jueves, 31 de diciembre de 2015

Interpretación Astro-Cabalística del Evangelio de Marcos: Trabajos de Escorpio (I)


JESÚS EN NAZARETH

1 Salió de allí y vino a su patria, siguiéndoles sus discípulos. 2 Llegado el Sábado, se puso a enseñar en la sinagoga; y la muchedumbre que le oía se maravillaba, diciendo: De dónde le vienen a este tales cosas, y que sabiduría es esta que le ha sido dada, y ¿cómo se hacen por su mano tales milagros? 3 ¿No es acaso el carpintero, hijo de María, y el hermano de Santiago, de José, y de Judas, y de Simón? Y ¿sus hermanos no viven aquí entre nosotros?; y se escandalizaban de Él.

Comienza la crónica de este capitulo VI, siguiendo el patrón elegido por Marcos para indicarnos, cada nuevo pasaje, la exacta posición donde se sitúan los Trabajos Crísticos.

"Salió de allí y vino a su patria", nos revela el autor. Si seguimos fielmente el itinerario trazado por las energías zodiacales en el proceso creativo, comprenderemos, que el "allí" hace referencia al instante que acaba de abandonar, Cáncer, mientras que cuando se refiere a su patria, debemos entender que se sitúa en la Esfera del siguiente signo del Elemento Agua, esto es, en Escorpio.

¿Qué relación existe entre este Arquetipo y la patria de Jesús?

Para poder contestar esta cuestión, debemos tomar como referencia el Árbol Cabalístico, y recordar lo que ya hemos dicho con relación a las regencias sefiróticas con el protagonismo de Jesús, y de Cristo.

Decíamos que el Padre, el Creador, está representado por Kether -la Corona Suprema- y que su expresión no tiene rostro. Kether se hace visible; adquiere una identidad a través de Hochmah, donde su poder creador se interioriza dando lugar al Amor. El Hijo de Dios, la segunda expresión de la Divinidad, da lugar al Cristo, el máximo exponente de los Querubines, Arcángeles al servicio de Hochmah. Por lo tanto, cuando hablamos de este Centro Sefirótico, estamos refiriéndonos igualmente a la patria de Cristo. Si tuviésemos que adjudicar una correspondencia a este centro de consciencia, Hochmah, con respecto a las cuatro fases creadoras que se ponen de manifiesto en el termino sagrado Jehová, diremos que Hochmah es el He Primordial, el máximo representante de la fase interiorizadora, y cualquier otro Séfira que ejerza funciones He en otro Plano, estará bajo su tutela.

Ahora bien, si el Plano Emanativo-Fuego-Mundo Divino es el Plano Yod, por ser el Primordial, el siguiente Plano, el de Creación-Agua-Mundo del Deseo, es el Plano He. Si distribuimos los tres signos del Elemento Agua, haciéndoles corresponder con cada uno de los Tres Séfiras del Plano de Creación, tendremos que Hesed regiría sobre Cáncer, de donde se deduce que dicho signo ejerce funciones Yod, por ser el primero; que Gueburah rige sobre Escorpio, donde ejerce funciones He, y que Tiphereth rige sobre Piscis, donde funciona como un Vav.

De estas correspondencias, entresacamos la información que necesitamos para comprender porqué Escorpio es la patria de Jesús dentro del Elemento Agua. La razón de ello, la encontramos al comprobar que Escorpio es un doble He, y si hemos dicho que el He Primordial es Hochmah, donde Cristo tiene su Morada, en el Agua, esa Morada es Escorpio-Gueburah.

El texto sagrado nos indica que esa patria a la que llega Jesús es Nazareth. Si aplicamos las herramientas que pone a nuestra disposición la Cábala, y desglosamos el nombre de Nazareth, en letras hebreas, y le aplicamos sus regencias astrológicas y sefiróticas, tendremos más información sobre los Trabajos que se han de realizar alcanzando la instancia llamada "Nazareth".

Nazareth esta compuesta por las siguientes letras hebraicas:
  • NOUN, cuyo valor numérico es 50.
  • ZAIM, cuyo valor numérico es 7.
  • REISH, cuyo valor numérico es 200.
  • TEITH, cuyo valor numérico es 9.
La suma de estas letras se sintetiza en el 5, que corresponde al He. Esta letra a niveles sefirótico corresponde a Gueburah, mientras que a niveles astrológicos, rige la instancia Cáncer, la puerta de entrada al Mundo Emocional.

Este análisis viene a coincidir con lo expuesto anteriormente. La regencia de Gueburah-Escorpio está presente en Nazareth, y el Elemento Agua queda doblemente representado por la regencia de Cáncer. La patria de Jesús es, sin duda, el Mundo del Deseo, una tierra en la que le será difícil profetizar la nueva verdad que anuncia.

Los primeros Trabajos que debemos realizar, cuando nos dirigimos a los que habitan en nuestra patria, es poner de manifiesto nuestra verdad, de tal modo, que todos vean y compartan nuestro "poder". Es por esta razón, que Jesús comienza su programa evangelizador en Sábado, pues con ello nos está anunciando que la verdad que Él anuncia, está más allá de la verdad proclamada por los antiguos sabios. Su palabra es de amor, de liberación, de paz, de unidad. La vieja palabra es rigor, de limitación, de separación...

Si aquellos que nos han visto nacer y crecer no nos conocen, es porque, en verdad, hemos dejado de pertenecer a su mundo, a pesar de haber nacido en su tierra. El impulso Crístico, al que hemos llamado Amor, ha necesitado de un ropaje físico llamado Jesús, para su manifestación en el mundo material. Es decir, para poder expresar el amor divino es preciso que, en nosotros, se haya producido un deseo de alcanzar la divinidad con el único propósito de que, ese amor, se convierta en obras, a través de nuestras acciones. Por eso la patria del amor, a niveles de Agua, a niveles humanos, está representada por Escorpio, puesto que es, en esa Morada, donde se gestan los deseos. Dado que Escorpio es un doble He, diremos que Trabaja para Hochmah-Cristo.

Ahora que ese impulso emocional humano ha conquistado la Gracia Divina, ha adquirido una nueva identidad, y su modo de amar, de actuar, maravilla a todos, es decir, a cuantas tendencias han nacido en su misma tierra, la del Mundo del Deseo.

Estos, que no han seguido su misma evolución, se preguntan ¿de dónde le viene a "este", tales cosas?, es decir, ellos han permanecido estancados en la faceta Escorpio y no han buscado elevarse hasta Hochmah-Cristo. Ellos están anclados en el pasado, mientras que Jesús representa un nuevo presente. Entre ese pasado y el reto de un nuevo presente, se debate el Escorpio. En efecto, cuando nos enfrentamos a los Trabajos de este Arquetipo, es fácil quedar atrapado en las redes de la duda, de la incertidumbre. Por un lado, la seguridad de lo que fuimos, de los sentimientos que ya hemos experimentado, la seguridad de sentirnos queridos, de tener una identidad emotiva; por otro lado, un nuevo propósito, una nueva consciencia, en la que no hay nada adquirido, todo esta por andar, no hay ataduras, no se trata de recibir, sino de dar. ¿Qué camino tomaremos entonces?

¿Acaso no es el hijo de María y su familia se encuentra entre nosotros?; es decir, si su hogar, su felicidad, los que son de su misma sangre, están aquí con nosotros, trabajan y se alimentan de nuestra misma tierra, ¿por qué ahora, proclama una nueva verdad?

El aspirante, se encontrará con esta experiencia en su vida; puede estar seguro, cuando despierte y eleve sus sentimientos al nivel Crístico, suscitará la incomprensión en aquellos que le han visto nacer, en aquellos que han jugado junto a él en la infancia, en cuantos han sido sus amigos, e incluso en los que han formado su familia.

Se trata de una elevación de consciencia que nos situará en una condición donde recibiremos las criticas, rechazos e incomprensiones de los nuestros. Es por ello que Jesús les decía:

4 Ningún profeta es tenido en poco sino en su patria y entre sus parientes y en su familia, 5 y no pudo hacer allí ningún milagro, fuera de que a algunos pocos dolientes les impuso las manos y los curó. 6 Él se admiraba de su incredulidad.

En verdad, cuando Jesús penetra en su patria, en el Plano Emocional, difícilmente logrará elevar la consciencia de aquellos que forman su familia, aunque esto no parece preocuparle demasiado, tan solo se admira de su incredulidad. Lo cierto es que Él ya representa una elevación dentro de aquella tierra emotiva que le vio nacer.

María y sus hermanos, son tendencias que han contribuido en el crecimiento anímico de Jesús; ellos están representando la dinámica de Cáncer, donde el espíritu familiar es necesario para dar lugar al nacimiento de los afectos. Sin embargo, la institucionalización de la familia pertenece a un orden antiguo, a una etapa anterior a la de Jesús. Él no viene a enseñar que los afectos deben dirigirse a los que forman nuestra célula familiar. Él, predicando en Sábado, respeta las instituciones, entre ellas la familiar, pero proclama un amor mucho más elevado. Nuestra familia no es mi madre, mi padre, mis hermanos y hermanas, mis tíos y abuelos. No, ese sentir de familia es tan solo la puerta de entrada al amor. Pero esta debe darnos paso hasta el camino que ha de conducirnos hasta Hochmah, donde, recibiendo el Espíritu Crístico, despierta un nuevo aspecto de familia. La Tierra es ahora mi madre, y todos sus habitantes, mis hermanos. Ese mensaje no será comprendido por aquella patria que nos vio nacer, pero que no ha seguido nuestros pasos cuando nos hemos hecho mayores.

La incredulidad, a la que hace referencia Jesús, no es una crítica despectiva, sino una manifestación real de una situación: la falta de nuevas creencias.

El Escorpio se debatirá entre la incredulidad y la nueva verdad. Hasta ahora, ha prevalecido el espíritu incrédulo pues, afrontar la Nueva Consciencia, produce una profunda inseguridad. La naturaleza emocional, totalmente identificada con la conquista del mundo material, tiende a la posesividad y al apego, mientras que, el espíritu Crístico, nos propone liberarnos de estos apegos. Nos habla de que el Reino del Padre no es de este Mundo, por lo que el amor debe trascenderlo. Ahora bien, debemos saber que en Escorpio se encuentra la patria de Jesús, y debemos expresarnos en nuestra naturaleza emotiva con el deseo de hacer algún milagro, aunque sea tan solo curar a unos pocos dolientes. Esto vinculará a nuestros familiares, que verán en nosotros al Hijo de Dios.

Principio 45: "Un milagro nunca se pierde"

PRINCIPIO 45

Un milagro nunca se pierde. Puede afectar a mucha gente que ni siquiera conoces, y producir cambios inimaginables en situaciones de las que ni siquiera eres consciente.


Encontramos en el estudio de este Principio, una similitud con lo expresado en el Principio 35, “Los milagros son expresiones de amor, pero puede que no siempre tengan efectos observables”, si bien, cuando lo analizamos, nos centramos especialmente en desarrollar, principalmente, la idea del amor.

Hoy, vamos a tocar el aspecto que nos quedó “pendiente” en aquella ocasión y que, este nuevo Principio, nos ofrece la oportunidad de analizar.

 A título de introducción, me gustaría compartir la siguiente frase:

“Cuando le ofreces un milagro a cualquiera de mis hermanos, te lo ofreces a ti mismo y me lo ofreces a mí”.

Ya hemos dicho, a lo largo de estos estudios, que los milagros se dan en la mente que está lista para ellos, es decir, dicha mente, al estar unida, se extiende a todos aun cuando el que obra milagros no se dé cuenta de ello.

Podemos leer en el Texto del Curso, que la naturaleza impersonal del milagro se debe a que la Expiación en sí es una, lo cual une a todo lo creado con su Creador.

He sido testigo, en más de una ocasión, de la preocupación mostrada por muchos estudiantes al desconocer el resultado que alcanza su actitud milagrosa.

En respuesta a ello, el Curso nos indica que el hecho de que el milagro pueda tener efectos en nuestros herma­nos de los que ni siquiera somos conscientes no debe preocuparnos.  Ahondando en este mensaje, debemos recordar que el milagro siempre nos bendice. Los milagros que no se nos haya pedido hacer no dejan de tener valor, ya que son expre­siones de nuestro estado de gracia, pero no podemos olvidar entregárselo a nuestro Hermano Mayor, Jesús, cuyo absoluto conocimiento del plan en su totalidad, le permite controlar su ejecución.
Si bien es cierto, que la naturaleza impersonal de la mentalidad milagrosa asegura nuestra gracia, pero sólo Él está en posición de saber dónde pueden concederse.

El Curso nos advierte, que los milagros son selectivos únicamente en el sentido de que se canalizan hacia aquellos que los pueden usar en beneficio propio.

En la medida que nos dejamos curar, nos damos cuenta de que junto a nosotros se curan todos los que nos rodean, los que nos vienen a la mente, aquellos que están en contacto con nosotros y los que parecen no estarlo.

Tal vez no los reconozcamos a todos, ni comprendamos cuán grande es la ofrenda que le hacemos al mundo cuando permitimos que la curación venga a nosotros.

Nunca nos curamos solos. Legiones y legiones de hermanos recibirán el regalo que recibimos cuando nos curamos.

Lo que acabamos de indicar, viene a dar respuesta a muchas almas inquietas que se preguntan cómo pueden ayudar a los demás a sanar. En este sentido, se cuestionan si el uso de la plegaria es efectiva.  Sobre este particular, os dejo, la aportación de Kenneth Wapnick, en su obra “Los 50 Principios del Milagro”:

“(…) lo único que Un curso en milagros nos pide es que aceptemos la Expiación para nosotros mismos, lo que significa que pongamos de nuestra parte para que nuestra mente se cure de estos pensamientos. La extensión de ese milagro -Expiación o perdón- no es de nuestra incumbencia, porque nosotros no tenemos idea de lo que es verdaderamente útil. Nuestra única responsabilidad -aceptar la Expiación para nosotros mismos- es escoger el perdón o el milagro.

Pregunta: ¿Qué hay con la oración intercesora? ¿Cómo se ajusta a esto?
Respuesta: No se ajusta, por lo menos en la manera corriente de pensar en ella. Primero, a Dios no hay que decirle lo que tiene que hacer; es sencillamente una locura pensar así. Segundo, y aún más importante, como dije antes, una vez oramos por los demás, estamos diciendo que hay un problema allá afuera, y caemos de nuevo en la trampa del ego. No rezamos por los demás, lo hacemos por nosotros mismos, que nuestras mentes, que creían que había una forma de oscuridad afuera, se sanen. Las primeras secciones del Canto de la oración plantean esto muy claramente. En verdad oramos por ayuda para salirnos de en medio, de modo que el Espíritu Santo pueda extenderse a otras mentes a través de nosotros”.

No quiero poner fin a este análisis sin compartir algunas de las joyas con la que nos regala la obra “Psicoterapia y el Canto de Oración”. Son algunas pinceladas, pues el tema del terapeuta y de la oración, lo considero de una gran importancia como para ocupar un tema monográfico.
  
“La oración es el mayor regalo con el cual Dios bendijo a Su Hijo al crearlo.  Era ésta entonces lo que ha de llegar a ser: la única voz que el Creador y la creación comparten; el canto que el Hijo entona al Padre, Quien devuelve a Su Hijo las gracias que el canto Le ofrece. Perpetua la armonía, y perpetua también la feliz concordia del amor que eternamente se profesan uno a otro.  Y en esto la creación se extiende.  Dios da gracias a Su extensión en Su Hijo. Su Hijo da gracias por su creación, en el canto de su crear en Nombre de Su Padre.  El amor que comparten es lo que toda oración habrá de ser por toda la eternidad, cuando el tiempo termine.  Porque así era antes de que el tiempo pareciese existir”.

“Para ti que te encuentras brevemente en el tiempo, la oración toma la forma que mejor se ajusta a tu necesidad.  Sólo tienes una. Lo que Dios creó uno debe reconocer su unidad, y alegrarse de que lo que las ilusiones parecían separar es por siempre uno en la Mente de Dios.  La oración debe ser ahora el medio por el cual el Hijo de Dios abandona las metas e  intereses separados, y vuelve en sagrada alegría a la verdad de la unión en su Padre y en sí mismo”.

“La oración es un camino que el Espíritu Santo ofrece para alcanzar a Dios.  No es sólo una pregunta o una súplica. No puede tener éxito hasta que te des cuenta de que no pide nada. ¿De qué otra forma podría cumplir su propósito?  Es imposible orar pidiendo ídolos y tener esperanzas de alcanzar a Dios.
La verdadera oración debe evitar la trampa de la súplica.  Pide, en su lugar, recibir lo que ya se ha dado; aceptar lo que ya está ahí”.

“El secreto de la verdadera oración es olvidar las cosas que crees necesitar.   Pedir lo específico es muy similar a reconocer el pecado y luego perdonarlo.  De la misma manera, también en la oración pasas por encima de tus necesidades específicas tal como tú las ves, y las abandonas en Manos de Dios. Allí se convierten en tus regalos para Él, pues Le dicen que no antepondrías otros dioses a ÉI; ningún  Amor  que  no sea  el Suyo. ¿Cuál otra podría ser Su Respuesta sino tu recuerdo de Él?
¿Puede  esto  cambiarse  por  un  trivial  consejo  acerca  de  un problema  de  un  instante  de  duración?
Dios responde únicamente por la eternidad. Pero aun así todas las pequeñas  respuestas  están contenidas en ésta”.

“Orar es hacerse a un lado; es abandonarse, es un sereno instante para escuchar y amar.   No debe confundirse  con  súplica  alguna,  porque es una manera de recordar tu santidad. ¿Por qué debería suplicar la santidad, si tiene pleno derecho a todo lo que el amor puede ofrecer? Y es al Amor adonde vas en la oración. La oración es una ofrenda; es renunciar a ti mismo para ser uno con el Amor. No hay nada que pedir porque no queda nada que desear. Esa nada se convierte en el altar de Dios. Desaparece en Él”.

“También es posible alcanzar una forma más elevada de pedir -desde la necesidad-, puesto que en este mundo la oración es reparativa, y por lo tanto debe establecer niveles de aprendizaje. Aquí, la petición puede ser dirigida a Dios con creencia sincera, aunque aún sin comprensión. Un vago y usualmente inestable sentido de identificación se ha alcanzado generalmente, pero tiende a opacarlo un sentimiento de pecado de profundo arraigo. Es posible en este nivel continuar pidiendo cosas de este mundo en varias formas, y también es posible pedir regalos como la honestidad o la bondad, y particularmente el perdón de las muchas fuentes de culpa que inevitablemente yacen bajo cualquier oración de necesidad. Sin culpa no existe escasez. Los que no han pecado no tienen necesidades”.

“En este nivel viene también la curiosa contradicción de términos conocida como -orar por nuestros enemigos-. La contradicción  no se encuentra en las palabras mismas, sino más bien en la manera como usualmente se interpretan.   Mientras creas que tienes enemigos, has limitado la oración a las leyes del mundo, y también has limitado tu habilidad de recibir y aceptar a los mismos estrechos márgenes. Y aun así, si tienes enemigos tienes necesidad de oración, y una muy grande por cierto.
¿Qué significa la frase realmente? Ora por ti mismo, para que no busques aprisionar a Cristo y de esa manera pierdas el reconocimiento de tu propia Identidad.  No le seas traidor a nadie, o te traicionarás a ti mismo”.

“Que nunca  se olvide  que la oración  en cualquier  nivel  es siempre  por ti mismo. Si te unes a cualquiera en oración, lo haces parte de ti. El enemigo eres tú, lo mismo que el Cristo. Antes de que pueda tornase santa, pues, la oración se vuelve una decisión.  Tú no decides por otro. Sólo puedes escoger por ti mismo. Ora verdaderamente por tus enemigos, puesto que aquí radica tu salvación. Perdónalos por tus pecados, y serás realmente perdonado”.

Con esta termino:

“Ahora la oración se eleva del mundo de las cosas, de los cuerpos, y de los dioses de toda clase, y puedes descansar en santidad al fin.  La humildad ha venido a enseñarte cómo entender tu gloria como Hijo de Dios, y reconocer la arrogancia del pecado. Un sueño te ha velado la faz de Cristo. Ahora puedes contemplar Su impecabilidad. Alto se ha elevado la escalera. Has llegado casi hasta el Cielo. Hay poco más que aprender antes de completar el viaje. Ahora puedes decir a todo aquel que venga a unirse en oración contigo:

No puedo ir sin ti, pues eres parte de mí.

Y así lo es en verdad. Ahora puedes orar sólo por lo que verdaderamente compartes con él. Pues has comprendido que jamás se fue, y que tú, que parecías solo, eres uno con él”.

miércoles, 30 de diciembre de 2015

2016: "La hora del parto"

Me propongo, un año más, compartir con todos ustedes una breve reflexión sobre el mensaje que nos ofrece el nuevo año, 2016, desde el punto de vista numerológico.

He querido recordar el contenido de lo que escribí el pasado año con motivo de la llegada del 2015, y lo he hecho, con el ánimo de comprobar si lo que entonces aventuré ha tenido algún sentido. No, no es que dude de las enseñanzas que nos aportan los números. Lo que quisiera saber es cuan fiel hemos sido al seguir el patrón anunciado por la combinación numérica.

Permítanme recordar parte del mensaje que publicaba el pasado año por estas fechas:

“Sí, el 2015 nos ofrece la oportunidad de desarrollar nuestra  mente y permitir que la Unidad penetre en cada una de nuestras células. Esa Unidad, nos inspirará para que demos testimonio de la Igualdad.

Muchas filiaciones tocarán a su fin: a banderas, a colores, a religiones, a movimientos ideológicos de cualquier tipo… La apuesta nueva no hace distinciones. Busca alianzas basadas en la igualdad, no en las diferencias. Todas aquellas iniciativas que promulguen la división en cualquiera de sus aspectos, irán en contra de la dinámica cósmica y no contará con la fuerza de atracción que le garantice su éxito.

2015 es un año propicio para que los hombres se unan bajo una misma causa: la igualdad. Bajo esa nueva luz, el ataque, las luchas, las rivalidades deben ceder su hegemonía, al entendimiento, a la comprensión. La fuerza esencial que mueve este engranaje se llama perdón”.

Estoy seguro que en la memoria de cada uno de nosotros podremos encontrar imágenes e información, que nos permita valorar con integridad y honestidad el nivel de respuesta dado, a nivel individual y a nivel colectivo, con relación a la propuesta que nos brindaba el año 2015. Lo que si me gustaría dejar claro, debo ser honesto conmigo mismo, es que no culparé, no proyectaré sobre los demás, mi propia condenación cuando aprecie comportamientos que defiendan el espíritu separatista. No lo haré, por una sencilla razón de coherencia, pues estoy plenamente convencido de que el mundo que veo proyectado, es el reflejo de mi propio mundo interior.

Puedo agotarme hasta la saciedad, si así lo decido, empleándome en emitir juicios condenatorios sobre los representantes sociales, sobre el entorno humano que me rodea, llámese, jefe, pareja, madre, padre, hermano…, etc., pero con ello, lo único que estoy manifestando es mi propia condena interior, la cual he elegido “escupirla” al exterior, en un intento de alejarla de mi propia realidad interna.

2015, ya lo decíamos, es el año que nos ha brindado, a todos y a cada uno de nosotros, la posibilidad de conquistar la visión de la “igualdad”.

Ahí lo dejamos, pues un nuevo año nos aguarda. Ya casi asoma en el horizonte temporal. 2016, suma 9, y lo he identificado, no caprichosamente, como “la hora del parto”.

¿En qué me baso para llegar a dicha conclusión? He recurrido al conocimiento ancestral que nos ofrece la Cábala y he entresacado la sabiduría que se encuentra recogida en el Árbol Cabalístico, emblema esquemático que nos revela, a través de los Diez Séfiras, la Organización del Proceso Creador de la Divinidad. Cada uno de esos Séfiras representa diferentes estados de consciencia que el alma debe recorrer, desde su creación, como Espíritus Virginales, a Imagen y Semejanza de su Creador, hasta alcanzar su condición de Elohim o Dios Creador.

No podemos extendernos en el maravilloso mundo de la Cábala, pero nos quedaremos con la idea de que todo emana por primera vez en el primer Séfira, llamado Kether-Padre, el cual representa el Principio de la Voluntad y alcanza su nivel de materialización cuando la consciencia activa el décimo centro, llamado Malkuth-Mundo Físico.

En ese trayecto, la energía va pasando por cada uno de los diferentes Séfiras. Nace como una idea vaga y confusa, la interiorizamos con nuestras emociones y determinamos si nos motiva o no, seguidamente, la filtramos con nuestra razón y le permitimos formar parte de nuestras creencias, para finalmente, convertirla en un acto que pronto será un hábito.

En ese recorrido, toda causa, todo origen, lo descubrimos en el mundo de las emanaciones, desde donde fluyen las ideas, para al final, alcanzar el nivel de los efectos, donde esa idea ya se convierte en algo tangible. Es importante comprender esta dinámica, pues en ella se encuentra la clave de todo cambio. Estamos tan acostumbrados a querer cambiar las cosas en el nivel de los efectos, es decir, en el mundo tangible, que nos olvidamos que el verdadero cambio debemos realizarlo en el nivel de las causas, en nuestra mente.

Bien, no nos hemos olvidado de la razón que me ha llevado a determinar que este año es “la hora del parto”. Tal vez alguno de vosotros haya intuido la estrecha relación que existe entre el número 9 y los nueve meses de embarazo de la naturaleza femenina. Es cierto, dicha relación es correcta, lo que significa, que cuando alcanzamos el noveno mes, la criatura que hemos gestado, ha alcanzado el nivel de maduración apropiado para “separarse” de su creador. Podemos decir, que cuando una idea alcanza la fase nueve, está madura para convertirse en realidad material. Dicho de otra manera, cuando una idea forma parte de nuestras creencias, es fácil presagiar que la “criatura” va a nacer, o lo que es lo mismo, en nuestra vida aparecerán experiencias que serán acorde a nuestras creencias. A nadie se le ocurre, bueno espero que no, negar que ha mantenido relaciones sexuales, cuando acaba de dar a luz una hermosa criatura.

No es ninguna tontería lo que acabo de decir. Observemos nuestro comportamiento y lo veremos más claro. Vivimos anécdotas, un día sí y otro también, pero preferimos negar que aquello que nos acontece en la vida tenga algo que ver con nuestra manera de pensar. Por ejemplo, nos roban y lo único que alcanzamos a decir es: condenemos al ladrón. Si a alguien se le ocurriese, en ese momento, insinuar que la experiencia que acaba de vivir está estrechamente relacionada con sus creencias internas y le invitase a reflexionar sobre en qué se está robando a sí misma, bueno, podemos estar seguros de que no tardará en poner distancia de por medio.

Sí, el 2015, un año 8, nos situaba en la esfera de Hod-Mercurio, el cual, ya lo dijimos el pasado año, se encarga de que adquiramos unas creencias determinadas con el poder de la razón. Hod nos convence de que las cosas son de una manera u otra y nos aporta argumentos verificables, basados en el estudio y en la observación, para que no tengamos dudas al respecto de nuestras verdades.

2016, es un año 9, y nos sitúa en la esfera de Yesod-Fundamento, en el siguiente peldaño de esa escalera que nos conduce al 10, Malkuth, el mundo terrenal. Esa esfera se convierte en el canal por donde las verdades adquiridas salgan al exterior y lo hará, sí o sí. Ninguna criatura puede quedarse dentro del vientre materno sin causar un importante contratiempo a su creador. Podemos decir, que ese proceso natural forma parte del engranaje de las Leyes Cósmicas.

Con el 9, toda nuestra realidad cambiará. Es inevitable. Estábamos preñados, pero ahora, la criatura adopta su propia identidad. Se separa de nuestra naturaleza y se hace tangible para que sigamos alimentándola, cuidándola, hasta que alcance, más adelante, su propia condición creadora. Por lo tanto, debemos estar preparados, cada uno a nivel particular, el que viene determinado por nuestras verdades, para ser testigo de primera fila, de lo que nuestras creencias nos harán vivir.

Ahora llega la pregunta del millón, ¿estaremos dispuestos a ser coherente con el mensaje de nuestras creencias cuando llegue la hora del parto? ¿Estaremos dispuestos a reconocer a nuestra criatura?

Cuando llegue esa hora, muchos disfrutarán del momento y se emocionarán al ver el rostro angelical del recién nacido. Tal vez otros, más comedidos, a pesar de reconocer que de angelical, nada de nada, es más bien poco agraciada la criatura, decidan sonreír y expresar, “que gracioso es”. Pero, puede ocurrir, que al ver el rostro de nuestro descendiente, nos digamos, esa criatura no puede ser nuestra y neguemos cualquier lazo de paternidad.

Creo que se me entiende el mensaje. Si lo trasladamos a la conciencia colectiva contagiada por el espíritu separatista, sí, la misma que se ha convertido en nuestras creencias, podemos decir, que tal vez no nos guste lo que se avecina, pues la vida, en respuesta a lo que hemos estado gestando en nuestro mundo interior, nos hará partícipes del guión que hemos escrito, el cual lleva como título: “donde las dan, las toman”, lo que traducido a un lenguaje más coloquial, significa que experimentaremos la “separación” en nuestras vidas, y podemos estar seguro, de que dicha experiencia se puede manifestar de muchas maneras.

¿Qué podemos hacer, alcanzado este nivel? Para mí, lo primero y quizás más importante,  reconocer que somos el padre de la criatura. Ese reconocimiento me sitúa en el papel de padre y, como tal, debo asumir mi responsabilidad de alimentar, cuidar, proteger y educar a mi hijo. Este comportamiento, para muchos, es lo más cercano a una actitud amorosa.

Es evidente, de que a la criatura no la podemos cambiar, ni devolver. Es nuestra creación. Y ser conscientes de que somos los únicos creadores de nuestras acciones, que somos la única causa de nuestros efectos, nos permitirá amar aquello que hemos creado. Carl Jung, en una de sus frases célebres recoge: “Lo que niegas te somete. Lo que aceptas te transforma”. Esta otra, tampoco está nada mal: “Todo lo que nos irrita de los demás nos puede llevar a una comprensión de nosotros mismos.” 

Todos nosotros, de una manera u otra, a lo largo del 2016, independientemente de nuestro sexo físico, actuaremos dando vida al papel ancestral de la mujer. Nuestra capacidad generadora se activará y protagonizaremos la experiencia vital de dar a luz, de alumbrar. Es curioso el término que se le da al acto de parir: alumbrar. Es como si con ello, estuviésemos reconociendo que aquello que “parimos”, aquello que vivimos, tiene el poder de iluminar nuestra conciencia. Realmente, ese es el sentido de “dar a luz”. Sacamos a fuera lo que permanecía oculto en el interior y al percibirlo nos decimos somos seres creadores. ¿Lo vamos a negar?

Sí, será un año donde lo femenino tendrá protagonismo y tal vez la sociedad nos lo haga ver, aportándonos noticias donde la mujer será la estrella principal de la obra.


¡Feliz Año, 2016!

Interpretación Astro-Cabalística del Evangelio de Marcos: Trabajos de Cáncer (II)


RESURRECCION DE LA HIJA DE JAIRO Y CURACIÓN DE LA HEMORROISA

21 Habiendo Jesús ganado en la barca la otra ribera, se le reunió una gran muchedumbre. Él estaba junto al mar. 22 Y llegó uno de los jefes de la sinagoga, Jairo de nombre, el cual, al verlo, cayó a sus pies, 23 y con muchas palabras le rogaba diciendo: Mi hijita está en las últimas; ven e imponle las manos para que se salve y viva. 24 Se fue con él, y le seguía una gran muchedumbre, que le apretaba.

No cabe duda de la situación que ocupa Jesús en su Propósito de ir recorriendo todas y cada una de las instancias donde ha de penetrar el nuevo impulso, la Nueva Consciencia. Él ha ganado, en la barca, la otra ribera. Él estaba junto al mar, o lo que en términos astrológicos se conoce como la entrada en el Mundo del Deseo a través del signo Cáncer. Una vez más se repiten los mismos hechos que en etapas anteriores. Cuando la Luz penetra en un sector de nuestra personalidad, de inmediato, las criaturas que habitan en él, se acercan a ella, se trata de algo nuevo que les llama la atención, que desean conocer, y si lo consideran bueno no dudarán en pretender acosarlo para hacerse con él.

De entre la abundante muchedumbre, representante de las viejas tendencias, siempre aparece alguien que está enfermo y que necesita acercarse hasta la Luz, y tocando su túnica, unas veces, o cayendo a sus pies, otras, como lo hizo Jairo, reciben de Jesús-Amor la respuesta que les salva, que les eleva de su actual situación

Nos dice la crónica evangélica, que Jairo era uno de los jefes de la sinagoga, y con ello nos está revelando su identidad espiritual. El representa la consciencia del Elemento Agua-Cáncer, donde se encuentra Jesús; una consciencia cuyo fruto-hijo, está enfermo. Debemos entender pues, que se trata de elevar la consciencia emotiva con la que nos habíamos identificado antes de que Jesús, el nuevo aliento, penetrase en nuestra naturaleza emocional. El egoísmo desea ser curado por el amor.

Cuando, en nuestro peregrinaje humano, descubramos que la calidad de nuestras emociones ya no nos satisface, es porque, sin duda alguna, hemos desarrollado la personalidad Crística, la cual ha alcanzado esa orilla donde experimentamos con nuestros deseos. Si esto ocurre en lo más íntimo de nuestro corazón, debemos permitir que, el jefe que ha guiado hasta ese momento nuestras iniciativas emocionales, salve a su hijo, a su obra pues, de este modo, el Cuerpo Emocional logrará elevar su calidad y vibración, habrá evolucionado.

25 Una mujer que padecía flujo de sangre desde hacía doce años 26 y había sufrido grandemente de muchos médicos, gastando toda su hacienda sin provecho alguno, antes iba de mal en peor, 27 como hubiese oído lo que se decía de Jesús, vino entre la muchedumbre por detrás y tocó su vestido; 28 pues se decía: Si tocare siquiera su vestido, seré sana. 29 Al punto se seco la fuente de la sangre, y sintió en su cuerpo que estaba curada de su mal. 30 Luego Jesús, sintiendo en si mismo la virtud que había salido de Él, se volvió a la multitud y dijo: ¿quíen ha tocado mis vestidos? 31 Los discípulos le contestaron: Ves que la muchedumbre se aprieta, y dices: ¿quíen me ha tocado? 32 Él echo una mirada en derredor para ver a la que lo había hecho, 33 y la mujer, llena de temor y temblorosa, conociendo lo que en ella había sucedido, se llegó y, postrada ante El, declarole toda la verdad. 34 Y Él le dijo: Hija, tu fe te ha salvado; vete en paz y seas curada de tu mal.

La secuencia de este pasaje introduce algunos puntos de gran interés, ya que nos ayudarán a comprender los Trabajos de integración de la Nueva Consciencia, en la vieja naturaleza emotiva.

En primer lugar, se observa como el autor partiendo de una situación que podríamos considerar como el guion principal de la escena, la curación de la hija de Jairo, nos lleva de imprevisto, a otra situación dentro del mismo contexto, al encuentro con la mujer sangrante. ¿Qué nos quiere decir el evangelista con la aparición en escena de esta nueva protagonista?

Si prestamos atención, este hecho se produce antes de que Jesús-Amor hubiese dado respuesta a la llamada de Jairo. Es como si quisiera indicarnos la ruta que debemos andar para llegar hasta nuestra meta, y en ese itinerario es preciso encontrarse con esa mujer que padece de flujo de sangre desde hace doce años.

El Mundo del Agua es el mundo de lo femenino, y de ahí que aparezca una mujer para describir este mensaje. Su enfermedad nos revela el estado de vibración del Elemento que representa, las emociones. Ella padece de pérdida de sangre. ¿Qué quiere decirnos con ello?

Recuerdo, en estos momentos, una anécdota vivida hace poco, en la que fui requerido por una amiga, la cual me mostraba su preocupación pues, estaba sufriendo una importante pérdida de flujo sanguíneo. Tras atender la urgencia del momento, quisimos, ambos, buscar las causas espirituales que le habían llevado a aquella situación No nos resultó difícil encontrar la respuesta que buscábamos, pues la situación emocional que estaba viviendo en esos momentos, la calidad de sus sentimientos, en lo concerniente a su vida de pareja, la había llevado a vivencias reiterativas en las que, una y otra vez, se veía incapaz para sustituir su egoísmo por amor; en las que no estaba dispuesta a poner fin a su rencor, sustituyéndolo por el perdón. Ella se negaba a aprender a amar, y su propia disposición se vio materializada en su cuerpo físico. Estaba perdiendo la sangre; ese fluido donde se deposita la vida física y que es utilizado como vehículo por nuestro Yo Espiritual para inscribir todas y cada una de las experiencias que vamos adquiriendo, ya sea consciente o inconscientemente. Podríamos decir, que estaba perdiendo el contenido del aprendizaje vital; esto es, la posibilidad de grabar las lecciones que han de elevar nuestra condición humana a la divina.

La sangre esta estrechamente relacionada con el vehículo emocional. Desde la infancia y hasta que cumplimos catorce años, edad en la que adquirimos el Cuerpo de Deseos, la sangre nos es administrada casi en su totalidad por la glándula Timo, la cual es mayor en los primeros años y va disminuyendo en la medida en que nos vamos haciendo mayores y vamos creando, por nosotros mismos, corpúsculos sanguíneos.

Cuando, en la pubertad, el niño ha adquirido la facultad de crear su propia sangre, alcanza igualmente un estado psíquico que le lleva a la búsqueda de la individualidad. Esta etapa del desarrollo psíquico coincide con la regencia del Elemento Agua. Si analizamos lo que ocurre cuando tenemos una etapa de cólera, de ira, de celos, de miedo, de soberbia, es decir, cuando se produce un descontrol de nuestra naturaleza emotiva, la sangre se agrupa desmedidamente en aquellas zonas del cuerpo desde donde parte el exceso.

La cólera y la ira, calientan excesivamente el cerebro; en esos momentos la sangre se agolpa en él y no nos deja pensar con claridad, nos lleva a situaciones que nos ponen fuera de si y, en verdad, lo que ocurre es que, el excesivo calor de la sangre, expulsa al Yo Espiritual/Ego de nuestro vehículo físico, dejándolo a la deriva y sin rumbo.

Si el ataque es de miedo, se nos hiela la sangre; si el arrebato es sexual, la sangre se concentra en los órganos sexuales; y así, dependiendo de donde parte el estimulo.

Por lo tanto, la sangre está vinculada con el Cuerpo Emocional y, aplicando esto que hemos dicho, en nuestro estudio, podemos entender que, esa mujer enferma, simboliza la naturaleza emocional que, durante un ciclo de experiencias completo, es decir, durante doce años, se encuentra padeciendo los desordenes emocionales.

Antes de curar a la hija de Jairo, es decir, al fruto de la consciencia emotiva, que dirige cada acto e impulso emotivo, es necesario curar a la propia naturaleza emotiva, a la mujer, pues si así lo hacemos, estaremos en condiciones de utilizar material nuevo, renovado. Tendremos una calidad más sublimada del Elemento Agua.

La mujer aparece entre la muchedumbre, forma parte de esa multitud de tendencias que habitan en nuestro Mundo Emocional. Ella es la que los representa a todas, y se acerca "por detrás" a Jesús Y con ello nos esta indicando, que es ese el estadio que ocupa con respecto a lo Superior. Son emociones que se han quedado "detrás" y que debemos permitirle que se acerquen hacia nosotros y toquen nuestros vestidos.

Hagamos un esfuerzo, y busquemos en nuestro interior alguna situación en la que nuestras tendencias emotivas, enfermas, se acerquen a nuestra consciencia amorosa pidiendo ser curada. Ellas están "detrás", y si lo de "delante-Jesús" lo hemos reconocido como la consciencia, lo de "detrás" ha de encontrarse en el inconsciente.

En efecto, nos encontramos identificados con Jesús, y nuestra voluntad es amar al mundo puesto que todos somos iguales ante Dios. Sin embargo, desde nuestro inconsciente surge una tendencia que desea elevar su situación, pues no ha conseguido sublimar su condición y, entonces, sucede que alcanza con su mano nuestro nuevo vestido, nuestro amor, nuestro perdón, pues sabe, esta convencida, que si así lo hace, será salvada.

La escena es mágica; y si somos capaces de comprenderla, de vivirla, experimentaremos una gran dicha, y diremos: ¿quién me ha tocado? En ese momento veremos postrada a nuestros pies a esa mujer enferma, a esa tendencia que busca la sublimación que, profundamente arrepentida, nos revela su dolor.

¿Cómo podremos rechazar a esa mujer que ha sido capaz de abrirse camino entre la muchedumbre a pesar de su enfermedad, para tocar tan solo la túnica de nuestro perdón? Esa mujer enferma forma parte de nuestro Yo Emotivo, aunque lo hayamos olvidado relegándola al inconsciente; y ahora, que ha culminado su ciclo de experiencia, necesita alcanzar el nuevo impulso pues, de lo contrario, se quedaría rezagada.

Es preciso que desarrollemos esa cualidad anímica que Jesús testimonió, el perdón, y que lo apliquemos, en primer lugar, con todas nuestras mujeres enfermas, es decir, que nos auto-perdonemos, que seamos capaces de reconocer en ellas, a una parte de nuestro Ser Completo, y llenos de amor, le digamos: "¡Hija, tu fe te ha salvado! Vete en paz y seas curada de tu mal".

Él la llamó hija, pues reconocía perfectamente, que todo cuanto ocurría a su alrededor, cada morada que pisaba, cada alma con la que se cruzaba, formaba parte de Él, pues Él, el Hijo de Dios, representa la Unidad del Padre, la Unidad de todas sus Criaturas.

La fe es la medicina que la ha curado. ¿Qué poder maravilloso se oculta tras la fe? Para muchos, la fe no deja de ser una actitud cómoda ante las muchas cuestiones que nos plantea la vida. Creer en la verdad porque tengo fe en que es así, no les basta. Sin embargo, Jesús nos revela, en este episodio, que la fe posee un extraordinario poder curativo.

La mujer enferma ya había sufrido grandemente de muchos médicos, llegando a gastar toda su hacienda, y en vez de sanar, iba a peor. Al parecer, existe una enfermedad que, los médicos sin fe, no pueden curar. Por mucho dinero que tengamos, no será suficiente para pagar el precio de nuestra salud, cuando la enfermedad que padecemos es de las características que hemos descrito, una enfermedad del alma, del Cuerpo Emocional, que se niega a llevar a cabo la Voluntad del Padre.

Ahora bien, cuando aparece el Hijo de Dios en nuestra vida, en nuestra consciencia se produce un cambio radical. A partir de ese momento, vemos con claridad que las causas de nuestro mal se encuentran en nuestro modo de amar, en el uso que hemos hecho de los deseos, y por lo tanto será, corrigiendo esa causa, como podremos alcanzar la sanación. Jesús-Cristo es el Arquetipo del Amor Universal, y en Él se encuentra ese poder sanador. El representa cabalísticamente a Hochmah, Séfira que rige el Elemento Agua. Él es el portador de la Voluntad del Padre-Fuego, y su amor hacia Él, se manifiesta en un conocimiento profundo, en una comunión interna con Él, que no se puede expresar tangiblemente, pues es energía emocional. Ese saber profundo se llama fe. Por lo tanto, la fe es un atributo del Agua, de Cáncer, y debemos desarrollar esa cualidad cuando estemos Trabajando en su dinámica.

¡Hija, tu fe te ha curado!, es lo mismo que decirle, tu amor a Dios, el reconocimiento de Dios en ti, te ha salvado.

35 Aún estaba Él hablando, cuando llegaron de casa del jefe de la sinagoga, diciendo: Tu hija ha muerto, ¿por qué molestar ya al Maestro? 36 Pero oyendo Jesús lo que decían, dice al jefe de la sinagoga: No temas, ten solo fe. 37 No permitió que nadie le siguiera más que Pedro, Santiago y Juan, el hermano de Santiago. 38 Llegados a la casa del arquisinagogo, vio un alboroto y a las lloronas plañideras, 39 y entrando les dice: ¿a qué ese alboroto y ese llanto? La niña no ha muerto, duerme.

40 Se burlaban de Él, pero Él, echando a todos fuera, tomó consigo al padre de la niña, a la madre y a los que iban con Él, y entró donde la niña estaba; 41 y tomándola de la mano, le dijo: "Talitha, qumi" que quiere decir: Niña, a ti te lo digo, levántate, 42 y al instante se levantó la niña y echo andar, pues tenía doce años, quedando ellos fuera de si, presos de gran estupor. 43 Recomendoles mucho que nadie supiera aquello, y mandó que diesen de comer a la niña.

Si al despertar a la Nueva Consciencia Crística, al amor universal, se produce en nuestra naturaleza emocional, un profundo cambio que lleva a nuestros deseos a liberarse de los Luciferes, y a nuestra naturaleza femenina-emocional a curarse de su enfermedad, entonces asistiremos indudablemente a la muerte aparente de la hija de Jairo, el constructor de la consciencia a niveles emocionales, la consciencia humana. Ya dijimos que la hija significaba el fruto. Dado que se ha producido una elevación de nuestros deseos, las antiguas energías deben morir. Sin embargo, no lo entiende así Jesús, quien al oír que la niña había muerto, lo primero que hace es pedir al padre que tuviese fe, "ten sólo fe".

Si el representante de nuestra voluntad emocional, el que dirige nuestros impulsos emotivos, hubiese tenido fe, es decir, hubiese aceptado integrar el Fuego en sus deseos amando la Voluntad del Padre, entonces su obra no hubiese enfermado. Ahora, el amor le dice, recupera tu fe, tu capacidad creadora. Jesús elige a los obreros que han de movilizarse para llevar a cabo la presente empresa, salvar el fruto-hija de Jairo, es decir, salvar la consciencia, volviéndola a la vida, pues había muerto aparentemente.

Jesús, el impulso del amor, necesita que Jairo tenga descendencia, puesto que cualquier designio, por muy elevado que sea, si no cuenta con el poder motor de los sentimientos, jamás logrará alcanzar su meta de liberación. Así pues, Jesús escoge a Pedro, representante de Capricornio; a Santiago, representante de Sagitario, y a Juan, representante de Piscis, y llamando a los padres de la niña, les invitó a seguirle.

¿Qué representan estas influencias en el proceso que estamos estudiando con relación al Arquetipo de Cáncer?

Jesús ha elegido con sabiduría a los representantes de las Fuerzas que están estrechamente relacionadas con la niña. La hija de Jairo está revelando el uso que hemos dado a las energías de Cáncer, cuando nuestra consciencia estaba identificada con la separación con Dios. Ella es el fruto, el resultado de nuestros deseos, el rumbo que hemos dado a nuestro amor en un nivel evolutivo anterior a la etapa Crística.

Jesús llamó a los padres de la niña, pues estos deben ser testigos de su obra, deben recuperar a su hija, que aparentemente duerme; deben tomar consciencia de cómo el nuevo impulso es capaz de despertar de la muerte a las energías que estábamos alimentando. Ellos están ahí porque la fe, es decir, el amor, les ha permitido ver la verdad.

Igualmente, encontramos entre los seguidores a Santiago, el representante de Sagitario, signo que representa la culminación de los Trabajos realizados en el Elemento Fuego, es decir, significa los poderes acumulados en Cristo hasta ese momento, pues su recorrido hasta ese punto en el que se encuentra, Cáncer, le permite dar testimonio de los poderes del Fuego, de la Luz de su Padre, del Poder Unificador.

También encontramos a Pedro, la piedra angular de la Obra Crística, el representante de Capricornio, como ya adelantábamos. Y esto es así, dado que, cualquier conquista de un Arquetipo, en este caso, el de Cáncer, debe integrarse con su opuesto, en este caso, el de Capricornio, pues de este modo se alcanza la unidad en su manifestación.

En otros términos, la presencia de Pedro-Capricornio, en el proceso de resurrección de la hija de Jairo-Cáncer, le está mostrando el objetivo donde debe realizar su Obra; o lo que es lo mismo, la diana donde deben clavarse certeramente sus flechas. El amor debe convertirse en obras concretas donde pueda crecer, florecer y dar frutos.

Y por ultimo, analicemos la presencia de Juan-Piscis, hermano de Sagitario-Santiago. Si hemos dicho que en este signo se concentra la enseñanza del Fuego, llevándonos a su aprendizaje, Juan-Piscis se convierte, igualmente, en el signo donde se sintetizan los Trabajos del Agua, es decir, Piscis es el punto de sublimación de este Elemento, es su meta, su punto cumbre.

Si en Cáncer, la estrategia es descubrir el amor como Fuerza Universal, en Piscis, ese amor, una vez conquistado, se libera, se expande, creando un mundo donde todo es amor.

Estos y no otros, fueron testigos del despertar de la hija de Jairo. Su presencia, en aquel aposento, debía inscribirse en la Nueva Consciencia en la que iba a renacer. Ellos representaban a las cualidades que se debían desarrollar, pues ya formaban parte de ella. Ninguna otra tendencia puede permanecer en aquel lugar, es por lo que Jesús echó a las plañideras pues, como sucedió en el pasaje, esas tendencias no comprenderán las palabras del Maestro y se burlarán.

Cuando se adquiere la consciencia Crística, y se ha producido en nosotros el despertar de nuestra naturaleza emotiva, nuestra visión de la vida cambia totalmente. Ya no nos vemos como seres separados de Dios; ya no aprendemos tan solo por vía sensorial; ahora, un nuevo sentido nos conecta con otras realidades; nuestras creencias han evolucionado, y el mundo que nos alimentaba ya deja de tener sentido para nosotros. La vida no acaba con la muerte física, y permanecemos en constante comunicación con los seres que habitan el Mundo del Deseo.

Aquellas tendencias, aquellas "voces" que aún no comprenden esta visión, debemos "echarlas" de nuestra naturaleza emocional no prestándoles atención.

Las Palabras de Jesús, "Talitha qumi", es el mensaje que debemos hacer llegar a esa consciencia que "duerme" y que mantiene a nuestra personalidad emotiva estancada. Esa niña se levantará, pues tiene edad para andar. Doce años, los mismos que llevaba la mujer enferma. Ya dijimos lo que representa esa edad cósmica. Cuando un propósito nace con la intención de ser gestado, crecer y dar frutos, es preciso que se ajuste a la dinámica cósmica, donde todo proceso sigue las leyes divinas -Yod, He, Vav y 2º He-, y que se recoge en los doce signos del Zodiaco. Doce años suponen realizar un ciclo completo, lo que nos permite estar maduros para salir andando y tomar un nuevo camino.

Las emociones, cuando han saciado su apetito, cuando han agotado su poder creador, necesitan ser renovadas, y esto es lo que hace Jesús con la hija de Jairo, despertarla y recuperarla para la Nueva Obra. Nosotros debemos estar dispuestos para saber captar la llamada de los muchos "Jairos" que se encuentran en nuestro mundo. No me estoy refiriendo al nuestro personal, sino al que vemos reflejado en los demás. Estos vienen reclamando amor, perdón, pues si no consiguen encontrarlo, su existencia -su hija- morirá de verdad. Estos "Jairos" nos parecerán pecadores, hombres sucios y abandonados, verdaderas escorias sociales, sin embargo, han completado su ciclo emocional y debemos ofrecerle nuestra mano y decirle: "a ti te lo digo, levántate".

Nuestro amor, siempre tiene ese poder de convicción que da motivos al otro para que se levante de su postramiento, de su muerte aparente.

Cristo, conocedor de que nos encontramos en la tierra del Agua-Cáncer, donde los deseos se exaltan fácilmente dando lugar a respuestas vanidosas, reuniendo a los allí asistentes, es decir a la naturaleza emotiva, les pide que no proclamen aquellos hechos. En el Agua-sentimientos, debemos actuar en silencio; ya llegará el momento para hacer publica la verdad.

Había culminado su labor en aquel lugar, y sabía que su camino debía continuar, pero no sin antes indicarles algo más: "dad de comer a la niña". Con este mandato, les anunciaba, que debían seguir alimentando su naturaleza emotiva pero, aunque el cronista no lo indica, de seguro que, a partir de ese momento, se saciaría su apetito con un nuevo alimento.

Principio 44: "Los milagros son expresiones de una conciencia interna de Cristo ,,,"

PRINCIPIO 44

Los milagros son expresiones de una conciencia interna de Cristo y de haber aceptado Su Expiación.

He observado, que la descripción del título de este Principio difiere en la transcripción de la palabra conciencia, con la que nos aporta Kenneth Wapnick en su obra "Los 50 Principios de Un Curso en Milagros", en la cual utiliza el término consciencia. Podría tratarse de un lapsus ortográfico, de hecho, en el Texto del Curso tan sólo se utiliza la palabra conciencia, en ningún caso, "consciencia".

Sin embargo, he podido comprobar que existen publicaciones que desarrollan las diferencias existentes entre ambos términos. Yo he mismo, he participado en conversaciones y debates sobre este particular y he argumentado a favor de esa diferenciación.
En verdad, en el Curso tan sólo he encontrado una referencia al concepto conciencia escrita en mayúscula:

Si te entregases tal como tu Padre entrega Su Ser, entenderías lo que es la Conciencia de Ser. con ello entenderías el significado del amor”.

Si bien es cierto, que el Curso nos define claras diferencias cuando se hace alusión a la conciencia del cuerpo y la conciencia del cielo:

Mas por encima de todo, pierdes toda conciencia del cuerpo y dejas de dudar acerca de si todo esto es posible o no”.

La creencia de que puedes dar u obtener otra cosa -algo externo a ti- te ha costado la conciencia del Cielo y la de tu Identidad”.

Creo que merece la pena dedicar este espacio a desarrollar las posibles diferencias de enfoque que podemos encontrarnos al utilizar los términos “conciencia” y “consciencia”. Para ello, voy a presentar dos trabajos que se ocupan de ese propósito.


CONCIENCIA Y CONSCIENCIA

A veces son términos intercambiables, pero no siempre. Con el sentido general de “percepción o conocimiento”, se usan ambas formas.

Conciencia: Conocimiento de lo que nos rodea, en base a los órganos de los sentidos. En sentido moral, como “capacidad de distinguir entre el bien y el mal” (el Pepito Grillo de Pinocho), sólo se usa la forma conciencia. También tener mala conciencia, remorderle a alguien la conciencia, no tener conciencia.

Consciencia: Conocimiento de sí mismo. La consciencia define al ser. Se es consciente de sí mismo y de lo que nos rodea en base a lo que uno Es. Otra definición es la que asocia la consciencia a un estado de unión con la vida universal. Es una expansión continua, igual que el universo.

¿Se puede ser consciente, sin conciencia?

Parece que si apagamos la conciencia, no estamos en el aquí y en el ahora, difícilmente llegaremos a elevar la consciencia. Es lo que nos da a entender el cuento del maestro zen que recibía muchas visitas de personas en busca de consejos:

“Un día recibió a un joven que se tomaba muy en serio su camino espiritual. Se sentía preparado para convertirse en la mano derecha de cualquier gran maestro.

Ese día había llovido cuando el joven llegó a la casa del maestro. El joven se quitó los zapatos y dejó el paraguas antes de entrar en la habitación. Se inclinó ante el maestro y le dijo que le gustaría convertirse en su discípulo.

El maestro sonrió, pero no dijo ni una palabra.

El joven, un poco incomodado por el silencio, le dijo que había estudiado mucho. Que pensaba que estaba llamado a convertirse en uno de los “iluminados”.

El maestro le preguntó: ¿sabes a qué lado de la puerta has dejado el paraguas y a qué lado de la puerta has dejado los zapatos?

N-n-no, tartamudeó el joven, desconcertado, ¿Por qué?

El maestro le respondió de forma muy calmada: “Porqué lo que tu buscas es la consciencia” ¿Y cómo puedes estar consciente si ni siquiera sabes dónde has dejado los zapatos y el paraguas?”

¿Cuál es la diferencia entre una persona que no es consciente y otra que sí lo es?

Si no soy consciente considero que mis límites son fronteras inexpugnables, acumulo límites… En cambio, un ser consciente conoce sus límites y sin embargo aspira a la totalidad, quiere ir más allá de los mismos. (www.karmayoga.es)


La diferencia entre: conciencia, consciencia y Consciencia.
(Extracto del libro: La realización del espíritu. I. Portilla. Editorial Mirlo)

Tener conciencia, ser consciente y la Consciencia en sí misma, son tres conceptos relacionados pero diferentes:

Tener conciencia se relaciona con la ética, la moral y las virtudes humanas. Así, cuando se dice que alguien “tiene conciencia”, significa que es consciente de los valores morales e intenta vivir de acuerdo a los mismos. Por ello, cuando alguien dice que “tiene la conciencia tranquila” se refiere a que no ha hecho nada en contra de dichos valores o que se ha redimido de sus “faltas”, por lo que se encuentra en paz con la existencia.

Ser consciente se utiliza con respecto a algo. Una persona puede ser consciente de muchas cosas: de lo que sucede a su alrededor, de sus emociones y pensamientos, de sus virtudes y defectos, de lo que sucede en su organismo, etc. 
En las prácticas de realización, el concepto de consciencia se asocia a la atención. Por ejemplo, se puede dar la siguiente instrucción: “Prestar atención a las cosas que se ven, sin juzgarlas”, lo cual sirve para tomar consciencia de la percepción visual sin que intervenga el intelecto para su interpretación. Si a esta instrucción, se añade, “…y tomar consciencia del espacio que hay entre las cosas que se ven y en ellas mismas”, entonces se está ligando la consciencia con la Consciencia en sí misma, la cual se describe a continuación:

La Consciencia, en su forma más absoluta, es el espíritu universal, inmutable (constante o que no cambia), presente en todo y en todo momento (eterno). También se puede llamar realidad no-dual (o no-polar) por ser independiente de los cambios o alteraciones que suceden en todo lo que está formado por materia y energía (lo cual es dual o polar -por existir dos polos opuestos que interactúan-). 

La Consciencia se da al mismo tiempo que la conciencia y la consciencia. Así, una persona solo es consciente de algo cuando pone su atención en ello (solo cuando se mira un árbol se toma consciencia de este), sin embargo, la Consciencia siempre está presente independientemente de las cosas que uno perciba (de las que uno sea consciente).

Por ejemplo, una persona puede decirle a otra, “soy consciente de que estás aquí y al mismo tiempo, la percepción de la Consciencia (del espíritu universal) es simultánea y no está localizada solo en ti. Además, cuando miro a otro lado ya no soy consciente de que tú estés aquí, y sin embargo la percepción de la Consciencia sigue siendo obvia independientemente de donde pongo mi atención”.

Con respecto al vínculo entre la conciencia y la Consciencia, hay que diferenciar entre la conciencia ética y la conciencia espiritual. La primera es respecto a los valores propios en condiciones óptimas, y la segunda respecto a los valores que se expresan cuando el espíritu (la Consciencia) es realizado e integrado en el cuerpo-mente. La conciencia ética puede estar más o menos alineada con la consciencia espiritual, y solo es posible su completa alineación, mediante la realización del espíritu universal, y el proceso de alineación espiritual.

Como se puede comprobar, existen evidentes matices que establecen una diferenciación a la hora de utilizar un término u otro. A partir de este punto voy a centrarme en las aportaciones que hace Un Curso de Milagros sobre el término conciencia. No lo hemos dicho aún, pero la descripción del título del Principio alude a la “conciencia interna de Cristo”, lo que, sin haber entrado en mayores profundidades, me lleva a pensar que estamos hablando de Consciencia.

Comenzaré con la siguiente frase:

“La conciencia -el nivel de la percepción- fue la primera divi­sión que se introdujo en la mente después de la separación, con­virtiendo a la mente de esta manera en un instrumento preceptor en vez de en un instrumento creador. La conciencia ha sido correctamente identificada como perteneciente al ámbito del ego. El ego es un intento erróneo de la mente de percibirte tal como deseas ser, en vez de como realmente eres. Sin embargo, sólo te puedes conocer a ti mismo como realmente eres, ya que de eso es de lo único que puedes estar seguro. Todo lo demás es cuestionable”. (T.3.IV.2:5)

Estamos ante el nacimiento de la conciencia del cuerpo.

Sin embargo, los milagros despiertan nuevamente la conciencia de que el espíritu, no el cuerpo, es el altar de la verdad. Este reconoci­miento es lo que le confiere al milagro su poder curativo.

Nos refiere el Curso, que la revelación nos une directamente a Dios, mientras que los milagros nos unen directamente a nuestro hermano. Ni la revelación ni los milagros emanan de la con­ciencia, aunque ambos se experimentan en ella. La conciencia es el estado que induce a la acción, aunque no la inspira

Y añade: “Cuando se te haya restituido la conciencia de tu estado original pasarás naturalmente a formar parte de la Expiación”.

Sin duda, esta última aportación nos acerca a la idea de la Consciencia, ya que nos indica que recuperaremos nuestra verdadera identidad, es decir, dejaremos de tener una conciencia corporal, para tener una consciencia celestial o espiritual.

En este sentido, el milagro tiene como objeto restable­cer la conciencia de la realidad.

“El propósito de la Expiación es devolvértelo todo, o más bien, devolvérselo a tu conciencia”.

Todo lo que resulta de la conciencia espiritual simplemente se canaliza hacia la corrección.

Únicamente la percepción entraña una conciencia parcial. El verdadero conocimiento transciende las leyes que gobiernan la percepción porque un conocimiento parcial es imposible.

Ya hemos tenido ocasión de referirnos a la Expiación en el desarrollo de otros Principios, pero me gustaría recordar, que tener plena conciencia de la Expiación es, recono­cer que la separación nunca tuvo lugar.

Es cierto, que todo estudiante pasa por fases en las que duda sobre la certeza de su identidad. Las teorías le aportan una base cognoscitiva que ofrecen un nuevo marco para abordar nuevas creencias, pero a la hora de la verdad, a la hora de experimentar el mundo, de percibir, lo físico, que se muestra tan real a los sentidos, se convierte en una dura prueba, en una sutil tentación que pone en jaque nuestra integridad espiritual, nuestra consciencia espiritual.

Tal vez por ello, el Curso nos revela lo siguiente:

Sólo tu conciencia necesita protección, puesto que el estado de ser no puede ser atacado. No obstante, no podrás experimentar una auténtica sensación de que existes mientras sigas teniendo dudas con respecto a lo que eres. Por eso es por lo que es esencial que te mantengas alerta. No permitas que entre en tu mente nin­guna duda acerca de tu existencia o, de lo contrario, no podrás saber con certeza lo que eres. La certeza es el regalo que Dios te hace. La verdad no requiere vigilancia, pero las ilusiones sí”.

Si esto nos ocurre, has reemplazado tu conocimiento por una con­ciencia de sueños” (T10.II.1:5)

En esa conciencia de sueño, hemos perdido la conciencia de nuestra grandeza pues, hemos elegido reemplazarla con algo que hemos inventado.

“Todo ataque es un ataque contra uno mismo. No puede ser otra cosa. Al proceder de tu propia decisión de no ser quien eres, es un ataque contra tu identidad. Atacar es, por lo tanto, la manera en que pierdes conciencia de tu identidad, pues cuando atacas es señal inequívoca de que has olvidado quién eres. si tu realidad es la de Dios, cuando atacas no te estás acordando de Él. Esto no se debe a que Él se haya marchado, sino a que tú estás eligiendo conscientemente no recordarlo”.

Quizás nos ayude saber, que el espíritu sabe que la conciencia de todos sus hermanos está incluida en su propia conciencia, tal como está incluida en Dios.

Dentro del sueño, dentro del mundo que hemos elegido inventar, podemos percibir verdaderamente. ¿Qué significa percibir verdaderamente?

Percibir verdaderamente es ser consciente de toda la realidad a través de la conciencia de nuestra propia realidad. Pero para que esto tenga lugar no debemos ver ninguna ilusión, pues la realidad no da cabida a ningún error.

Ya sabemos, que para no caer en el error de identificarnos con la ilusión, contamos con inestimable ayuda del Espíritu Santo, la Voz que habla por Dios.

El Espíritu Santo es la Mente de Cristo, la cual es consciente del conocimiento que yace más allá de la percepción.

Cristo es la extensión del Amor y de la belleza de Dios, tan perfecto como Su Creador y en paz con Él.

Recordemos la frase que da título a este Principio: Los milagros son expresiones de una conciencia interna de Cristo y de haber aceptado Su Expiación”.

Kenneth Wapnick nos indica respecto a este Principio:

“Aquí vemos, una vez más, la idea de que el milagro es la expresión de Cristo, no la consciencia en sí. Esto es lo mismo que discutimos antes -que el milagro es un reflejo de la verdad, no la verdad misma. Aún existe y tiene sentido sólo en el mundo de la ilusión”.

Me gustaría añadir una aportación que podemos encontrar en el Texto y  que considero reconfortante:

Aprender de Cristo es fácil, pues percibir con Él no entraña nin­gún esfuerzo. Sus percepciones son tu conciencia natural, y lo único que te fatiga son las distorsiones que introduces en ésta. Deja que sea el Cristo en ti Quien interprete por ti, y no trates de limitar lo que ves con creencias pueriles indignas del Hijo de Dios. Pues hasta que Cristo no sea aceptado completamente, el Hijo de Dios se considerará a sí mismo huérfano”.

Cristo es el Hijo de Dios que no está en modo alguno separado de Su Padre y cuyos pensamientos son tan amorosos como el Pensa­miento de Su Padre, mediante el cual fue creado.

Cada Hijo de Dios es uno en Cristo porque su ser está en Cristo, al igual como el de Cristo está en Dios.

Si te preguntas, ¿cómo saber si has obtenido la visión de Cristo?, ten en cuenta esto:

La visión de Cristo se otorga en el mismo instante en que se percibe”.