios. La creación es tu Fuente y es también la única función que verdaderamente tienes".
Cuando pedimos desde la visión del ego, ignoramos que lo que estamos pidiendo nos aleja de la verdad. El Curso nos anima a poner nuestras peticiones en manos de la Voz que habla por el Padre, el Espíritu Santo:
Cuando le pides al Espíritu Santo lo que te podría hacer daño Él no puede contestarte porque no hay nada que te pueda hacer daño, y por lo tanto, no estás pidiendo nada. Cualquier deseo que proceda del ego es un deseo de algo que no existe, y solici­tarlo no constituye una petición. Es simplemente una negación en forma de petición. El Espíritu Santo no le da importancia a la forma, ya que sólo es consciente de lo que tiene significado. El ego no puede pedirle nada al Espíritu Santo porque no existe comunicación entre ellos. Tú, en cambio, puedes pedirle todo porque las peticiones que le haces a Él son reales, al proceder de tu mente recta. ¿Negaría el Espíritu Santo la Voluntad de Dios? ¿Y podría dejar de reconocerla en Su Hijo?
Os transcribo el apartado II del Capítulo 9, que nos habla de "La Respuesta a la oración"
1. Todo aquel que haya tratado alguna vez de usar la oración para pedir algo ha experimentado lo que aparentemente es un fracaso. 2Esto es cierto no sólo en relación con cosas específicas que pudieran ser perjudiciales, sino también en relación con peticiones que están completamente de acuerdo con lo que este curso postula. 3Esto último, en particular, puede interpretarse incorrectamente como una prueba de que el curso no es sincero en lo que afirma. 4Tienes que recordar, no obstante, que el curso afirma, y repetidamente, que su propósito es ayudarte a escapar del miedo.
2. Supongamos, pues, que lo que le pides al Espíritu Santo es lo que realmente deseas, pero aún tienes miedo de ello. 2Si ese fuese el caso, obtenerlo ya no sería lo que deseas. 3Por eso es por lo que algunas formas específicas de curación no se logran, aun cuando se haya logrado el estado de curación. 4Un individuo puede pedir ser curado físicamente porque tiene miedo del daño corporal. 5Al mismo tiempo, si fuese curado físicamente, la amenaza que ello representaría para su sistema de pensamiento podría causarle mucho más miedo que la manifestación física de su aflicción. 6En ese caso no estaría pidiendo realmente que se le liberase del miedo, sino de un síntoma que él mismo eligió. 7Por lo tanto, no estaría pidiendo realmente ser curado.
3. La Biblia subraya que toda oración recibirá respuesta, y esto es absolutamente cierto. 2El hecho mismo de que se le haya pedido algo al Espíritu Santo garantiza una respuesta. 3Es igualmente cierto, no obstante, que ninguna de las respuestas que Él dé incrementará el miedo. 4Es posible que Su respuesta no sea oída. 5Es imposible, sin embargo, que se pierda. 6Hay muchas respues­tas que ya has recibido pero que todavía no has oído. 7Yo te ase­guro que te están esperando.
4. Si quieres tener la certeza de que tus oraciones son contestadas, nunca dudes de un Hijo de Dios. 2No pongas en duda su palabra ni lo confundas, pues la fe que tienes en él es la fe que tienes en ti mismo. 3Si quieres conocer a Dios y Su Respuesta, cree en mí cuya fe en ti es inquebrantable. 4¿Cómo ibas a poder pedirle algo al Espíritu Santo sinceramente, y al mismo tiempo dudar de tu her­mano? 5Cree en la veracidad de sus palabras por razón de la ver­dad que mora en él. 6Te unirás a la verdad en él, y sus palabras serán verdaderas. 7Al oírlo a él me oirás a mí. 8Escuchar la verdad es la única manera de poder oírla ahora y de finalmente conocerla.
5. El mensaje que tu hermano te comunica depende de ti. 2¿Qué te está diciendo? 3¿Qué desearías que te dijese? 4Lo que hayas decidido acerca de tu hermano determina el mensaje qué recibes. 5Recuerda que el Espíritu Santo mora en él, y Su Voz te habla a través de él. 6¿Qué podría decirte un hermano tan santo, excepto la verdad? 7Mas ¿le escuchas? 8Es posible que tu hermano no sepa quién es, pero en su mente hay una luz que sí lo sabe. 9El resplandor de esta luz puede llegar hasta tu mente, infundiendo verdad a sus palabras y haciendo posible el que las puedas oír. 10Sus palabras son la respuesta que el Espíritu Santo te da a ti. 11¿Es la fe que tienes en tu hermano lo suficientemente grande como para permitirte oír dicha respuesta?
6. No puedes rezar sólo para ti, de la misma manera en que no puedes encontrar dicha sólo para ti. 2La oración es la re-afirma­ción de la inclusión, dirigida por el Espíritu Santo de acuerdo con las leyes de Dios. 3En tu hermano reside tu salvación. 4El Espíritu Santo se extiende desde tu mente a la suya, y te contesta. 5No puedes oír la Voz que habla por Dios sólo en ti, porque no estás solo. 6Y Su respuesta va dirigida únicamente a lo que eres. 7No podrás saber la confianza que tengo en ti a no ser que la extien­das. 8No tendrás confianza en la dirección que te ofrece el Espí­ritu Santo, o no creerás que es para ti, a menos que la oigas en otros. 9Tiene que ser para tu hermano por el hecho de que es para ti. 10¿Habría acaso creado Dios una Voz que fuese sólo para ti? 11¿Cómo podrías oír Su respuesta, excepto cuando el Espíritu Santo responde a todos los Hijos de Dios? 12Oye de tu hermano lo que quisieras que yo oyese de ti, pues tú no querrías que yo fuese engañado.
7. Al igual que Dios, yo te quiero por razón de la verdad que mora en ti. 2Tal vez tus engaños te engañen a ti, pero a mí no me pueden engañar. 3Puesto que sé lo que eres, no puedo dudar de ti. 4Oigo sólo al Espíritu Santo en ti, Quien me habla a través de ti. 5Si me quieres oír, oye a mis hermanos en quienes la Voz que habla por Dios se expresa. 6La respuesta a todas tus oraciones reside en ellos. 7Recibirás la respuesta a medida que la oigas en todos tus hermanos. 8No escuches nada más, pues, de lo contra­rio, no estarás oyendo correctamente.
8. Cree en tus hermanos porque yo creo en ti, y aprenderás que está justificado que yo crea en ti. 2Cree en mí creyendo en ellos, en virtud de lo que Dios les dio. 3Te contestarán si aprendes a pedir­les solamente la verdad. 4No pidas bendiciones sin bendecirlos, pues sólo de esta manera puedes aprender cuán bendito eres. 5Al seguir este camino estarás buscando la verdad en ti. 6Esto no es ir más allá de ti mismo, sino hacia ti mismo. 7Oye únicamente la Respuesta de Dios en Sus Hijos, y se te habrá contestado.
9. No creer es estar en contra, o atacar. 2Creer es aceptar, y tam­bién ponerse de parte de aquello que aceptas. 3Creer no es ser crédulo, sino aceptar y apreciar. 4No puedes apreciar aquello en lo que no crees ni puedes sentirte agradecido por algo a lo que no le atribuyes valor. 5Por juzgar se tiene que pagar un precio porque juzgar es fijar un precio. 6Y el precio que fijes es el que pagarás.
10. Si pagar se equipara con obtener, fijarás el precio bajo, pero exigirás un alto rendimiento. 2Te habrás olvidado de que poner precio es evaluar, de tal modo que el rendimiento que recibes es directamente proporcional al valor atribuido. 3Por otra parte, si pagar se asocia con dar no se puede percibir como una pérdida, y la relación recíproca entre dar y recibir se reconoce. 4En este caso se fija un precio alto debido al valor del rendimiento. 5Por obtener hay que pagar un precio: se pierde de vista lo que tiene valor, haciendo inevitable el que no estimes lo que recibes. 6Al atribuirle poco valor, no lo apreciarás ni lo desearás.
11. Nunca te olvides, por consiguiente, de que eres tú el que deter­mina el valor de lo que recibes, y el que fija el precio de acuerdo con lo que das. 2Creer que es posible obtener mucho a cambio de poco es creer que puedes regatear con Dios. 3Las leyes de Dios son siempre justas y perfectamente consistentes. 4Al dar, recibes. 5Pero recibir es aceptar, no tratar de obtener algo. 6Es imposible no tener, pero es posible que no sepas que tienes. 7Estar dispuesto a dar es reconocer que tienes, y sólo estando dispuesto a dar puedes reconocer lo que tienes. 8Lo que das, por lo tanto, equivale al valor que le has adjudicado a lo que tienes, al ser la medida exacta del valor que le adjudicas. 9Y esto, a su vez, es la medida de cuánto lo deseas.
12. Así pues, sólo puedes pedirle algo al Espíritu Santo dándole algo, y sólo puedes darle algo allí donde lo reconoces. 2Si recono­ces al Espíritu Santo en todos, imagínate cuánto le estarás pidiendo y cuánto habrás de recibir. 3Él no te negará nada porque tú no le habrás negado nada a Él, y de este modo podrás compartirlo todo. 4Ésta es la manera, y la única manera, de disponer de Su respuesta porque Su respuesta es lo único que puedes pedir y lo único que puedes desear. 5Dile, pues, a todo el mundo: 

6Puesto que mi voluntad es conocerme a mí 
mismo, te veo a ti como el Hijo de Dios y como 
mi hermano.