sábado, 26 de marzo de 2016

Génesis: "El Despertar del Ser" - 6ª parte -

Trabajos del 4º Día de la Creación.

Traducción Convencional: “Dijo luego Dios; Haya en el firmamento de los cielos lumbreras para separar el día de la noche, y servir de señales a estaciones, días y años; y luzcan en el firmamento de los cielos para alumbrar la tierra”. Y así fue. Hizo Dios los dos grandes luminares, el mayor para presidir el día, y el menor para presidir la noche, y las estrellas; y los puso en el firmamento de los cielos para alumbrar la tierra y presidir al día y a la noche, y separar la luz de las tinieblas. Y vio Dios ser bueno, y hubo tarde y mañana, día cuarto”.

Pasemos a la traducción de Fabre d´Oliver: “Declarando aún su Voluntad, dijo, Él-los Dioses: Habrá en la Expansión etérea de los cielos, Centros de Luz, destinados a operar el movimiento de separación entre día y la noche, y a servir de signos a venir, y para las divisiones temporales, y para las manifestaciones fenoménicas universales, y para las mutaciones ontológicas de los seres. Y serán, esos Centros de Luz, como focos sensibles encargados de hacer estallar la Luz inteligible en la tierra: y esto fue hecho así. Determinó,  Él, el Ser de Seres, la existencia potencial de esta Dualidad de grandes centros luminosos, destinando el mayor a la representación del día y el menor a la representación de la noche; y determinó también la existencia de las facultades virtuales del Universo, las estrellas, Preponiéndolas en la expansión etérea de los cielos, esos centros sensibles, para que estallara la luz inteligible en la tierra. Y para representar simbólicamente en el día y en la noche y para operar el movimiento de separación entre la luz y la obscuridad y considerando esas cosas, Él, el Ser de Seres vio que serían buenas. Y tal fue el occidente y tal fue el oriente, el objetivo y el medio, el término y el arranque de la cuarta manifestación fenoménica”.

Debo reconocer que mi admiración por la erudición de Fabre d´Olivet, tienta mi objetividad, pero la primera vez que tuve acceso a esta interpretación, me quedé fascinado. Sus palabras me “resonaron”; desde mi interior recibí una sensación de certeza que venía a dar respuesta a todas las interrogantes que había lanzado al universo con la única intención de comprender y conocer el por qué nuestra vida está en sintonía con el latir cósmico, el por qué  la dinámica de los planetas y de las estrellas, influenciaban en mi destino, en todo mi ser.

Sin duda alguna, recomiendo la interpretación de este pasaje a todos los que se sientan llamados por el Conocimiento de la Astrología e igualmente, a todos aquellos que eleven su conciencia hacia lo Trascendente, pues en él, descubriremos muchas respuestas.

La traducción aportada por el saber profano, no recoge el significado ancestral que aporta Fabre; la interpretación mundana de este pasaje, ha llevado a la creencia de que el papel del Sol, la Luna y las estrellas aporta poco al desarrollo de la conciencia, sin embargo, el papel estelar de esos Centros tienen como misión llevar la inteligencia a la tierra, a producir mutaciones ontológicas en los seres y manifestaciones fenoménicas universales.

El significado aportado al concepto “estrellas” desde el punto de vista material, no nos invita a relacionar esos puntos de luz que contemplamos en el cielo, con la idea de fuerzas y de virtudes tanto físicas como morales. Este significado, según las notas aportadas por Fabre d´Olivet se extraen de aplicar el sentido figurado y hieroglífico a su traducción: Khaf-Vav-Khaf-Beith, así como de otra raíz misteriosa, Aleph-Vav-Beith, que desarrolla la idea de la fecundación del Universo. En este sentido, la palabra no significa solamente estrella, sino la "fuerza virtual y fecundante del universo".

En la obra de Max Heindel, “Concepto Rosacruz del Cosmos”, el autor nos aporta un magnífico manual sobre la Cosmogénesis del Universo. Nos revela que Elohim, el Dios de nuestro Sistema Solar, delimitó un espacio para que pudiera llevarse a cabo la Creación de su Universo. Esta acción, la vemos adoptada en nuestra sociedad cuando se acomete una nueva construcción. Lo primero que hace la empresa constructora es delimitar el espacio físico donde realizar su proyecto.

Lo más interesante de esta idea, es tomar conciencia de que Elohim, no es el creador de todos los posibles Sistemas Solares que existen en la grandeza del Universo, sino que es el responsable de nuestro Sistema Solar, donde encontramos al Sol y a la Luna con el resto de los planetas pertenecientes a dicho Sistema. En este sentido, las estrellas que Dios creó en el 4º Día, no son todas las que vemos en el cielo, sino los astros de nuestro sistema solar, en el que nuestro Dios tiene jurisdicción.

Según la información aportada por Fabre en su interpretación, podemos decir, que creó, los planetas, es decir, las fuerzas virtuales y fecundantes del universo solar, así como una dualidad de Centros de Luz. Nos aclara Fabre en sus notas que no se trata de dos centros, como se dice la traducción vulgar, sino un sólo Centro Dual, que tiene la facultad de dividirse para expresar virtudes separadas.

Alcanzado este punto de la Evolución emanada por el Acto Creador de Elohim, en su Propósito de continuar su andadura espiritual, podemos sintetizar que en el 1º Día, hizo la Luz, y dentro de la confusión inicial separó el elemento Fuego del resto de Elementos. Esta Luz quedaría inscrita en todo lo creado como un Principio Esencial: la Voluntad Creadora.

En el 2º Día separó las Aguas. Elohim no consiguió integrar dicho Elemento lo que dio lugar a la división. Las facultades superiores de dicho elemento, la integró a su Creación, y las inferiores las dejó “debajo”, en el Abismo, formando un anti-mundo destinado a auto-liquidarse.

En el 3º Día separó los dos elementos restantes, apareciendo la lógica que dio a cada elemento su potencial natural.

En el 4º Día Dios incorpora en su Creación los instrumentos que permitirán dar una finalidad a su Obra. Todo acto creador debe tener un Objetivo, un Propósito, una Misión. Carecer de esta orientación favorece el Caos. Hoy vemos como las empresas aplican esta “regla” en sus organizaciones. Se han dado cuenta, de que los profesionales que trabajan para la producción de la empresa deben conocer y participar de los Objetivos. Cuando esta integración no se produce, podemos encontrarnos que los propósitos no son compartidos y mientras que el Director pretende una cosa, los empleados pretenden otra.

Es importante, que nosotros descubramos cuál es el Objetivo, el Propósito de nuestro Creador y cuál es la Misión que nos encomienda. Para ello, tendremos que conocerle a Él. No lo busquemos fuera de nosotros. Es más fácil que todo eso. Estamos estudiando su Creación y hemos visto como en el 1º Día emanó de Sí Mismo a la Oleada de Vida Humana, la que representamos Todos nosotros. Por lo tanto, somos su “imagen y semejanza”. Todos y cada uno de sus criaturas, lleva inscrita en su genética el guion de la creación. Todos somos Fuego, Agua, Aire y Tierra. Todos somos Luz y estamos llamados a ser Dioses Creadores, como nuestro Padre lo Es. ¿Vamos a buscar fuera de nosotros para conocer a nuestro Padre? ¿Acaso el niño cuando se mira al espejo no ve, potencialmente, al adulto que llegará a ser, no ve al padre?

Alcanzado el 4º Día de la Creación, quedó montado el Árbol Cabalístico, el esquema donde se plasma la Organización de las Fuerzas Cósmicas.  Dicha “estructura espiritual” lo encontraremos en todo lo creado. Aplicando la teoría aportada por física cuántica, “El Todo está en la parte y la parte está en el Todo”.


A lo largo del estudio aplicado al Génesis, me llamó la atención el hecho de que las Esencias aportadas  por los Zodiacales fuesen cuatro, dando lugar a los 4 Elementos: Fuego, Agua, Aire y Tierra. Partiendo de la base, de que todo debe tener un “Propósito”, descarté la posibilidad de que fuese una mera casualidad y entendí que detrás de esa manifestación debía existir un “Orden”.

En la medida en que fui avanzando en las Enseñanzas, comprendí la razón de ese “Orden”.  La respuesta me vino dada al estudiar el Rostro de la Divinidad conocido por Jehová. Tendremos ocasión de profundizar en su estudio más adelante, pero adelanto, que su función es de ejercer de “Ley Reguladora”. No deja de ser curioso, que dicho aspecto de la Divinidad no aparezca en la Biblia hasta el punto 4 del 2º Capítulo del Génesis, cuando ha culminado el Proceso Creador y se centra en lo acontecido en el Paraíso, el marco dispuesto por nuestro Creador para que pudiésemos desarrollar nuestras potencialidades.

El nombre de Jehová, se traduce como: Yod-He-Vav-He. El  Yod, concentra los trabajos del 1º Día de la Creación, de donde adopta el Principio de la Voluntad. Es la semilla. Es el Fuego.
El primer He, concentra los trabajos del 2º Día de la Creación, de donde adopta el Principio del Amor. Es la matriz-tierra donde se siembra la semilla. Es el Agua.
El Vav, concentra los trabajos del 3º Día de la Creación, de donde adopta el Principio de la Inteligencia. Es la manifestación externa y ordenadora. Es el Aire.
Y por último, el 2º He, que concentra los trabajos realizados en el 4º Día de la Creación, de donde adopta el Principio de Materializar. Es la obra perfecta. Es la Tierra.

De lo anteriormente expuesto, nos quedamos con la idea de que alcanzada la 4ª fase de todo acto creador, llegamos a su máxima cristalización. Podemos decir, que fue en el 4º Día, cuando el germen del Cuerpo Denso adquirido en el 1º Día, alcanzó su madurez, es decir, pasó de ser energía en estado ondular a energía en estado corpuscular (física).

El hecho de que Moisés no consigna esta aparición, responde a que el verdadero sentido espiritual de la Creación de Dios, no es crear un hombre material. Ese nivel, supone tan sólo una fase del Gran Proceso. El objetivo final, es alcanzar la creación de una Entidad Perfecta, llamada Humanidad y eso tan sólo se logrará, cuando el último de los vehículos adquiridos alcance la perfección, es decir, cuando el Cuerpo Mental alcance su madurez. Dicho Cuerpo fue adquirido en el 3º Día, por lo que llegará a su fase 2º He en el Sexto Día, que es cuando el Génesis consigna su aparición.

En el 4º Día la Obra Divina se materializa, alcanza su punto de máxima densidad y aparece la Oleada de Vida Mineral, que será la última creación de nuestro Dios, porque con el 4º Día termina la fase exteriorizadora y comienza la interiorizadora, o sea la de perfeccionamiento de la Obra.

La tutela de estos Trabajos queda en manos de Hesed, el cuarto Séfira del Árbol Cabalístico, el cual representa, el Fruto de la Obra Creadora. En él se expresa la Idea de Abundancia y Bondad Divina. Está estrechamente relacionado este Centro con la Humanidad. No en vano, este Centro se le conoce en el argot cabalístico como Paraíso. Ese será el escenario dispuesto por el Creador para que sus “Hijos” desarrollen su labor Creadora. En dicho “espacio” se manifiesta la inmensa Grandeza de Dios, pues cuenta con todos los materiales necesarios para que la Vida se manifieste y aporte su Quintaesencia a la Conciencia del Hombre.

Tal vez, alcanzado este punto del camino, hayas comprendido que las Enseñanzas deben alcanzar la 4ª fase del Proceso Creador, esto es, la fase 2º He. Si no lo hacemos, la Enseñanza se traducirá en pura teoría y no estaremos diseñando nuestro “mundo” a través de nuestras obras. No estaremos llevando al músculo la esencia del conocimiento y por lo tanto no avanzaremos en el ineludible ritmo de la Evolución.

Tenemos las claves para crear como los hace nuestro Hacedor. Podemos trasladar ese saber a nuestro entorno más inmediato y contribuir en la edificación de una sociedad acorde a las Leyes Universales. Para ello, tenemos que movilizar nuestros Atributos: la Voluntad, el Amor y la Ley-Orden. Si cada una de nuestras construcciones cuenta con la dosis apropiada de dichos atributos, podemos estar seguros, de que nuestra Obra será fecunda y gozará de la bendición de Hesed-Abundancia.

Debemos recordar siempre, que el Elemento más “rebelde” es el Agua, es decir, el deseo, las emociones y los sentimientos. Es curioso, que ese Elemento tutelado por Hochmah-Amor, diera lugar a la división. Pero si nos fijamos bien, es gracias al Atributo del Amor Incondicional, como podremos “integrar”, definitivamente, esas energías rebeldes.


domingo, 20 de marzo de 2016

La Religión del Padre: Introducción"

El día 20 de marzo de 2016, a las 04:30 hora peninsular en España, el Sol penetró en el signo Cardinal de Fuego, Aries, y con ello, nos anunció la entrada de la estación Primaveral.

Al margen de los efectos meteorológicos característicos de esta época del año, para el estudiante de esoterismo y de metafísica, extrae de este evento una información de vital importancia, pues reconoce que, la dinámica del signo Aries, nos permite tomar consciencia de los mensajes que la Divinidad nos dispensa en orden a que nuestro comportamiento se ajuste a su dinámica. Podemos asegurar, que mientras que se produce el tránsito del Sol por el signo de Aries, recibiremos un aporte de energía tan especial que si la utilizamos convenientemente, nos llevará a iniciar empresas innovadoras o, simplemente, nos ayudará a movilizar nuestra voluntad para salir de situaciones, aparentemente, estancadas. La razón de que esto sea así, responde a que  a través de Aries, el Padre, nos insufla su Aliento, el Principio de la Voluntad, para que en nosotros se produzca la experiencia del re-nacer.

Debo confesaros, que en estos momentos estoy aprovechando ese conocimiento que me permite sincronizarme con las fuerzas estelares, para acometer una nueva iniciativa, en total sintonía con la dinámica Ariana. En el “ahora” que estoy escribiendo estas líneas, el propósito que me mueve, me lleva a hablar de un concepto espiritual que considero esencial y que viene a unirse a otras voces, que de manera intuitiva e inspirada, ya han escrito sobre él, me estoy refiriendo a la realidad “Reino del Padre” o “Reino de los Cielos”.
Podríamos pensar que dichos términos no tienen nada de nuevo. Y estaríamos en lo cierto, pero, la interpretación que nos han enseñado de ellos, debe ser reconsiderada si en verdad nos sentimos llamados por la Voz del Espíritu.

La religión ha seguido una evolución paralela a la de las Eras Astrológicas. Así vemos, que mientras el Sol por precesión de Equinoccios, atravesaba el signo de Tauro, en el mundo floreció la religión de la vaca, cuyos vestigios aún permanecen en la India. Cuando más tarde atravesó el signo de Aries, advino la religión del cordero, que desarrollaron los israelitas. Cristo inauguró la religión de los peces y ahora el mundo espera la religión de Acuario, era en que la humanidad estará a partir del año dos mil ciento sesenta, pero cuya influencia se deja sentir ya en el día de hoy. Durante los dos milenios en que el Sol se encuentre, por precesión, en Acuario, en el mundo se desarrollará la religión del Padre.

La figura de Cristo, durante la Era de Piscis, ha activado y purificado el Cuerpo Emocional de la Humanidad y a nivel particular, su enseñanza, ha elevado nuestra conciencia emotiva llevándonos a aprender que debemos “Amar al enemigo, como a nosotros mismos”. Cristo, a través de su enseñanza, nos ha revelado que el verdadero “hogar” del hombre, no se encuentra en el mundo material, si no en el “Reino de los Cielos”, donde El Padre, lo aguarda para que goce de la abundancia y plenitud de ese Reino.

Dedicaré parte de este escrito a aportar información que nos permita conocer y comprender el significado de ese mítico “reino”. Si es la meta que Dios, nuestro Creador, ha dispuesto para nosotros, entiendo que todos deberíamos tener la inquietud de saber lo que debemos hacer para alcanzar la meta deseada.

Recuerdo, que cuando impartía clases sobre Astrología Cabalística, y el tema trataba sobre el signo de Aries y la Casa I o Ascendente, me esforzaba por ir más allá de la típica interpretación asignada a este sector astrológico. Entonces, dirigiéndome a los asistentes, les hacía una pregunta muy directa: ¿Tú quién eres? La primera vez que puse en práctica esta técnica, todas las respuestas me definieron la identidad particular de cada uno:
  • Me llamo Juan. Tengo 32 años. Estoy casado y tengo dos hijos. Vivo en….
Me describían aspectos que respondían a su identidad consciente. Por supuesto, su parte inconsciente permanecía intacta. Pero yo, con la pregunta, no buscaba que me aportasen una respuesta integral de su personalidad mundana. Lo que estaba intentando de despertar en ellos, era que fuesen conscientes de que la versión que me estaban dando era relativa a su rostro material, cuando su verdadera identidad, su verdadera realidad, como bien expresa Un Curso de Milagros, es que Somos Espíritu; Somos Hijos de Dios. Lo que estaba tratando de enseñarles, es que nuestra verdadera identidad, no es la que nos muestra la Casa I, sino la que nos muestra el signo de Aries, es decir, somos Espíritus, emanados de la Mente Divina.
Desde entonces, los estudiantes que seguían los cursos, cuando abordábamos este tema, ya sí aportaban la respuesta desde el punto de vista espiritual: Soy un Ser de Luz Espiritual.

Esto es sumamente importante que tomemos consciencia de ello. Y este es el Propósito que me anima, en este “ahora” que coincide sincrónicamente con la entrada de la Primavera. Lo vivo como una aportación a las fuerzas cósmicas que están activas en el día de hoy. Soy consciente de que cuando actuamos en sintonía con la Divinidad, aquello que emprendemos cuenta con la protección de las Entidades Espirituales que velan por nuestra evolución.

Para poner fin a esta introducción, me gustaría analizar el término “reino” y aclarar que El "Reino de Dios" es usado indistintamente con el de "Reino de los Cielos". En el Evangelio según Mateo se utiliza esta última, mientras que en Lucas, Marcos y Juan se utiliza "Reino de Dios". La explicación habitual es que el evangelio de Mateo está destinado a los judíos, quienes prefieren evitar el uso directo del nombre de Dios. Marcos y Lucas están dirigidos a una audiencia más general y menos familiarizada con el término "Reino de los Cielos".
La frase “El Reino de Dios” ocurre 68 veces en 10 diferentes libros del Nuevo Testamento, mientras que “El Reino de los Cielos” ocurre 32 veces, y solo en el Evangelio de Mateo.

Reino:
En hebreo, Malkut (מלכות), «reino; reinado; gobierno». El vocablo Malkut aparece 91 veces en el Antiguo Testamento hebreo y parece corresponder al hebreo bíblico tardío. Se menciona por primera vez en Nm 24.7: «El agua correrá de sus baldes; su simiente tendrá agua en abundancia. Su rey será más grande que Agag; su reino será enaltecido».

El vocablo Malkut denota: (1) el territorio de un reino: «Para mostrar él las riquezas de la gloria de su reino, el brillo y la magnificencia de su poder, por muchos días, ciento ochenta días» (Est 1.4); (2) acceso al trono: «Si te quedas callada en este tiempo, el alivio y la liberación de los judíos surgirán de otro lugar; pero tú y la casa de tu padre pereceréis. ¡Y quién sabe si para un tiempo como este has llegado al reino!» (Est 4.14); (3) año de gobierno: «Ester fue llevada al rey Asuero, a su palacio real en el mes décimo, el mes de Tebet, del séptimo año de su reinado» (Est 2.16); y (4) cualquier cosa relacionada con un rey: trono (Est 1.2), vino (Est 1.7), corona (Est 1.11), decreto (Est 1.19), vestimenta (Est 6.8), casa real (Est 1.9), cetro (Sal 45.6) y gloria (Sal 145.11–12).

Las traducciones de Malkut en la Septuaginta son: basileia («realeza; reino; poder real») y basileus («rey»).

Malkut (reino) es el nombre con el que se conoce el décimo Séfira del Árbol Cabalístico, la estructura organizativa donde se recogen los  Diez Centros de Conciencia de la Divinidad. Dicho Centro, constituye el Plano de Acción y da vida al Mundo Material. Por lo tanto, dicho Plano de Manifestación se muestra como uno de los Escenarios donde el Ser Espiritual debe expresar su condición divina, esto es su condición creadora (el hombre ha sido creado a Imagen y Semejanza de su Creador). Esa es la razón por la que no debemos concebir la falsa creencia de que el Mundo Material es el mundo de perdición. Cada uno de nosotros, como legítimos herederos de nuestro Padre, tenemos la misión de tomar consciencia de las Leyes que rigen el Plano Material y con ese bagaje de experiencias y sabiduría, extraído de las vivencias creadoras adquiridas en el transitar por el mundo físico, podremos avanzar hacia nuestra meta final, alcanzar la condición de Dioses Creadores. Nuestro tránsito actual por el mundo físico, nos permite espiritualizar la materia y elevarla de tono vibratorio. Ahora bien, la identificación excesiva con dicho plano produce un estancamiento en la conciencia, un estado semejante a estar “dormido” pues, en realidad, hemos olvidado nuestra verdadera identidad y el Plan que nuestro Padre nos ha encomendado.

Si traducimos cada una de las letras que componen el nombre de Malkut al lenguaje numérico, obtenemos la siguiente información: Mem (13) – Lamed (12) – Khaf (11) – Yod (10) – Tau (22). Si sumamos cada uno de estos valores, obtenemos la cifra: 68 = 14. La Letra que se corresponde con el valor obtenido es el Noum (Nun), que astrológicamente está representado al signo de Tauro, cuya dinámica nos sitúa en la experiencia de interiorizar los valores del mundo material, y en esta tentadora labor, el alma queda identificada con el mundo de la percepción de los sentidos. Es fácil, en esta fase del proceso del crecimiento anímico, exclamar: ¡Esto es el Paraíso y gozaré eternamente de él!

Podríamos hablar largo y tendido de los trabajos espirituales que nos aguardan en la dinámica de Tauro, pero no es el objeto de este análisis. Me conformo con haber vinculado el sentido del término Malkut (reino) con el arquetipo astrológico que sintetiza su significado espiritual. Nosotros, cada uno de nosotros, cuando vivimos anímicamente la etapa Noum-Tauro, proclamamos nuestro sentido de “reino”. Es lógico que lo hagamos, pues Tauro  se manifiesta al final del camino, cuando ya hemos recorrido un largo trayecto y se nos presenta la oportunidad de “gozar” de lo construido. Creemos que tenemos el derecho de proclamar nuestro “reino” y ello se traduce, en que nuestro reino son las posesiones que hemos ido adquiriendo, hasta tal punto que nos identificamos con ellas y nos decimos: “este es el final del recorrido”.

Sin embargo, la etapa de los frutos, cuando se manifiesta en la sabia naturaleza, nos lleva a corregir esa creencia errónea de estancamiento. Cada fruto, lleva implícito en sí mismo una nueva semilla, pues de este modo garantiza su renacer, su resurrección. Sí, ese es el verdadero sentido del término Reino. Completar el proceso de aprendizaje; convertirse en fruto para los demás y volver a resucitar, convertidos en nuevas semillas. ¿Acaso no fue esa la Enseñanza que nos dejó el Maestro Jesús?

Para ampliar información sobre la Letra Fuerza Noum: 
http://nuevosarquetipos.blogspot.com.es/2012/02/el-tarot-la-templanza-el-noum.html


Continuará

Significado Espiritual del Equinoccio de Primavera


Trataremos de estudiar este tema desde dos puntos de vistas que, aunque aparentemente son diferentes y reñidos entre si, no cabe duda, se complementan el uno al otro. 

Científicamente hablando, recurriremos al conocimiento que nos aporta la Astronomía, la cual nos refiere, que entre los movimientos de los planetas, el más importante para nosotros es el del Sol, el cual, en su movimiento anual en torno a la Tierra, describe en el cielo un círculo máximo llamado "eclíptica" u "órbita solar''', cuyo plano corta el del Ecuador Celeste bajo un ángulo de inclinación (oblicuidad de la eclíptica). Como círculos máximos, la eclíptica y el Ecuador celeste se cortan en dos puntos distantes 180º, uno del otro.

El Sol llega en su órbita a uno de estos puntos a comienzo de la primavera, al otro, a comienzo del otoño. El primero de estos puntos es llamado "Equinoccio Vernal ó Punto Vernal', y el otro, "Equinoccio Otoñal ó Punto Otoñal”. 

Para poder comprender el significado astrológico del Equinoccio de Primavera, lo primero que debemos entender, es que la astrología emplea un lenguaje simbólico para crear una identificación del hombre - microcosmos -, con el universo-Dios – macrocosmos -.

Desde este punto de vista, diremos que la astrología es la primera ventana a través de la cual, el hombre pudo estudiar y ver su propio universo.

El hombre primitivo marcaba su ritmo diario, gracias a la presencia del Sol, en el día, y la Luna, en la noche. Estos astros ya tenían para él un poderoso significado. A través de la observación de los fenómenos astrales y sus repercusiones en la vida del hombre, éste desarrolló un conocimiento, una ciencia, una filosofía, que le permitió interpretar los ciclos o periodos celestes, para conocer mejor los ciclos o períodos humanos, los cuales han dado lugar a las Grandes Iniciaciones. 

"Como Arriba es Abajo y Viceversa”
“El Hombre ha sido creado a imagen y semejanza de su Creador”  

Partiendo de estos axiomas, diremos que nada en el Macrocosmos, ni en el Microcosmos, sucede al azar. La Ley de Causa-Efecto, nos enseña que toda semilla genera un fruto, por lo que cada movimiento planetario responde a la Voluntad Superior.

Astrológicamente, el Sol representa la energía básica de nuestro Ser, la Luz, la conciencia del individuo y la capacidad creadora. Es el centro motor que regula y organiza nuestra existencia. Es el eje central de nuestra vida. Cabalísticamente, el Sol representa los programas que debemos integrar en nuestra conciencia, gracias a los cuales avanzaremos evolutivamente. Igualmente nos indica, el nivel en el que debemos trabajar y enfocar nuestra voluntad. Es un Centro de Iniciación.

No es casual que sea este planeta el que determine los grandes cambios en la naturaleza, así como el ciclo vital día-noche. 

Dos hechos muy importantes han quedado grabados en la Memoria de la Naturaleza, como Arquetipos de Iniciación y que en la historia se han dado a conocer, como la Pascua Antigua, representada por Moisés y la liberación del Pueblo Elegido de Egipto, y la Pascua Cristiana, en la que se celebra todos los años, la muerte y resurrección de Cristo.  

La Pascua Antigua en la que los “Elegidos” quedaron salvos gracias a la sangre derramada del “Cordero–Aries”, simboliza, astrológicamente, el paso de una Era a otra, la de Tauro, en la que se adoraba al Becerro de Oro, para entrar en Aries, la Religión del Cordero, el Purificador y Redentor. Desde ese día, se convirtió en idolatría, para aquellos que se habían salvado por el Cordero, la adoración al Becerro, ya que las viejas religiones del Toro, habían sido invalidadas por la nueva Religión del Cordero. 

Esto ocurrió cuando el Sol, por Precesión de los Equinoccios(*), se encontraba a 7° de Aries, el Cristo vino al cuerpo físico de Jesús para hacer un nuevo testamento bajo el sello y símbolo místico del Pan y  el Agua de vida.

El Cordero debía dar paso a un nuevo impulso, quedando representado éste por las Aguas de Piscis. Es la Era Pisciana, la cual estamos abandonando en la actualidad. 

¿Por qué es tan importante ese tránsito o Precesión Solar por el signo de Aries – Equinoccio de Primavera? 

Ya hemos visto que representan dos pasajes de liberación: La salida de Egipto (Tauro) para entrar en la Tierra Prometida (Aries), y la Purificación de las almas humanas gracias a la muerte del Cristo y su liberación de los planos materiales.

Esta parte nos narra un proceso evolutivo, un sendero iniciático que todos debemos pasar, pues la vida del Maestro nos traza el camino que debemos recorrer para alcanzar el trono del Padre, nuestra verdadera Patria. 

¿Hay alguna relación entre la muerte del Salvador sobre la cruz en Pascua y la Vida – Energía, que se expresa tan pródigamente en  Primavera, cuando la naturaleza da comienzo a la vida de un nuevo año? 

Para poder contestar esta cuestión, establezcamos una relación entre las estaciones y el impulso Crístico.

En la -noche más oscura- del año, cuando la tierra duerme profundamente en manos del frío invierno, cuando las actividades materiales están adormecidas, una ola de energía espiritual nace en la Mística Navidad. Como una nube luminosa, ese impulso espiritual se cierne sobre el mundo; ¿quién no experimenta esa alegría interna, ese júbilo contagioso característico de estas fechas? Es el nacimiento de Cristo en el seno de nuestra tierra humana. 

¿Por qué Jesús nace en la "noche más oscura"? 

Esta noche está representada por Capricornio, signo que da vida al Elemento Tierra, donde la luz del Espíritu se encuentra tan alejada de su patria celestial -Aries- que se oscurece, olvidándose de su estirpe, es decir, se materializa y queda prisionero de todos los placeres que la materia le dispensa.

Es por ello, que este impulso espiritual traía una misión: salvar al mundo y dar su vida por el mundo.

Por necesidad, debe sacrificar -Capricornio- su Vida -Aries-, a fin de lograr el rejuvenecimiento de la naturaleza. Este sacrificio está totalmente consumado en el momento en que el Sol cruza su nodo Este -Pascual- en el Equinoccio de Primavera.

En la Primavera, la naturaleza experimenta un hecho notable, las pequeñas semillas en el seno de la madre tierra comienzan a germinar y brotar, con renovadoras fuerzas, en todas direcciones. Igualmente, el Fuego de Aries, genera un fuego interno que nos revive, nos impulsa a crear, a inseminar vida en el mundo que nos rodea. Generación y Multiplicación son las palabras claves. 

Para aquellos que trabajan conscientemente con las leyes Cósmicas, la Pascua tiene un gran significado, es la liberación anual del Espíritu Crístico de los estrechos confines de la tierra y su gozosa ascensión hasta su verdadero mundo-hogar. Se toma conciencia de que la verdadera patria se encuentra en el Reino del Padre, y se produce un abandono de nuestra personalidad arcaica, de los hábitos que nos mantienen prisionero de los falsos valores -período cuaresmal-, para dar paso a la verdadera personalidad, a nuestro Ego. La conciencia de los mundos espirituales puede alcanzarse en este período místico. 

¿Está la Humanidad siguiendo los  Patrones Cósmicos? ¿Estamos derramando nuestra Sangre-Deseos Purificados con el propósito  de aliviar la carga del prójimo? 

Verdad es que la gran mayoría de la humanidad, recorre la vida con ojos que no ven y oídos que no oyen, enfrascados en sus asuntos materiales, viviendo para la satisfacción de los sentidos, sin un adecuado entendimiento de los propósitos de la existencia. 

En definitiva, el Equinoccio de Primavera, la Pascua, marca la resurrección y liberación del Espíritu Crístico de los reinos inferiores, y esta liberación debería recordamos, que debemos mirar hacia el amanecer del día que nos libere, permanentemente, de las redes de la materia, del vehículo inferior -el cuerpo físico- y de la muerte, conjuntamente con todos nuestros hermanos en “cautiverio”, ya que ningún aspirante verdadero podría concebir una liberación que no incluya a todos los que están en igualdad de condición, a sus compañeros de ruta. 


(*) Los planos del ecuador terrestre y la eclíptica (el plano formado por la órbita de la Tierra) se cortan en una recta que señala la dirección del punto Aries o punto vernal. Es el punto en el que el Sol pasa del hemisferio sur al norte, cosa que ocurre hacia el 21 de marzo (iniciándose la primavera en el hemisferio norte y el otoño en el hemisferio sur).

Debido a la precesión de los equinoccios este punto retrocede 50,25” al año. Ahora el punto Aries no se halla en la constelación Aries (como cuando fue calculado por primera vez, hace por lo menos un par de miles de años) sino en su vecina Piscis.