sábado, 3 de septiembre de 2016

UCDM. Libro de Ejercicios. Lección 247

LECCIÓN 247

Sin el perdón aún estaría ciego.

1. El pecado es el símbolo del ataque. 2Si lo veo en alguna parte, sufriré. 3Pues el perdón es el único medio por el que puedo alcan­zar la visión de Cristo. 4Permítaseme aceptar que lo que Su visión me muestra es la simple verdad y sanaré completamente. 5Ven hermano, déjame contemplarte. 6Tu hermosura es el reflejo de la mía. 7Tu impecabilidad, la mía propia. 8Has sido perdonado, y yo junto contigo.

2. Así es como quiero ver a todo el mundo hoy. 2Mis hermanos son Tus Hijos. 3Tu Paternidad los creó y me los confió como parte de Ti, así como de mi propio Ser. 4Hoy Te honro a través de ellos, y así espero en este día poder reconocer mi Ser.

¿Qué me enseña esta lección?


Atacar es ir en contra de… Si el pecado es el símbolo del ataque, ello significa que la acción a la que hemos llamado “pecado” representa el acto de no llevar a cabo la Voluntad de nuestro Padre, es decir, es el acto de actuar de una manera aislada a Él. De ahí procede la creencia, que ha dado lugar al ego, de que estamos separados de nuestro Creador.

Pero esa creencia es imposible, salvo que creamos en ella. Si así lo hacemos, estaremos viviendo la ilusión de la muerte, del castigo, de la culpa, del dolor, de la tristeza y el sufrimiento.

Un hijo es fruto de la obra creadora del padre, y esta vinculación sería imposible y falsa, si no compartieran la misma Unidad.

La semilla se perpetúa a través del fruto, de tal modo que semilla y fruto forman una unidad integral.

La semilla de Dios, Somos Todos nosotros, los cuales formamos la Filiación Divina. El Rostro de Dios se encuentra reflejado en cada uno de sus Hijos y, Todos juntos, formamos una Unidad con Él.

Ejemplo-Guía: "La curación de la ceguera"

El título de esta Lección, me ha inspirado a reflexionar sobre el símbolo de la "ceguera".

La capacidad de ver el mundo que contemplamos con los ojos del cuerpo, nos lleva a identificarnos con un mundo irreal e ilusorio y sin embargo, se convierte en uno de los principales sentidos físicos que da origen a la creencia errónea de que somos un cuerpo.

Si aquello que vemos es lo irreal, ¿qué es lo real?

Podríamos decir, que lo real es aquello que no vemos. Pero no lo vemos, por la razón lógica de que no existe, sino porque en el sistema de creencia del ego, aquello que no percibimos con nuestros sentidos físicos, no existe.

Pero debemos completar esta reflexión. No podemos dejarla en ese nivel de análisis. Tenemos que añadir, que lo que no ven nuestros ojos físicos, no es porque no exista, sino porque hemos elegido, con nuestra mente, no verlo. ¿Por qué esa elección?

Tal vez nos cueste creer esa deducción. Tal vez nos estemos diciendo, que estamos deseosos de ver el mundo espiritual, pero nuestros ojos físicos no nos lo muestra. Y es cierto, que eso ocurre. La razón de que ello sea así, está implícita en el contenido del argumento dado, es decir, no lo vemos pues nuestros ojos físicos no nos permite ver aquello que hemos negado con nuestra mente. Si no creemos en la Unidad del Espíritu; si tenemos miedo a Dios y al Amor, los ojos de nuestra mente estarán cerrados para esa realidad.

La "ceguera" es un símil que viene a revelarnos sobre el estado de nuestra conciencia. Si estamos identificados con el mundo de la percepción, nuestros ojos tan sólo creerán en aquello que sean capaces de ver. Ese estado, es similar a la situación del ciego, pues nos hace incapaces de ver la realidad del mundo espiritual.

No debemos confundir, la verdadera Visión espiritual con la videncia espontánea de los planos más sutiles al denso, de donde los videntes extraen visiones que nos presentan como verdades trascendentes.

El Mundo de Dios, es un Campo de Luz que es captada por la mente, la cual, proyecta esa luz dando lugar a diferentes niveles. Este Curso nos enseña, que esos niveles son frutos de la interpretación de la mente, identificando solamente como real al Mundo Unitario de Dios.

Formando parte del sueño que estamos soñando, nuestra mente se irá liberando de las densas capas que le impiden visualizar el Mundo Divino, sin interferencia de niveles intermedios. Pero en ese proceso de liberación, muchos se quedan a medio camino, cuando vislumbran el reflejo del Mundo de Dios en estadios donde aún la Unidad adquiere rostros separados. La pista que ha de servirnos para saber reconocer que ese estado no es el Mundo de Dios, nos la aporta el hecho de que el miedo sigue formando parte de las emociones que se perciben cuando entramos en contacto con dichos niveles de conciencia. Un ejemplo de lo que queremos decir, lo podemos experimentar en la manifestación terrenal del sueño. Cuando dormimos, es el plano astral donde se desarrolla nuestra conciencia. Ese nivel de conciencia está influenciado por nuestros miedos y aunque nos muestra un mundo más sutil, no es el Mundo Verdadero donde tenemos nuestro Hogar.

Cuanto más identificado nos encontremos con el mundo de las formas, con el sistema de pensamiento del ego, nuestro nivel de ceguera será mayor. La liberación de ese estado que nos impide ver la realidad se convierte en una invitación a realizar la función que Dios nos tiene encomendado: Perdonar.

El perdón es el antídoto contra el miedo y se convierte en el camino de la Salvación y de la Paz.

viernes, 2 de septiembre de 2016

UCDM. Libro de Ejercicios. Lección 246

LECCIÓN 246

Amar a mi Padre es amar a Su Hijo.

1. Que no piense que puedo encontrar el camino a Dios si abrigo odio en mi corazón. 2Que no piense que puedo conocer a mi Padre o a mi ser, si trato de hacerle daño al Hijo de Dios. 3Que no deje de reconocerme a mí mismo, y siga creyendo que mi conciencia puede abarcar lo que mi Padre es o que mi mente puede concebir todo el amor que Él me profesa y el que yo le profeso a Él.

2. Aceptaré seguir el camino que Tú elijas para que yo venga a Ti, Padre mío. 2Y no podré por menos que triunfar porque así lo dispone Tu Volun­tad. 3Y reconoceré que lo que Tu Voluntad dispone, y sólo eso, es lo que la mía dispone también. 4Por lo tanto, elijo amar a Tu Hijo. 5Amén.

¿Qué me enseña esta lección?


No podemos amar a nuestro Padre, si no nos amamos a nosotros mismos. Esto es así, pues, el Hijo es una extensión del Padre; es una parte de Si Mismo; el Hijo ha sido creado a su Imagen y Semejanza.

De igual forma, no podemos amar a nuestros hermanos, si ese amor no se encuentra en nuestro interior. Cuando nos amamos, estamos tomando consciencia de la Unidad que gobierna sobre todo lo creado. No podemos amar una parte de nosotros y odiar otra. Eso no es posible, pues la dualidad no forma parte del Amor Unificador.

Podemos, y de hecho así lo hacemos, amar nuestra naturaleza más elevada y noble, y sin embargo, odiar aquellos aspectos de nuestro yo, de los que no nos sentimos orgullosos. En estos casos, experimentaremos circunstancias en las que nos veremos atraídos por aquellas personas que nos inspiran elevados valores, mientras que sentiremos aversión, por aquellas otras, que representan los bajos instintos.

Amar a Dios, significa Amar a nuestros hermanos y amarnos a nosotros mismos: Amar la Totalidad.

El sentimiento de sentirnos especiales, es una prueba que nos ofrece la oportunidad de valorar el verdadero sentido de la Unidad.

Ejemplo-Guía: "Reflexionando sobre el Amor"

Muchos, decimos amar a Dios, sin embargo, odiamos a aquellos que nos dañan. La Lección de hoy nos enseña, que no podemos amar a Dios, si no amamos, igualmente, a Su Hijo.

Sí, desde la perspectiva de la percepción, desde la visión de la separación y de la dualidad, es posible amar un elevado ideal y al mismo tiempo odiar aquello que aborrecemos. Pero, esta visión es errónea, pues el verdadero Amor está basado en la certeza de que formamos parte de una misma Filiación y que esa vinculación se encuentra plenamente unida a nuestra Fuente, a la Mente de nuestro Creador.

Es imposible amar a Dios y no amar a Su creación, pues ambos forman un unidad.

En nuestro maniobrar humano, observamos que muchos padres tienen preferencias por uno de sus hijos en detrimento de otros. La escala de niveles, frutos de un sistema de pensamiento basado en el juicio, en la división y en la diferenciación, nos lleva a seleccionar nuestro amor, sometiéndolo a un sistema de medida.

Amo lo que considero bueno y beneficioso y rechazo lo que considero malo o perjudicial. La razón de que este sistema de pensamiento se exprese de esta manera, la encontramos en la creencia de que existe un "afuera" que nos produce un profundo miedo y tratamos de identificarlo para protegernos de él. Esa proyección fabricada por nuestra mente nos lleva a identificarnos como cuerpos separados, siendo la imagen del otro la que nos amenaza. De igual modo, las circunstancias que experimentamos, son valoradas como agresoras a nuestros intereses, a nuestros deseos, lo que nos convierte en víctimas de un fatal destino, cuando en verdad, ese "destino" no es más que la proyección de nuestro mundo interno.

"Aceptaré seguir el camino que Tú elijas para que yo venga a TiPadre mío". Esta expresión, define de manera hermosa la ruta que nos lleva directamente a la Plenitud del Alma, pues nos conduce, de manera inequívoca, hasta las puertas del Cielo. No importa el camino, pues todos los caminos, sin filtros de juicios, nos conducen hacia la Salvación.

Si, desde nuestro corazón, somos capaces de expresar la frase anterior, sin duda, estaremos en condición de gozar de la Paz de Dios, pues el Amor recorrerá cada una de las células de nuestro Ser.

jueves, 1 de septiembre de 2016

UCDM. Libro de Ejercicios. Lección 245

LECCIÓN 245

Tu paz está conmigo, Padre. Estoy a salvo.

1. Tu paz me rodea, Padre. 2Dondequiera que voy, Tu paz me acompaña 3y derrama su luz sobre todo aquel con quien me encuentro. 4Se la llevo al que se encuentra desolado, al que se siente solo y al que tiene miedo. 5Se la ofrezco a los que sufren, a los que se lamentan de una pérdida, así como a los que creen ser infelices y haber perdido toda esperanza. 6Envía­melos, Padre. 7Permíteme ser el portador de Tu paz. 8Pues quiero salvar a Tu Hijo, tal como dispone Tu Voluntad, para poder llegar a reconocer mi Ser.

2. Y así caminamos en paz, 2transmitiendo al mundo entero el mensaje que hemos recibido. 3Y de esta manera oímos por fin la Voz que habla por Dios, la cual nos habla según nosotros predi­camos la Palabra de Dios, Cuyo Amor reconocemos, puesto que compartimos con todos la Palabra que Él nos dio.

¿Qué me enseña esta lección?


Para poder oír la Voz de Dios, sentir Su Paz, hemos de acallar el murmullo del ego, hemos de aquietar nuestra mente.

Mientras que nuestra mente sintonice la emisora que lo mantiene conectado al mundo material, estaremos sirviendo a la ilusión. En este mundo nos percibimos separados de la Fuente que nos ha Creado. Nuestra libertad está condicionada por el peso del pecado, de la culpa, y nos fabricamos un mundo en el que el castigo, el sufrimiento, el dolor, el sacrificio, se convierten  en los suplementos imprescindibles para alcanzar nuestra purificación, nuestra salvación.

Para lograr vibrar a tono con la Paz de Dios, debemos despertar a nuestra divinidad, debemos  hacer consciente nuestro verdadero Ser. Para caminar en Paz, debemos Ser Paz y, no hay otro camino que el de la Unidad, el del Amor Incondicional.

Ejemplo-Guía: "¿cómo puedo ayudar a los demás a encontrar la paz?


Antes de responder a esta cuestión, considero primordial hacernos la siguiente pregunta: ¿Es posible la paz en este mundo?

Parece contradictorio plantear dicha reflexión, cuando estamos deseosos de poder ayudar a los demás a encontrar la paz. Sin embargo, la realidad que percibimos parece convencernos de que dicha paz no es posible lograrla en este mundo.

En el Manual del Maestro, podemos encontrar un punto dedicado, exclusivamente, a dar respuesta a la cuestión que hemos planteado:

11. ¿Es posible la paz en este mundo?

1. Ésta es una pregunta que todo el mundo debe hacerse. 2Es ver­dad que la paz no parece ser posible aquí. 3Sin embargo, la Pala­bra de Dios promete otras cosas que, al igual que ésta, parecen imposibles. 4Su Palabra ha prometido paz. 5Ha prometido tam­bién que la muerte no existe, que la resurrección tendrá lugar y que el renacimiento es la herencia del hombre. 6El mundo que ves no puede ser el mundo que Dios ama, y, sin embargo, Su Palabra nos asegura que Él ama al mundo. 7La Palabra de Dios ha prometido que aquí es posible la paz, y lo que Él promete no puede ser imposible. 8Mas es cierto que hay que contemplar el mundo de otra manera, si es que se han de aceptar Sus promesas. 9Lo que el mundo es, ya ha sido determinado. 10Tú no puedes elegir lo que debe ser. 11Pero sí puedes elegir cómo lo quieres ver. 12De hecho, eso tienes que elegirlo.
2. Volvemos nuevamente al tema de los juicios. 2Esta vez pregún­tate qué es más probable que sea verdad: tus juicios o la Palabra de Dios. 3Pues ambos afirman cosas diferentes acerca del mundo, y tan opuestas que no tiene objeto tratar de reconciliarlas. 4Dios ofrece salvación al mundo, tus juicios quieren condenarlo. 5Dios afirma que la muerte no existe; tu juicio ve a la muerte como el final inevitable de la vida. 6La Palabra de Dios te asegura que Él ama al mundo; tus juicios afirman que el mundo no es digno de ser amado. 7¿Quién tiene razón? 8Pues uno de los dos tiene que estar equivocado. 9No puede ser de otra manera.
3. El texto explica que el Espíritu Santo es la Respuesta a todos los problemas a los que tú has dado lugar. 2Estos problemas no son reales, pero eso no significa nada para los que creen en ellos. 3Y todo el mundo cree en lo que ha hecho, pues lo hizo creyendo en ello. 4A esta extraña y paradójica situación que no tiene sen­tido ni significado, de la cual, no obstante, no parece que haya forma de escaparse, Dios ha enviado Su juicio para reemplazar al tuyo. 5Con gran ternura, Su juicio sustituye al tuyo. 6Y por me­dio de esa sustitución, lo incomprensible se vuelve comprensi­ble. 7¿Es posible la paz en este mundo? 8En tu juicio no lo es ni lo será nunca. 9Pero en el juicio de Dios, lo único que se refleja aquí es paz.

4. La paz es imposible para los que ven conflictos 2e inevitable para los que ofrecen paz. 3¡Cuán fácilmente, pues, te puedes escapar del juicio que tienes acerca del mundo! 4No es el mundo lo que hace que la paz parezca imposible. 5El mundo que ves es lo que es imposible. 6 No obstante, el juicio de Dios acerca de este mundo distorsionado lo ha redimido y preparado para que le dé la bienvenida a la paz. 7Y la paz desciende sobre él en jubilosa respuesta. 8Ahora la paz puede estar aquí, ya que ha entrado un Pensamiento de Dios. 9¿Qué otra cosa sino un Pensamiento de Dios podría trocar el infierno en Cielo sólo por ser lo que es? 10La tierra se postra ante su Presencia, que llena de gracia se inclina en respuesta, para elevarla de nuevo. 11Ahora la pregunta es diferen­te. 12Ya no es: "¿Es posible la paz en este mundo?", sino: "¿Cómo sería posible que no hubiese paz aquí?"

Ya habrás intuido, que nos resultará imposible ayudar a los demá a encontrar la paz, si esa paz no forma parte de nuestra mente. Lo recordamos una vez más, no podemos dar lo que no tenemos. Por otro lado, es dando como recibimos, es dando, como conservamos lo que damos. Nuestra verdadera esencia es paz, pero lo hemos olvidado, a raíz de poner nuestra mente al servicio del ego. Recuperar nuestra consciencia de que somos paz, pasa por recordar lo que somos, seres espirituales, el Hijo de Dios, impecable, inocente y puro.

La paz cuando forma parte de nuestra consciencia, se expande en cada uno de nuestros gestos. Esa paz, es contagiosa. Luego, no debemos de preguntarnos cómo podemos ayudar a los demás a encontrar la paz, sino que la cuestión es ser consciente de nuestra verdadera identidad. Lo demás vendrá por añadidura.

miércoles, 31 de agosto de 2016

UCDM. Libro de Ejercicios. Lección 244

LECCIÓN 244

No estoy en peligro en ningún lugar del mundo.

1. Tu Hijo está a salvo dondequiera que se encuentre porque Tú estás allí con él. 2Sólo con que invoque Tu Nombre recordará su seguridad y Tu Amor, pues éstos son uno. 3¿Cómo puede temer, dudar o no darse cuenta de que es imposible que pueda sufrir, estar en peligro o ser infeliz cuando él te pertenece a ti, es bienamado y amoroso, y está por siempre a salvo en Tu Paternal abrazo?

2. Y ahí es en verdad donde nos encontramos. 2No hay tormenta que pueda venir a azotar el santuario de nuestro hogar. 3En Dios estamos a salvo, 4pues, ¿qué podría suponer una amenaza para Dios, o venir a asustar a lo que por siempre ha de ser parte de Él?

¿Qué me enseña esta lección?


El miedo y el temor son fabricaciones del ego y su origen se encuentra en la falta de amor.


Cuando hago referencia al Amor, estoy invocando el Principio de la Unidad. El Ser que Somos es Uno con su Creador.

El Hijo de Dios se manifiesta en el mundo con conciencia dual. De este modo, es como fabrica el concepto del mal y el concepto del bien. El error al que ha dado lugar esa mente dual es la identificación con uno u otro de estos conceptos. Hasta tal punto ha sido esto así, que hemos identificado el mal con el pecado y el bien con la salvación.

Cuando nuestra mente se identifica con la Luz, nuestros pensamientos, sentimientos y acciones son portadoras de Amor. En cambio, cuando nuestra mente se identifica con las Tinieblas, nuestros pensamientos, sentimientos y acciones son portadoras de desorden, de caos y de dolor.

La verdad está por encima de la manifestación dual, pues su origen y su final, su Alfa y su Omega, se encuentra en la Unidad. En ese estadio, la dualidad se integra en el Uno.

Si el Amor es nuestra Fuente de Creación, ningún peligro podrá dañarme. 

Ejemplo-Guía: "Me han atacado, ¿debo poner la otra mejilla, debo defenderme?"

No puedo evitar evocar una sonrisa, cuando a mi mente llega el recuerdo de los consejos recibidos en mi infancia por mis padres. Uno de los consejos más usuales, era el que me incitaba a defenderme cuando alguien me atacase. Ese mensaje protector calaba en mi conciencia como un reto que debía conseguir, y en muchas ocasiones, estaba deseoso de ser atacado para ponerlo en práctica. Aquellos momentos felices de la infancia, se convertía, por momentos, en una selva donde lo importante era sobrevivir y donde imperaba la ley del más fuerte.

Mi experiencia particular, después de haber aplicado los consejos de mi infancia, es que la mejor defensa no es el ataque. Que todo ataque, alimenta la ira y que esa emoción es el efecto, el resultado, del miedo.

Nuestra conciencia actual, ya vislumbra que el mundo que la alimenta, el mundo de la percepción, no es la realidad, no es la verdad. Pero, mientras que permanezcamos en esa dimensión densa y al mismo tiempo ilusoria, le damos valor al las vivencias y a las experiencias, del mismo modo, que damos valor y significado a lo experimentado mientras soñamos.

Un Curso de Milagros nos enseña cómo debemos tratar el mundo de las ilusiones y nos alumbra en el manejo de las situaciones donde se despiertan las emociones del miedo y de la ira:

¿Cómo se superan las ilusiones? 2Ciertamente no mediante el uso de la fuerza o de la ira, ni oponiéndose a ellas en modo alguno. 3Se superan dejando simplemente que la razón te diga que las ilusiones contradicen la realidad. 4Las ilusiones se opo­nen a lo que no puede sino ser verdad. 5La oposición procede de ellas, no de la realidad. 6La realidad no se opone a nada. 7Lo que simplemente "es" no necesita defensa ni ofrece ninguna. 8Sólo las ilusiones necesitan defensa debido a su debilidad. 9Mas ¿cómo podría ser difícil recorrer el camino de la verdad cuando la debi­lidad es el único obstáculo? 10Tú eres el fuerte en este aparente conflicto 11y no necesitas ninguna defensa. 12Tampoco deseas nada que necesite defensa, pues cualquier cosa que necesite defensa te debilitará.

2. Examina para qué desea las defensas el ego, 2y verás que siempre es para justificar lo que va en contra de la verdad, lo que se esfuma en presencia de la razón y lo que no tiene sentido. 3¿Puede esto acaso estar justificado? 4¿Qué otra cosa podría ser, sino una invitación a la demencia para que te salve de la verdad? 5¿Y de qué se te salvaría, sino de lo que temes? 6La creencia en el pecado requiere constante defensa, y a un costo exorbitante. 7Es preciso combatir y sacrificar todo lo que el Espíritu Santo te ofrece. 8Pues el pecado está tallado en un bloque que fue arran­cado de tu paz y colocado entre el retorno de ésta y tú.

3. Sin embargo, ¿cómo iba a poder estar la paz tan fragmentada? 2La paz sigue aún intacta, pues no se le ha quitado nada. 3Date cuenta de que tanto los medios como aquello de lo que se compo­nen los sueños perversos no significa nada. 4En realidad tu her­mano y tú estáis unidos y no hay nada que se interponga entre vosotros. 5Puesto que Dios os lleva de la mano, ¿qué podría sepa­rar lo que Él ha unido Consigo Mismo como un solo Ser? 6Es de tu Padre de Quien te quieres defender. 7Sin embargo, sigue siendo imposible excluir el amor. 8Dios descansa contigo serena­mente, sin defensas y en total mansedumbre, pues sólo en esa quietud se encuentra la fuerza y el poder. 9Ahí la debilidad no tiene cabida porque ahí no hay ataque, y, por lo tanto, no hay ilusiones. 10El amor descansa en la certeza. 11Sólo la incertidum­bre se defiende. 12Y toda incertidumbre no es otra cosa que las dudas que tienes acerca de ti mismo. (C.22.V.1:12)

En verdad, cuando nos defendemos del ataque de los demás, lo que estamos haciendo es defendernos del ataque que nos estamos dirigiendo a nosotros mismos. No veríamos el ataque, si no creyésemos en él, si no nos lo aplicamos a nosotros mismos. Recodemos que damos lo que tenemos. Si damos ataque, es porque ese ataque forma parte de nuestra estructura mental. Atacar, aún cuando está justificado como defensa, está revelando que en nuestra mente anida y crece la creencia en la separación. Estamos viendo a nuestros hermanos como algo separado de nosotros mismos.

martes, 30 de agosto de 2016

UCDM. Libro de Ejercicios. Lección 243

LECCIÓN 243

Hoy no juzgaré nada de lo que ocurra.

1. Hoy seré honesto conmigo mismo. 2No pensaré que ya sé lo que no puede sino estar más allá de mi presente entendimiento. 3No pensaré que entiendo la totalidad basándome en unos cuan­tos fragmentos de mi percepción, que es lo único que puedo ver. 4Hoy reconozco esto. 5Y así quedo eximido de tener que emitir juicios que en realidad no puedo hacer. 6De esta manera, me libero a mí mismo y a todo lo que veo, de modo que pueda estar en paz tal como Dios nos creó.

2. Padre, hoy dejo que la creación sea lo que es. 2Honro todos sus aspec­tos, entre los que me cuento. 3Somos uno porque cada aspecto alberga Tu recuerdo, y la verdad sólo puede derramar su luz sobre todos nosotros cual uno solo.

¿Qué me enseña esta lección?


Me zambullí en el agua. El contacto con mi cuerpo, me hizo sentir sensaciones contradictorias. Un tramo del agua me hizo apreciar su frescor y mi piel reaccionó de una manera especial; identifiqué en mi mente esa sensación con el concepto de frío. Sin embargo, al bracear unos metros, ese mismo cuerpo, despertó a otra sensación bien distinta. La calidez del agua me llevó a sentir un intenso placer; identifiqué en mi mente esa nueva sensación con el concepto de calor.

Me pregunté en ese instante, cómo hubiese reaccionado mi mente al no conocer los conceptos frío y calor. Sin darme cuenta, tenía asociado el frío con el malestar, mientras que el calor lo asociaba al placer. Me dije, que si tuviese la mente pura como la de un niño recién nacido, qué juicio extraería de aquella experiencia. Cómo reaccionaría ese niño al contacto con el frescor o calidez del agua. ¿Se sentiría molesto con el frío? ¿Se sentiría feliz con el calor?

Tomé consciencia del valor que tiene el juicio. Juzgamos, cuando nos dejamos llevar por la percepción. Es la percepción la que nos lleva a interpretar lo que experimentamos. Lo hace basándose en su fuente cognitiva, la dualidad. Es entonces, cuando valoramos lo agradable como bueno y lo desagradable como malo. Sin embargo, la percepción es unilateral y muy particular. Lo que es bueno para unos o malo para otros, puede ser valorado de manera diferente. Hemos ido más lejos, y hemos establecido costumbres y hábitos, en nuestra cultura, basadas en la percepción. A veces son tan firmes, que estamos dispuestos a defenderlas pese a quien pese.

El sesgo del juicio, nos lleva a ser arbitrarios, pues en verdad carecemos de la visión integral de aquello que estamos juzgando. Es más, el juicio que hacemos sobre lo externo es la proyección de lo que vemos en nuestro interior. Juzgamos lo que vemos externamente ante la negatividad de verlo internamente. Esta dinámica nos lleva a condenar en la medida que nos condenamos a nosotros mismos.

El despertar de la consciencia de la Unidad nos libera del hábito del juicio. Esa consciencia nos llevará a implantar la verdad más allá de la percepción y dará lugar a la mente recta.

Ejemplo-Guía: "Juzgar o no juzgar"

37 No juzguéis, y no seréis juzgados; no condenéis, y no seréis condenados; perdonad, y seréis perdonados. (Lucas, 6:37)

1 No juzguéis para que no seáis juzgados. (Mateos, 7:1)

He rescatado estas dos citas del Nuevo Testamento, para introducir el tema que vamos a tratar con motivo de la Lección de hoy. Ambas citas, confirman uno de los mensajes que se repiten a lo largo de las enseñanzas de Un Curso de Milagros: dar es recibir. En la medida que hacemos uso del juicio, seremos juzgados, es decir, en la medida que sembramos, cosechamos.

Un Curso de Milagros, nos arroja mucha luz sobre el tema del juicio, y me gustaría extraer algunas referencias para ampliar nuestra visión sobre este interesante debate.

3Juzgar no es un atributo de Dios. (T.2.VIII.2:3)

Si aceptamos esta afirmación como verdadera, la cuestión que nos hemos planteado como ejemplo-guía, queda contestada de manera definitiva, pues si hemos sido creados a Imagen y Semejanza de Dios, no podemos ser diferentes a Él, lo que viene a significar, que juzgar no es un atributo que hayamos podido heredar.

Si Dios no juzga, el Hijo de Dios, tampoco. Entonces, ¿por qué juzgamos? Por la misma razón de que hemos olvidado lo que realmente somos y por haber elegido identificarnos con una imagen irreal de nosotros.

El juicio tiene su origen en el pensamiento que nos ha llevado a la percepción, a la separación. Como bien nos define el Texto, "la percepción, no puede tener lugar sin la creencia en "más" y en "menos". La percepción entraña selectivi­dad a todo nivel. Es un proceso continuo de aceptación y rechazo, de organización y reorganización, de substitución y cam­bio. Evaluar es un aspecto esencial de la percepción, ya que para poder seleccionar es necesario juzgar.
¿Qué le ocurre a la percepción en ausencia de juicios, o de nada que no sea perfecta igualdad? Percibir se vuelve imposible". 

Cuando la Biblia dice "No juzguéis y no seréis juzgados" lo que quiere decir es que si juzgamos la realidad de otros no podremos evitar juzgar la nuestra propia. 


La decisión de juzgar en vez de conocer es lo que nos hace perder la paz. Juzgar es el proceso en el que se basa la percep­ción, pero no el conocimiento. 

Los juicios siempre entrañan rechazo. Nunca ponen de relieve solamente los aspectos positivos de lo que juzgan, ya sea en nosotros o en otros. Lo que se ha percibido y se ha rechazado, o lo que se ha juzgado y se ha determinado que es imperfecto permanece en nuestra mente porque ha sido percibido. 

¿Has experimentado lo agotador que resulta estar permanentemente emitiendo juicios?

Un Curso de Milagros, nos dice a este respecto: "No tienes idea del tremendo alivio y de la profunda paz que resultan de estar con tus hermanos o contigo mismo sin emitir juicios de ninguna clase. Cuando reconozcas lo que eres y lo que tus hermanos son, te darás cuenta de que juzgarlos de cualquier forma que sea no tiene sentido. De hecho, pierdes el significado de lo que ellos son precisamente porque los juzgas. Toda incertidumbre procede de la creencia de que es imprescindible juzgar".

Tal vez te estés preguntando, cómo podemos sobrevivir en este mundo sin hacer juicios, sin valorar lo que es bueno o malo. La cuestión radica en que aún sabiendo que este mundo no es real, necesitamos saber lo que es falso o verdadero. 


En este sentido, hay que añadir un nuevo elemento al debate, me estoy refiriendo a la condenación. "La condenación es un juicio que emitimos acerca de nosotros mismo, y eso es lo que proyectamos sobre el mundo. Si lo vemos como algo condenado, lo único que veremos es lo que hemos hecho para herir al Hijo de Dios. Si contemplamos desastres y catástrofes, es que hemos tratado de crucificarlo. Si vemos santidad y esperanza, es que nos hemos unido a la Voluntad de Dios para liberarlo. Estas son las únicas alternativas que tenemos. Y lo que veamos dará testimonio de nuestra elección y nos permitirá reconocer cuál de ellas elegimos. El mundo que vemos tan sólo nos muestra cuánta dicha nos hemos permitido ver en nosotros y  aceptar como nuestra". 

Tal vez nos ayude saber, que los juicios, al igual que cualquier otra defensa, se pueden utilizar para atacar o para proteger, para herir o para sanar. Al ego se le debe llevar a juicio y allí declararlo inexistente. Sin nuestra lealtad, protección y amor, el ego no puede existir. 

He llegado a la conclusión, que mientras nos encontremos viviendo en el "sueño", el único juicio que debemos hacer, sin valor condenatorio, es negar la realidad del ego.


Un Curso de Milagros nos advierte, que "el primer paso hacia la libertad comprende separar lo falso de lo verdadero. Éste es un proceso de separación en el sentido cons­tructivo de la palabra, y refleja el verdadero significado del Apo­calipsis. Al final cada cual contemplará sus propias creaciones y elegirá conservar sólo lo bueno, tal como Dios Mismo contempló lo que había creado y vio que era bueno. A partir de ahí, la mente podrá comenzar a contemplar sus propias creaciones con amor por razón del mérito que tienen. Al mismo tiempo, la mente repudiará inevitablemente sus creaciones falsas que, en ausencia de la creencia que las originó, dejarán de existir. El único propó­sito del tiempo es "darte tiempo" para alcanzar ese juicio, el cual no es otra cosa que el juicio perfecto con respecto a tus propias creaciones perfectas. Cuando todo lo que retengas en la memo­ria sea digno de amor, no habrá ninguna razón para que sigas teniendo miedo. Ése es tu papel en la Expiación".

Ya sabemos cuál es nuestra función en este mundo, perdonar. El perdón es lo que sana la percepción de la separación. Es necesario que percibamos correctamente a nuestro hermano debido a que las mentes han elegido considerarse a sí mismas como entidades separadas.

lunes, 29 de agosto de 2016

Cuento para Virgo: "La Espiga Sagrada - Final"


Pasaron varios días más. Ya se encontraba muy cerca de completar las dos primeras semanas desde que se encontrara con el poderoso mago. 

No dejaba de preguntarse, ¿dónde se encontraría aquella espiga misteriosa? Cierto día, momentos antes de atardecer, la Reina caminaba sin apenas ilusión, cuando de pronto algo ocurriría que de nuevo le llamaría su atención.

Se trataba de unos lamentos que haciendo eco entre las rocas,  llegaban hasta el lugar donde ella se encontraba.

Llamada un poco por la curiosidad y otro tanto por una necesidad de su corazón, se dirigió hacia el lugar de donde provenía el lamento.

No tardó mucho en llegar, encontrando rápidamente la razón de lo que ocurría. Se trataba de un hermoso animal, un caballo de color Blanco, que hallándose perdido no supo hallar a tiempo el agua con la cual saciar la sed que le consumía.


La Reina se acercó lentamente hasta el animal, no quería asustarle. Cuando llegó junto a él, comprobó que se encontraba verdaderamente mal.

Comprendió que debía darle de beber o de lo contrario moriría.  Pero, ¿cómo lo haría? En su cantimplora apenas si ya quedaba agua. Pero, pensó que aquel pobre animal la necesitaba más que ella. Fue entonces cuando ocurrió algo sorprendente. Ella había comprobado que la cantimplora estaba casi vacía, sin embargo estaba dando de beber al caballo y no dejaba de emanar agua de su interior.

Se sintió muy contenta y emocionada. Comprendió que Dios había respondido a sus sinceros deseos de que aquel animal se salvase y por ello aquella cantimplora siempre estaba llena.

Gracias al amor que le había inspirado su corazón, ahora aquel hermoso animal se podría recuperar y con su ayuda tendría la oportunidad de ganar tiempo en su empresa.

Durante varios días, la Reina Ayna se sintió feliz. Aquella última experiencia, le había permitido descubrir que su corazón aún no estaba muerto. Qué era capaz de sentir bondad y compasión por los demás. Se sentía feliz porque ahora no se encontraba tan vacía ni tan sola. Aquel estupendo animal se habla convertido en su fiel acompañante, y en gratitud a la Reina trotaba sin descanso deseoso de llevar a su nuevo dueño hasta su destino.

Pero el tiempo fue transcurriendo y ya en los últimos días de aquella tercera semana, de nuevo la pena y la tristeza hicieron aparición en el rostro de la Reina. Cada vez dudaba más sobre el éxito de la empresa y desfallecían sus ánimos. Trataba de recordar su conversación con el poderoso mago. Debía de buscar algún indicio que le ayudara a encontrar la Espiga Sagrada. Pero, ¿qué sería?

Cuando estaba anocheciendo y a una distancia no muy lejana, le pareció ver un continuo resplandor.
Una vez más, guiada por la curiosidad se acercó hasta aquel lugar, que cada vez se iluminaba con más intensidad.

Comprendió que aquella luz tan sólo podía proceder de un fuego y dedujo rápidamente que algo estaba a punto de arder, por lo que no muy lejos de allí, tal vez hubiese alguien que quizás pudiera facilitarle alguna información sobre la Sagrada Espiga.

Hallándose tan cerca, hasta el punto de poder comprobar de qué se trataba, no pudo evitar quedar  aterrorizada por lo que acababa de presenciar.

Un niño, totalmente desnudo, estaba a punto de ser abrazado por el fuego. ¿Quién podía desear tal crimen para un niño? – pensó la Reina-. 

Pero no tardó en encontrar respuesta para aquella pregunta. Una voz ronca y amenazadora gritaba a aquella indefensa criatura.
  • Vas a morir, mala víbora, y ya nunca más volverás a robar.  A la gente como tú hay que exterminarlas, Sois una plaga que infectáis la vida de los demás y no permitiré que os salgáis con la vuestra. 
El joven muchacho, de cuerpo demacrado y pálido, apenas si podía respirar. Resultaba difícil pensar que aquella criatura fuese el culpable del delito que se le imputaba.

La Reina Ayna, que todo lo estaba presenciado, no pudo contener por más tiempo su rabia. No podía permitir que aquel niño muriese  quemado en una hoguera, sin al menos tener la oportunidad de ser juzgado.

Fue justamente cuando se disponía  a arrojar al muchacho al fuego, que la Reina intercedió por él.
  • Esperad, esperad en nombre de Dios. No lo arrojéis. Este joven no es culpable, y por lo tanto no podéis quitarle la vida. Sería un asesinato. 
Aquel atrevimiento paralizó y confundió por unos momentos a aquel gigantesco y cruel hombre, pero gracias a esta oportuna intervención demoró al menos por unos instantes, aquella trágica sentencia. 
  • ¿Quién sois? Decidme, ¿de dónde venís y cómo os atrevéis a interponeros en el camino de la justicia? - le preguntó muy enfadado el insensible ejecutor-.
  • Soy Ayna, Reina de una lejana región. Mi trono es extranjero y mi atrevimiento responde a una causa justa. ¿Con qué autoridad juzgáis a este joven? ¿ Es que esta tierra está abandonada de la mano del Creador?
  • Yo no necesito ningún juez para aplicar justicia. Este  miserable - señaló al muchacho-, me ha robado y debe pagar su culpa.
La Reina dirigiéndose a la pobre víctima quiso saber su opinión. 
  • ¿Es verdad que has robado a este señor? - le preguntó al asustado joven-.
El infeliz muchacho apenas si podía hablar, pero haciendo un esfuerzo, le contestó: 
  • Sí, es verdad. Le he robado. Pero, ¿qué otra cosa puedo  hacer para poder comer? Mis padres han muerto y estoy sólo. No tengo dinero, ni tierras. Todo me lo han robado y para poder vivir debo alimentarme - le argumentó el muchacho muy avergonzado-. 
La Reina sintió una profunda compasión por él. Le recordó durante unos segundos a las familias, que en su mismo reino pasaban  hambre y quizás se vieran obligados a robar para poder vivir. 
  • Este niño no es culpable del mal que se le acusa.
Encarándose con valor a aquel hombretón, la Reina siguió defendiendo al muchacho.
  • Cuando no se tiene nada ni nadie, robar para alimentarse no es atentar contra ninguna ley. ¿Qué hubieseis hecho si os hubiera pedido comida y un techo donde recibir calor, acaso le hubierais sentado en vuestra mesa y arropado en vuestro lecho?
  • Bueno, Yo… -balbuceaba aquel confundido señor-. La verdad es que no. Pero eso tampoco le da derecho a robarme. Él es un ladrón.
  • Es cierto, no le da ningún derecho. Pero vos en cambio si os encontráis con el derecho para quitarle la vida.
  • Está bien, está bien -respondió malhumorado-. Me estáis volviendo loco con tanta palabrería. ¿Qué queréis que haga con este bribón? No tengo tanta paciencia y la noche es ya avanzada.
  • Casi le debéis la vida -respondió la Reina-, pero como no habéis consumado el acto, tal vez la cuenta quede saldada si le ofrecéis al muchacho trabajo en vuestras tierras a cambio de comida y de un buen camastro.
En el fondo, aquella ira que a punto estuvo de acabar con la vida de aquel joven se fue apagando, como el fuego, que había quedado en espera de consumir el cuerpo inocente del muchacho. 
  • De acuerdo -vociferó fuertemente-, de acuerdo, me habéis convencido. Pero sabed una cosa, si alguna vez me encuentro con vos, tomaré otro sendero. Vamos muchacho y ya puedes dar gracias a Dios que ha puesto a esta gran mujer en tu camino. 
El joven se dirigió hasta la Reina y como no sabía como agradecerle lo que había hecho por él, la besó en  la mejilla. Y aquel beso la estremeció profundamente.

Tan sólo dos días faltaban, nada más, para que la conjunción de planetas se encontrase en la Morada de Sameck. Pero aquel hecho parecía no preocupar ya a la Reina Ayna. Una extraña fe la acompañaba y guiaba sus pasos.

Era incansable. Cabalgaba horas tras horas, con la sola preocupación de saber reconocer la Espiga Sagrada cuando la encontrase. 

En aquel último día cabalgó apenas si parar. Tan sólo lo hacia para refrescar de rato en rato a su fiel amigo, el caballo, el cual se lo  agradecía con expresivos relinchos.

En uno de aquellos descansos, la Reina pudo saber que se encontraba muy cerca de un pequeño pueblo e ilusionada con la idea de poder interrogar a alguien sobre el paradero de la Espiga,  montó de nuevo y se dirigió hasta aquel lugar. 

No hubo recorrido, apenas unos metros cuando detrás de un pequeño montículo, apareció dibujado en el horizonte el perfil de un humilde pueblo.
La alegría se apoderó de la Reina y acariciando a su caballo se dirigió al trote hasta la entrada. Una vez que se encontraba cerca, su instinto le avisó de que allí estaba ocurriendo algo extraño. 

De repente, alguien llamó su atención. 
  • Debéis alejaros de aquí cuanto antes. No continuéis vuestro camino, este pueblo está maldito. Moriréis como los demás si seguís hacia delante.
Girando sobre su caballo quiso descubrir quién era el que le hablaba, pero se dio cuenta de que lo habían hecho desde detrás de una puerta. 

¿Por qué no querría que continuase su camino? - pensó la Reina Ayna -. ¿Por qué este pueblo está maldito? Debía saberlo y, guiada por ese sólo deseo, se dirigió hasta la entrada de aquella casa  desde donde procedía aquella voz. 

Llamó una y otra vez, pero nadie le contestaba. La Reina era muy curiosa y no podía abandonar aquel pueblo sin saber lo que allí estaba ocurriendo. 

Decidida a encontrar las respuestas que tanto la inquietaban, se apoderó de un trozo de madera y con él quiso abrir la puerta, hasta que tras varios intentos, aquella cedió.

Quizás para muchos, aquella escena le resultaría aterradora, para otros incluso repugnante, pero para la Reina Ayna, tan sólo le inspiraba compasión, bondad y amor.

No menos de diez personas, entre hombres, mujeres y niños, se encontraban moribundos. Un fuerte olor nauseabundo casi asfixia a la joven, pero en ningún momento retrocedió sus pasos ni dio muestra de debilidad. 
Eran leprosos. Dios mio que terrible enfermedad asolaba aquel pueblo –pensaba la Reina-. Debía hacer algo por ellos. Debía ayudarles. Al menos, estar a su lado y dar sepultura a sus cuerpos. 

Sabía que ella misma podría enfermar, pero aquello ya no le importaba. Tan solo había algo que debía hacer en esos momentos, oír la voz de su corazón y éste le pedía a gritos que debía quedar allí junto a esa pobre gente. 

Llegó la noche de aquel amargo día. La Reina Ayna se encontraba rendida por los esfuerzos que había realizado. A penas si quería descansar, pero fue obligada a hacerlo, ya que de lo contrario ella también desfallecería. 

No tardaría en quedar dormida. Su cuerpo físico necesitaba ser  repuesto, y para ello la mejor medicina era el sueño.

Pero una vez más la Reina sería sorprendida por un extraño  misterio.

Hubiese jurado que estaba dormida, pero entonces no se explicaba cómo había llegado hasta aquel hermoso lugar. 

Mirando a su alrededor comprobó que se encontraba en un jardín precioso. Todo era verde y las flores exhalaban embriagadores perfúmeles.

El cielo era de un celeste intenso y los cánticos de los pájaros, al confundirse con el viento, componían bellas canciones que todo lo cautivaba en aquellos momentos.

Aún sin salir de su asombro, la Reina descubrió un extraño estanque de donde emanaba un agua tan cristalina, que al contacto con los rayos del Sol, hacían la competencia al oro.

Quiso acercarse hasta él y beber de aquellas aguas, pues sintió sed.

Acercando sus manos al estanque, las introdujo en él. Su intención era beber entre ellas. Llevándose el agua a sus labios, pudo beber pero cuando quiso abrir los ojos… 

¡Dios mio, allá estaba! Era ella…, la Espiga Sagrada. 

El agua del estanque había reflejado el cuerpo de la Reina, y en aquella imagen supo ver, que ella misma se había convertido en la Espiga sagrada. 

No pudo evitar que aquellas lágrimas mojaran su rostro. Había comprendido que la Espiga Sagrada no era material. La Espiga Sagrada tan sólo se consigue cuando somos capaces de cerrar los ojos al egoísmo de nuestros deseos y en cambio, nos esforzamos en amar el bien a través de nuestros hermanos los Hombres.


Lo había conseguido, estaba satisfecha y quiso dar gracias a Dios por haberla perdonado y haberle ofrecido aquella oportunidad.

Miró hacia el cielo, levantando el rostro, y en ese momento una estrella de 5 puntas se configuró en el firmamento.

Era la conjunción de los planetas que acababan de entrar en la Tierra de Sameck.


Aquellas lágrimas sorprendieron a la Reina, la cual, de un salto se incorporó en el lecho.

Aún podía recordar nítidamente aquellos momentos. Para ella no se trataba de un sueño. Había encontrado en su corazón la Espiga Sagrada y sintió la necesidad de volver a su reino, pues recordando las palabras del poderoso mago, debía sembrar la Espiga en sus Tierras.

Había vencido todas sus penas y la tristeza se había desvanecido de su corazón. Tenía en sus manos la oportunidad de salvar a su reino y con aquel propósito la Reina Ayna preparó su regreso.

Seis meses necesitó la Reina para retornar a su reino y a estos seis meses le siguieron nueve meses más. Nueve meses que fueron necesarios para que aquella región tuviese un nuevo heredero.

Sí, en efecto, la Reina Ayna  había dejado de ser estéril. Buena muestra de ello era aquel hermoso infante, quien muy pronto demostraría a su pueblo que era el fruto de la labor de una gran Reina y de un sacrificado esfuerzo.


FIN