domingo, 10 de julio de 2016

Cuento para Aniel: "Secretos de la Naturaleza"

Las clases de Naturales solían ser muy aburridas, y en eso todos los niños estaban de acuerdo. El profesor hablaba, hablaba y lo único que conseguía era dormir a los alumnos. Esto era así hasta tal punto, que para muchos cuando llegaba el día en que tocaba Naturales se ponían incluso enfermos.

Bueno, esto fue así, hasta que un día y quien sabe si por manos del azar o porque la vida quiso gratificar los esfuerzos de aquellos niños, Don Javier, el profe que tenía el arte de aburrirles, sufrió un desafortunado accidente que le impediría asistir a clase durante todo el curso.

Aquella situación aunque venia a cambiar un poco las cosas, tampoco fue recibida con mucho agrado. Tenían un recuerdo tan malo de Naturales que el sustituto de Don Javier, difícilmente podría cambiar aquella visión.
Pero se equivocarían, puesto que en el primer día de clases con el nuevo profesor, Don Aniel, muchos se llevaron una grata sorpresa.

·    Bien -dijo Don Aniel tras haberse presentado y comprobar la apatía general de los alumnos -, vais a guardar vuestros libros y nos prepararemos para hacer una expedición al campo. Hoy vamos a estudiar el ciclo de crecimiento de las plantas.

Aquellas palabras eran tan desconocidas, que, bueno, al principio todos se miraron muy sorprendidos, pero al final todos expresaron su respuesta del mismo modo.

  • iBien! -exclamaron unos, mientras que otros se limitaron a cumplir con premura los consejos del profe -
Sin darse cuenta, ya se encontraban en camino. Entre brincos y carreras, Don Aniel fue poniendo orden. Al poco tiempo llegaron a una zona donde la vegetación crecía abundantemente y comprendió que ese lugar era magnifico para llevar a cabo su experiencia.

Los alumnos se vieron poco a poco interesados por lo que Don Aniel les contaba. El contacto con la naturaleza fue ganando su atención y la prueba de ello eran aquellas preguntas que el profesor debía responder.
  • ¿Por qué los árboles dan frutos? -preguntó uno de los más inquietos del grupo -.
  • Bueno, tal vez tus compañeros sepan responderte -contestó Don Aniel intentando dar participación a los demás -. Pero ninguno de ellos supo contestar. Dejadme que os cuente una historia y tal vez al final sepáis responder:
“Existió hace mucho tiempo un rey muy poderoso llamado Kether. Era muy afortunado, pues tenía dos sabios Consejeros, Hochmah y Binah. Sin embargo, un día se dijo que debía crear un reino en el que poder gobernar, pues Hochmah quería aumentar su Sabiduría y Binah su Inteligencia.
Con este propósito, el rey Kether reunió a sus dos Consejeros y les dijo: ¿Qué necesitáis para llevar acabo vuestro plan?
Hochmah le pidió convertirse en fuerza fecundadora, y Binah en fuerza cristalizadora. Bien -dijo el rey-, os será concedida, y en gratitud a vuestros esfuerzos, yo seré fuerza inseminadora. De este modo, Kether se convirtió en semilla, Hochmah en agua fecundadora y Binah en tierra fertilizadora, y unieron sus fuerzas consiguiendo un reino en el que todos podrían reinar. Aquel reino seria Hesed, y fue reconocido como el heredero de los tres.
Aquel reino fue fecundo y dio muchos frutos, y tanto el rey como sus dos consejeros vivieron felices con su obra”.

Don Aniel puso fin a su relato y apenas si lo había hecho, cuando ya uno de los alumnos tenía su mano levantada.
  • Don Aniel -dijo -el fruto es como el reino de Hesed, es la obra de la creación. Es la meta que todos debemos perseguir, ¿no es así? -cuestionaba aquel inteligente alumno -.
  • Así es -contestó Don Aniel -, veo que habéis aprendido la lección.
A partir de aquel día, Naturales dejó de ser una pesadilla, y se convirtió en la asignatura más esperada.

Fin

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