domingo, 12 de octubre de 2014

¿Para qué, vivimos la experiencia del ébola?

Para el radicalismo religioso, el ébola, será la confirmación de que el Apocalipsis está a la vuelta de la esquina y que se acerca la hora del “Juicio Final” donde la humanidad tendrá que rendir cuenta de sus pecados.

Para la Organización Mundial de la Salud, la enfermedad adquiere un significado más moderado, pero no exento de preocupación. Desde su punto de vista, el ébola, sobrepasa sus medidas de control al no contar con una fórmula que pueda hacer frente a la incontrolada manifestación de la enfermedad. Y este hecho, cuando se comunica a la sociedad, tiene un efecto muy nocivo, tanto para la salud física como la psíquica, pues el miedo tiene la capacidad de extenderse mucho más rápido que el virus de la enfermedad, y tendríamos que aislar a la humanidad entera para salvaguardarla de sus efectos.

Los investigadores científicos, se enfrentan a un nuevo reto. La búsqueda de la fórmula magistral que permita controlar y curar la enfermedad, adquiere tintes épicos. La situación así lo exige. Ya se habla de “pandemia”.

En la otra acera de estos colectivos, se escuchan las voces de la ciencia no oficial, es decir, los sectores que anuncian tratamientos basados en componentes naturales, que no gozan del beneplácito de los Organismos Oficiales, pero que a la postre, cuando son aplicados, tienen efectos beneficiosos sobre la enfermedad. Jim Humble, el descubridor del Dióxido de Cloro conocido como MMS (milagroso mineral suplemento) afirma que su descubrimiento es efectivo para combatir enfermedades como la malaria, el ébola, etc.

Podríamos seguir enumerando otros muchos sectores, cada uno con sus puntos de vista, diferentes, y en muchas ocasiones, enfrentados. Pero de todos ellos, el que más me preocupa es el punto de vista del sufriente, del ser humano. Sí, me preocupa tu opinión y la opinión de tu entorno, y por supuesto, me preocupa mi propia opinión. Quizás más que ninguna, y no digo esto por egoísmo, lo digo, porque estoy convencido, de que la enfermedad del ébola, con capacidad para provocar infecciones colectivas, me está tratando de enseñar que no podemos actuar aisladamente de los demás y si tengo que interactuar con el mundo, quiero ofrecer lo mejor de mí mismo, y tengo claro una cosa, no podré ofrecer lo que no tengo, es decir, tengo que estar sano para contribuir a la salud colectiva.

Sí, no voy a caer en la tentación de sentirme víctima de la mala suerte; ni tan siquiera voy a juzgar las voces de los muchos sectores que se pronuncian sobre el porqué del ébola. Me propongo verlo de otra manera y he decidido, hacerme otra pregunta, cuya respuesta no me haga sentirme ajeno a lo que está ocurriendo, pues parto de la base de que las cosas no pasan por casualidad. La cuestión que deberíamos responder es: ¿para qué vivimos esta experiencia?

Como decía, nada ocurre al azar. El Universo se esfuerza, diariamente, en reflejarnos a través de las circunstancias que vivimos, las anécdotas y de otros muchos modos, los resultados que provocan nuestras acciones, así como nuestros pensamientos y sentimientos. Pero, los humanos somos “duros de mollera”, preferimos, a la hora de tener que pensar, que nos lo den todo hecho. Así tendremos plena libertad para juzgar y condenar a nuestros “instructores” si lo que vemos no nos gusta. Sí, el papel de víctimas es el más representado en nuestro mundo.

Sin embargo, y a pesar de nuestra falta de lucidez, el Universo no cesa de mandarnos sus mensajes, sus señales, con el propósito de ponernos al corriente sobre la calidad de las energías que estamos depositando en nuestro deambular humano.

¿Para qué vivir una infección vírica? El por qué lo está investigando la ciencia y cuando tengan la información, descubrirán, de hecho ya lo han hecho, que el virus no afecta a todos por igual. Este hecho significativo, será argumentado como una cuestión inmunológica de unos y otros, pero, lo más importante de este hecho, es que la diferencia inmunológica responde a un factor que se les escapa, y cuya respuesta la hallarían si tuviesen en cuenta la calidad de los pensamientos y sentimientos de cada persona.

La mente puede servir al miedo o al amor. Cuando elige, libremente, servir al miedo, se identifica con la separación y esa errónea visión de vida, puede alcanzar niveles que requiere ser corregidas, pues su dinámica provoca en el cuerpo físico y social, lo que se conoce como enfermedad y el comportamiento antisocial. Cuanto más miedo, más separados y cuanto más separados, al no ser la condición natural del ser humano, los efectos sobre el cuerpo material da lugar a enfermedades que nos recuerdan el estado anímico con el que estamos identificados.

Si observamos las noticias que nos ofrecen los medios de comunicación, veremos que la consecuencia más inmediata de la enfermedad del ébola, es el aislamiento. Como bien nos enseñan los místicos, la energía siempre acompaña a su fuente. El aislamiento forma parte del proceso de curación del enfermo infectado con el virus; ese mismo “aislamiento” en el terreno mental, es la causa que da origen a la enfermedad.

Sí, parece tan obvio. Muchos no aceptarán esta afirmación, pero, es tan sencillo como reconocer que el fruto procede de la semilla, y que aquello que nos encontramos escenificado en nuestra vida, es el resultado de la semilla de nuestros pensamientos y sentimientos. La respuesta al ¿para qué? del ébola, se hace evidente, para que aprendamos, a nivel individual y colectivo, que las consecuencias del “aislamiento”, del espíritu de separación, cuando alcanza un grado importante en el conjunto de la humanidad, se convierte en un foco de infección, al que hoy le llamamos ébola, pero que podía haber adoptado otro nombre, malaria, lepra, sida, etc.
No deja de ser significativo, que el origen de la enfermedad proceda del nombre de un río, el Ébola. En el argot de la simbología, el río se le ha relacionado con la vida. A niveles esotéricos, el agua, se corresponde con uno de los Cuatro Elementos Zodiacales: Fuego, Agua, Aire y Tierra. Cuando analizamos las cualidades de cada uno de estos Elementos, vemos que el Agua se relaciona con los Sentimientos. Dentro de los Elementos, la Esencia característica de cada uno de ellos se expresa en tres niveles. Para el Agua, esta clasificación da lugar a los signos de Cáncer –agua pura de la lluvia-; Escorpio –el agua concentrada y turbulenta de los ríos- y Piscis –agua del Mar-.

Desde este punto de vista, el río Ébola estaría en sintonía con el Arquetipo de Escorpio, donde los sentimientos se encuentran en fase de interiorización, dando lugar a la expresión “Yo me amo”. Los estudios sobre Astrología no enseña que la dinámica del signo Escorpio es de las más delicadas de integrar, armoniosamente, en la consciencia, pues el proceso de amarse a uno mismo, conlleva el riego de caer en el narcisismo y alimentar una naturaleza pasional donde el egoísmo prevalezca por encima de todo  lo demás.
El Agua como Elemento, es la asignatura que ha de llevarnos a integrar en nuestra consciencia el valor de los Sentimientos. Amarse a uno mismo, es imprescindible para amar a los demás. Pero si en el proceso de aprendizaje nos identificamos con los sentimientos de separación y no integramos el de unidad, entonces, el amor que demos a otros, será de la calidad de los sentimientos que nos estamos ofreciendo a nosotros mismos, esto es, de baja calidad, propiciarán el aislamiento; el beneficio propio, la separación e iremos por el mundo como si fuésemos un virus contagioso, del cual nos percibiremos cuando, nuestros cuerpos, se sientan víctimas del contagio.

El antídoto que buscan los científicos para controlar los efectos del ébola, se encuentra en el mismo lugar de donde emanó su verdadera causa, en nuestros sentimientos. La fórmula magistral es tan sencilla, que nos da miedo verla. Sí, el amor nos da miedo, pues si no fuese así, el miedo no existiría. El amor nos invita a salir de nuestra coraza, a salir de nuestro aislamiento. Nos invita a ver en el rostro de nuestros hermanos, nuestro propio rostro. Nos invita a perdonarnos y a perdonar. Pero nos decimos, es que perdonar al que nos ha atacado nos hace débil…, es que si doy lo que tengo, me quedo sin ello…, es que si renuncio a lo que poseo, perderé poder…


Siempre es nuestra elección.