jueves, 12 de julio de 2018

Ángeles Sanadores: Habuhiah (Dios que da con liberalidad)

68. Habuhiah (Dios que da con liberalidad)

Nombre Sagrado: He-Beith-Vav-Yod-He.

Habuhiah pertenece al Coro de los Ángeles al servicio del Séfira Yesod-Fundamento-Imaginación.
Por su vinculación sefirótica con la Esfera de Yesod, donde expresa las  cualidades de Gueburah-Justicia, extrae la condición que le permite ser portador de la esencia llamada Curación, esa capacidad que insufla en nosotros los principios de conservación de la salud.

Las aportaciones del Ángel Habuhiah, son las siguientes:

·         Conserva la salud y cura las enfermedades.
·         Fecundidad en las mujeres.
·         Consecución de cosechas abundantes.
·         Da amor por el campo, la agricultura y la jardinería.
·         Protege contra los parásitos, la esterilidad y el hambre.

De los 72 Ángeles de la Cábala, Habuhiah es el que desprende la esencia pura de la curación. Al comienzo de iniciar el estudio dedicado a los Ángeles especialistas en sanación, una buena amiga compartió conmigo una reflexión. Pensaba que todos los Ángeles, por la simple condición adquirida en su evolución, podían ser considerados sanadores. En verdad, el término sanar, curar, enfermar, son términos acuñados por el ego, proceden de la visión ilusoria del cuerpo, de un estado de ser erróneo pues, somos Hijos de Dios, Seres Espirituales impregnados por la Esencia Una de nuestro Creador y la Unidad es Perfección.
Sin embargo, nuestra identificación con el mundo material es tal, que para favorecer el re-encuentro con ese Estado de Unidad, la Divinidad ha dispuesto una cohorte de ayudantes que nos allanarán el camino de vuelta a casa. En este sentido, los Ángeles, cada uno en su especialidad, se convierten en agentes curativos. Distribuidos a lo largo y ancho del Esquema Organizativo dispuesto por la Divinidad, el Árbol Cabalístico, cada Coro Angélico asumen los “Trabajos” específicos de cada Séfira, de cada Plano de Manifestación de la Conciencia.
Hasta ahora, hemos ido viendo cómo, dependiendo de la Esfera de actuación, las cualidades y la Esencia emanada por el Ángel en cuestión adquiría una determinada condición.
La Organización Cósmica, siguiendo el axioma hermético, “como arriba es abajo y viceversa”, sigue los mismos patrones que encontramos en el plano material. Desde este punto de vista, observamos como dentro de la clase médica, existen distintas especialidades. De igual modo, los Ángeles, también adoptan ese mismo patrón y podemos hablar de Ángeles especialistas en diferentes aspectos de la curación.
Habuhiah, nos aporta el don de la curación. No podía ser de otro modo, dadas las Fuerzas con las que trabaja: Yesod y Gueburah.

Ya hemos visto, al estudiar a Manakel, que la función principal de Yesod, se asemeja a las características propia de un proyector. Dependiendo de las imágenes que proyectemos, el guion que viviremos será uno u otro. Advertíamos, igualmente, su estrecha relación con la capacidad gestadora en su fase final, la del parto. Y es que Yesod, actuará como un espejo donde se refleje el objeto proyectado.

En este caso, es Gueburah, el que se proyecta en ese espejo, por lo que podemos esperar que las imágenes tengan dos rostros bien distintos: el ardor pasional o el afán purificador.
El primero de esos rostros, es el que sirve a los impulsos desenfrenados de Hesed-Paraíso. Tendríamos que dar vida a esa parte de nuestra historia para recapitular los hechos que nos llevó a sentirnos desvinculados de la Divinidad y expulsados de ese escenario paradisiaco. Nos quedaremos con la idea fundamental que resumen lo ocurrido: el despertar de la individualidad nos lleva al deseo de crear por nosotros mismos, dando lugar a la figura del ego y a la conciencia de separación.
Ese acto prematuro, nos lleva a fabricar un mundo donde no imperan las Leyes Cósmicas, situándonos en un estado de conciencia dual. Esa Esfera se identifica con el “Este del Edén”, la Tierra de Gueburah, donde a través del “rigor” se emprenderá la búsqueda de la restitución.
En este sentido, Gueburah es el agente motor de las emociones y deseos humanos, capaces de elevarnos hasta las más altas cimas y de hundirnos en los abismos más tenebrosos.
Ese aspecto de Gueburah se conoce como la senda de la perdición y da origen a la causa de todos los estados caóticos de la naturaleza humana, los cuales se manifiestan en desequilibrios que somatiza el cuerpo físico, dando lugar a la enfermedad.

Hablábamos de dos rostros. Hemos visto uno de ellos. El otro es el que sirve a los mandatos superiores de Binah-Inteligencia Divina. Cuando Gueburah trabaja bajo los mandatos de su superior en la Columna de la Izquierda (Ley), se convierte en su más fiel defensor. En este sentido, su papel esencial es ser el “guardián de la ley” y el que nos ayuda a restituir el orden alterado. Es en este sentido que aparece el don de curar, pues como ya hemos dicho, la enfermedad es la manifestación del orden cósmico o la violación de las leyes universales.

¿Curación?

Lo anteriormente dicho, nos ayuda a comprender el por qué Habuhiah nos ofrece el don de la curación. La clave está en el uso que damos a nuestras emociones pues, es en nuestros deseos, donde habita el espíritu dual. Y no podemos servir a dos señores a la vez.

Muchas veces he compartido, con compañeros de estudio, un debate muy común en el seno de almas que buscan la iluminación. ¿Por qué, considerándome una persona de principios espirituales, soy tan sensible a la enfermedad?
Habría que profundizar en qué entendemos por consideración de principios espirituales, pero para no perdernos en detalles, decidamos que esa consideración hace referencia a una persona que dedica su tiempo al estudio y la investigación de los temas espirituales, enriqueciendo su conciencia con altos valores que trata de llevar a la práctica.
Como está relacionado con esta cuestión, os dejaré el punto de vista compartido por Kabaleb, en este sentido:

“La recuperación de la salud consiste precisamente en esto, en reajustarse a las normas divinas, en la perfecta integración a las funciones de la máquina cósmica. Si estudiamos la moderna maquinaria que existe en nuestros talleres, vemos que hay piezas fundamentales y otras que no lo son; hay piezas que si no ejercen sus funciones correctamente, todo lo demás falla, y otras, complementarias, que aunque fallen, nada pasa: son piezas ornamentales, de lucimiento de la máquina, que están al margen de su funcionamiento. Por consiguiente, en el mantenimiento de la maquinaria a unas piezas se les exige más que a otras y los mantenedores les dedican especiales cuidados. Valga este ejemplo para ilustrar el hecho de que en el tema de la salud, las mismas reglas no son válidas para todo el mundo. Auténticos crápulas, juerguistas empedernidos, viven en un perfecto estado de salud, mientras que personas virtuosas están permanentemente enfermas. ¿Cómo es posible que yo, tan virtuoso -piensan los interesados-, no logre alejar las enfermedades, cuando otros individuos, malvados de solemnidad, tienen una salud a prueba de bombas? La respuesta es que ellos son piezas fundamentales y los otros no.
Suele ocurrir que ciertas personas se elevan de pronto por encima de su nivel ordinario, eligen el camino de la espiritualidad, se convierten en luces para los demás, pero son reacias a abandonar los privilegios de su vida anterior: pretenden ser piezas fundamentales en el engranaje cósmico, pero siguen comportándose como piezas de segundo orden. Ese desfase entre lo que quieren ser y lo que son produce alteraciones en su estado de salud, y Habuhiah se encarga de hacérselo comprender. O permanecen como piezas del montón y reciben el tratamiento reservado a esas piezas, o bien ocupan puntos esenciales en la mecánica y tienen que someterse a un tratamiento especial. El ser el Dr. Jeckyll de día y Mr. Hyde por la noche siempre trae consecuencias funestas para la salud”.

Los conocimientos que he ido adquiriendo a lo largo de los años sobre Astrología, me ayuda a comprender que, en verdad, la idea expresado por Kabaleb tiene un gran fundamento cuando expresa que hay “piezas fundamentales”. Todos somos Hijos de un mismo Dios y todos estamos llamados a alcanzar la misma condición divina, pero no debemos olvidar, que en ese “trayecto” unos llevan velocidad de crucero y otros parecen ir a ralentí.
No es lo mismo actuar en la dinámica de Fuego, en la que estamos emprendiendo nuevos procesos de aprendizaje, que encontrarse en la dinámica de Tierra, por ejemplo, en la fase Virgo, donde la exigencia evolutiva nos lleva a sacar conclusiones finales del aprendizaje iniciado en el Fuego, es decir, debemos enfrentarnos a la pruebas finales que determinarán si somos aptos o no. En ese nivel, ya de vuelta, nuestra conciencia puede sentirse identificada con los altos valores de la espiritualidad, sin embargo, al encontrarnos en la última fase de los trabajos, se hace necesario “liberarnos” de todas las “deudas pendientes” que hayamos originado a lo largo de nuestra ruta. Esa situación característica, favorecerá una notable sensibilidad a los trastornos físicos, pero todo responde a un programa de purificación para nuestra conciencia.

Muchas veces, el aspirante, el iniciado, confunde el “ser” con el “tener”. Suele cometer el error de creerse “superior” por tener más conocimiento espirituales, sin embargo, a la hora de actuar, cuando se manifiesta nuestro “ser”, podemos observar detalles de su dualidad interna pues, su "hacer" no es coherente con su "tener" y, esa falta de coherencia dará lugar a estados de desarmonía física.

¡Qué la Luz sea contigo!

Si deseas comunicarte con Habuhiah, te dejo un enlace donde comparto la Plegaria y Exhorto elaborada, de una manera inspirada, por Kabaleb.


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