sábado, 20 de agosto de 2016

La Religión del Padre: "Las Bienaventuranzas" 6ª parte

“Bienaventurados los limpios de corazón, ya que ellos verán a Dios” (Mt 5:8)

La sexta Bienaventuranza expresa las cualidades de Netzah. 

En las enseñanzas cabalísticas se recoge, al referirnos al Sol, regente de nuestro corazón físico, que en él se centraliza la voluntad de nuestro Ego Superior por su polo positivo y que es el guardián de la conciencia por su polaridad negativa.

Al hablar de un corazón limpio, Cristo se refería pues a una voluntad volcada hacia la pureza, dejando de lado la conciencia, ya que ésta es un depósito de todo lo puro que hemos podido acumular en el curso de las vidas y, por tanto, no es apropiado decir que la conciencia pueda ser purificada. Cuando decimos precisamente que “tomamos conciencia de una cosa”, queremos significar, en profundidad, que hemos captado lo que hay de verdadero, puro y eterno en aquella cosa.

Hemos visto también, al hablar de Netzah Venus, que ese centro de vida administra la parte de la voluntad relacionada con los sentidos, es decir, se ocupa de la vista, el oído, el olfato, el gusto y el tacto, y suele ser por este lado que la voluntad se extravía. Los cinco sentidos nos llevan a descubrir un mundo que nos deslumbra y nos identificamos con él, cuando no es más que una parte de un todo, es la parte del placer, del gozo que Dios ha puesto en su obra, y mejor haríamos diciendo que es el anuncio, la publicidad de un gozo cien veces superior que hemos de encontrar en el mundo de arriba.

Netzah, situado en la parte más baja de la columna de la derecha, es la muestra pálida de esos auténticos goces y alegrías que Cristo vino a anunciar. Pero ello no impide que el hombre los considere supremos y que utilice los cinco sentidos para gozar ampliamente de las bellezas que le penetran por ellos.

Sucede así que utilizando los sentidos para dar un relieve cada vez más intenso al mundo de abajo, lo escindimos del de arriba, que desaparece de la conciencia, no se imprime en ella porque no lo captamos, no lo aprisionamos en nuestros registros humanos. Entonces en nuestra conciencia se forma una espesa costra de suciedad, como la que aparece en los cristales si dejamos que en ellos se acumule durante años y años el polvo, acabando por no dejar pasar la luz. Esa costra de impurezas que rodea la conciencia, desaparece al morir, destruida por la fuerza de repulsión activa en las bajas regiones del Mundo del Deseo y ya no queda en nosotros recuerdo de los falsos valores acumulados; queda tan sólo el sentimiento de que hemos utilizado mal los recursos que nos ha dado el Creador para explorar sus mundos.

Cuando esa suciedad desaparece de la conciencia-corazón, entonces el discípulo puede contemplar los mundos de arriba y ver a Dios.

Esta Bienaventuranza expresa pues la necesidad de dirigir los cinco sentidos hacia arriba con la misma avidez con que un día los proyectamos hacia abajo. La reinversión de la vista dará como resultado la clarividencia, la del oído la clariaudiencia y lo mismo para los demás sentidos. De esta forma, el discípulo verá, oirá, olerá el perfume de las regiones eternas, podrá gustar y tocar el otro mundo.

Así pues, la regla para esa Bienaventuranza consistirá en cerrar progresivamente los sentidos a la percepción de las realidades físicas, para proyectarlos hacia arriba. Es una tarea quíntuple, como cinco son los sentidos y el resultado es la visión de Dios.

El acto de ver es propio del centro intelectual. Pero aquí se presenta la Verdad como consecuencia del Bien, de haber limpiado el centro emocional de todo rastro de negación, de crítica, de identificación, de segundas intenciones y deseos frustrados. Solo así el centro intelectual puede dedicarse a mirar la realidad en vez de pasarse el día interpretándola para calmar el sentimiento de separación que experimenta, al creerse una parte indefensa enfrentada al resto de la Creación. Solo el sentimiento de formar parte del Todo puede llevar a la comprensión de la Realidad. Aquí se constata lo que decíamos al principio de este tramo ascendente: la explicación se encuentra al final, no al principio. Nuestra conexión con lo Superior se produce a través del Bien, no de la Verdad, es una conexión emocional, no intelectual. Lo que hace inicialmente el Trabajo es destruir el error intelectual, para que podamos subir al carro del Bien. Y este Bien el que, posteriormente, nos conduce a la Verdad.

Porque si la mente juzga la realidad como “incorrecta” obliga a la emoción a rechazarla. La mente discrimina la realidad, la trocea y divide los trozos en buenos y malos. Así pierde por completo la perspectiva y la globalidad imprescindible para comprenderla. El camino de vuelta ha de recuperar esta perspectiva amplia y esto se hace desde el Amor. No se trata de cambiar de ideas sino de percibir las cosas desde otra dimensión. En ella se encuentra el sentido que la personalidad había perdido: un sentido que no compete a la personalidad sino al Ser esencial. Este sentido incluye a la personalidad como instrumento y la convierte en algo útil y eficaz; al tiempo que la releva de la responsabilidad de decidir. Porque el sentido es la voluntad de Dios y se descubre precisamente allí donde, anteriormente, todo parecía caos e injusticia.

La pureza espiritual no es una cualidad negativa, salvo que carece de recelo y de revancha. Al hablar de la pureza, Jesús no tenía la intención de tratar exclusivamente de las actitudes sexuales humanas. Se refería más bien a esa fe que los hombres deberían tener en sus semejantes; a esa fe que los padres tienen en sus hijos, y que les permite amar a sus semejantes como un padre los amaría. El amor de un padre no tiene necesidad de mimar, y no perdona el mal, pero siempre se opone al cinismo. El amor paternal tiene una única finalidad, y siempre busca lo mejor que hay en el hombre; ésta es la actitud de un verdadero padre.

Ver a Dios -por la fe- significa adquirir la verdadera perspicacia espiritual.

La perspicacia espiritual intensifica el gobierno del Ajustador, y los dos reunidos terminan por aumentar la conciencia de Dios. Cuando conocéis al Padre, os sentís confirmados en la seguridad de vuestra filiación divina, y podéis amar cada vez más a vuestros hermanos en la carne, no sólo como un hermano, con un amor fraternal, sino también como un padre, con un afecto paternal.

Esta exhortación es fácil de enseñar incluso a un niño. Los niños son confiados por naturaleza, y los padres deberían cuidar de que no pierdan esta fe sencilla. Al tratar con los niños, evitad todo engaño y absteneos de sugerir la desconfianza.

Ayudadlos juiciosamente a escoger a sus héroes y a seleccionar el trabajo de su vida.

Luego, Jesús continuó instruyendo a sus discípulos sobre cómo conseguir el objetivo principal de todas las luchas humanas, la perfección, e incluso la consecución divina. Siempre les recomendaba: “Sed perfectos como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto.” No exhortaba a los doce a que amaran al prójimo como se amaban a sí mismos. Esto hubiera sido un logro meritorio, que hubiera indicado la realización del amor fraternal. Recomendaba más bien a sus apóstoles que amaran a los hombres como él los había amado, con un afecto paternal así como fraternal.

ENFOQUE EXOTÉRICO

Limpio: El diccionario tradicional indica que limpio tiene varios significados:
  • Que no tiene mancha o suciedad.
  • Que no tiene mezcla de otra cosa.
  • Libre, exento de cosa que dañe o inficione.


El diccionario bíblico define la palabra limpio como: Aquello que está libre de mezclas impuras, sin tacha (falta, nota o defecto que se halla en una cosa y la hace imperfecta.). En conclusión y en una sola palabra "puro".

Corazón: En griego hace referencia al principal órgano de la vida física. Esta palabra se utiliza en forma figurada para denotar las corrientes escondidas de la vida personal, explicado de otra forma, podría significar toda la actividad mental y moral del hombre, tanto en lo racional como en lo emocional. En hebreo la palabra que se traduce por corazón, uno de sus significados es mente o interior (en medio dé).

Más allá de discutir o plantear si es la mente o el corazón el que piensa, debemos enfocarnos en presentarnos limpios y puros delante de Dios para poder así ver su rostro. Es el hombre interno el que debe contar con el atavío adecuado (1 Pedro 3:4) y el que debe representar nuestro verdadero carácter.

En cuanto a su utilización de la palabra “corazón” en el Nuevo Testamento, esta denota:

El centro de la vida física (Hechos 14:17; Santiago 5:5).

El centro de la naturaleza moral y de la vida espiritual; El asiento del dolor (Juan 14:1; Romanos 9:2; 2 Corintios 2:14); Del gozo (Juan 16:22; Efesios 5:19); De los deseos ( Mateo 5:28; 2 Pedro 2:14); De los afectos (Lucas 24:32; Hechos 21:13); De las percepciones ( Juan 12:40; Efesios 4:18 ); De los pensamientos (Mateo 9:4; Hebreos 4:12); Del entendimiento (Mateo 13:15; Romanos 1:21); De los poderes de raciocinio ( Marcos 2:6; Lucas 24:38 ); De la imaginación (Lucas 1:51); De la conciencia (Hechos 2:37; 1 Juan 3:20); De las intenciones ( Hebreo 4:12, 1 Pedro 4:1 ); De los propósitos (Hechos 11:23; 2 Corintios 9:7); De la voluntad (Romanos 6:17; Colosenses 3:15); De la fe (Marcos 11:23; Romanos 10:10; Hebreos 3:12). El corazón, en su sentido moral en el Antiguo Testamento, incluye las emociones, la razón, y la voluntad.

Ahora una reflexión ¿Cómo esta nuestro hombre interior? ¿Cómo están nuestras emociones, nuestra moral y nuestra vida espiritual? ¿Podríamos decir que nuestro hombre esta vestido de túnicas blancas sin manchas ni arrugas? Todos queremos ver a Dios pero ¿Estamos puros o limpios?

Debemos evaluarnos día tras día. Para nosotros debe ser una preocupación constante preocuparnos de nuestra limpieza, es la única forma de consagrarnos al servicio de Dios plenamente. La enseñanza de Jesús cuando lava los pies a sus discípulos es justamente esta, lavar sus pies que son los que se han contaminado (Juan 13:1-17), ya que por su palabra ya hemos sido limpiados completamente (Juan 15:2-3). El salmista se pregunta ¿Quién subirá y estará en el lugar santo, en el monte de Jehová? El limpio y puro (Salmo 24:3-4). El escritor de Hebreos lo relata diciendo que sin santidad nadie verá a Dios (Hebreo 12:14).

Jesús a nosotros que nos declara que somos linaje escogido, real sacerdocio y nación santa (1° Pedro 2:9) y después de esto, Pedro llama a los hermanos a llevar una buena manera de vivir (1° Pedro 2:11) todo para que Dios sea glorificado. Pablo, le encarece a Timoteo que se mantenga puro (1° Timoteo 5:22) y esto hasta que Cristo aparezca (1° Timoteo 6:14). Y esta misma orden entrega Pedro a la Iglesia enseñándoles de las cosas maravillosas que sucederán cuando Cristo venga (2° Pedro 3:14) y luego les entrega la orden de presentarse con diligencia y ser hallado sin mancha e irreprensibles.

Cristo prepara y espera una Iglesia santa y sin mancha (Efesios 5:27) y nosotros ¿Qué estamos haciendo para que el deseo de Jesús por su esposa se cumpla? Veíamos la vez anterior que “la religión pura y sin mácula” es hacer misericordia con las viudas y los huérfanos, pero además, guardarse sin manchas (Santiago 1:27). ¿Estamos cumpliendo con este mandato? Por labios de Jesús se nos enseña que desde el corazón salen los malos pensamientos y eso es lo que contamina al hombre (Marcos 17:20-23).

Como novia de Jesús y templos del Espíritu de Dios, debemos limpiarnos de toda contaminación, tanto carnal como espiritual (2° Corintios 6:14-7.1). Debemos perfeccionarnos en la santidad. Más aún si tenemos la esperanza de que como hijos de Dios, el novio vendrá por su iglesia (1° Juan 3:3).

Cuando comenzamos a vivir en pureza para Dios podremos decir lo que vivió Job: "De oídas te había oído, mas ahora mis ojos te ven" (Job 42:5). Por ahora por fe lo vemos en cada paso de nuestra vida, pero pronto, si somos santos lo veremos tal cual es (1° Juan 3:2).


Fuentes consultadas: Jordi Sapés (Àtic). Libro de Urantia. Curso de Interpretación Esotérica de los Evangelios (Kabaleb). Palabra Integral.

Continuará...

UCDM. Libro de Ejercicios. Lección 233

LECCIÓN 233

Hoy le doy mi vida a Dios para que Él la guíe.

1. Padre, hoy te entrego todos mis pensamientos. 2No quiero quedarme con ninguno de ellos. 3En su lugar, dame los Tuyos. 4Te entrego asi­mismo todos mis actos, de manera que pueda hacer Tu Voluntad en lugar de ir en pos de metas inalcanzables y perder el tiempo en vanas imaginaciones. 5Hoy vengo a Ti. 6Me haré a un lado y simplemente Te seguiré. 7Sé Tú el Guía hoy, y yo el seguidor que no duda de la sabiduría de lo Infinito, ni del Amor cuya ternura no puedo comprender, pero que es, sin embargo, el perfecto regalo que Tú me haces.

2. Hoy nos dirige un solo Guía. 2Y mientras caminamos juntos le entregamos este día sin reserva alguna. 3Éste es Su día. 4Y por eso es un día de incontables dones y de infinitas mercedes para nosotros.


¿Qué me enseña esta lección?


El ego no entiende los designios de Dios. Prefiere culpar al Creador de su mala suerte, de su mala fortuna. De este modo, adquiere el rol de víctima antes que reconocer que en la vida cosechamos aquello que sembramos.

Existe un dicho popular donde vivo, que dice” “Solo nos acordamos de Santa Bárbara, cuando truena”. Es frecuente que recurramos a la Divinidad tan sólo cuando las cosas nos van mal, pero no antes. Esta situación nos recuerda, que no utilizamos nuestros valores espirituales en la fase de creación, pero sí pretendemos que, en la fase de los efectos, todo nos sonría y nos aporte felicidad y éxitos.

Esas creencias están obsoletas. Pensar que nuestros pensamientos y sentimientos no contribuyen en  las experiencias que vivimos, es determinar que Dios juega caprichosamente al azar con nuestro destino. Cuando en verdad, Dios, respeta la libertad con la que nos ha dotado, nuestro libre albedrío.

Hoy, entrego todos mis pensamientos, sentimientos y acciones a mi Creador. Hoy, decido crear en Su Nombre y para ello, deseo que sea su Voluntad la que se exprese a través de mí.

En la medida en que dirijo mi Amor hacia Dios, estoy recibiendo ese Amor multiplicado por mil. Aquello que damos, recibimos.

Cuando ese Amor se hace carne, entonces, nos expandimos a través de nuestros hermanos, con los que compartimos la condición de Seres Divinos, de Hijo de Dios.


Ejemplo-Guía: "¿A quién elijo entregar mi vida? 

En la Lección de ayer, hacíamos una reflexión sobre cómo debíamos vivir las enseñanzas del Curso y decíamos que la búsqueda del "cómo" nos lleva a situarnos en el escenario de la percepción, de la conciencia, y dicho escenario es el habitat natural del ego, el cual acostumbra a basar sus creencias en el juicio, en las reglas, en las leyes, que limitan la expresión natural del Ser.

Bueno, en el día de hoy, el Curso nos invita a que continuemos profundizando en la línea ya trazada, que ha de conducirnos a tomar consciencia de lo que somos en realidad. Si ayer pedíamos que Dios permaneciese en nuestra mente, hoy tomamos la decisión más importante, Le entregamos nuestra vida.

La pregunta que da título al ejemplo-guía, nos lleva a dar una respuesta clara y sincera. ¿A quién estamos entregando nuestra vida? Quizás te sientas llamado a reflexionar sobre tus actos, pero sí así lo hacemos, nos encontraremos con el "cómo-conciencia", que nos aportará una información de cómo nos comportamos en el mundo, con lo cual nos está revelando, que albergamos la creencia de que este mundo es real. Por otro lado, nos llevará a realizar un juicio condenatorio de todas nuestras acciones consideradas "malas". Buscamos lo bueno y nos encontramos con su polaridad, a la cual condenamos y nos condenamos.

Sí, soy consciente de que hay que realizar una elección. Pero esa debe ser nuestra única decisión, la cual debe realizarse en el nivel de las "causas", en el nivel mental, no en el de los efectos, no en el cómo hacer las cosas. Si nuestra elección es que elegimos entregar nuestra vida a Dios, es por una única razón, hemos recordado que somos Su Hijo. Si elegimos entregar nuestra vida al ego, es por una única razón, tenemos la creencia de que somos un cuerpo.

Y una vez que hemos elegido entregar nuestra vida a Dios, ¿qué?

Si una vez que tenemos la certeza de que somos el Hijo de Dios, nos planteamos esta cuestión, es que no hemos entendido la pregunta, lo que nos lleva a no, entender, igualmente, la respuesta. Tener la certeza de Ser el Hijo de Dios, es suficiente y no importa cómo hagamos las cosas, pues sin duda no haremos nada que no sea Su Voluntad, es decir, gozaremos de la visión de que lo único que debemos hacer es expresar nuestra voluntad.

Un Curso de Milagros, en el Capítulo 30, en su apartado I, lo dedica a describir "Reglas para tomar decisiones". 

"1. Tomar decisiones es un proceso continuo, 2pero no siempre te das cuenta de cuándo las estás tomando. 3Mas con un poco de práctica con aquellas de las que ya eres consciente, comienza a establecerse un patrón que te ayudará con las demás. 4No es con­veniente que te preocupes por cada paso que tengas que dar. 5Si adoptas una perspectiva correcta al despertar, habrás ganado ya una gran ventaja. 6Mas si experimentas gran resistencia y ves que tu resolución flaquea, es que todavía no estás listo. 7No luches contra ti mismo. 8Piensa más bien en la clase de día que te gustaría tener, y dite a ti mismo que hay una manera muy fácil de que este mismo día pueda transcurrir así. 9Trata entonces una vez más de tener la clase de día que deseas.

2. (1) Este enfoque comienza con la siguiente declaración: 


2Hoy no tomaré ninguna decisión por mi cuenta.



Os invito a completar la lectura de dicho punto. Si te preocupa cómo dedicar el día a Dios una vez elegido entregarle tu vida, te ayudará a comprender que no debemos tomar decisiones por nuestra cuenta, pues serán decisiones inspiradas por el ego. 

viernes, 19 de agosto de 2016

La Religión del Padre: "Las Bienaventuranzas" 5ª parte

“Bienaventurados los misericordiosos, porque obtendrán misericordia” (Mt 5:7)

Desde el enfoque Cabalístico, esta Bienaventuranza, expresa las cualidades de Tiphereth, el centro que manifiesta las virtudes crísticas. La misericordia es la compasión repetida una y otra vez, cualesquiera que hayan sido las faltas cometidas por la persona objeto de esa misericordia. Es una virtud típicamente paterna, ya que el padre es el único ser capaz de perdonar, de disculpar una y otra vez a su hijo.

Nos narra Kabaleb, al escribir sobre esta Bienaventuranza, un ejemplo que ilustra su significado: “los periódicos relatan cómo un estudiante japonés ha dado muerte en París a una muchacha, que luego ha despedazado e introducido en unas maletas”. Nos refieren las crónicas periodísticas todo el horror de ese gesto y nos dicen cómo el padre de ese estudiante, importante hombre de negocios, lo dejó todo en Japón para acudir al lado de su hijo y visitarlo en la cárcel, donde era despreciado por los propios reclusos. Ese hombre, en la hora difícil que vivía su hijo, sólo escuchó la voz de la misericordia y corrió a su lado. Todos lo habían abandonado menos el padre. Es un ejemplo de la misericordia que el discípulo debe ser capaz de expresar, porque es la misericordia del Padre respecto a los hombres, sus hijos.

Al contemplar la vida de un hombre, es hacia adelante que debemos verla y no hacia atrás, y la misericordia conlleva la fe en que ese hombre que se ha arrastrado por el barro, ese hombre que ha sido opaco a la luz, oirá un día la voz de la divinidad que lleva dentro y su comportamiento se verá modificado. Por ello debemos creer en él y esperar de él.

Muchas veces diría Cristo en el curso de su ministerio: “los que tengan oídos, oigan”, significando con ello que hay una voz en las entrañas de cada hombre que clama la verdad, que recita las reglas divinas, y cuando los oídos consiguen oír esa voz, se apaga en la naturaleza el eco de las pasiones y los cantos de los sentidos.

Debemos comportarnos pues con los demás hombres, como si fuera inminente el despertar de los oídos a esa voz, como si de un momento a otro fueran a escucharla; y decirnos que si han maniobrado mal, si han causado llantos y destrozos, es porque todavía eran sordos a esa voz interna.

La misericordia debe extenderse a nosotros mismos. También somos ésos que se equivocan, que cometen maldades, deslealtades, atropellos, y así mismo, como los demás, merecemos esta auto misericordia, ya que, si bajo el peso del remordimiento nos consideramos seres despreciables, no conseguiremos más que obrar despreciablemente. El remordimiento puede ser saludable, si nos permite apreciar en los demás valores que nos habían pasado desapercibidos, ante la evidencia de que no somos modélicos. Pero el remordimiento debe ceder el paso al arrepentimiento y éste a la misericordia.

Si somos misericordiosos para con nosotros mismos y para con los demás, atraeremos la misericordia de arriba, la del Padre Eterno, y veremos cómo la cuenta del mal será borrada en nuestra vida, no nos serán reclamados derechos por nuestros errores pasados y la voz que clama venganza en aquellos que hayamos ofendido, será silenciada. Habremos quedado liberados del karma y nuestros perjudicados recibirán como un bálsamo que restañará sus heridas y les brindará un nuevo impuso espiritual. La misericordia, pues, no sólo tiene efectos liberadores sobre nosotros mismos, sino también sobre aquéllos con los cuales nos encontramos vinculados por nuestras faltas, nuestros errores.

Cuando se produce en nosotros un cambio de actitud en nuestra relación con el mundo nos lleva a quererlo, a sufrir con él en vez de sufrir por su causa. Una vez superado el error, miramos el mundo con otros ojos; estamos en condiciones de ver el error de los demás y constatar que no es distinto del nuestro: se presenta de otra manera, adopta formas distintas, pero en el fondo de todas ellas está la idea de nulidad y limitación y la sensación de miseria y de incapacidad. Constatar esto desde un nivel de conciencia que lo trasciende, produce el sentimiento de misericordia. La compasión, la misericordia, no es algo que tenga que ser forzado, no es un ejercicio de "bondad" que la personalidad se pueda atribuir, es algo espontáneo que surge de una sensibilidad que nos desborda, de un amor que va en busca de la Totalidad y se detiene, cada vez que hace falta, para integrar todo cuanto encuentra, para reunir lo que algo o alguien ha dispersado y desorientado. Aquí ya no es necesario esforzarse en actuar de forma justa y equitativa, actuamos llevados por el amor y como consecuencia experimentamos este amor.

Se habla mucho de la misericordia de Dios en el sentido de que Dios nos perdonará los pecados aunque no lo merezcamos; y se suele utilizar esta idea para relajar en cierta medida nuestra exigencia personal, en la confianza de que, en última instancia, la misericordia divina hará como si no viera. Todo esto carece de sentido: la misericordia es amor y el amor no tiene nada que perdonar; el amor es unidad y por lo tanto no hay posible separación ni distanciamiento de Dios. No podemos separarnos de lo que somos. Solo hemos de soltar la creencia de ser lo que no somos o la creencia de que debemos cambiar  para ser aceptables. Ya somos buenos tal como somos. Somos el Bien, la Bondad.

Y los demás también. Debemos ayudarles a descubrir que ya son buenos tal como son. Y para eso hemos de verlos así. No es cuestión de que nos parezca bien todo lo que hagan sino de que veamos por qué lo hacen y comprendamos que es lógico que se comporten así con la información y los recursos que tienen. No se trata de mirarlos con buenos ojos, sino de contemplarlos con los ojos del Bien que todos somos, del Amor que todos somos.

La misericordia de Dios no consiste en perdonarnos nada, consiste en darnos la oportunidad de experimentar este amor que somos, en hacernos partícipes de la felicidad que somos. No hay nada que perdonar a alguien que se ha perdido y anda buscando el camino. Si lo encontramos andando hacia una dirección incorrecta no vamos encima a castigarlo; al contrario, estaremos contentos porque nos da la oportunidad de serle útil indicándole el camino correcto. Si es que lo sabemos por haberlo recorrido previamente. Y en el caso de que estemos igualmente desorientados, podemos intercambiar nuestras respectivas experiencias para no perder el tiempo caminando por senderos que no llevan a ninguna parte. El hecho es que nadie se pierde a propósito. El amor es uno de nuestros potenciales y lo experimentamos en la misma medida en que lo actualizamos. Por eso el misericordioso alcanzará la misericordia, porque la unidad con los demás no se establece colocándonos por encima ni condenando a nadie, se establece constatando que todos tenemos las mismas dificultades para descubrir nuestra naturaleza esencial.

La misericordia denota aquí la altura, la profundidad y la anchura de la amistad más sincera, la bondad. A veces, la misericordia puede ser pasiva, pero aquí es activa y dinámica, la ternura paternal suprema. Un padre amoroso tiene pocas dificultades para perdonar a su hijo, incluso muchas veces. En un niño no mimado, el impulso de aliviar el sufrimiento es natural. Los niños son normalmente bondadosos y compasivos cuando tienen la edad suficiente para apreciar las situaciones reales.


ENFOQUE EXOTÉRICO

Misericordioso se dice de aquel que hace misericordia.

Misericordia es, según el diccionario bíblico VINE, sentir simpatía con otra persona en su miseria y especialmente simpatía manifestada en actos. Dicho de otra forma mostrar bondad mediante actos benéficos o ayuda. La palabra en griego recalca que  la misericordia no es un acto pasivo si no activo, lo que quiere decir que se debe trabajar en ella y no mantenerse como un agente pasivo que solo observa.

El diccionario de la RAE define misericordia como la virtud que inclina el ánimo a compadecerse de los trabajos y miserias ajenas.

La misericordia es un atributo de Dios y Jesucristo. Jesús nuestro gran sumo sacerdote, es misericordioso y fiel, de no ser así no hubiera perdonado nuestros pecados (Hebreos 2.17). Por labios de Cristo nosotros recibimos la orden de ser misericordioso como nuestro padre (Lucas 6.35-36) y como hijos verdaderos de Dios debemos exhibir las mismas características que Él.

Las características principales de la misericordia divina son:

Eterna (Salmo 103.17). Desde la eternidad hasta la eternidad.
Sin límites (Salmo 108.4). Mucho más grande que los cielos.
Prolonga la vida (Lamentaciones 3.22-23). Su misericordia es nueva cada mañana y por eso no hemos sido consumidos.
Estimula el arrepentimiento (Joel 2.13). Nuestro Dios es clemente, tardo para la ira y se duele del castigo ¿Con tal bondad, como no arrepentirse?
Perdona el pecado (Miqueas 7.18). Se deleita en la misericordia, por eso perdona.
Hace posible la salvación (Tito 3.5). No hemos sido justificados por nuestras obras si no por su misericordia.
Como vemos nosotros como hijos debemos ser cual es nuestro padre. Y se nos ordena a mantenernos con la misericordia, la verdad, la fe, la verdad, etc.

La misericordia debemos llevarla siempre con nosotros a todo lugar junto con la verdad (Proverbios 3.3). Estas son dos características primordiales en los hijos de Dios, a través de las que podemos demostrar el amor verdadero, ser tardos para la ira y tender la mano a aquel que lo necesita en las circunstancias más diversas. Debemos demostrarlas perdonando (Mateo 18.23-35), siendo bondadosos con los doloridos (Lucas 10.30-37) y bondadoso con los pobres (Lucas 16.19-26). Esto nos solo lo debemos hacer por un mandato, si no que con una actitud de alegría (Romanos 12.8). Dios no quiere que seamos religiosos como los fariseos (Mateo 9.13; 12.7), Él quiere que entendamos lo que significa "Misericordia quiero y no sacrificio" (Oseas 6.6) ¿Y qué significa esto?, lo que Jesús quiere es enfatizar el hecho de que no es importante lo ritual de los servicios, si no que nos vistamos de aquello que es incorruptible (Santiago 1.27). Y justamente la misericordia es una de esas características internas que debemos tener.

Quizás muchas veces nos hemos preguntado cómo hacer para que la luz de Cristo resplandezca por medio de nosotros, bueno una de las formas es actuando con misericordia (Isaías 58.10). Esta es una buena forma de hacernos un bien a nosotros mismo (Proverbios 11.17), no permitiendo que las raíces de amargura crezcan en nosotros (Hebreos 12.15), y esto nos estorbe. Andando en misericordia y verdad, alejaremos esos estorbos de nosotros.

Dios por medio de su palabra, ya nos ha hablado sobre lo que debemos hacer, lo que nos conviene y lo que es bueno, conociendo esto, en mayor o menor medida sólo nos queda hacer justicia, amar, hacer misericordia y humillarnos delante de Dios (Miqueas 6.8).

Fuentes consultadas: Jordi Sapés (Àtic). Libro de Urantia. Curso de Interpretación Esotérica de los Evangelios (Kabaleb). Palabra Integral.


Continuará...

UCDM. Libro de Ejercicios. Lección 232

LECCIÓN 232

Permanece en mi mente todo el día, Padre mío.

1. Padre mío, permanece en mi mente desde el momento en que me despierte, y derrama Tu luz sobre mí todo el día. 2Que cada minuto sea una oportunidad más de estar Contigo. 3Y que no me olvide de darte las gracias cada hora por haber estado conmigo y porque siempre estás ahí presto a escucharme y a contestarme cuando te llamo. 4Y al llegar la noche, que todos mis pensamientos sigan siendo acerca de Ti y de Tu Amor. 5Y que duerma en la confianza de que estoy a salvo, seguro de Tu cuidado y felizmente consciente de que soy Tu Hijo.

2. Así es como debería ser cada día. 2Practica hoy el final del miedo. 3Ten fe en Aquel que es tu Padre. 4Deja todo en Sus Manos. 5Deja que Él te revele todo y no te desanimes, pues eres Su Hijo.


¿Qué me enseña esta lección?

Diariamente, desde que despierto, mi primer pensamiento es para agradecer a Dios la oportunidad que me ofrece para dar testimonio, en el mundo, del Amor.

Le doy gracias por permitirme tomar consciencia de lo que Soy.

Hablo con Él, y le pido que tenga paciencia conmigo, pues aún cometo errores. En realidad, me doy cuenta, de que Él no aprecia mis errores, y que debo ser yo, el que perdone todos y cada uno de los juicios condenatorios que me aplico.

¡Hágase Tu Voluntad, Padre…, y dame luz para ver cuál es mi función en el mundo! Si he de compartir tus Milagros con el mundo, guía mis pasos allí donde deba otorgarlos en tu Santo Nombre.

En mi dialogo matinal, me fortalece llevar a cabo la siguiente plegaria:

“Estoy aquí únicamente para ser útil.
Estoy aquí en representación de Aquel que me envió.
No tengo que preocuparme por lo que debo decir ni por lo que debo hacer, pues Aquel que me envió me guiará.
Me siento satisfecho de estar dondequiera que Él desee, porque sé que Él estará allí conmigo.
Sanaré a medida que le permita enseñarme a sanar”.

A lo largo del día, procuro restablecer el dialogo. Siempre hay algún tema que me gusta compartir con Él.

Antes de ir a dormir, mi último pensamiento lo dedico para agradecerle la ayuda prestada.

Desde que practico esta comunicación con Dios y con el Espíritu Santo, mi vida  tiene otro sentido. Me siento protegido y en Paz, sabiendo que mi única función es Amar.

Ejemplo-Guía: ¿Cómo debo vivir cada día según las enseñanzas del Curso?

Es inevitable que todos, en alguna ocasión, a lo largo del estudio de las enseñanzas recogidas en Un Curso de Milagros, se haya hecho esta pregunta. Yo me encuentro entre los estudiantes que he deseado poder tener una guía clara que me ayudase en la tarea de saber cómo vivir el día a día, cómo actuar en cada ocasión.

Hoy, mi visión es distinta. He llegado a entender que lo verdaderamente importante no es el cómo, ni tan siquiera el "por qué " lo haces. El "cómo" exige la aplicación de una regla y, toda regla, es una limitación y un juicio. Detrás del "cómo" siempre existe un temor, y el temor es la expresión del miedo. Queremos conocer cómo hacer las cosas por temor a hacerlo mal. ¿Ves el juicio? ¿Ves la dualidad?

En cuanto al "por qué", siempre nos lleva a una creencia de necesidad, y la necesidad es una expresión de la escasez. Sabemos que esa creencia es fruto de la emoción del miedo al haber sido expulsados del Paraíso Terrenal, la tierra de miel y leche donde el Creador dispuso a Su Hijo. Por otro lado, el "por qué" está estrechamente con la culpa: "¿Por qué me ha pasado esto a mi?

¿Entonces qué guía debemos seguir para vivir según las enseñanzas del Curso?

La conciencia, se convierte en la riqueza atesorada por el ego. Experimentar, se traduce en la enseñanza más directa que nos puede ofrecer el mundo material. Conciencia es percepción. Conciencia es el estado previo al recuerdo de Dios, al recuerdo de lo que somos. Cuando se produce ese recuerdo, la vivencia produce un nuevo estado: la Consciencia.  Cuando buscamos respuestas al "cómo", estamos buscando conciencia. Cuando vivimos desde lo que somos, desde nuestra condición natural, desde el Amor, estamos manifestando Consciencia, o lo que lo mismo, la certeza de que somos un Ser Espiritual y no un cuerpo físico.

Si somos capaces de trascender el "cómo-conciencia", es decir, si dejamos de preocuparnos sobre cómo debemos hacer las cosas y en cambio, nos entregamos a la experiencia de Ser, entonces, lo que estamos haciendo es quitar todo el significado al "cómo", lo que da lugar a la expresión del "Cómo-Consciencia", o lo que es lo mismo, nuestras acciones son expresiones de Amor.

San Agustín, en una de sus famosas citas, expresó lo que quiero decir de una manera maravillosa:

"Ama y haz lo que quieras. Si callas, callarás con amor; si gritas, gritarás con amor; si corriges, corregirás con amor; si perdonas, perdonarás con amor. Si tienes el amor arraigado en ti, ninguna otra cosa sino amor serán tus frutos".

jueves, 18 de agosto de 2016

La Religión del Padre: "Las Bienaventuranzas" 4ª parte

“Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque serán saciados” (Mt 5.6)
La cuarta Bienaventuranza, expresa la dinámica de Gueburah. Esta Bienaventuranza se encuentra muy unida a la anterior, como unidos están Hesed y Gueburah. Tener hambre y sed significa sentir de una manera acuciante un vacío interior que debe necesariamente ser llenado. Cuando un hombre siente apetencia por la langosta, pongamos por caso, moviliza sus recursos económicos para procurársela. Si su hambre y su sed son de justicia, también será justicia lo que obtendrá.

Ésta no puede procurársela pistola en mano, ni mediante cualquier otro medio de presión, ya que estaría contraviniendo la norma anterior de ser manso. Tiene que ser una apetencia interna, un afán que mueve todos los mecanismos de la personalidad en vistas a una actuación justa, ya que esa hambre y esa sed serían pura pantomima si nacieran de un deseo del individuo de verse tratado por los demás de una manera que él considera justa, mientras que él actuara, respecto a su prójimo, con injusticia notoria.

El hambre y sed de justicia, cuando son auténticos, atraen hacia abajo la justicia divina y entonces el individuo no sólo será la expresión viva de esa justicia, en sus gestos y en sus palabras, sino que la derramará a su alrededor y hará que el mundo sea, por él, gracias a él, más justo. Esta justicia, llevada al mundo por su hambre y su sed, se encarnará en los gobernantes, en los directivos, en aquéllos que puedan hacerla fecundar.

El discípulo que trabaja para la instauración del Reino del Padre, del mismo modo que debe conservar su pobreza de espíritu, que debe buscar el consuelo restaurador de la armonía física y moral, que debe ser manso, debe también experimentar esa hambre y esa sed, viviendo en su cuerpo todas las injusticias que diariamente se cometen en el mundo y deseando con vehemencia que el reino de la justicia se instaure. No odiéis lo injusto y menos aún los hombres que lo protagonizan; por el contrario, amad la justicia y veréis como lo justo se instala en vuestra naturaleza interna y ya para siempre seréis portadores de orden y de paz.

Aquí son bienaventurados los que tienen "hambre y sed de justicia", pero no de que se les haga justicia a ellos, no de que se les reconozcan sus méritos y se les de lo que les corresponde. Si se hiciera la justicia que la gente pide, la inmensa mayoría de las veces los jueces deberían condenar a ambas partes; o absolverlas porque "no saben lo que hacen". Pero la justicia de la que hablan las bienaventuranzas no tiene nada que ver con la sujeción de la conducta a un código legal o a un código moral, a unas normas que digan lo que hay que hacer y lo que no hay que hacer. La justicia de las bienaventuranzas pasa por hacer lo más adecuado en cada momento y circunstancia. Por tanto, nadie puede estar seguro de estar actuando de la manera más adecuada, nadie puede "ser justo" por definición. La mejor forma posible de obrar no se puede definir de antemano, no hay una receta para cada circunstancia; solo una indicación práctica: la mejor forma posible de obrar es aquella que en toda circunstancia actualiza el máximo de comprensión, amor y energía posibles.

Esto es actuar al revés de lo habitual; lo habitual es exigir que los demás piensen como nosotros, conseguir cuantas más cosas mejor y hacerlo con el menor esfuerzo posible. Esperamos que nuestras necesidades nos las cubra el exterior, que nos "hagan justicia"; pero lo que aquí se indica es comprender a los demás, aceptar lo que nos disgusta y hacer por ellos cuanto se pueda. Evidentemente esto no lo puede hacer quien no cumpla las exigencias de las tres primeras bienaventuranzas; éste ya ni tan solo se lo plantea, lo considera absurdo. Sin embargo es justo el camino que se le ofrece al que ha descubierto la mecanicidad y, por tanto, acaba de nacer a la conciencia.

El que acaba de nacer a la conciencia procede de la mecanicidad; por tanto llega a la conciencia, vacío y desesperanzado; sus puntos de referencia acostumbrados no le sirven, se ha dedicado toda su vida a pensar en los demás para que los demás pensaran en él y ahora no sabe qué hacer. Lo que se le propone es que piense en los demás sin esperar nada a cambio. Esto no significa que deje de pensar en sí mismo; ha de dejar de pensar en lo que tiene para pasar a considerarse en que es: un ser de naturaleza trascendente. Y esto significa que si antes esperaba que se le hiciera justicia, se le comprendiera, se le amara y se le ayudara, ahora ve que lo propio de su naturaleza es ejercitar la inteligencia, el amor y la energía que ya es. Por eso se le promete que con este nuevo enfoque "será saciado". En otras palabras: la comprensión, la felicidad y la seguridad personal que obtendrá como resultado de la actualización de su propio potencial superará con creces cuanto había soñado y deseado. La idea de que "se hace camino al andar" es algo muy pertinente en esta fase: cuando uno expresa comprensión, amor y seguridad, encuentra que el mundo se lo devuelve porque este mundo aparece como algo comprensible, amable y seguro.

Sólo aquellos que se sienten pobres de espíritu tienen sed de rectitud. Sólo los humildes buscan la fuerza divina y anhelan el poder espiritual. Sin embargo, es sumamente peligroso practicar a sabiendas el ayuno espiritual con el fin de aumentar nuestro apetito de los dones espirituales. El ayuno físico se vuelve peligroso después de cuatro o cinco días; uno puede perder todo deseo de alimentarse.
El ayuno prolongado, tanto físico como espiritual, tiende a destruir el apetito.
La rectitud experiencial es un placer, no un deber. La rectitud de Jesús es un amor dinámico, un afecto paternal-fraternal. No es una rectitud negativa del tipo “no harás”. ¿Cómo podría alguien tener hambre de algo negativo, de algo a “no hacer”?
No es fácil enseñar estas beatitudes a una mente infantil, pero la mente madura debería captar su significado.


ENFOQUE EXOTÉRICO

Hambre: El diccionario VINE nos indica que esta palabra en griego es: Sentir, tener o padecer hambre.

La RAE define hambre como:

Gana y necesidad de comer.
Escasez de alimentos básicos, que causa carestía y miseria generalizada.
Apetito o deseo ardiente de algo.
Sed: El diccionario Vine nos relata que en el texto original esta palabra hace referencia a: Tener sed o estar sediento.

El diccionario de la RAE nos ayuda a entender un poco mas este concepto, ya que nos indica que sed es:

Gana y necesidad de beber.
Necesidad de agua o de humedad que tienen ciertas cosas.
Apetito o deseo ardiente de algo.
Obviamente estos dos pasajes no hablan del deseo de cubrir la necesidad de algo, sino que en este caso algo espiritual. Ambas palabras en este pasaje se usan de manera metafórica o figurada, haciendo alusión al hambre y sed espiritual. Además, es importante destacar la coincidencia en la definición de las dos palabras ya que las dos significan "Apetito o deseo ardiente de algo".

El Salmo 42:1 es un pasaje conocido, y en el podemos encontrar una comparación que realiza el autor de esa necesidad de su alma por Dios: “Como el ciervo "brama" por las corrientes de las aguas, así clama por ti, oh Dios, el alma mía”. En hebreo el verbo bramar significa literalmente ansiar o jadear de ansias. Y continua diciendo que su alma tiene sed de Dios, del Dios vivo. Necesitamos con ansias desear más que a nuestra propia vida el tener mas de Dios.

Otros pasajes también nos enseñan y recalcan con esta misma figura, el deseo del alma de los distintos autores por Jehová. (Salmo 63.1-2; Salmo 143.6-7; Isaías 26.8-9) Pero el Salmo 84.2 no remarca aún más el anhelo ardiente por Jehová con estas palabras: “Anhela mi alma y aun ardientemente desea los atrios de Jehová;
Mi corazón y mi carne cantan al Dios vivo”, las que nos deben llevan a una profunda reflexión sobre cuanto anhelamos a nuestro Creador.

Justicia
También la palabra de Dios nos enseña que debemos de buscar el reino de Dios y su Justicia (Mateo 6.33). Esto engloba todo lo espiritual, pero el pasaje que hemos leído hace una referencia específica a la justicia de Dios.

El Diccionario Bíblico VINE  define justicia como: El carácter o cualidad de ser rectos o justos. Es un atributo de Dios. En este pasaje se hace referencia a todo aquello que es recto o justo en sí mismo, de todo lo que se conforma a la voluntad revelada de Dios.

También, puede hacer referencia a:

a) Todo aquello que ha sido señalado por Dios para que sea reconocido y obedecido por el hombre (Mateo 3.15; Mateo 21.32);

b) La totalidad de las demandas de Dios (Mateo 6.33);

c) Los deberes religiosos (Mateo 6.1), distinguidos como el dar limosnas, el deber del hombre hacia su prójimo (Mateo 6.2-4), la oración, su deber para con Dios (Mateo 6.5-15), el ayuno, el deber del dominio propio (Mateo 6.16-18).

¿Cómo esta nuestro deseo por todo lo recto, por todo aquello que es conforme a la voluntad de Dios? Ante esta pregunta tenemos varias instrucciones dadas por Dios por medio de los Apóstoles, como por ejemplo cuando Pedro enseña en su primera carta que debemos desear la leche no adulterada (1 Pedro 2.2), también como lo dice Pablo a los Romanos (Romanos 10.3) ya que algunos que no entienden como Dios hace justicia, preferían aferrarse a su propia manera de hacer justicia. Pablo entendía muy bien este concepto y ya no se esfuerza él para conseguir la justicia, si no que se aferra por medio de la fe a Jesús para conseguirla (Filipenses 3.9). Nuestra justicia viene por medio de la fe en Cristo ¿Cuánto lo deseamos a Él?

Una vez que el ciervo clamó por las corrientes de las aguas, luego de un rato su sed o ansias fueron satisfechas. Y en este mismo pasaje Cristo promete que los que tengan esta gran necesidad serán saciados. En griego esto no solo se refiere a saciar temporalmente si no a una provisión que es abundante, tan abundante y nutritiva que no tendremos sed jamás (Juan 4:13-14).

La provisión entregada por Dios en vida, gracia y justicia es abundante (Juan 10.10; Romanos 5.17). El gran Pastor nos pastoreara en lugares donde no habrá más sed ni hambre, ya que el agua nunca faltara aunque se haya sequia (Isaías 58.11) y su provisión nos asegura también, lo necesario para ser revestidos de nueva fuerzas (Salmo 103.5).

Una pregunta ¿Con cuanto apetito o cuan ardiente es nuestro deseo de las cosas espirituales? ¿Podemos decir que fuera de lo celestial no hay nada más deseemos en la tierra? (Salmo 73.25) ¿Nuestra alma esta quebrantada de desear sus juicios? (Salmo 119:20) ¿Suspiramos de deseo? (Salmo 119:131) ¿Cómo está clamando nuestra alma por las cosas espirituales?


Lo único que debemos escuchar es a Jesús cuando nos dice "Si alguno tiene sed, venga a mí y beba" (Juan 7.37) y todo esto en forma gratuita (Apocalipsis 21.6; Apocalipsis 22.17) ¿Cómo no aprovechar esta oportunidad de ser llenos de Él?

Fuentes consultadas: Jordi Sapés (Àtic). Libro de Urantia. Curso de Interpretación Esotérica de los Evangelios (Kabaleb). Palabra Integral.

Continuará...


UCDM. Libro de Ejercicios. Lección 231

LECCIÓN 231

Padre, mi voluntad es únicamente recordarte.

1. ¿Qué puedo buscar, Padre, sino Tu Amor? 2Tal vez crea que lo que busco es otra cosa; algo a lo que le he dado muchos nombres. 3Mas lo único que busco, o jamás busqué, es Tu Amor. 4Pues no hay nada más que jamás quisiera realmente encontrar. 5Quiero recordarte. 6¿Qué otra cosa podría desear sino la verdad acerca de mí mismo?

2. Ésa es tu voluntad, hermano mío. 2Y compartes esa voluntad conmigo así como con Aquel que es nuestro Padre. 3Recordarlo a Él es el Cielo. 4Esto es lo que buscamos. 5Y esto es lo único que nos será dado hallar.


¿Qué me enseña esta lección?

Padre, mi única voluntad, es hacer Tu Voluntad…


¿Acaso Tu Voluntad no es Amar…, pues Amar es Extenderse?

Ese es mi única misión en la Tierra…, Extender el Amor a través de mis acciones creadoras.

Cada uno de mis pensamientos y cada uno de mis sentimientos están inspirados por la Voluntad de mi Padre, por la Fuerza de Su Amor. De esa copulación de fuerzas, surge el acto de Amor, el cual nos lleva a reconocer en el rostro de cada uno de nuestros hermanos, el Rostro de nuestro Creador.

Cuando pensamientos y sentimientos hablan de Amor, visualizo la Unidad como el lazo que nos vincula a Todo lo Creado.

Hoy, Padre, mi voluntad es únicamente Amar.


Ejemplo-Guía: "¿Por qué nos hemos olvidado de Dios?

Olvidar, no es negar. El acto de olvidar encierra en sí una decisión, una elección. No es algo fortuito que ocurre por azar. Olvidamos un pensamiento, cuando otro pensamiento ocupa su lugar. Todo acto de olvido es una experiencia ilusoria, pues ningún pensamiento muere, o lo que es lo mismo, todo pensamiento sigue a su Fuente.

Ya hemos hablado en otras ocasiones, que la creencia en la separación encuentra su causa en un pensamiento ilusorio que nunca ocurrió, pero que en nuestra mente ha adoptado una idea imaginaria a la que le hemos otorgado valor y significado, con la cual la hemos hecho real.

Se suele utilizar el símil del sueño para trata de explicar el estado que actualmente estamos experimentando. Durante el sueño, lo que vivimos en verdad no ocurre, pero para nuestra percepción, le otorgamos el mismo valor que si hubiese sido real.

Si en los planes creadores de Dios hubiese estado contemplado que Su Hijo no pudiese comete errores, lo único que tendría que haber hecho es crearnos diferente a Él, es decir, no habernos dotado con sus Atributos Creadores. De este modo, la conciencia de Su Hijo habría estado siempre guiada de tal modo que nuestra respuesta sería autómata, como la de un robot.

En verdad, nos sentimos como robotizados, cuando en nuestra vida nos ocurren anécdotas a las que llamamos destino, sin que nos sintamos co-partícipes de su diseño. Esta duda existencial, pierde su poder disuasorio, al menos en mi mente, cuando alcanzo a comprender que todo lo que soy capaz de percibir con mis sentidos responde a una causa mental. Si esto es así y toma la forma de una firme certeza en mis creencias, estoy en condiciones de afirmar, de que soy un ser creador.

La identificación con un aspecto irreal de nosotros mismos, nos ha llevado a creer que hemos perdido la conexión con la Fuente, es decir, nos ha llevado a olvidar que formamos parte inseparable de la Mente de Dios. 

El término recordar significa "volver a pasar por el corazón". Y es a nuestro corazón y no a nuestra mente, donde debemos entregar nuestras decisiones. El corazón es unificador, mientras que la mente es selectiva. Preguntemos a nuestro corazón, ¿quiénes somos? Y la respuesta no será razonada, no nos contestará "eres un hombre o una mujer, de nombre tal y de profesión cual". No, la respuesta del corazón será inspirada: "eres un Ser Divino; eres la Vida".